viernes, 11 de noviembre de 2016

EL HOMENAJE A AGUSTÍN SANMIGUEL


AGUSTÍN SANMIGUEL

Durante los pasados días 4 y 5 de noviembre, se han celebrado en Calatayud unas jornadas con motivo del 15º aniversario de la declaración de la arquitectura mudéjar aragonesa como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. En las mismas, se ha aprovechado para homenajear a Agustín Sanmiguel Mateo, fallecido en 2009, por su dedicación y entrega a poner en valor este rico patrimonio. Hace cinco años, escribí un artículo sobre él en el que, entre otras cosas, decía:
Lamentablemente, no tuve el privilegio de conocerle personalmente, pero es mucho lo que me han hablado de él José Miguel Pinilla y Javier Peña. Falleció hace dos años. Efectivamente, tal y como dice el autor del artículo (me refería a un artículo publicado en Heraldo de Aragón por aquellas fechas), fue un bilbilitano (“calatayubí”, como hubiese dicho él) defensor del patrimonio histórico, espíritu inquieto e investigador certero, algo que, en esta tierra nuestra, tan canalla a veces y tan admirable otras, es tarea de gigantes y cabezudos, porque hace falta ser muy gigante (intelectualmente, se entiende) para tener la lucidez que tuvo aquel hombre en el desarrollo de toda su obra, y muy cabezudo, para estar erre que erre, convencido de lo que decía, ante unas instituciones dirigidas por personajes que, en la mayoría de los casos, el mayor aprecio que le hacían era no hacerle aprecio, que es el peor desprecio que se puede hacer a una persona.
Las jornadas han estado muy bien, con un rico contenido y, desde luego, el homenaje tan merecido que se le ha rendido a este personaje también quedó muy emotivo y sincero. Sin embargo, salvo la intervención del arquitecto Javier Peña Gonzalvo, me queda la desazón de que se volvió a pecar de “más de lo mismo”. Trataré de explicarme.
Indudablemente, la temática principal era el mudéjar de la comarca de Calatayud, pero nadie más que Peña habló del ingente trabajo que Agustín dedicó a destacar que una parte de ese patrimonio no fue realizado en época cristiana, sino que es nada menos que el legado andalusí que iba a servir como precedente de la arquitectura mudéjar, encontrándose catalogado erróneamente dentro de la misma. Algo muy relevante y que la pone en un nivel de merecimiento muy especial, teoría que siempre se ha topado con el desprecio de ciertos personajes. Agustín Sanmiguel fue alguien importante, no solo por dinamizar el mudéjar en la región de Calatayud –entre otras muchas cosas-, sino también –y aún más trascendental- por la brillante forma de sistematización que introdujo, abriendo el nuevo campo de la arquitectura islámica de ladrillo, que Javier Peña denominó -ya entonces- como “zagrí” (de Zagr-Alandalús o Aragón andalusí).
Agustín Sanmiguel, en su libro “Torres de ascendencia islámica en las comarcas de Calatayud y Daroca” (una de sus obras más importantes y, por cierto, más alabadas en estas jornadas), dedica un extenso apartado a lo que él llama “torres-alminares” y “torres-atalaya” (casi doscientas páginas, nada menos). Él ya puso de manifiesto la influencia oriental en nuestra arquitectura de ascendencia islámica y afirmaba que, al contrario de lo comúnmente admitido, “almorávides y almohades deben mucho en lo artístico al reino saraqustí”. Sin embargo, en estas jornadas, daba la sensación de que todo ese contenido no hubiese existido nunca.
Destacaba yo en aquel post de hace cinco años que “describe las torres de manera magistral, tanto su estructura como su decoración, algo que, más o menos, se puede encontrar en publicaciones de otros autores, pero, además, establece su relación con otras torres islámicas de Oriente y Occidente. Es admirable la sencillez con que expone sus argumentos, con qué respeto parte siempre de las fuentes académicas, a veces para ratificar lo que las mismas dicen, aunque siempre aportando algo nuevo, producto de su gran capacidad de observación y de síntesis, pero otras para llegar a conclusiones totalmente contrarias. Y con qué elegancia, sin omitir un solo ápice de los argumentos “oficiales” (según los cuales, en Aragón no queda nada del arte andalusí, salvo el Palacio de la Aljafería, y lo demás es todo mudéjar, construido tras la “Reconquista” cristiana), con una honestidad exquisita, va señalando detalles incoherentes con los mismos, de forma que el lector se da cuenta de que esos argumentos van quedando minados poco a poco, hasta quedar prácticamente desmoronados. Ahí entra él, con su tono prudente y humilde, a decir, como el que no quiere la cosa, algo así como ¿y no será que, en realidad, se trata de un edificio de época anterior, un alminar de época islámica?, y ahí es donde el lector, si ha seguido atentamente todo el entramado del asunto, con dibujos y fotografías incluidos, encuentra sosiego pensando “claro, si es que no puede ser otra cosa”.
En el marco de estas jornadas, Javier Peña (que, como decía antes, fue el único que hizo alusión a esta importante faceta de las investigaciones de Agustín Sanmiguel) también se lamentó de que, conforme transcurre el tiempo desde la muerte del personaje, todo esto va quedando en el olvido y que, precisamente en su ciudad (Calatayud), si en algún tiempo y gracias a su labor encomiable se tuvieron en cuenta estas singularidades de nuestro patrimonio, tristemente se ha vuelto ya al "todo mudéjar", es decir, al discurso de siempre en las explicaciones que se ofrecen a las visitas turísticas (“para complacencia de algunos de los que hoy aquí te escuchan, Javier”, pensé yo en aquel momento, sentado entre el público, sin entender esa visceralidad contra todo lo que no haya sido cristiano por muy aragonés que haya sido).
En el Heraldo de Aragón del domingo día 6 aparecía un artículo dedicado a estas jornadas y al homenaje a Agustín Sanmiguel donde se hablaba de “monumentos construidos en la España cristiana después de la Reconquista” y “circunstancias sociales, políticas y económicas que hicieron posible desde el siglo XII que albañiles musulmanes construyeran iglesias cristianas”, dejando totalmente al margen aquello que precisamente jamás debería dejarse de lado y por lo que tanto luchó Agustín Sanmiguel.

Como decía Labordeta (gran amigo suyo que fue, por cierto), “esta tierra es Aragón”.

viernes, 7 de octubre de 2016

UN PASO ATRÁS

Los que han seguido la trayectoria de este blog desde sus inicios, hace ya más de siete años, saben que lo creé con el objetivo principal de hacer entender lo que suponían las nuevas afirmaciones sobre el verdadero origen de la torre de Santa María de Tauste.
De igual forma que en otros trabajos, entrevistas y publicaciones aparecidas en diferentes medios, en este blog he abordado el asunto a lo largo de casi cien artículos aquí divulgados, abarcando diversos frentes:
1.- Exponer las evidencias constructivas que invalidan buena parte de las explicaciones que se habían dado hasta entonces sobre nuestra torre, admitidas como si de dogmas se tratara. ¡Ojo!, que digo “evidencias”, tozudas como la vida misma, que ahí están para ser comprobadas por cualquiera que quiera interesarse por ello, y no “simples teorías” como algunos tratan de calificarlas.
2.- Dar a comprender la nueva situación privilegiada que merece la torre a partir de ahí, como Patrimonio de la Humanidad y como ejemplar destacado de una arquitectura llevada a cabo en el siglo XI que daría origen, dos siglos más tarde, al nacimiento de la arquitectura mudéjar aragonesa.
3.- Refrendar la coherencia de todo ello con el hallazgo del cementerio que, al menos durante cuatro siglos, utilizaron los taustanos de aquella época para enterrar a sus familiares: una necrópolis islámica de gran extensión y densidad cuya datación arroja la fecha más antigua de todas las halladas en la Península Ibérica (junto con la de la Plaza del Castillo de Pamplona), de todas las estudiadas hasta la fecha por métodos radiocarbónicos.
4.- Desarrollar una labor pedagógica en aras de facilitar un acercamiento natural a esa realidad, asumiéndolo como nuestro, por ser los herederos directos del legado que dejaron aquellas gentes que habitaron en el mismo medio que nosotros ahora, que construyeron el edificio más bello y armonioso que jamás se erigió en Tauste y que, a buen seguro, nunca será superado.
5.- Dar a comprender esa realidad que tanto cuesta admitir y que consiste en que “los pobladores que vivieron en este lugar hace mil años eran taustanos”, tratando de romper esa barrera educacional que siempre nos ha hecho ver, erróneamente, que todo lo que no haya sido cristiano no ha podido ser taustano, aragonés o español.
6.- Concienciar de las repercusiones favorables que podemos obtener de todo ello, al encontrarnos con algo tan sugerente como es una arquitectura venida de Persia en un paisaje similar al de aquel lejano Oriente: oasis (en este caso lineales, a lo largo de los ríos Ebro y Arba) en medio de una gran estepa.
7.- Señalar insistentemente las deficiencias que ofrece la conservación de nuestro patrimonio para que fueran tenidas en cuenta y subsanadas oportunamente. Algunas ya fueron atendidas, afortunadamente (como fue el caso de la estabilización de la peña de la calle Rey de Artieda) y otras siguen durmiendo el sueño de los justos.
8.- Destacar la singularidad de nuestro patrimonio como motor de autoestima y desarrollo. Una labor que, llevada a cabo de forma bien planificada, junto con otras que exigirían una gestión adecuada del urbanismo, cumplimiento de las ordenanzas en materia de limpieza, mantenimiento de vías públicas, cuidado de nuestro entorno, aprovechamiento de nuestra ubicación privilegiada en el valle medio del Ebro como incentivo para la expansión industrial y demográfica, etc., insisto, a través de unos programas debidamente estudiados y gestionados con el grado de eficacia que todo ello requiere, llevara a nuestro pueblo hacia una situación de crecimiento y progreso que nos devuelva la esperanza de que nuestros hijos puedan tener aquí un futuro sin tener que marcharse, esa realidad a la que la mayoría de los padres estamos resignados como si fuera algo natural y perfectamente asumible.
No estoy criticando con ello la labor de las personas que dirigen nuestro municipio, pues demasiado encomiable es la tarea de administrarlo día a día, superando las múltiples (y a veces ingratas) dificultades que ello supone, poniendo en ello un esfuerzo personal que nadie agradecemos suficientemente. Pero, como taustanos, sí que contemplamos la evolución de otros municipios vecinos a lo largo de las últimas décadas mientras parece que Tauste se halla aletargado en medio de esta indolencia que ya nos caracteriza.
Luchar por todas estas cosas si la base principal no se mueve es como tirar del extremo de una goma cuando el otro está anclado a un punto fijo: en cuanto se suelta, vuelve a su posición inicial y todo el esfuerzo empleado se torna inútil. Recientemente hemos podido ver la aparición de una nueva “Guía de la Parroquia de Santa María” en la que se ha perdido una ocasión de oro para reafirmar decididamente la excelencia exclusiva de ese rico patrimonio arquitectónico. En su presentación se dicen cosas que hace unos años no se decían y que, indefectiblemente, han sido extraídas de toda esta labor que aquí menciono:
“… de un Tauste que tras la conquista por Alfonso I el Batallador, construiría su iglesia sobre la mezquita mayor y lo haría bajo la advocación de la Virgen Santa María (es por ello que el ábside está orientado hacia el sureste, en lugar de mirar hacia el este)…
Después añade: “convirtiendo probablemente su alminar en campanario”.
¡Aiiinnnsss, el “probablemente”! ¿No es hora ya de ir ahorrando esas “precauciones”? Sí, que me pueden aducir que no hay que dejar de lado la prudencia, por aquello de que “oficialmente” no se han reconocido todavía mis “teorías”. ¿Quiénes son los personajes que ostentan la autoridad de otorgar o no ese reconocimiento oficial? ¿Los catedráticos de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza? Esos sabemos que no lo harán nunca motu proprio porque su ego les impide desdecirse de unas teorías que han venido repitiendo generación tras generación sin cambiar un solo ápice y que ellos mismos han convertido en dogmas. Ni siquiera han tenido la decencia de considerar las contradicciones que se les ha expuesto para encontrar posibles soluciones. Quizá es que no ven otras soluciones posibles que las que nosotros proponemos. ¿Dónde está escrito que tengamos que esperar a que ellos nos digan “vale, pues, chavales, teníais razón”?
Siguiendo con la Guía, en lo referente a patrimonio arquitectónico, de la torre ya no explica prácticamente nada (por favor, ¡que es lo más valioso y singular de todo el conjunto!), salvo alguna pequeña alusión al paño decorativo de signos caligráficos (tampoco está bien tratado, pero no voy a extenderme aquí en ello) y le da “carpetazo” con la frase “Pero dejemos a un lado las hipótesis y entremos”.
No hay ni una sola referencia al hecho de su mayor antigüedad y, en cuanto a las explicaciones que da de la iglesia, lo hace de manera demasiado escueta para lo que realmente merece. Prácticamente le dedica la misma extensión que a cualquiera de los retablos, pero con la particularidad de que en estos hace constar las referencias bibliográficas de los contenidos que ahí constan (con la autoría de las mismas) mientras que para el patrimonio arquitectónico ha omitido ese “detalle”, como si el autor fuese alguien “innombrable”.
Nunca he pretendido protagonismo alguno, ni lo deseo. Todo lo que he desarrollado en esta materia lo habré hecho con mayor o menor acierto, pero, desde luego, jamás guiado por interés personal alguno. Hago mías las palabras de D. Javier Blasco Zumeta cuando expresa con tanta generosidad:
Es suficiente recompensa para mí lo que disfruto aprendiendo, por lo tanto no me importa que cualquier parte de estas páginas puedan ser reproducidas, almacenadas en un sistema informático o transmitidas de cualquier forma o por cualquier medio, electrónico, mecánico, fotocopia, grabación u otro método inventado o por inventar. Es más, para que tanto esfuerzo pueda ser aprovechado, no sólo se puede sino que se recomienda siendo indiferente el citar o no al autor.
Tampoco me molesta excesivamente que se haga uso de algunos contenidos de mis trabajos y se omitan otros para componer una versión interesada, como tampoco que, quien la escribe, la plantee como suya propia desde el momento en que no hace referencias bibliográficas en ese apartado y sí en el resto de la Guía. Pero no me negarán que el decoro y la honestidad que "adornan" estas maneras de proceder son, cuando menos, bastante cuestionables.

jueves, 14 de agosto de 2014

UNA NECRÓPOLIS ISLÁMICA EN ALCÁZAR DE SAN JUAN

Ahora resulta que en el pueblo de mi amigo José Antonio (el “Manchego”, como siempre le hemos llamado todos cariñosamente), va y aparece una necrópolis islámica.
Pueden ver la noticia entera pulsando aquí , pero voy a destacar las siguientes frases de la misma:
Una necrópolis islámica de más de mil años de antigüedad ha sido el último hallazgo que se ha encontrado en el paraje de Piédrola en Alcázar de San Juan (Ciudad Real)…”.
Además, la existencia de una necrópolis, o ciudad de los muertos, confirma la existencia de una 'ciudad de los vivos’…
…el trabajo directo sobre Piédrola se inició en 2013 con el convenio firmado entre el Ayuntamiento de Alcázar de San Juan y la UCLM(Universidad de Castilla-La Mancha).
…la UCLM tiene la intención de realizar alguna publicación de carácter científico sobre los diferentes hallazgos y la historia del paraje de Piédrola, e incluso otra de tipo divulgativo para el público en general”.
…la presidenta del Patronato Municipal de Cultura ha manifestado el "compromiso" del Ayuntamiento de seguir adelante con las investigaciones arqueológicas del paraje, subrayando también el interés del Gobierno de Castilla-La Mancha, que ha subvencionado el 50 por ciento del coste del proyecto realizado en estas semanas”.
"Pelayo (la presidenta del Patronato) se ha mostrado feliz y orgullosa por lo localizado hasta ahora, que contribuye a confirmar la importancia del paraje como referente de la historia no ya de Alcázar, sino de la región y del conjunto de España, lo que dará pie además a buscar la colaboración también del Ministerio de Cultura para poder seguir con las excavaciones e investigaciones necesarias".
"En un futuro, tal como ha explicado la presidenta del PMC, el paraje de Piédrola y sus yacimientos podrían convertirse en un "recurso turístico y cultural" que se sumaría a los que ya existen en Alcázar de San Juan…”.
En cualquier caso, la prioridad ahora es seguir investigando, documentando y catalogando todos los restos que vayan saliendo a la luz, ha indicado”.
Pues nada, que les deseo sinceramente y de todo corazón que consigan todo eso de la colaboración de la UCLM, del Gobierno de Castilla-La Mancha (de momento, ya no está nada mal que haya subvencionado el 50% del coste de este año), del reconocimiento como referente de la historia del conjunto de España, del apoyo incondicional del Ministerio de Cultura y de que se convierta en un recurso turístico y cultural de primer orden.
Hasta ahora parece ser que solo han excavado cuatro metros cuadrados de superficie. La pena es que, por el momento, no tengan ya una necrópolis de 3 Has, como en un lugar de (¿era de La Mancha o de Aragón?) de cuyo nombre no quiero acordarme, que entonces seguro que alcanzaban todos estos objetivos y más, como no podría ser de otra forma.

Ojalá que sí. Por lo menos, a la gente del Patiaz nos servirá para demostrarnos a nosotros mismos que no luchábamos por ninguna tontería. Cuando así sea, te preguntaré, amigo José Antonio, con quién hay que hablar para hacerse manchego.

viernes, 25 de abril de 2014

VIAJE A IRÁN (y X)

12 de febrero. Último día de estancia…
Desayunamos en el hotel y bajamos con las maletas al vestíbulo. Las cargaron en un coche (de igual forma que cuando llegamos) y a nosotros nos llevaron a despedirnos de nuestro “misterioso” anfitrión. Observamos que el recorrido era diferente al de la primera vez. La nieve había desaparecido en gran parte (aún quedaba en las zonas sombrías) y se podía transitar con mucha más normalidad, razón por la que pensamos que la vez anterior habría tenido que dar algunos rodeos para poder llegar hasta aquel lugar tan alto de Teherán. Paramos ante aquella casa ya conocida para nosotros. Aunque quedaba poca nieve en la calle, los chupetes de hielo seguían colgando de las cornisas de los edificios.
Entramos y el recibimiento fue similar al de la bienvenida: descalzarse en el vestíbulo y acomodarse en la misma sala. Como buenos “animales de costumbres”, nos sentamos cada uno en los mismos puestos que la vez anterior. Entró el “personaje” y nos fue saludando uno a uno de igual manera. Se sentó en su sillón y comenzó a hablar, expresando su deseo de que hubiera sido una semana agradable para nosotros, que se hubieran cumplido nuestras expectativas para este viaje, que nos hubiéramos encontrado cómodos, que si en algo se había fallado nos pedía disculpas, etc. Raúl debió transmitirle mi curiosidad de la noche anterior, porque no hizo falta preguntarle quién era él realmente. Dijo que se llamaba Ahmad Bahmani y que era el presidente de la ONG Ibn Sinna (Avicena en español, el famoso médico persa del siglo XI), dependiente directamente de la Oficina de Relaciones Internacionales del Líder Supremo de la República Iraní. Nos pidió que ahora habláramos nosotros y Raúl (siempre actuando como traductor) nos expresó que podíamos decir lo que quisiéramos, con toda libertad.
El primero en hablar fue Ammar, quien dijo que, a pesar de ser musulmán, confesaba que había comenzado el viaje con cierto temor por el concepto que teníamos en Occidente de este país y que, sin embargo, se llevaba una sensación muy agradable. Terminó dando las gracias por todo y yo quise tomar la palabra en ese momento para manifestar el agradecimiento en nombre propio y de mis compañeros por la gran acogida que nos habían hecho y lo bien que se nos había tratado a lo largo de toda nuestra estancia, que nunca hubiera imaginado que se pudiera tratar tan bien a unos invitados, agradecer también la oportunidad que se nos había dado de conocer “in situ” esa arquitectura persa que tanto nos interesaba por los motivos que ya le habíamos expuesto en su día, así como del intercambio tan interesante que se nos ofrecía de cara al futuro inmediato con personas relevantes del mundo universitario iraní y que no era fácil expresar con palabras la gratitud que sentíamos por todo ello. Todo esto, haciendo las pausas necesarias para que Raúl pudiera ir traduciendo, mientras él me miraba y asentía con la cabeza cortésmente. Raúl le dijo a José Miguel que si quería decir algo, a lo que él contestó que no tenía nada más que añadir a lo que había dicho yo y que lo compartía en su totalidad. Javier intervino para ratificarse en lo mismo y aún añadió sus comentarios sobre las impresiones y conclusiones del viaje. Virgilio tomó la palabra para expresar también su gratitud, prometiendo, en tono de broma pero con un fondo de sinceridad, que a partir de ese momento nos convertíamos en embajadores de Irán en España. Hassan también expresó sus impresiones y agradecimientos y hasta Laila intervino para dar las gracias por todo. Acabadas las intervenciones, el Sr. Bahmani (ahora ya sabíamos su nombre) extendió sus manos hacia José Miguel y le dijo en su idioma que, por favor, dijera también algo. Estaba claro que no se libraba, como tampoco yo me había librado una semana antes de comerme la naranja. Así es que José Miguel desarrolló una breve alocución sobre lo interesante que para nosotros había resultado todo aquello y el profundo agradecimiento que sentía ante unos anfitriones tan excepcionales.
Mientras tomábamos el té, pastas, frutas, etc., que se nos iban sirviendo, el Sr. Bahmanií comenzó entonces su discurso, haciendo una reflexión sobre lo que es realmente Irán y la diferencia que hay con la idea preconcebida que nosotros seguramente habíamos llevado. Comentó sobre otros casos de invitados que también habían experimentado cierto miedo inicial y puso de relieve la hospitalidad del pueblo iraní, así como su adhesión al régimen actual, poniendo como ejemplo el gran éxito de las manifestaciones del día anterior, que se habían producido en muchísimas ciudades del país, y cómo la gente acudía a las mismas de forma libre y espontánea. Volvió a hablar de la situación política en la región y de cómo a lo largo de la Historia de la Humanidad, todos los líderes que han intentado dominar el mundo han comprendido que para ello era necesario controlar Oriente Medio. Ahora era el caso de Estados Unidos, motivado principalmente por el petróleo. Que Israel es principalmente una base militar bajo el control de los EEUU, como punto estratégico en la región y que, para conseguir sus objetivos no habían dudado en violar los derechos del pueblo palestino, así como el origen de las guerras de Irak, ahora la desestabilización de Siria, etc. Que Irán representa un gran obstáculo para los intereses de dominio de Estados Unidos y el lobby sionista, porque no se doblega a sus intereses, y ésa es la motivación para toda esa campaña de desprestigio que sufren en todo el mundo occidental. Que no están en contra de ningún pueblo, ni siquiera del israelí como tal, porque “toda la humanidad formamos parte de un mismo barco y si se hace un agujero en una parte del mismo, al final todo él se resiente”. Todo ello, ilustrado con ejemplos de cómo Estados Unidos e Israel incumplen sistemáticamente las normas internacionales.
Virgilio aprovechó para preguntarle sobre las relaciones actuales con Irak. El Sr. Bahmani explicó que la guerra tan cruenta que había tenido lugar entre los dos países entre 1980 y 1988 no había ayudado a tener unas relaciones cordiales. Sin embargo, éstas se van normalizando hasta el punto de que los más de mil kilómetros de frontera cada vez son más permeables, por los que el intercambio de personas, comercio, ayuda humanitaria hacia ese país, etc., son algo habitual desde hace ya algún tiempo.
La reunión terminó con amables palabras de despedida por parte del Sr. Bahmani, reiterando su invitación para volver cuando queramos (sugería que preferentemente en primavera, por ser el mejor tiempo), “saludos para sus señoras y familias y cuenten con nosotros para cualquier gestión que podamos facilitarles si deciden visitarnos”. Nos hicieron entrega de un regalo a cada uno de nosotros, consistente en una caja de madera decorada con los motivos tradicionales persas, dentro de la cual había un Corán traducido y comentado por nuestro Raúl González. Aquel día supimos que Raúl/Yafar y el Sr. Bahmani eran viejos conocidos y que, cuando a éste le propusieron para el cargo que ahora ostenta, se comunicó con Raúl para plantearle ser su contacto en España. Éste aceptó y fundó la ONG Musulmanes por la Paz, en correspondencia con la Ibn Sinna iraní.
Una vez en la calle, Raúl se despidió también de nosotros, pues se quedaba unos días más para resolver asuntos propios. Laila volvía con nosotros a España. Afshin nos dio un paseo por Teherán en la furgoneta antes de llevarnos al aeropuerto y paramos en una calle donde abundaban los comercios de electrónica y tecnología. Allí pudimos comprobar que era cierto lo que el Sr. Bahmani nos había contado de que, a pesar de los embargos por parte de EEUU, no les faltaba de nada, pues conseguían el comercio con el exterior a través de otras vías.
El avión hacia Estambul salía a las 15:55. Llegamos al aeropuerto con dos horas de antelación y facturamos el equipaje en un mostrador abierto expresamente para nosotros solos (otra sorpresa más). Afshin y su compañero no nos abandonaron hasta el último momento, en el que aún le llamó Raúl al móvil para interesarse de cómo iba todo y desearnos buen viaje.
A las 11 de la noche (hora española peninsular) llegábamos a Madrid-Barajas. Recogimos el equipaje, nos despedimos todos y Javier, José Miguel y yo cogimos el autobús que nos llevaba al aparcamiento de larga estancia donde teníamos el coche. Me puse las gafas de José Miguel (tiene una graduación muy parecida a la mía) y pude conducir hasta Zaragoza sin ningún problema, ante la insistencia por parte de ellos en relevarme. El viaje se hizo entretenido, debatiendo nuestras cosas “zagríes” entre los tres, con las conclusiones de la experiencia vivida. Sólo molestó la niebla que había a esas horas de la noche en la primera mitad del trayecto. A las 3 de la mañana llegábamos a Zaragoza, donde dejé a cada uno en su casa, y no tuve inconveniente en devolverle las gafas a José Miguel, pues el camino hasta Tauste casi podía hacerlo con los ojos cerrados. Media hora después, ya estaba en casa.

Y después…
Quedan muchas cosas.
Por una parte, el objetivo cumplido en buena parte de haber podido contrastar la arquitectura persa con la aragonesa de ladrillo y yeso. Tener unas puertas abiertas dentro del mundo universitario de aquel gran país y la posibilidad de realizar intercambios culturales resulta para nosotros algo muy valioso.
Por otra parte, la gratitud hacia las gentes que nos invitaron y que tan estupendamente nos trataron durante aquellos días. La oportunidad de conocer un país fascinante desde una óptica tan privilegiada. La experiencia de compartir una semana de convivencia con personas tan estupendas como Raúl, Laila, Ammar, Hassan y Virgilio, sin olvidarme también de Javier y José Miguel y, cómo no, de Afshin y su acompañante (del que nunca conseguí aprender su nombre); recuerdos inolvidables que quedan en la memoria. Y la esperanza de que ahí no acaba todo, pues si conocido es el dicho de que “viajando se abre la mente”, en este caso para nosotros ha supuesto avanzar en la convicción de que hay otras formas de entender el mundo y de que no siempre los demás son mejores en la medida en que más se parecen a nosotros.

sábado, 19 de abril de 2014

VIAJE A IRÁN (IX)

Después de todo lo que he contado, quizá no he presentado suficientemente a Virgilio Martínez Enamorado. Tanto hablar de él en los capítulos anteriores y me faltaba decir con detalle quién es realmente este personaje: nacido en Casabermeja (Málaga), licenciado y doctor en Historia Medieval por la Universidad de Málaga (Premio Extraordinario de Doctorado) y diplomado en lengua árabe. Ha trabajado durante algunos años como investigador en el CSIC, en la Escuela de Estudios Árabes de Granada. Ha sido profesor invitado por la Universidad Autónoma de Barcelona, la Universidad de Boston y la Universidad de Nuevo México (Albuquerque, Estados Unidos). Ha realizado varios cursos de lengua árabe en universidades e instituciones de Marruecos, Egipto y Túnez. Es académico correspondiente en Málaga de la Real Academia de Córdoba, del Instituto de Estudios Ceutíes y la Institución Gran Duque de Alba de Ávila. Ha ejercido como asesor de distintos museos e instituciones culturales, así como del Legado Andalusí, siendo comisario de varias exposiciones. Ha sido ponente en más de 50 reuniones, congresos y otras actividades de carácter científico en su materia, incluyendo varias de carácter internacional (España, Portugal, Marruecos, Túnez, Grecia, Mauritania, Argelia, Egipto, Qatar, Reino Unido, Francia, Estados Unidos). Especialmente destacada es su vinculación a Marruecos, donde ha impartido distintos cursos y dirigido varios seminarios. Es autor o coautor de unos 180 trabajos científicos y de 18 monografías sobre historiografía, arqueología y epigrafía de al-Ándalus y del Islam de Occidente en época medieval. Mención de Honor del Premio Málaga de Investigación 2008… Y muchas cosas más.
Dicho esto, nos disponemos a enfilar la recta final del viaje.

11 de febrero. Teherán. Día de la Revolución Iraní…
Martes. Es el día grande de la nación: se celebra el 35º aniversario de la Revolución Iraní. Salimos del hotel a las 9 de la mañana y Afshin nos conduce hasta la gran explanada donde tiene lugar la ceremonia de esta celebración, en la que se encuentra la Torre Azadi (que significa «Torre de la Libertad»). Es uno de los emblemas de la modernización del país, posee una truncada estructura, revelando desde cada ángulo un sentido distinto de escala y perspectiva. Se construyó en el año 1971 para conmemorar el 2.500 aniversario del Imperio Persa con el nombre de Monumento Shahyad, en honor al Sah (el emperador de Irán). Tras la revolución iraní de 1979, el monumento cambia de nombre a su denominación actual, "Torre Azadi". El edificio está situado en una de las entradas de Teherán. Su original silueta y sus 45 metros de altura lo hacen inconfundible; está rodeado por jardines.


TORRE AZADI EL DÍA 11 DE FEBRERO

De camino hacia allí, vemos auténticas mareas humanas que se dirigen a aquel lugar (después, nos enteraríamos por la televisión de la magnitud de ello, con vistas aéreas tomadas desde helicóptero, que todas las autopistas, carreteras y vías públicas en unos 10 Km a la redonda iban llenas de gente), gentes de todas las edades y condición, en ambiente festivo, portando banderas y pancartas pro-iraníes y con mensajes anti-americanos. Nuestra furgoneta avanzaba a duras penas esquivando a las personas. Algunos coches iban delante y les hacían parar en sucesivos controles policiales y militares, haciéndoles bajar la ventanilla para identificar a los pasajeros. Y observaba con asombro que Afshin no bajaba el cristal, mostraba una tarjeta y, casi sin parar, el policía o militar le franqueaba el paso inmediatamente. Ante uno de esos controles, había cierta fila (no más de tres o cuatro vehículos por delante de nosotros) y Afshin comenzó a tocar el claxon con impaciencia. A mí me dio algo de apuro, pues nos daba igual llegar cinco minutos más tarde e íbamos sobrados de tiempo, incluso temor por la reacción que pudieran tener los militares encargados de aquel control. Cuando uno de ellos miró hacia nosotros y vio la tarjeta que le mostraba Afshin, se movilizó enseguida y ordenó el tráfico para que nosotros pudiéramos pasar inmediatamente (ante nuestro asombro). “¿Quiénes somos?”, me pregunté yo. Llegamos a una zona de aparcamiento cerca de la Plaza Azadi y desde allí nos dirigimos andando hacia unos controles donde nos cacheaban uno a uno y nos hacían pasar las bolsas que portábamos por unos escáneres. A continuación, pasamos por delante de unas mesas donde habían puesto fruta y refrescos a discreción para que cada uno cogiéramos lo que quisiésemos, y de allí a la tribuna de invitados, donde nos habían reservado asientos. En la gran explanada, se hallaba montada la tribuna presidencial, adornada con flores, formando la bandera presidencial y con los retratos del imán Jomeini y de Alí Jameneí a ambos lados. Junto a esta tribuna, se encontraba la de invitados, donde nos acomodaron a nosotros. Un joven vino repartiendo banderines de Irán y mucha gente pasaba por delante de nosotros, de lo más variopinto, incluso chicos y chicas de algún colegio que habían invitado expresamente para que pudieran ver de cerca al presidente. Delante de la tribuna presidencial había formada una compañía de militares. Se veían cámaras de televisión y periodistas (mujeres) entrevistando a personajes de los que se encontraban en nuestra tribuna, que en su mayoría serían de otros países del mundo árabe. El recinto se hallaba cercado como en medio kilómetro a la redonda, las gentes que venían andando no podían rebasar aquella cerca y difícilmente podrían ver al presidente. Le escucharían a través de la megafonía. Sin embargo, nosotros nos encontrábamos allí mismo. Tras casi una hora de espera, soltaron infinidad de globos desde la Torre Azadi y una compañía de paracaidistas cayó sobre la explanada, en un ambiente totalmente festivo y con gran colorido. Por fin, apareció en su tribuna el presidente del gobierno, Hasán Rohuaní, y comenzó su discurso. Nos sorprendió que la gente empezara a marcharse a partir de aquel momento y nosotros preguntamos si podíamos salir a la explanada para ver al presidente de cerca, pues ambas tribunas estaban alineadas y desde allí no se veía. Nos dijeron que sí y pudimos fotografiarnos con Rohuaní al fondo, a tan sólo unos 40 metros de distancia.

DISCURSO DEL PRESIDENTE ROHUANÍ

También nosotros nos fuimos enseguida, ante lo que a mí me pareció una falta de consideración hacia el presidente, pero todo el mundo de la explanada lo hacía así. Nos dirigimos hacia la furgoneta y de allí al hotel. Saliendo de aquel lugar nos dimos cuenta de que las masas de gente seguían fieles en sus lugares y no se marchaban. A las 12 llegamos al hotel y comimos a la 13:30.
Por la tarde, queríamos ir al centro de la ciudad para dar una vuelta por el bazar, pero Raúl nos dijo que aquel día era festivo y que casi todo estaría cerrado. Nos llevaron a dar una vuelta, entramos en un mercado que recordaba al mercado central de Zaragoza. Tenía todo bastante buena pinta y las calles estaban atestadas de gente y de coches. Tuvimos que cruzar una de varios carriles, pero como allí no hay semáforos y, si los hay, nadie hace caso de ellos, decidimos que había que arriesgarse. Extraña que, en cualquier ciudad de Irán, te puedas quedar junto a un semáforo esperando a que cambie a verde el de peatones y rojo el de vehículos, que te pones a cruzar y, no sólo no paran, sino que encima te pitan. Así es que el acompañante de Afshin se lanzó a la calzada y fue parando el tráfico de cada carril paulatinamente para que nosotros pasáramos cómodamente. Curiosamente, nadie tocó el claxon.
Para terminar la jornada, nos llevaron a ver la Torre Milad (Borj-e-Milad), que es la torre más alta de Irán. Se alza en el noroeste de Teherán y mide 435 metros desde su base hasta el extremo de la antena. Símbolo de modernidad, fue construida en 2007 y su apertura oficial tuvo lugar en 2008. Actualmente es la sexta torre de comunicaciones más alta del mundo, después de la torre de televisión de Cantón, torre CN de Toronto, Torre Ostankino de Moscú, la Torre Perla Oriental de Shanghai, y la Tokyo Sky Tree.
En realidad, la torre pertenece al complejo Milad (antes conocido como Yadman), el Centro Internacional de Convenciones y Comercio Exterior de Teherán, en el que se incluyen restaurantes en la parte superior de la torre con vistas panorámicas, un hotel de cinco estrellas, un centro de congresos, un centro de negocios y un parque tecnológico.
La estructura está situada en lo alto de una colina, apoyada sobre unos cimientos de hormigón armado, y para su construcción se emplearon 33.000 metros cúbicos de hormigón. La cabeza de la torre es una estructura de doce plantas, construida con acero y pesa unas 25.000 toneladas. Es la mayor y más alta estructura de este tipo en una torre de comunicaciones de todo el mundo. Su base es octogonal, simbolizando la arquitectura tradicional persa.


TORRE MILAD

En los pisos superiores de la torre están los dos observatorios panorámicos, uno superior cubierto con una cúpula de vidrio y acero, y otro inferior al aire libre. Hay además un restaurante de lujo, una galería de arte, y una zona de refugio ignífuga de emergencia, además de instalaciones de telecomunicaciones. El mástil de la antena mide 120 metros de alto y tiene cuatro secciones. La inferior se utiliza para ajustar las antenas de telecomunicaciones de emisiones públicas, y las otros tres están dedicados a antenas de radio y televisión pertenecientes al gobierno de la República Islámica de Irán.
El promotor fue Yadman Sazeh Co., representante del Ayuntamiento de Teherán. La torre fue diseñada por Dr. M. R. Hafezi, y construida por Boland Payeh co.
Además, el complejo dispone de un aparcamiento de 2,7 hectáreas, un área de exposiciones, una biblioteca y zona administrativa. El centro internacional de congresos dispone de siete salas de conferencias, una zona de exposiciones de 700 metros cuadrados, hall de entrada, sala de formación, vestuarios, estudio de radio y televisión, y recepción. Hay otra zona de 4 hectáreas reservada para un centro de negocios local e internacional, que disponga de zonas de exposición de productos y servicios, y congresos técnicos y científicos.
Los ascensores subían y bajaban con mucha rapidez y suavidad, pues no se notaba ninguna brusquedad ni en el arranque ni en el frenado. Por el interior de la torre, con todos los paramentos acabados en hormigón visto de una perfección muy cuidada, circulan escaleras mecánicas que comunican las plantas comerciales, y cascadas de agua que reproducen figuras florales y de otros tipos. La visita fue sorprendente y, desde luego, espectaculares las vistas nocturnas de la ciudad desde 300 metros de altura.


VISTA NOCTURNA DE TEHERÁN DESDE LA TORRE MILAD

La cena de aquel día era la última de todo el viaje. Haciendo un repaso mental rápido sobre todo lo acontecido en aquella intensa semana, aproveché para decirle a Raúl que me gustaría saber realmente a quién debíamos el agradecimiento de todo aquello. Me respondió que a la mañana siguiente nos iban a llevar a despedirnos de la Organización, a la misma casa del primer día, y que podría preguntárselo directamente al “jefe”. Raúl/Yafar, naturalmente, lo sabía, pero nos dijo que prefería que nos lo dijera él mismo.
(Continuará)

martes, 15 de abril de 2014

VIAJE A IRÁN (VIII)

Nos habíamos quedado en el día 10 de febrero, lunes, plaza Naghs-e Jahan, y acabábamos de ver la mezquita Sheikh Lotfollah. De allí pasamos a la mezquita del Imán, situada en el lado sur de aquella gran plaza.
De esta mezquita, seguramente, no será ninguna exageración decir que se trata de una de las obras maestras de la arquitectura mundial, sólo comparable con edificios singulares de la categoría de San Pedro del Vaticano o del Taj Mahal de Agra (India). Su construcción fue también impulsada por el Sha Abbas I. Se inició en 1612 y finalizó en 1638, cuando el monarca ya había muerto. El edificio ocupa una planta de 130x100 metros, está todo construido en ladrillo (ya estamos acostumbrados a ello) y mantiene la concepción iraní de mezquita, con un patio central de 68x53 m. rodeado por pórticos y cuatro iwans. Para lograr la orientación suroeste, los arquitectos diseñaron una solución ingeniosa: construyeron una portada en la plaza, seguida de un vestíbulo cubierto por una cúpula y, a continuación, un arco que une el vestíbulo con el iwan norte, el cual tiene fondo triangular, consiguiendo así el giro de 45º que lo orienta hacia La Meca (con la misma imperfección de 11º que ya expliqué anteriormente para las mezquitas del Viernes y de Lotfollah). Conseguido este giro, el patio central y todo el conjunto siguen ya esta orientación. El iwan suroeste, como es habitual, es el de mayores dimensiones y da acceso al haram (sala de oración) donde está el mihrab. Sobre esta sala se alza la enorme cúpula de cerámica verde y motivos florales blancos, que estaba envuelta en andamios. La cúpula alcanza exteriormente una altura de 54 metros y está construida con el sistema safaví de “doble cúpula”, de forma que la altura interior es de 38 metros. Flanqueando el haram se abren dos salas hipóstilas (sostenidas por columnas) simétricas, y a ambos lados sendos patios porticados y varias salas que se utilizaban como madraza. En la fachada que da a la plaza, el portal alcanza una altura de 30 metros y está flanqueado por dos alminares de 42 metros. El iwan suroeste presenta un frontal más elevado que el de los otros tres y está escoltado por dos alminares gemelos de 48 metros de altura. La parte inferior de los iwans está decorada con mocárabes recubiertos por la más inimaginable composición de cerámicas. Bandas de escrituras decoran también todo el conjunto.

MEZQUITA DEL IMÁN

Una anécdota digna de mención nos ocurrió en este lugar. Nos encontrábamos Virgilio, José Miguel y yo comprobando las condiciones acústicas de la cúpula principal, bajo el centro de la misma, cuando se nos acercó un individuo con un billete sujeto entre los dedos de ambas manos; lo encogió y estiró bruscamente y la vibración resonó varias veces por el eco, produciendo un efecto que casi parecía mágico. José Miguel llevaba un libro en la mano, se lo pidió por señas y golpeó la tapa con un dedo, produciendo un efecto parecido. Como Virgilio habla árabe, se entendió con él a duras penas (sólo hablaba persa) y éste le ofreció subirnos a lo alto de uno de los alminares que flanquean el iwan principal por el precio de 5 euros cada uno. Nosotros le ofrecíamos 500.000 riales por los tres (12,50 euros), pero él no aceptó y nos distanciamos. Virgilio no se resignaba a perder esa ocasión única y a nosotros también nos apetecía mucho, así es que le llamamos (aún estaba por allí, seguramente esperándonos), le enseñamos el billete de los 500.000 riales y aceptó enseguida. Se trataba de algo clandestino, pues la puerta estaba cerrada y él tenía llave, no sabemos por qué. Era el alminar izquierdo, viendo el conjunto de frente.

IWAN SUROESTE Y ALMINARES

La subida no está permitida y la verdad es que el balcón de arriba reúne pocas condiciones de seguridad, como luego pudimos comprobar. Comenzamos el ascenso mediante una escalera de planta cuadrada que gira hacia la izquierda en el sentido ascendente, en torno a un machón central cuadrado (lo que aquí llaman nuestros historiadores del arte “alminar almohade”), con tres peldaños en cada cara más uno en cada rincón partiendo el rellano en dos triángulos. El techo de cada tramo, que sirve de suelo al de arriba, era una bóveda rebajada construida en ladrillo (como todo el conjunto), colocado a sardinel, en el sentido transversal al eje de la bóveda y sin trabar, de tres sogas de luz (más bien era una bóveda de tres lados rectos, los laterales inclinados y el del centro horizontal, haciendo de clave).

BÓVEDAS PRIMER TRAMO DE ESCALERA

La anchura es de unos 60 cm. Estas bóvedas tienen su eje horizontal, por lo que el peldañeado de encima supone un macizado sobre las mismas. Llegados al nivel de la terraza que cubre el pórtico de doble altura perimetral que rodea el patio, salimos a la misma y desde ahí ya se ofrece una vista excepcional de la plaza y de la ciudad en general. Allí es donde nos introducimos en el interior del alminar propiamente dicho, de planta circular, con peldaños triangulares que giran hacia la izquierda en el sentido ascendente, en torno a un machón central (en este caso, cilíndrico), a razón de 12 peldaños por vuelta completa (30º cada peldaño), todo ello en un espacio angosto que a medida que se sube se va estrechando más, por la forma troncocónica del alminar.


INTERIOR DEL ALMINAR

Finalmente llegamos al balcón de arriba, al que pudimos salir a través de un ventanuco. El individuo, que nos acompañaba, nos pidió que no nos pusiéramos en pie, para tratar de quedar parcialmente ocultos por la barandilla de madera, la cual, además, no ofrecía muchas condiciones de seguridad, pero para nosotros la emoción era tan grande que nos daba todo igual y lo que queríamos era disfrutar al máximo de la vista espectacular que se nos ofrecía de todas las cubiertas de la mezquita, de la gran plaza y de toda la ciudad, en una panorámica de 360º.


PANORÁMICA DESDE EL BALCÓN DEL ALMINAR IZQUIERDO DE LA MEZQUITA DEL IMÁN

En algún sitio había leído que Isfahán es una de las ciudades más bonitas del mundo y, desde luego, no decepciona en absoluto. A la bajada, le entregamos el importe acordado, nos dimos mutuamente las gracias y nos fuimos corriendo hacia la furgoneta porque eran ya las 4 de la tarde. No habíamos comido, pero íbamos muy satisfechos por lo que nos había cundido el día.

Afshín incumplió su trato de pasarnos por el puente Khaju y se encaminó directamente hacia la autopista de Teherán, seguramente ansioso por regresar a su casa.

PUENTE KHAJU 
A mitad de trayecto, aproximadamente, paramos junto al oratorio de una gasolinera para que pudieran rezar los musulmanes que venían en el grupo. En el transcurso del viaje, voy comentándole a Virgilio los temas del cementerio islámico de Tauste, la torre “mudéjar”, la Asociación Cultural “El Patiaz”,etc. No es la primera conversación que llevamos sobre estos temas, pues casi una semana ya de convivencia da para mucho y, a estas alturas, está totalmente centrado en lo que nosotros defendemos como “arte zagrí”. Hay un momento en que nos pregunta cuántos monumentos mudéjares hay en Aragón, aproximadamente. Cuando le decimos que unos 250, entiende que es una cifra muy relevante como apoyo también a nuestra teoría, porque entre tantos, seguro que alguno de ellos tiene que pertenecer forzosamente a la época anterior. Se manifiesta totalmente convencido de la veracidad de nuestra teoría –con sus puntos cuestionables, claro está- y nos explica, como conocedor del mundo universitario de filosofía letras, que Borrás nunca reconocerá ni un ápice de nuestra teoría, ni tampoco sus discípulos. Tendrá que ser, en todo caso, la siguiente generación, por lo que “vosotros –dice- no llegaréis a ver reconocido vuestro trabajo, pero es muy importante que dejéis bien establecidas las bases para que algún día se reconozca, porque esto es muy importante”. Insiste sobre todo en lo de “muy importante”, “más de lo que os parece”, apunta. Se ofrece a ayudarnos y a colaborar con nosotros (“si me admitís, claro”, dice; “¿cómo no?”, pensamos nosotros). Nos advierte de que existen muchas circunstancias que seguramente nosotros desconozcamos, pues pertenecemos a otra esfera cultural. Probablemente, dice, se habrá destinado mucho dinero a lo largo de los últimos años a elaborar tesis doctorales y otros trabajos que no habrán tenido otra finalidad que corroborar los dogmas del catedrático (en este caso, Gonzalo Borrás), y ahora “no vais a venir vosotros, que para él y sus discípulos no sois nadie, a poner en evidencia, no sólo el prestigio de ese señor y de toda esa labor, sino algo que va más allá”. “Creedme, estáis jugando con algo mucho más serio de lo que os parece y sólo tenéis piedras para disparar, pero ellos tienen tanques y artillería pesada”. En cuanto a Tauste, explica que se encuentra embarcado en un trabajo sobre al-Andalus de bastante calado y que le interesa mucho todo lo que cuento, pues le parece un puntal formidable para las líneas de investigación que él tiene abiertas. Me pregunta qué ha sido de los detractores del cementerio musulmán, de los que negaban que pudiera ser islámico, y yo le digo que "simplemente, han desaparecido" (por el momento, pienso).
 Me dice: “Jaime, te voy a poner a Tauste en el mapa y va a ser una pieza fundamental. Lo primero que hay que descifrar es el nombre”. Pensando en voz alta, apunta la posibilidad de un origen beréber, a lo que yo le contesto que por ese camino existen otros indicios con los que encaja, como el hecho de haber hallado en Tauste la tumba más antigua de la Península, realizada con el rito islámico, junto con la de la Plaza del Castillo, de Pamplona, y que de ésta se hicieron estudios de ADN y resultaron procedencias del norte de África. Dice que preguntará a compañeros suyos berberistas, pero que “Ta” puede ser el artículo y “wust” un sustantivo que puede significar algo así como “sal”. “¿Hay por allí alguna explotación de sal?”, pregunta. Javier, José Miguel y yo nos miramos admirados de la perspicacia de este hombre y entonces yo le explico que, efectivamente, a unos 10 Km de Tauste existe un pueblo llamado Remolinos, famoso por unas minas de sal que se vienen explotando desde muy antiguo y que, en su origen, perteneció a Tauste. Preguntó si existía algún estudio sobre la toponimia del lugar y le contesté que sí, que estaba publicado y le mandaría el libro. De cualquier forma, nos hace las oportunas advertencias de tomar esto con sumo cuidado, pues lo de la “sal” no lo tiene claro. De cualquier forma, consultará con berberistas.
Llegamos al hotel a las 21:30 y nos dan otras habitaciones de las que tuvimos hace tres días (que a nosotros se nos antojan tres meses), pero en la misma planta. Pedimos las nuevas contraseñas para conectar con wifi, pero a mí me aparece en mi móvil la de la habitación anterior como predeterminada y no me deja sustituirla por la nueva. El personal de recepción tampoco es capaz de resolver el problema y me pasan con un señor que debe de ser el responsable de aquello. Tras varios intentos por su parte, también infructuosos, me introduce su propia clave y con ésa ya puedo comunicar. En el propio vestíbulo del hotel funciona, pero cuando subo a la habitación, deja de hacerlo.

(Continuará)

viernes, 11 de abril de 2014

VIAJE A IRÁN (VII)

10 de febrero. Isfahán…
A las 8 de la mañana del lunes día 10 salimos del hotel, habiendo desalojado ya las habitaciones, para dirigirnos en nuestra furgoneta habitual a la Universidad de Arte de Isfahán, donde se encuentran las especialidades de Arquitectura, Ingeniería Urbanismo, Diseño Industrial, Diseño Urbano y Arquitectura Islámica. Aquí tiene lugar mi segundo episodio desgraciado, en el que se me cae la cámara de fotos al suelo y se daña el cristal. En lo sucesivo tendré que conformarme con las fotografías que haga con el móvil, pero dispondré de todas las que hagan mis compañeros, cuando efectuemos el intercambio. Nos recibe el director de la Facultad de Arquitectura y un profesor de Arquitectura y Urbanismo. Después de las presentaciones oportunas, nos pasan a un despacho donde nos invitan a sentarnos y el director nos dirige unas palabras de bienvenida y un resumen de lo que representa esa Facultad, mientras nos sirven té y pastas.
A continuación toma la palabra el otro profesor y nos explica la evolución del urbanismo en la ciudad a lo largo de la historia, principalmente el desarrollo experimentado en la época safaví, bajo el reinado del Sha Abbas I (1587-1629). La ciudad antigua se encontraba en la parte norte (en torno a la mezquita del Viernes) y el Sha desarrolló la parte sur (junto al río) así como la conexión entre ambas partes, con la plaza Naghs-e Jahan como joya central de toda esta fastuosa creación, ahora también llamada plaza del Imán Jomeini. Todo esto nos lo explica sobre una vista aérea de la ciudad que tienen en un cuadro puesto en la pared, que han descolgado para ponerlo sobre la mesa y así poder dar la explicación de manera más cómoda. Javier Peña, gran curioso y aficionado al urbanismo de las ciudades del mundo en general, plantea cuestiones sobre la mesa que son atendidas por los profesores con un gran interés.

ENTREVISTA EN LA UNIVERSIDAD DE ISFAHÁN
Las dependencias de la Universidad donde nos encontramos están en el lado oeste de la Plaza, junto al palacio del Sha o de Ali Qapu (Puerta Sublime). Fueron parte del conjunto de la residencia real. Por nuestra parte, exponemos el motivo de nuestro viaje a Irán e intercambiamos criterios y puntos de vista en los que se dan coincidencias de criterios con sorprendente naturalidad. Salimos al exterior y nos enseñan un edificio poligonal de doce lados (época safaví o anterior), exento, construido en ladrillo y coronado con una importante cúpula, que en la actualidad se utiliza como aula magna o sala de conferencias. Comentamos sobre el uso del yeso en el material de agarre y, efectivamente, se trata de ese material. Nos comenta el profesor que, cuando se restauran esas fábricas, debe hacerse siempre con yeso, porque todo lo que se haga con cal o cemento sobre las mismas está abocado al fracaso, dada la incompatibilidad química entre los materiales. A modo de broma, señala precisamente una junta en la que el albañil puso cemento, como ejemplo de lo que no se debe hacer, y nosotros relatamos nuestra pugna en nuestra tierra por imponer también esta manera de proceder, en contra del criterio de la mayoría, que piensa que el cemento es lo mejor debido a una formación académica incorrecta. Nos despedimos de los profesores, muy agradecidos por el trato tan deferente que nos han dado y planificamos qué vamos a hacer el resto del día, pues son muy pocas horas para destinarlas a conocer una ciudad tan fascinante y que posee un patrimonio tan extenso. Afshín pretende salir para Teherán después del mediodía y nosotros tratamos de negociar, intentando arañar alguna hora más. Cerramos el trato con él en que acudiremos a donde está aparcada la furgoneta a las 4 de la tarde, con la condición de que, antes de salir de la ciudad, nos pase a ver el puente Khaju, que está considerado como uno de los más bellos del mundo, situado a 1.5 Km al este del puente Sio Seh.
Enseguida, salimos a la plaza Naghs-e Jahan y nos situamos sobre la misma. El conjunto de la plaza con todos los elementos que la rodean está catalogado por la UNESCO como Bien Cultural en el catálogo del Patrimonio Mundial. Tiene forma rectangular, muy alargada y orientada de nor-noroeste a sur-sureste. Mide 510 m de largo por 165 de ancho, lo que la convierte en una de las mayores plazas del mundo. La armonía del conjunto viene marcada por las cuatro fachadas corridas de dos pisos de altura, con la planta baja formada por cientos de puertas idénticas, todas rematadas con el arco persa de ladrillo. El piso superior, de las mismas dimensiones, sigue con la tónica de la planta inferior; aquí en vez de puertas son balcones, formando arcos persas igual que los de abajo. Su construcción y urbanización siguen un orden perfecto que sólo queda roto por tres monumentos de excepción: el palacio Ali Qapu (en el lado oeste), la mezquita Lotfollah (enfrente, en el lado este) y la mezquita del Imán (en el extremo sur). En el lado opuesto al de esta mezquita, también queda interrumpido el orden por la entrada al gran bazar.


PLAZA NAGHS-E-JAHAN EN GOOGLE EARTH


ALZADO OESTE DE LA PLAZA

Javier propone marchar primero hacia la mezquita del Viernes por todo el bazar, para terminar la tarde en esta plaza y sus monumentos. Si conseguimos cubrir este objetivo, aunque sea a costa de quedarnos sin comer, podremos considerar bien aprovechadas las escasas horas de que disponemos.


GRAN BAZAR DE ISFAHÁN
Nos metemos en el gran bazar por el lado norte de la plaza y caminamos un buen rato por el mismo, fascinados por las bóvedas a todo lo largo del recorrido y los puestos de venta, los olores, los colores, la forma de exponer los artículos, el ambiente… Por fin alcanzamos al extremo noreste del mismo y llegamos a la mezquita de Alí, donde quedamos impresionantes ante su alminar. Construido totalmente en ladrillo y yeso, de forma troncocónica y de unos 40 m de altura, destaca por su gran esbeltez. Recuerda a las chimeneas de las antiguas azucareras de nuestra tierra. Está decorada con lacerías en la parte inferior y rombos en la superior. El conjunto data del final de la época selyuquí (siglo XII), aunque hay dependencias más antiguas.

ALMINAR DE LA MEZQUITA DE ALÍ
La mezquita está cerrada y nos dirigimos a la mezquita del Viernes, que es la que verdaderamente nos interesa. Estamos en la zona conocida como la “ciudad antigua” y el acceso principal es a través de la plaza Qiyam. Su construcción empezó en tiempos del Sha Malik (hacia 1073, periodo selyuquí). Es la mezquita del Viernes más antigua que se conserva en Irán. El gran edificio cubre 20.756 m2 y fue completándose a lo largo de varias etapas, finalizando hacia 1800.
A pesar de que los elementos que forman esta inmensa mezquita pertenecen a diversas épocas, el edificio muestra un esquema de conjunto muy clásico en la arquitectura religiosa iraní, con un patio central rodeado por cuatro iwans. El patio es el más grande del país, con unas dimensiones de 76x65 m. La construcción sigue el eje noreste-suroeste, dicen que para dar valor a la orientación respecto a La Meca. Sin embargo, la dirección correcta respecto a ésta sería respecto al norte 226º tomando como origen el norte (prácticamente dirección suroeste perfecta, que sería 225º), y la que tiene la mezquita realmente es 215º. Otra confirmación más de la tendencia a desviarlas hacia el sur. Se accede por un pasadizo que desemboca junto al iwan sureste, la parte más antigua del conjunto. El iwan más grandioso, como es habitual, es el del lado suroeste, de la época selyuquí. Por encima del mismo destacan los dos alminares y la cúpula Nezam ol-Molk, de 15 m de diámetro, edificada entre los años 1086 y 1088, construida sin usar el sistema de doble cúpula, habitual en la arquitectura persa.


MEZQUITA DEL VIERNES EN ISFAHÁN

Regresamos hacia la plaza Naghs-e Jahan deshaciendo el recorrido antes andado. Esta vez, nos vamos entreteniendo en observar las múltiples callejuelas que salen del mismo, pequeñas plazas y rincones curiosos. Perdemos a Javier, Hassan y Ammar, que se van por delante, y nos quedamos solos Virgilio, José Miguel y yo. Paramos en una casa de té para descansar y reponer energías durante unos minutos.
Llegamos a la plaza y nos dirigimos a la mezquita Sheikh Lotfollah. Fue mandada construir por el Sha Abbas I en 1602, justo enfrente del palacio Ali Qapu. Sus proporciones son modestas si se la compara con la vecina mezquita del Imán, pero es una construcción muy curiosa. Su diseño no concuerda con el concepto de mezquita iraní, pues no tiene patio central, ni iwans ni alminares. La fachada de acceso es el primer elemento “fuera de norma”. Vista desde la plaza, nos muestra un portal con una compleja decoración de mocárabes revestida por cerámica esmaltada y policromada de motivos florales, con dominio del color azul. Hasta aquí todo se ciñe a la ortodoxia arquitectónica, pero si observamos el conjunto desde una cierta distancia, percibimos que no existe simetría frontal, pues la cúpula está claramente desplazada a la derecha.


MEZQUITA SHEIKH LOTFOLLAH
El tambor que sustenta la cúpula se halla completamente revestido de azulejos y mosaicos, formando frases con el nombre de Alá. La parte más próxima a la cúpula es un excelente ejercicio de caligrafía en blanco sobre azul oscuro y la cúpula combina el color asalmonado del fondo con una decoración floral en blanco y azul. Una vez en el interior, todo es asombroso: un pasillo nos conduce hasta la entrada de la única sala de oración, de planta cuadrada, bordeándola, para penetrar en la misma por el lado nordeste, frente a la quibla (donde se encuentra el mihrab). Entonces se da uno cuenta de que el conjunto está girado unos 45º respecto a la plaza, para buscar la orientación hacia La Meca, y que éste es el motivo de la asimetría que se observaba vista desde la plaza. La orientación es también 215º (como la mezquita del Viernes), en lugar de los 226º que sería la exacta hacia La Meca. Curiosamente, la diferencia de 11º coincide con la desviación del lado largo de la plaza respecto a la dirección norte-sur, lo cual significa que si ésta se hubiera construido en esta dirección, la mezquita, tal y como está concebida respecto a la plaza, tendría la orientación perfecta.
Cuando se pasa del oscuro y anguloso corredor a la sala, la estancia ciega suavemente con su luz, que penetra a través de los 16 ventanales abiertos en el tambor, provistos de rejas en forma de arabescos (¿yeserías?). La base es cuadrada y en el centro de cada lado existe un arco persa, ciego (resaltado sobre el propio muro), enmarcado en cuerda de azulejo azul claro. Formando chaflán en cada esquina se abren otros cuatro arcos que forman con los anteriores un octógono perfecto, pero éstos no son ciegos, pues tras ellos se prolongan los muros hasta formar las esquinas del cuadrado. A nivel de las claves de estos arcos, un sistema de facetas convierte el octógono en un polígono de 16 lados, en el que encaja perfectamente el círculo base del tambor sobre el que se apoya la cúpula. La decoración de ésta consiste en un gran sol al que se añaden estilizados medallones con motivos florales dispuestos en forma de panal que aumentan de tamaño hacia abajo con el ensanchamiento de la cúpula.


INTERIOR DE LA MEZQUITA SHEIKH LOTFOLLAH

(Continuará)