miércoles, 2 de abril de 2014

VIAJE A IRÁN (IV)

Nos habíamos quedado en el final de la recepción por parte de la Organización que nos había invitado (jueves, día 6 de febrero).
Desde allí fuimos a cambiar dinero (1 euro=4.000 tomanes=40.000 riales) y a visitar el Museo Arqueológico Nacional, con piezas muy interesantes (entre ellas, una copia del Código de Hammurabi). Aprovechamos para comprar libros, pero no pudimos visitar el Museo Islámico (que está al lado, del que Virgilio tenía gran interés en visitar), porque estaba cerrado.
JAIME, JOSÉ MIGUEL Y JAVIER DELANTE DEL MUSEO ARQUEOLÓGICO
Comimos en un restaurante y por la tarde nos llevaron a una de las librerías más importantes de la ciudad. Era como una especie de Fnac de aquí. Nos recibió el dueño, quien nos dedicó unas palabras de bienvenida y una pequeña reseña sobre lo que era su negocio. Explicó que ahora, con el avance de la tecnología, había tenido que ampliar la gama de productos a la venta y que, desde entonces, vendía incluso más libros que antes, por el atractivo que supone esa variedad de artículos. Nos pasó a un espacio donde había una pequeña barra de bar y nos obsequiaron con té, sentados en torno a unas mesas. Curiosamente, en un rincón situado junto a la entrada, había una pequeña exposición de fotografías en la que había un cuadro con el Pilar de Zaragoza y otro con la Aljafería, así es que los tres aragoneses nos prestamos enseguida a hacernos unas fotos ante semejante hallazgo.
ANTE LA FOTOGRAFÍA DEL PILAR DE ZARAGOZA
Llegamos al hotel caída ya la noche, pero aún era temprano para cenar, así es que decidimos dar una vuelta por los alrededores. Salimos Virgilio, Ammar, Hassan, José Miguel y yo. Hacía frío y había que andar con mucho cuidado, debido a la nieve y el hielo que había en el suelo. Aproveché para comprarme un metro en una pequeña tienda (120.000 riales) y reponer así el que me habían quitado en el aeropuerto de Estambul. Llegamos a un centro comercial que recordaba al Centro Independencia de Zaragoza. En la planta de arriba había una gran cafetería en la que nos sentamos a tomar un té. Nos sorprendió el buen ambiente que allí había, chicas guapísimas y bien maquilladas portando su pañuelo con elegancia (incluso con coquetería, diría yo) y con una estética muy cuidada, alternando en las mesas con chicos. También se ven parejas por la calle cogidas de la mano con total naturalidad. Rompía bastante la imagen prefigurada de aquel país con la que habíamos salido de España.


CAFETERÍA EN TEHERÁN


La conversación en la cena del hotel estuvo muy animada. Se produjo un interesante debate sobre la corrupción y la situación política en España, expresando cada uno sus puntos de vista. Al final, coincidíamos en la posibilidad de una confederación de estados ibéricos que incluyera a Portugal y en la necesidad de generar políticas incluyentes en lugar de excluyentes.
Se había pasado ya el jueves y empezábamos a estar nerviosos por comenzar a ver arquitectura de verdad, que era a lo que principalmente habíamos venido. Cierto era que el mal estado de las carreteras tampoco hubiera hecho posible los desplazamientos y que las experiencias vividas hasta el momento habían merecido la pena, pero teníamos ganas de pasar a otro tipo de actividad. Para el día siguiente, nos habían prometido llevarnos a Qazvin, una ciudad de unos 600.000 habitantes situada a 150 Km al oeste de Teherán.

7 de febrero. Visitamos Qazvin…
Parece que la climatología va mejorando. Desayunamos a las 7 de la mañana y salimos a las 8 hacia Qazvin. Llegamos sobre las 9:30 y bajamos de la furgoneta ante la mezquita del Viernes. Alguien pide tomar un café antes de comenzar la jornada. Entramos en un bar y Raúl pide huevos fritos para todos y, finalmente, té.
La mezquita del Viernes es el monumento más representativo de la ciudad. Fue construida entre los años 1106 y 1153 y se erigió sobre los restos de un templo del fuego del período sasánida, práctica bastante común en Irán. En la época safaví, bajo el reinado de Abbas I (gobernó entre 1587 y 1629), fue ampliada hasta alcanzar los 4.000 m2 de superficie actual. La entrada principal se produce desde una plaza y rompe con los esquemas clásicos, pues se encuentra alejada del núcleo de la mezquita: un largo y amplio corredor en ángulo conduce desde esa plaza hasta el gran patio central. Sigue el prototipo de mezquita persa: los cuatro iwans se sitúan alrededor del gran patio cuadrangular, distribuidos de manera axial. El iwan principal es el situado en el lado sur, naturalmente, ya que es el que da acceso a la principal sala de oración (haram), sobre la que se alza una elegante cúpula. La primera curiosidad que se me ocurre satisfacer es si el mihrab está perfectamente orientado hacia La Meca, como “dicen” que se orientan todos ellos, y entrecomillo “dicen” porque ya comprobé que en al-Andalus (y también en Marruecos) no es así, sino que se desvían notablemente hacia el sur respecto de su ángulo correcto, que siempre estaría en el cuadrante sureste. En el caso de Irán, la orientación hacia La Meca está en el cuadrante suroeste y, concretamente, en el lugar geográfico de Qazvin correspondería con un ángulo de 214º respecto a la dirección norte. La qibla de esta mezquita presenta una orientación de 192º, lo que le supone un error de 22º, nada menos. Parece que la tendencia en el mundo islámico es “errar” siempre hacia la dirección sur. De los laterales del iwan norte nacen unos curiosos alminares de unos 11 metros de altura. El de la izquierda está en obras (tiene unos andamios montados en torno al mismo y la coronación está oculta con unos entoldados). En este iwan, a modo ornamental, la caligrafía cúfica repite constantemente el nombre de “Alí”.

IWANS SUR Y NORTE EN LA MEZQUITA DEL VIERNES
Toda la construcción es de ladrillo y tiene como elemento constante el arco persa, un arco apuntado de cuatro centros (aquillado, donde los lados se prolongan hacia el vértice). Una de las curiosidades que deseo satisfacer es si verdaderamente el mortero de agarre es yeso. Arañando en las juntas parece que así es, pero será necesario corroborarlo para descartar que sea cal. En algunas zonas se observan problemas de salitres en las partes bajas, lo cual me recuerda a Aragón, pues la humedad natural del terreno asciende por capilaridad a través de la fábrica y sale a la superficie, precipitando las sales sobre la misma y apareciendo ese polvo blanquecino y esponjado que llamamos “salitre”. También me llama la atención que todos los ladrillos están colocados a soga. Midiendo un ladrillo en una esquina compruebo que sus dimensiones son 20x10 cm. Se trata de una forma de aparejo que, según la buena práctica constructiva, sólo es válida para paredes de ½ de espesor (en este caso, 10 cm), cuando estos muros se supone que son de considerable espesor. Eso me lleva a preguntarme cómo están resueltas las trabas internas. El iwan este, que se encuentra junto a la entrada por donde hemos accedido al patio, presenta unas grietas importantes donde han colocado numerosos testigos de yeso para controlar la evolución de las mismas. Se ve que el problema le viene ya de antiguo, pues existen maderos de arriostramiento a nivel de los arranques de la bóveda que debieron colocar en su día para tratar de sujetar la construcción. Por las deformaciones de los muros, el problema puede provenir de asentamientos del subsuelo o, más posiblemente, de movimientos sísmicos.

IWAN ESTE
En la jamba derecha del iwan sur también se observa un notable desplome. Las decoraciones pertenecen a la última etapa constructiva. La cúpula está revestida con azulejos de color azul, jugando con otros blancos que forman unas simples líneas blancas que remontan hacia el punto más elevado en un trazado helicoidal. El mihrab del iwan sur es de mármol.
Pudimos entrar a la sala situada en el ángulo suroeste. La estructura, toda ella de fábrica de ladrillo, se compone de pilares de sección cuadrada achaflanada (octógonos de lados desiguales alternos) sobre unas basas cuadradas de mayor sección, formando una retícula cuadrada en planta. Estos pilares terminan en su parte superior en sección cuadrada, volando cada una de las cuatro últimas hiladas de los lados largos (los que definen el cuadrado) sobre los chaflanes hasta cerrar completamente el cuadrado, a modo de unos sencillos capiteles formados con la misma fábrica. Sobre esas secciones cuadradas se encuentran insertadas unas piezas de madera de sección cuadrada a modo de coronación de capitel, entendemos que para conseguir cierta elasticidad en el conjunto estructural que favorezca la absorción de acciones sísmicas. De estos capiteles arrancan arcos de medio punto en las dos direcciones cerrando los cuadrados de esa retícula. Los arcos están atirantados por maderos horizontales a nivel ligeramente superior al de los arranques. Cada cuadrado está cubierto por una cúpula construida por ladrillo dispuesto a sardinel. La transición entre el cuadrado y el círculo se resuelve mediante pechinas. La perfección en el aparejo del ladrillo resulta magistral.

                                          FORMACIÓN DE CAPITELES Y CÚPULAS DE LADRILLO

Ahí es donde entablamos conversación con un señor que está allí de cuidador y que nos comunica que él ha trabajado en la construcción, por si deseamos formularle alguna pregunta que él nos pudiera responder (todo ello, con la traducción de Raúl). Lo primero que se me ocurre preguntarle es por la naturaleza del mortero de agarre con que están colocados los ladrillos. De la respuesta que él da, Raúl interpreta que es cal, lo cual nos extraña dada la blancura de las juntas y la ausencia aparente de árido (el mortero de cal siempre se realiza mezclando ésta con arena, mientras la pasta de yeso es habitual elaborarla sin árido o con pocas proporciones de éste o de arcilla). Sin embargo, profundizando en la forma de elaboración de esa supuesta “cal”, nos cuenta que antiguamente se elaboraba colocando las piedras de la materia prima en forma de bóveda sobre un pequeño foso excavado en el terreno, cubriendo el montón de piedras con otras más pequeñas, hasta acabar con tierra. De esta forma, quedaba construido un horno rústico al aire libre en el que la leña se introducía en la cavidad que previamente se había excavado y se prendía fuego. A los dos días se dejaba apagar, se extendían las piedras cocidas por el suelo y se trituraban con el paso de caballerías con aperos. El polvo resultante se recogía y al mezclarse con agua daba la pasta con la que se colocaban los ladrillos. Nos cuenta que el fraguado de esa pasta era muy rápido y que era frecuente añadirle pequeñas proporciones de tierra o de serrín como retardante. Entendemos que posiblemente con este aditivo también se lograba cierta elasticidad en el mortero resultante, característica importante en una zona sísmica como ésta. Por la explicación entendemos que el material aglomerante es yeso y no cal, pues el proceso de cocción de ésta es mucho más largo (al menos una semana), y mientras el yeso se cuece a una temperatura de alrededor de los 200ºC, la cal necesita unos 800-900ºC. Por otra parte, el fraguado de ésta es muy lento, mientras que la rapidez en el fraguado es algo característico del yeso. Transmitido esto a Raúl, se lo traduce a este señor y es entonces cuando ambos llegan a una comprensión en los términos, llegando incluso a aclarar cómo se dice “cal” en persa y cómo se dice “yeso”. Efectivamente, se trata de yeso, con lo que queda verificada nuestra teoría y demostrada la singularidad de que se trata de una práctica constructiva que se llevaba a cabo en dos territorios tan lejanos como el persa y el nuestro sin que se conociera en ningún lugar intermedio entre ambos.
También le preguntamos por el sistema de aparejo de los muros, pues si todos ellos presentan la misma cara en la superficie no entendemos cómo quedan trabados con el interior del muro. La explicación es que se fabricaban ladrillos cuadrados de 20x20 y rectangulares de 20x10 cm, utilizando unos y otros en hiladas alternas, con lo que el trabado quedaba resuelto en el sentido transversal del muro, sin necesidad de alterar la apariencia del ladrillo en la superficie vista, al contrario de lo que hacemos en Occidente, donde alternamos soga y tizón (cara larga y cara corta del ladrillo rectangular). Una vez explicado esto, podemos observar el detalle en las basas de los pilares, donde se puede ver perfectamente el sistema del aparejo empleado. Los mismos ladrillos de formato cuadrado sirven como losetas de pavimento en toda la sala. En el porche exterior, sin embargo, el pavimento está formado con ladrillos a sardinel con dibujo en espina de pez, lo cual aumenta la durabilidad a la intemperie.


FORMATOS DEL LADRILLO Y APAREJOS
 Nos explica otros muchos aspectos sobre la forma de construcción de aquellas cúpulas y la ventaja que suponía trabajar con un mortero de fraguado rápido, por el ahorro de cimbras y encofrados que ello suponía. Como guía, se colocaba un palo vertical en el eje de cada cúpula y, en torno al mismo, se iba levantando hilada tras hilada, con el único auxilio de unas simples “costillas” de madera. Nos enseña una sala existente en semisótano (hay que bajar un pequeño tramo de escaleras, formadas con el mismo ladrillo, igual que las construcciones zagríes y mudéjares) en la que la riqueza de las cúpulas es impresionante. Aquí los arcos ya no son de medio punto, sino de tipo persa, no existen maderos de arriostramiento y las cúpulas se apoyan sobre pechinas nervadas con formas de rombos y decoradas con cerámica vidriada. En una de las cúpulas existe decoración de tacos vidriados que forman una espiral ascendente desde los vértices de los rombos que decoran las pechinas hasta la coronación, rematada con una linterna cilíndrica. Este sistema de pechinas nervadas sobre arcos persas también existe en el ala oeste de esta sala, pero esta vez con los nervios sin decorar con azulejo. La belleza y el equilibrio de la estructura son magníficos.


CÚPULAS DE LADRILLO SOBRE PECHINAS DECORADAS
(Continuará)

domingo, 30 de marzo de 2014

VIAJE A IRÁN (III)

Teherán tiene unos 12 millones de habitantes y se encuentra en el norte del país, separada del mar Caspio por los montes Elburz, que tienen una altitud que supera los 5.000 m sobre el nivel del mar. La ciudad, inmensa, se extiende por la parte baja de las faldas de estos montes, teniendo una altitud de unos 1.100 m. en la parte baja, 1.200 m. en el centro y 1.700 m. en la parte norte. El hecho de encontrarse a semejante altitud hace que los inviernos sean extremadamente fríos, aunque la latitud es bastante menor que la de aquí (menor que la de Cádiz, incluso), por lo que los veranos son también muy rigurosos de calor.
Nuestra habitación da al norte, con vistas a los montes Elburz, que apenas se divisan debido a la adversa climatología. Se advierten edificios muy modernos de gran altura, en medio de un paisaje totalmente blanco por la nieve, que no cesa de caer. En el techo de la habitación, en un rincón, existe una flecha que indica la dirección a La Meca para que la gente que se aloja sepa en cada momento hacia qué dirección debe mirar para rezar sus oraciones. Más adelante comprobaríamos que este detalle es habitual en los hoteles iraníes.

FLECHA INDICANDO LA DIRECCIÓN A LA MECA
Después de tomar posesión de la habitación y haber descansado un rato, bajamos a la 1 de la tarde para reunirnos con el resto del grupo y entrar a comer. La comida es buena y apetecible: gran variedad de frutas y ensaladas, salsas de todo tipo (había una de yogur con pepino que estaba buenísima), sopas, cremas, carnes de cordero, pollo y ternera, y de pescado truchas y mariscos. La conversación en torno a la mesa resulta muy agradable. Raúl (descubrimos que su nombre musulmán es Yafar) es un personaje de 63 años, atento con todos nosotros y demuestra tener gran inteligencia y una vasta cultura en todos los aspectos. En seguida se ha hecho cargo de la problemática que envuelve al asunto “zagrí”, por el que nosotros luchamos, y comprende perfectamente todos los argumentos, incluso los de tipo técnico. Laila es una chica encantadora de 27 años, atractiva y discreta, con un saber estar envidiable y que, cuando interviene en la conversación, demuestra tener una gran madurez y una completa formación. Ammar es canario, tiene 54 años, está casado con una marroquí y tiene tres hijas. Es musulmán suní y ha sido invitado porque dirige una emisora de radio en las Islas Canarias (pero con audiencia en otros países de Sudamérica, etc.), cuyo objetivo es dar a conocer el Islam. Hassan tiene 28 años, es miembro de la ONG Musulmanes por la Paz, su mujer no es musulmana y tiene un hijo pequeño. Ellos han venido hasta aquí por motivos religiosos, para visitar algunos mausoleos y lugares de devoción musulmana. Yafar, Laila y Hassan, al igual que la mayoría de la población iraní, son musulmanes chiíes. El chiismo es una de las ramas del Islam, minoritario en el mundo islámico, pero mayoritario en Irán.
Terminada la comida, nos recoge Afshín con la furgoneta y nos lleva a visitar la casa donde vivió el imán Jomeini en Teherán mientras fue jefe de estado. Tiene apariencia de ser una humilde vivienda, con un cuarto de estar que da directamente a la calle, donde tuvo lugar la famosa entrevista con Eduard Shevardnadze. Nos contó Raúl que la calle se llenó de cámaras y periodistas y que el ministro ruso salió impresionado de la personalidad del imán. Junto a la casa había una sala donde rezaba el imán y que ahora se destina a exposición de fotografías sobre la vida del personaje. Desde allí nos trasladaron a visitar el mausoleo donde está enterrado. Se encuentra al sur de la ciudad y llegamos ya al anochecer. Después de los muchos años transcurridos, sigue todavía en obras y nos pareció arquitectónicamente pobre y descuidado, al menos en lo referente a sus espacios interiores. Los musulmanes de nuestro grupo aprovecharon para rezar. Allí, Raúl nos dio una pequeña explicación sobre la organización social, administrativa y religiosa del país. Existe una administración “oficial”, con un parlamento elegido por el pueblo y un presidente de gobierno, que en la actualidad es Hassan Rouhaní. Paralelamente existe otra administración, la espiritual (por llamarla de alguna manera), compuesta por doce sabios y presidida por el Líder Supremo, que en la actualidad es Alí Jameneí. Cada ciudadano sigue al imán que más le gusta y le aporta 1/5 de sus beneficios. Con ese capital, los imanes llevan a cabo obras sociales, religiosas y otros objetivos. Además, son los encargados de impartir justicia, de forma que cualquiera puede dirigirse a ellos para que resuelva cualquier litigio de forma gratuita. Se trata de personas con altos estudios en materia jurídica y religiosa. Explica que es un sistema mucho más garantista que el que tenemos por ejemplo en España, donde cabe todo tipo de corrupción, que de ésta había mucha en los tiempos del Sha y prácticamente desapareció al llegar al poder una persona tan desprendida de los lujos terrenales como el imán Jomeini y quedar instaurada la Revolución, que ha conseguido equiparar notablemente a las capas sociales.
De regreso al hotel, cenamos y tratamos de conseguir comunicación con nuestras familias mediante el wifi del hotel, lo cual conseguimos a duras penas y de manera intermitente.

6 de febrero. Segundo día en Teherán…
Amanece con un sol radiante y la vista que se nos ofrece desde la terraza de la habitación es espectacular. La luz del amanecer refleja sobre la nieve de las laderas de los montes Elburz y en todos los edificios de esta parte de la ciudad. Ha dejado de nevar, pero quedan grandes cantidades de nieve tanto en las calles como sobre los coches y los edificios.

VISTA DE LA CIUDAD EL SEGUNDO DÍA
A las 7:00 desayunamos opíparamente y a las 8:00 de la mañana nos recoge Afshín para llevarnos a una recepción en la sede de la Organización que nos ha invitado, pero nada sabemos de quiénes son realmente. La furgoneta sube a duras penas por cuestas interminables en dirección norte. A medida que ascendemos, los cúmulos de nieve son cada vez mayores. Como la temperatura es muy baja, también hay hielo en la calzada y a veces se patina, aunque el conductor demuestra una gran destreza. Nos encontramos en el extremo norte de Teherán, donde la altitud es mayor. Es una urbanización de edificios de poca altura y para dejar libres los accesos de los garajes, han retirado la nieve a cada lado de las puertas, por lo que los montones en las orillas de las calles son de volumen considerable. Chupetes de hielo cuelgan de las cornisas. Entramos en una de esas casas y nos reciben en el portal tres hombres que nos dan la mano amablemente y nos invitan a pasar a una amplia sala de estar, cuyo suelo está totalmente alfombrado y hay que descalzarse antes de entrar. El ambiente de la sala está a una temperatura confortable. Está amueblada con sofás en todo el perímetro y mesas bajas delante de los mismos, sobre las cuales hay dispuesta vajilla (pequeños platos, tazas, cucharillas y cuchillos), así como bandejas con galletas. Tomamos asiento y esperamos poco más de cinco minutos hasta que aparece un personaje que parece ser el que dirige lo que quiera que sea aquello. Nos ponemos en pie y con una sonrisa, nos va dando la mano, a la vez que hace una pequeña reverencia con la cabeza y Raúl nos va presentando uno a uno. Se sienta en un sillón situado en el rincón diagonalmente opuesto a donde yo me encuentro. Comienza a hablar en persa y Raúl va traduciendo. “Bienvenidos todos a éste su país. Es nuestro deseo que se encuentren como en su casa y que se lleven de aquí el mejor recuerdo posible. Si durante los días que va a durar su estancia en Irán hay algo que no es de su agrado, les pedimos disculpas anticipadamente, pero es nuestro deseo que se encuentren lo más cómodos posible y que se cumplan sobradamente las expectativas y los objetivos que ustedes se hayan forjado para este viaje. Cuando entraba por la puerta, le decía a mi compañero ‘¿Has visto estos rostros que nunca antes habíamos tenido ocasión de contemplar y ya parece que son amigos de toda la vida?’…”. La alocución dura unos 45 minutos y toma un ritmo especial por cuanto él pronuncia dos o tres frases, calla, espera a que las pronuncie Raúl en español y continúa, repitiendo el proceso como si de un ritual se tratara, mientras juguetea con un rosario que lleva en la mano (también en el Islam se emplea una especie de rosario para rezar, tiene 33 cuentas y se utiliza para practicar el dikr o invocación repetida dirigida a Dios). No se presenta, ni a sí mismo ni a la Organización a la que pertenece, pero explica cuál es el motivo de la invitación por la que estamos allí. Hace un repaso de la historia reciente de Irán, desde la caída del Sha y el triunfo de la Revolución, a raíz del cual se fue implantando en todo el mundo una campaña de desprestigio contra el pueblo iraní, perfectamente orquestada por el lobby sionista de los Estados Unidos, que es quien controla el poder. A través de esta campaña, han hecho creer a la civilización occidental que Irán estaba en contra del mundo. Los esfuerzos diplomáticos por contrarrestar estos efectos negativos no han dado resultado, así es que el que el Líder Supremo Alí Jameneí se ha propuesto llevarla a cabo a través de la población civil, mediante programas de intercambio y acogida a gentes del mundo de la cultura, como nosotros. Habla de la vida y obra del imán Jomeini (su personalidad, exilio en Francia, regreso a Irán, etc.), como fundador del estado moderno chií de Irán y la limpieza de corrupción que supuso la llegada al poder de un personaje tan austero como él. Consideran amigos a todo el mundo, salvo al Sionismo, dejando claro que no son los judíos los enemigos, sino el Sionismo en sí, teniendo como hermano a todo ser humano de la Creación.
Mientras habla, tres de ellos van tomando nota, sirven té en las tazas y otro va pasando delante de nosotros con un frutero lleno de naranjas y pepinos pequeños (allí son comidos como fruta habitual). Cada uno coge su fruta y yo, que soy el último, rehúso la invitación con un gesto de agradecimiento, él insiste, vuelvo a rehusar con otro gesto similar y noto que frunce el ceño. Ammar, que está sentado a mi izquierda, me dice por lo bajo que en estos países hay que coger todo lo que te dan, porque si no lo interpretan como un desprecio (vaya, he metido la pata, digo para mí, pero la verdad es que no me apetecía después del abundante desayuno que habíamos tomado en el hotel). Cuando el personaje principal termina su discurso, nos dirige a todos un signo con las manos abiertas, indicando que, por favor, podemos comer de todo lo que nos ha sido servido. Coge la naranja de Laila y con el cuchillo corta la coroneta superior de la piel; luego le hace unos cortes y, con mucha destreza, abre la piel en gajos y se la deja en el plato abierta como si de una flor se tratara. Hace una broma y dice en su idioma “no os preocupéis; mis manos están limpias”. Los demás comienzan a pelar su naranja (menos yo, que no tengo), pero a él aún le da tiempo de pelar tres o cuatro más y servírselas a los invitados como señal de atención. Sentado en su sillón, coge una naranja del frutero que se encuentra delante de él, hace el mismo ritual, se levanta, viene hacia mí y la deja en mi plato diciéndome amablemente que, por favor, me la coma. Así es que yo me como la naranja como está mandado, faltaría más.
Terminada su intervención, pasa el turno para que hable quien lo desee, siempre con la mediación de Raúl, que hace de traductor. Comienza Ammar con unas palabras de agradecimiento y, al hilo de lo que ha contado nuestro anfitrión, expresa su percepción de que el islam, en el medio donde él vive, es más aceptado generalmente por la población civil que por parte de los dirigentes. Terminadas de traducir estas palabras por parte de Raúl, el anfitrión dedica unas palabras de especial simpatía hacia España. Javier Peña también interviene en el sentido de expresar los objetivos que nos han llevado hasta allí y Virgilio comienza con unas palabras en español para pasar al árabe, planteando una propuesta de intercambios culturales con este país, concretamente en el sentido de poder venir equipos de arqueólogos españoles a trabajar a Irán. La respuesta es positiva. El orden inicial y ceremonioso del principio, mantenido durante toda la alocución del personaje, se va tornando más informal. Virgilio se ha levantado y ha ocupado el asiento de Raúl para poder conversar con el anfitrión más cercanamente. Raúl se levanta y nos dice que podemos decir y proponer todo lo que nos dé la gana, animándonos a ello diciendo que ahora es el momento. Entonces viene a mi cabeza una propuesta sobre el cementerio islámico de Tauste. Se lo comento a Raúl a la vez que le expreso mis dudas acerca de si es procedente semejante propuesta, ya que en el mundo musulmán está mal visto que se exhumen restos humanos. Le cuento en pocas palabras lo que representa nuestra necrópolis y la necesidad de exhumar el mayor número posible de restos, ya que, de lo contrario, el final de los mismos todavía es más indigno (van a la escombrera). Raúl se hace cargo de la importancia de mi propuesta y me dice que tranquilo, que aquí se puede exponer todo, siempre y cuando se haga con el debido respeto. Se me ofrece a comentárselo él mismo en mi nombre y yo accedo. Mientras se lo explica él me mira seriamente y su respuesta es que ellos no pueden contribuir con aportaciones económicas, pero que si necesitamos mano de obra estarán encantados de enviárnosla, corriendo por nuestra cuenta los gastos en España, de igual forma que nosotros estamos ahora aquí. Aprovecha para invitarnos a conocer Shiraz en otro viaje, así como otros lugares, estimando él que necesitaríamos aproximadamente un mes para conocer mínimamente todo lo que nos pueda interesar. Nosotros nos pagaríamos el vuelo (como en este viaje) y correrían por cuenta de la Organización todos los gastos de aquí, así como el compromiso de facilitar todo los contactos y gestiones necesarias.
Javier le enseña en su tablet fotografías de la arquitectura aragonesa de ascendencia islámica (zagrí y mudéjar) y se le ilumina el rostro al ver las escrituras cúficas de la torre de Tauste. También al ver la torre de la Magdalena, de la que dice que le recuerda a la arquitectura de Jorasán (región situada en el nordeste del país). Finalmente, nos obsequian a todos con unos relojes de pared con decoración típica persa y nos hacemos unas fotografías.

FOTOGRAFÍA EN LA SALA DE RECEPCIÓN DE LA ORGANIZACIÓN


(Continuará)

viernes, 28 de marzo de 2014

VIAJE A IRÁN (II)

4 de febrero. Comienza el viaje…
El martes día 4 de febrero, a las 15:30, estábamos Javier, José Miguel y yo en el aeropuerto de Barajas, con nuestros respectivos equipajes, ante el mostrador de Turkish Airlines, esperando a conocer al resto del grupo con el que íbamos a emprender un viaje que tantas incógnitas despertaba en nosotros. No tardaron en aparecer Raúl, Laila, Ammar y Hassan, así como Virgilio que llegó poco después. Tras las correspondientes presentaciones, quisimos hacernos una foto de grupo y compartirla por Facebook con nuestras amistades.

AEROPUERTO DE BARAJAS. DE IZQUIERDA A DERECHA: JOSÉ MIGUEL, JAIME, JAVIER, RAÚL, LAILA, HASSAN, AMMAR Y VIRGILIO

El avión salió a las 17:55 y allí se produjo la primera incidencia: José Miguel se puso indispuesto debido a un posible corte de digestión. Las azafatas se portaron fenomenalmente, así como una voluntaria que se acercó (debía ser médico o enfermera, pero no hablaba español) y estuvo atendiéndole constantemente. Nos dio un buen susto, pero se le pasó felizmente. Las primeras conversaciones con Virgilio resultan muy interesantes en las que él nos adelanta su versión sobre lo que fue al-Andalus. Resulta un tipo muy ameno y cercano en el trato, y se nos ofrece a enseñarnos Bobastro (Málaga), como algo muy impactante.
Virgilio Martínez es todo un personaje: licenciado y doctor en Historia Medieval por la Universidad de Málaga (Premio Extraordinario de Doctorado), arqueólogo y diplomado en lengua árabe. Ha trabajado durante algunos años como investigador en el CSIC, profesor invitado por la Universidad Autónoma de Barcelona, la Universidad de Boston y la Universidad de Nuevo México, ponente en más de 50 reuniones y congresos internacionales, autor o coautor de unos 180 trabajos científicos y de 18 monografías sobre historiografía, arqueología y epigrafía de al-Ándalus y del Islam de Occidente en época medieval, Mención de Honor del Premio Málaga de Investigación 2008… y muchas cosas más. Relata hechos con una gracia malagueña natural en él, sin detrimento del rigor histórico que defiende ante todo. Ejemplo de ello es la crónica que nos relata sobre el asedio de Málaga por los Reyes Católicos en 1487, donde ¡ya se emplearon armas químicas!. ¿Cómo, armas químicas ya en el siglo XV?. Efectivamente, les lanzaban animales muertos con las catapultas por encima de las murallas para causar enfermedades infecciosas. Describe el asedio como algo terrible y muy cruel por parte de los castellanos.
En los controles del aeropuerto de Estambul, la única anécdota reseñable fue que una policía me requisó un metro que llevaba en mi bolso de mano, que me había llevado como parte de mi equipamiento técnico. Lo sacó del bolso, me dijo unas palabras que no entendí y lo arrojó dentro de un recipiente ante mi estupefacción. Debió de parecerle un arma muy peligrosa. Qué le vamos a hacer. En el intervalo de espera hasta coger el vuelo a Teherán, los musulmanes del grupo buscaron un oratorio donde rezar dentro del propio aeropuerto.

5 de febrero. Primer día en Teherán…
Llegamos al aeropuerto de Teherán-Imán Jomeini a las 5:50 de la mañana (3:20 hora Madrid; hay 2:30 horas de diferencia). Antes de salir del avión, todas las mujeres llevan ya sus cabezas tapadas con pañuelos, incluida Laila. Nos sorprendió ver tanta nieve en todo el aeropuerto y alrededores. Allí nos enteramos de que Virgilio no tenía el visado (no he llegado a enterarme de las circunstancias del porqué), lo cual podría ser motivo de problemas para entrar en el país. Lo tenía ya hablado con Raúl y, de camino por los pasillos del aeropuerto hasta llegar al control de entrada al país, Raúl nos dio instrucciones para que siguiéramos adelante con su hija, que él y Virgilio se desviaban por otro pasillo para hacer unas gestiones. Pasamos el control de entrada sin ningún problema y nos dirigimos a la cinta de recogida de equipaje. Al poco rato aparecieron Raúl y Virgilio con todo solucionado. ¿Quién es verdaderamente este hombre –nos preguntábamos- y qué influencias tiene en este país?.
Eran ya las 7 de la mañana y estaba amaneciendo en Teherán cuando nos acercamos con todos los equipajes a la puerta de salida. Allí fuimos conscientes de la tremenda nevada que había caído (y seguía cayendo). Después nos enteramos de que hacía 50 años que no nevaba tanto en aquella ciudad. Hacía frío (unos 8º bajo cero) y vinieron a buscarnos tres individuos con una furgoneta de 10 plazas y un turismo. Uno de ellos (luego supimos que se llamaba Afshín) hablaba un poco de español y nos recibió con una sonrisa y un “bienvenidos a su país”. Era el conductor de la furgoneta y nos indicó que subiéramos a la misma. Como no tenía maletero, el equipaje iría en el turismo y los otros dos individuos se encargarían de cargarlo en el mismo. Como quiera que Raúl observara cierto recelo por nuestra parte en desprendernos de nuestras maletas, nos tranquilizó diciendo que eran personas de total confianza. Los 25 Km de recorrido hasta la capital fueron por una autopista casi impracticable por la nieve, con un intenso tráfico de vehículos. Los carteles en persa (con signos árabes, pero allí no se habla apenas árabe) evidenciaban que verdaderamente nos encontrábamos en Oriente Medio.
En la entrada a la ciudad, Afshín tuvo que parar y bajar a limpiar el parabrisas, pues la visibilidad se había hecho ya muy penosa por la nevada que seguía cayendo y el hielo que se formaba debido a la baja temperatura. El coche se perdió con las maletas. Íbamos dispuestos a adaptarnos a todo lo que nos surgiera. Ante una invitación de este tipo y en un país como éste, incluso contemplábamos la posibilidad de que nos repartieran por casas particulares, como forma de resolver nuestro alojamiento. Sin embargo, la furgoneta se detuvo ante la puerta del Hotel Internacional Parsian Esteghlal, de 5 estrellas. Era donde nos íbamos a alojar durante nuestra estancia en Teherán. Tenía un hall grandísimo, donde nos invitaron a sentarnos y nos sirvieron un té caliente mientras esperábamos la llegada de las maletas, ya que el coche que las portaba, efectivamente, se había perdido. Nos indican que pasemos al comedor para desayunar (son ya las 9 de la mañana), pero no tenemos apetito, después del largo viaje, el desajuste horario y haber comido algo en el avión. Raúl nos indica que hagamos un pequeño esfuerzo, aunque comamos poco, porque detecta que puede producirse cierto malestar ante nuestra negativa. El bufet es estupendo y al final nos aplicamos todos a tomar un buen desayuno, con fruta, huevos, zumos, café, dulces, etc. Después de desayunar, Raúl nos sugiere descansar en la habitación hasta la hora de la comida, idea que aceptamos con gusto. Me toca compartir habitación con José Miguel; Javier con Virgilio; los dos musulmanes juntos y, naturalmente, Laila con su padre. Nos alojan en la planta 13. Las habitaciones son amplias y cómodas, cada una con su correspondiente terraza y unas vistas espectaculares hacia la parte más moderna de la ciudad.

LLEGADA AL HOTEL. VISTA DE LA CIUDAD DESDE LA HABITACIÓN

(Continuará)

lunes, 24 de marzo de 2014

VIAJE A IRÁN (I)


Cómo comenzó…
Siempre pensamos en la conveniencia de realizar un viaje a Irán para comprobar “in situ” muchas de las coincidencias que veíamos entre la arquitectura persa y la nuestra de ladrillo y yeso, pero nunca imaginamos que pudiéramos llevarlo a cabo de esta forma.
Todo empezó en septiembre del año pasado, cuando un personaje llamado Javier López Astilleros se puso en contacto con Javier Peña. Trabajaba como realizador en una cadena de televisión llamada “Córdoba Internacional” y estaba haciendo una serie de documentales dedicados a al-Andalus, cuando descubrió la web en la que nosotros (Javier Peña, José Miguel Pinilla y yo, pero principalmente Javier, que es quien la administra y autor de la mayor parte de su contenido) contamos nuestra teoría sobre el verdadero origen de la arquitectura mudéjar aragonesa, es decir, la arquitectura taifal saraqustí del siglo XI, y a su vez, el origen de ésta, dada su clara diferenciación respecto del resto de la arquitectura andalusí, y que pensamos que ha venido del mundo persa. El hombre se mostraba entusiasmado por semejante hallazgo, pues sus documentales hasta entonces se habían limitado a lo de siempre cuando se habla de arte hispano-musulmán: Córdoba, Sevilla, Granada, Toledo y poco más. No podía sospechar que en una región situada tan al norte de la Península pudiera existir semejante patrimonio. Propuso dedicar un documental completo a ello y comenzó a intercambiar correos con Javier, quien luego nos los reenviaba a nosotros para tenernos informados. Se trata de unos documentales de 30 minutos de duración, en una serie titulada “Huellas de al-Andalus”. En uno de sus correos, le mandaba el borrador de un texto como propuesta de lo que el narrador podía ir explicando en el documental. Por mi parte, al ver el interés que tenían sobre las escrituras crípticas, me decidí a intervenir y mandarle un correo informándole que, sobre ese asunto, en el único edificio de la Península Ibérica donde existen signos caligráficos realizados en ladrillo resaltado es en la torre de Tauste, indicando los últimos estudios que pueden hacer referencia a la shahada o Profesión de Fe Islámica (No hay más dios que Dios...). De paso, la alusión a Tauste, podía ayudarle a descentralizar el documental de lo que meramente es Zaragoza capital. Su respuesta fue inmediata, agradeciendo efusivamente mi aportación. Me pidió fotografías al respecto y se las envié encantado. Poco tiempo después, vinieron a Zaragoza y grabaron el documental, que quedó muy bien. En él aparecen entrevistas a distintos personajes, entre ellos Javier Peña, e imágenes muy espectaculares, no sólo de Zaragoza, sino también de otros lugares como Tarazona, Maluenda y -cómo no- Tauste. Tiene algunas imprecisiones de tipo técnico, pero son perdonables por el aire fascinante que han sabido darle.
La cosa no quedó ahí. Resulta que Javier López Astilleros pertenece a una organización llamada “Musulmanes por la Paz”, cuya cabeza visible (por llamarlo de alguna manera) es un señor que se llama Raúl González, natural de Madrid.
Raúl es informado por Javier López de nuestro trabajo y nos invita a realizar un viaje a Irán, en el que nosotros sólo tenemos que pagarnos el avión. Los demás gastos (alojamiento, manutención y desplazamientos por el país) corren por cuenta de la Organización. Nuestra respuesta es afirmativa desde el principio, pues nos resulta tremendamente interesante tener la oportunidad de conocer “in situ” la cultura de la que nosotros pensamos que ha dado pie a esta arquitectura tan fascinante que se desarrolló aquí a partir del siglo XI.
Nuestras indagaciones nos han llevado a desmontar la teoría de que el arte mudéjar aragonés está basado en el almohade y a considerar como cierta la de que realmente proviene de otro arte anterior, de la época taifal, y que denominamos “zagrí”. Pero claro, éste de algún sitio tuvo que venir. Al tratarse de una arquitectura de ladrillo y yeso, que sólo se desarrolló en Oriente Medio, y siendo que de allí vinieron otras disciplinas, empezó a crear cuerpo entre nosotros la posibilidad de ese origen para nuestra arquitectura zagrí y mudéjar. A medida que avanzábamos en esa línea, se consolidaban más nuestras sospechas y cada vez eran más sorprendentes los enormes parecidos que parecían emparentar la arquitectura aragonesa de ladrillo y yeso con la persa (técnicas constructivas, motivos decorativos, etc.). Ahora se nos ofrecía la posibilidad de “tocarla”.
Irán es un gran país: 1.600.000 Km2 de extensión y 75 millones de habitantes. La arquitectura que buscamos está principalmente en las regiones de Khorasán (al este) y de Shiraz (al sur), muy alejadas de las ciudades que nos ofrecen visitar, que son principalmente Teherán, Qom e Isfahán, pero aun así el viaje promete ser muy interesante para nuestras investigaciones, pues, sin duda alguna, algo “tocaremos” y, sobre todo, resultarán muy provechosos los contactos que allí podamos establecer con diferentes universidades. No deja de ser alentador que mientras aquí, en nuestra tierra, se nos cierran las puertas al debate en el ámbito universitario, allí se nos puedan abrir. A mí, concretamente, me interesa mucho examinar el yeso de las juntas de los ladrillos, algo que sólo puede hacerse aquí, en Aragón, y allí, con 4.000 Km de tierra de por medio.
Aquí siempre nos han enseñado que, para hacer un muro exterior, los ladrillos se colocaban con mortero de cal (hasta que apareció el cemento); nunca con yeso, porque éste se deshace con la lluvia. Pero no nos dijeron que la práctica del yeso viene desde las primeras civilizaciones mesopotámicas y que en Persia (Irán en Irak) nunca se perdió, seguramente porque nuestros profesores universitarios no lo sabían y también desconocían esa singularidad de la arquitectura tradicional aragonesa. Es chocante, cómo en el mundo actual, donde las comunicaciones están tan desarrolladas, todavía se mantienen importantes distancias (e ignorancias) en cuanto a lo cultural se refiere. De las diferentes épocas de la historia de Persia, a nosotros nos interesaba conocer la del imperio sasánida (años 224 al 651), porque es el periodo donde desarrolla buena parte de la cultura que después los árabes extenderían por todo el Mediterráneo y traerían a la Península Ibérica. Pensamos que vino cultura islámica porque fue el islam quien la propagó, pero fue fundamentalmente persa, porque era por aquel entonces la civilización más avanzada, y así se ha demostrado en otras disciplinas como la filosofía, la música, etc. Tanto o más nos interesan también los periodos omeya y abasí (dominio islámico) y, sobre todo, el selyuquí (1037-1157), por ser la época en la que hubo de tener lugar el intercambio cultural con Zagr al-Andalus con mayor intensidad. Aun así, no es de despreciar tampoco conocer la arquitectura safaví porque, aunque se desarrolló en una época en la que ya no cabe pensar en ese intercambio (1501-1736, éramos dos mundos ya muy separados), era allí la heredera de las anteriores, así como aquí la nuestra también lo era. Aquí les consideramos “árabes”, pero ellos no se sienten así. Hasta en eso nos parecemos: para ellos los árabes fueron unas gentes que les invadieron y que dominaron allí hasta que consiguieron echarles para seguir siendo independientes (como aquí). Ni siquiera se quedaron con el idioma, pues allí se hablaba persa antes de la llegada de los árabes, siempre se habló persa y se sigue hablando. Se trata de un pueblo con una fuerte personalidad.

El asunto adquiere cariz de aventura, pues no llegamos a comprender por qué alguien nos invita a semejante empresa, con el componente añadido de ese estereotipo que aquí tenemos de aquellas gentes. Se nos informa que vamos en el viaje un grupo de ocho personas: por nuestra parte, Javier Peña y José Miguel Pinilla (como arquitectos), y yo como arquitecto técnico; también un profesor de Historia llamado Virgilio Martínez Enamorado y dos musulmanes españoles, Agustín/Ammar López (de Las Palmas de Gran Canaria) y Francisco/Hassan Aparicio (de Madrid). Los otros dos componentes del grupo son el propio Raúl González y su hija Laila. El viaje se iba a producir entre los días 4 al 12 de febrero, con escala en Estambul, tanto a la ida como a la vuelta. Ante la duda de dónde nos metíamos, Javier Peña se puso en contacto con Jesús Lorenzo (doctor en Historia, arqueólogo y arabista, que dio una charla el año pasado en Tauste invitado por la Asociación Cultural “El Patiaz”) para ver si conocía a alguien del grupo y podía aportarnos alguna información. Jesús respondió enseguida que no sabía nada de esa Organización pero que sí conocía a Virgilio y que era un tipo muy majo y muy competente. Puestos ya en contacto con Virgilio, se confirmó la información de Jesús Lorenzo y nos manifestó su gran interés por realizar este viaje. Indagando en Internet sobre quién podía ser esa ONG llamada “Musulmanes por la Paz”, los hallazgos no resultaron alarmantes, pero tampoco excesivamente tranquilizadores, pues existe una web llamada www.musulmanesporlapaz.org en la que habla de un califa que reside en el Reino Unido y con unos tintes de secta un poco extravagantes. La otra era www.ongmusulmanesporlapaz.es, con unas pintas más “normales”, pero no sabíamos a quién debíamos el detalle de invitarnos. La mayor intriga vino cuando, después de haber hecho la transferencia por el importe del billete de avión de ida y vuelta al número de cuenta que se nos había indicado (por cierto, a nombre de un tal Pawel Piotr Szydlowski, para más incertidumbre todavía), se nos manda un cuestionario a rellenar para la solicitud del visado. En él había que responder a la pregunta –entre otras- del motivo del viaje, con la instrucción de que escribiéramos “asistir a las ceremonias del aniversario de la Revolución Iraní”. Otra pregunta era “quién pagaba los gastos”, en la que había que responder “La Organización de las Ceremonias”. Uno no podía salir de su asombro y experimentar cierto grado de inseguridad, pero nos sentíamos ya como embarcados en la aventura y no había marcha atrás... 
(Continuará...)

martes, 17 de diciembre de 2013

OTRAS CURIOSIDADES SOBRE EL DESEMBARCO "MUSULMÁN"

En el artículo anterior, titulado “El desembarco de Alah”, quedaba clara la gran diferencia de concepto entre la idea que siempre hemos tenido de la llegada de los musulmanes a España y lo que pudo ser la pura realidad, bien distinta, como algo mucho más lógico y asumible.
Todo había empezado por una trama para derrocar al rey don Rodrigo por sus enemigos, los witizanos (también visigodos), y con la intervención necesaria de la Iglesia Católica, fundamental para que aquel hecho que resultaría trascendental, no sólo para la historia de España, sino de toda Europa, pudiera consumarse mediante un paseo triunfal de apenas tres años a lo largo y ancho de nuestra geografía.
Quedaba claro que no se trató, pues, de una invasión masiva de gentes que vinieran a colonizar la Península, sino de un cambio de gobierno y de sistema social por el cual se pasó de una sociedad esclavista, heredada del Imperio Romano, a otra mucho más avanzada. En la sociedad esclavista, la población no tenía ningún aliciente por mejorar, porque sabían que no podían aspirar a mucho más allá de la supervivencia, y los señores propietarios eran ya demasiado poderosos como para plantearse otras formas de creación de riqueza. La creación de un estado llamado Alandalús, ocupando casi toda la Península Ibérica, adscrito a Dar al-Islam (la tierra del Islam), supuso la implantación de un sistema de ciudadanos libres donde la relación entre éstos y el Estado era a través de impuestos. Se desarrollaron las ciudades como modelo social, con todos los servicios que no podían disfrutarse en el medio rural, en las que fueron proliferando las pequeñas burguesías (artesanía y comercio). Todo ello supuso la monetarización de la sociedad y un adelantadísimo avance de los tiempos modernos.
Mientras, en el resto de Europa se imponía el feudalismo, sistema que también supuso un gran impulso, pues en él, la relación entre vasallos y señores era a base de ceder parte de la producción, pero al menos uno sabía que, cuanto más produjera, aunque el señor se llevaba más cantidad, también a él le quedaba más, por lo que ya tenía cierto aliciente para crear riqueza y excedentes. Era un gran paso sobre el modelo esclavista anterior, pero muy a la zaga del de Alandalús, pues el sistema feudal era mucho más rural y las ciudades tardaron mucho más tiempo en desarrollarse como tales.
No hace falta ser muy lince para darse cuenta del progreso que supuso –en aquel entonces- la islamización de Alandalús y de lo que a lo largo de los siglos se iría filtrando desde este país hacia el resto de Europa, en todos los campos. Lo que ocurre es que la historia tradicional española se ha encargado de ocultarlo, al principio interesadamente (cuando todo esto se barrió con las quemas de libros, la expulsión de los moriscos y la acción de la Inquisición) y después porque quedó definitivamente instaurado el silencio y el olvido de todo aquello. Ejemplo de ello es lo que conté en otro artículo titulado “Los otros españoles” , donde exponía el caso significativo de la fachada de la Biblioteca Nacional de Madrid, donde se hallan estatuas y medallones de los sabios más destacados que ha habido en nuestro país, pero que hay un lapsus desde San Isidoro de Sevilla (año 636) hasta Alfonso X el Sabio (1248) del que no hay ningún personaje, cuando realmente los hubo muy notables en todas las disciplinas, tanto que si entonces hubiera existido el famoso “Informe Pisa” habríamos estado los primeros en el ranking con diferencia (no como ahora). El único delito de aquellos ilustres señores fue llamarse Ibn Hayyan, Ibn Al-Arabí, Abul Qasim Al-Zahrauí o Ibn Bayyah “Avempace”, por ejemplo, en lugar de haberse llamado Paco, Manolo o Sebastián, también por ejemplo, y lo más curioso es que muchas de sus obras están traducidas al francés o al inglés y al español no, habiendo sido españoles más de pura cepa que muchos de nosotros. Y así es como hemos ido haciendo, desde hace siglos, un país complejo, lleno de complejos, donde la bondad del otro la valoro en la medida en que más parezca a mí y si es diferente ya es malo, donde la seguridad de unos se basa en la exclusión de los otros y donde la exhibición de un himno o una bandera automáticamente supone una agresión hacia el otro en lugar de un acto de unión, como en cualquier otro país “normal”.
Bueno, pues volviendo a lo que estábamos, la curiosidad que voy a contar aquí a propósito de la entrada del Islam en nuestra tierra en el año 711 mediante la incursión de un ejército es la siguiente (atención que tiene miga):
Parece ser (y así lo afirman las corrientes más modernas de algunos historiadores y arabistas) que en aquel ejército islámico compuesto por bereberes mayoritariamente cristianos, también había elementos paramilitares visigodos, renegados vándalos, suevos y alanos, mercenarios bizantinos y hasta judíos expulsados y asentados en el norte de África, que no dudaron en cruzar el charco y volver, rabiosos, a sus tierras en cuanto pudieron, llevándose por delante a las desorganizadas huestes de don Rodrigo, y de paso al sistema que les había hecho emigrar a ellos, con el beneplácito de distintos sectores sociales.“Quienquiera que entrase en la Península Ibérica ni era musulmán ni hablaba árabe", afirmaba el arabista González Ferrín. Incluso casi dos siglos después todavía quedaba mucha gente en Alandalús que no tenía conocimiento de “un nefando profeta llamado Mahoma” (como lo llamó el futuro mártir Eulogio de Córdoba en el año 850).
Ante estas cosas, llega a ser casi irritante la falta de respuesta por parte de los historiadores, donde se echa de menos una mayor inquietud, más allá de que la mentalidad de sólo investigar si se es remunerado (mentalidad que no todos ellos comparten, afortunadamente). Me refiero a que, puestos en este dilema, alguna explicación tendrá el hecho de que en Tauste, ya a mediados del siglo VIII, se estuviera enterrando a la gente con el rito islámico (prueba de un sentimiento profundamente religioso), así como también en Pamplona, mientras en el resto de la Península o no se han datado todavía o son más tardíos. También, según la tradición, la primera mezquita que se fundó de nueva planta en toda la Península no fue precisamente en el sur, como cabría suponer, sino, nada más y nada menos que la de Zaragoza (antes que la de Cordoba, sí), así como la primera ciudad fundada por los árabes en España fue precisamente Calatayud.

Uno puede sospechar que, debido a la condición de frontera o lo que fuese, se instauró aquí desde el primer momento una islamización más pura que en el resto de la Península, como también que fue ésta la cuna de todo un acervo, cultural en general y arquitectónico (zagrí) en particular, que luego se irradiaría hacia el sur, y no del sur hacia el norte, como siempre se ha pensado.

jueves, 5 de diciembre de 2013

EL DESEMBARCO DE ALAH

Los musulmanes eran unas gentes muy malas que invadieron España por la fuerza y en tan sólo tres años consiguieron asentarse en nuestro territorio, desplazando hacia el norte a los buenos cristianos de nuestra patria. Éstos, desde las montañas, se organizaron e iniciaron la Reconquista, una lucha de ocho siglos mediante la cual fueron recuperando la propiedad y el gobierno de lo que nunca debieron haber perdido.

Ésta es la versión que aprendimos en la escuela de pequeños y, el otro día, le contaba yo a un amigo una pequeña síntesis de la versión que de toda esta historia capté hace unos meses en la lectura de la novela histórica titulada “El desembarco de Alah”, de Lorenzo Mediano. Mi amigo, al escucharla, me sugirió que la contara en este blog y “de paso –me dijo- le das un poco de vidilla, que nos tienes un poco abandonados a tus seguidores”.
Así es que, haciéndole caso y advirtiendo de las imprecisiones que puedo cometer por los meses transcurridos desde que la leí, me dispongo a ello. Animo a leer esta novela a todo el que quiera conocer esta versión de primera mano, pues se trata de una obra muy amena, rica en intrigas y que goza de muy buena crítica, sobre todo en lo referente al rigor histórico. Lo que voy a tratar de contar aquí no son sino unas pinceladas de interpretación de unos hechos que comenzaron allá por el año 711.
Resulta que España (la vieja Hispania romana) estaba regida por los visigodos, una aristocracia minoritaria que ocupaba totalmente el ejército y el gobierno de la nación. Los hispanos, aquellos descendientes de los antiguos iberos y celtas que tan bravos y peleones habían sido, hacía tiempo que se habían olvidado de la espada –ni ganas que les quedaban- y bastante tenían con cumplir su pacto: trabajar para malvivir ellos mismos y mantener a la altiva clase aristocrática.
El sistema de gobierno era una monarquía no hereditaria, de modo que era frecuente que, cada vez que moría un rey (muchas veces asesinado poco tiempo después de ser nombrado), se producía una guerra civil para su sucesión. Los paganos siempre los mismos: el pueblo llano.
En esas estaban en los albores del siglo VIII. Había muerto el rey Witiza y don Rodrigo se había hecho con la corona usando medios coercitivos (por llamarlos de alguna manera). Los witizanos no se conformaron y se armó una nueva guerra civil. Entre éstos se encontraba el hermano de Witiza, Oppas, obispo de Sevilla, quien, para asegurarse la victoria, se puso en contacto con Musa ibn Nusayr, gobernador del norte de África, tierras de las que el Islam se había apoderado recientemente y que bastante le estaba costando pacificar porque estaban habitadas, en parte, por los bereberes, gentes indomables, en su mayoría de religión cristiana. El Islam, por aquel entonces, estaba en plena expansión, regido por el califa Walid, con sede en Damasco, quien había hecho un pacto de no agresión con los visigodos, pues no era cosa de lanzarse a mayores conquistas sin afianzar las más recientes.
En esas estaban cuando el obispo católico Oppas pidió ayuda militar a Musa ibn Nusayr, prometiéndole una sustanciosa cantidad de dinero que, cómo no, iban a pagar los judíos españoles. Éstos lo ponían a gusto, claro que sí, porque los visigodos los tenían muy, pero que muy puteados, y veían en el Islam cierto aire fresco de tolerancia y seguridad. Entre otras cosas contaré (y no mucho más, sólo para poner la miel en los labios y animar a que lean esta fascinante novela) que habían llegado hasta el punto de arrancarles a los hijos pequeños de sus hogares para darlos en adopción a familias cristianas, con el argumento de que así salvaban las almas de aquellos pequeños, a quienes luego esclavizaban y explotaban sin ningún escrúpulo. Así se comprende que el judío que tuviera dinero lo entregara bien a gusto a la causa de derrocar a aquellos “simpáticos” visigodos que ostentaban el poder de la vieja Hispania. Cuenta la reflexión de un viejo judío toledano, quien, en su amargura, piensa que en el siglo I, en su tierra de origen, cuando estaban sometidos a la opresión del Imperio Romano, cada año surgían varios mesías que encabezaban revueltas bajo la consigna de que eran enviados de Dios para salvar a su pueblo elegido. Casi todos ellos eran capturados y crucificados, y de cada una de aquellas movidas surgía una secta del judaísmo, que, al final, acababan enfrentándose unas con otras, tratando de arrogarse cada una de ellas la verdadera autenticidad. Todas iguales, menos una –reflexionaba aquel viejo judío de la novela-, que, en lugar de limitarse como las otras a predicar su ideología dentro del ámbito hebreo (como manda su religión troncal), después de muerto su líder, surgió otro más ambicioso (¿San Pablo?) que dijo que de aquello nada, que de lo que se trataba era de extender la doctrina a todo el mundo, y que si había que comer cerdo para que su secta fuera más asequible a las gentes, pues se comía cerdo, que no pasaba nada, y que si había que hacer algún guiño al politeísmo romano para calar mejor en la sociedad, pues se inventaba aquello de que Dios era Uno pero también Tres, y que para eso se inventaban eso de los santos, para ir suplantando a cada dios pagano por cada uno de éstos. Claro está, son los pensamientos de un judío del siglo VIII.
Pero a lo que vamos. A Musa ibn Nusayr se le plantea el dilema de que su jefe el califa le tiene dicho que a los visigodos hispanos ni tocarlos (de momento, claro), pero el oro que le ofrece el obispo de Sevilla también es muy apetecible (oro que ya hemos dejado claro que proviene de los judíos españoles, como tantas y tantas cosas que financiarían a lo largo de la historia hasta su expulsión en 1492). Muy hábil él, se le ocurre que puede ser la oportunidad de quitarse de en medio a esos díscolos bereberes. Así es que el asunto de obediencia al califa lo resuelve dejando claro que no viene a invadir Hispania sino a echar una mano a una de las facciones que están en litigio (hay mucha más trama, pero para eso está la novela), y le dice al buen obispo sevillano que de acuerdo, macho, pero te vas a encargar de que, después de que hayáis ganado la guerra y tengas extenuado a todo el ejército que te voy a mandar, a los que hayan sobrevivido, me los pasas a cuchillo, que no quiero que vuelva ninguno vivo. Y fleta un ejército de aguerridos bereberes del norte de África, que estaban malviviendo en aquellos territorios del norte de África, con el lamín de que los manda a guerrear a Hispania para cuatro días y que van a volver ricos, prometiéndoles que todo el botín que consigan será para ellos. Al mando de ese ejército va un bereber, llamado Tariq ibn Ziyad, convertido recientemente al Islam y que, como tal converso, resulta ser ya un musulmán fundamentalista como los talibanes de ahora.
De esa forma es como entra en España un ejército islámico de pocos miles de hombres. Islámico porque pelea al servicio del Islam, pero en el que la mayoría de sus individuos son cristianos. Vencen a don Rodrigo, el último rey visigodo, y el trono de España se queda vacío por diversas circunstancias que no voy a contar aquí tampoco (bastante me estoy extendiendo ya). El iluminado de Tariq siente la llamada de Alah y se lanza a ocupar los puestos de poder de esta piel de toro, llegando hasta Toledo, la capital, sin encontrar apenas resistencia. El pobre Musa, desde Kairuán, ve peligrar su cuello, porque el poderoso califa de Damasco se siente desobedecido y él, a última hora, es el responsable de toda esta movida. Así es que se fleta otro ejército (éste sí, de musulmanes) y se viene también a la Península a decirle al tontolaba de Tariq de todo menos bonito. Pero hete aquí que vuelve a entrar en escena el taimado de Oppas (nuestro buen obispo). Ambicioso como nadie, ve la oportunidad de ocupar el puesto de obispo primado de España y aumentar las cotas de poder de la Iglesia Católica en este país como nunca antes podía haber soñado: “tú, Musa, gobiernas este país, que es lo único que tienes que hacer; lo demás, déjalo de mi parte”. Se asegura el cobro de unos sustanciosos impuestos que directamente irán a parar de la población a sus arcas y le garantiza al musulmán que le va a entregar el país como una balsica de aceite. Los ciudadanos de a pie también ganan, porque aun así, a partir de ese momento, no van a tener que pagar ni por el forro las barbaridades que los visigodos les habían estado exprimiendo. De modo que se monta una comitiva formada por un pequeño ejército musulmán, con el gobernador al frente, donde no falta el grupo eclesiástico, con el obispo al frente, paseándose por las ciudades más importantes de España. La presencia del obispo garantiza las puertas abiertas en todos los lugares a los que llegan, y les dice que aquí, a partir de ahora, el que manda es éste (el moro) y tú (al cura del pueblo) así lo vas a predicar desde el púlpito. Así se explica que un pequeño ejército se hace en tan sólo tres años con el control de un territorio que a los romanos les había costado dos siglos. Todo eso con la tranquilidad, por parte de Oppas, de que como en el Islam está prohibido obligar a nadie a convertirse a su religión  por el uso de la fuerza (no como en la suya, que, o te bautizas o te quemo) y seguimos manteniendo a los curas en todos los pueblos y ciudades, todo el mundo va a permanecer en la verdadera Fe (que, naturalmente, es la nuestra) y, a estos pobres musulmanes, que tan errado llevan el camino de la Verdad, como son una minoría en comparación con los cinco millones de habitantes que aquí somos, ya los iremos evangelizando poco a poco.
Con lo que no contaba el obispo Oppas es con que hay muchas formas de inducir a la población a convertirse a la nueva religión. No se obligaba a nadie, no, pero lo cierto es que la implantación del sistema islámico en la Península Ibérica supuso el cambio de un sistema esclavista (heredado del Imperio Romano) por otro de ciudadanos libres, cuyo pleno derecho se adquiría por la conversión a la fe islámica. Y así es como se islamizó nuestro querido país.
En la novela se dan situaciones que parecen tremendamente chocantes para los que hemos aprendido la historia tal y como nos la enseñaron. Sirva de ejemplo la batalla de Covadonga, de la que nos dijeron que un pequeño ejército de montañeses cristianos (con Pelayo a la cabeza) había vencido a todo un ejército musulmán y que allí empezó la gloriosa Reconquista. Pues bien, resulta que aquél pequeño ejército no era sino un grupo de desarrapados montañeses que luchaban bajo el signo de la cruz pero que todavía adoraban a sus antiguos dioses paganos, y que el gran ejército musulmán estaba compuesto por bereberes (en su mayoría, cristianos, porque era a estas gentes a las que mandaban para las misiones más arriesgadas, en lugar de mandar a musulmanes de pro), que, sin embargo, luchaban bajo el símbolo de la media luna, pero en cuyo mando se encontraba el propio obispo católico porque había que sofocar a aquellos insurrectos para lograr la gobernabilidad que él mismo había ofrecido al emir musulmán. Tampoco nos contaron en la escuela que aquella batalla no la ganaron los montañeses, sino el ejército islámico (como no pudo ser de otra manera), pero que luego, la retirada de aquellas montañas se convirtió en un verdadero infierno por el hostigamiento de aquellos montañeses endiablados que jugaban con la ventaja de conocer el terreno.

Quizá deban los franceses a toda aquella resistencia el hecho de que pudieran detener en Poitiers el avance islámico y que Europa entera no se convirtiera en parte de Dar al-Islam. Y nosotros también que, gracias a ellos y a otro hecho como el de las Navas de Tolosa, en 1212, donde, por una vez, tres reyes cristianos (Aragón, Castilla y Navarra) se pusieron de acuerdo para detener el fundamentalismo islámico, posiblemente hoy nuestras mujeres no están obligadas a llevar velo.

miércoles, 7 de agosto de 2013

LOS ANÓNIMOS ATACAN DE NUEVO

Siempre he cuestionado la validez de los comentarios que se cuelgan desde el anonimato, por la falta de espíritu que demuestran al ampararse en esa circunstancia para mostrar posturas de desacuerdo en lugar de hacerlo a cara descubierta.
A la vista del comentario anónimo que aparece en el noveno lugar de todos los que han colgado en mi artículo anterior titulado “Y todo esto de los desenterramientos, ¿pa qué pues?”, me apetece responder cumplidamente a este amable –aunque anónimo- seguidor y a todos los que piensan como él.
Empezaré mostrando mi desacuerdo con su calificación acerca de mi trabajo, diciendo que “sólo es una hipótesis”. Amigo lector, una “hipótesis” es una suposición sin pruebas que se toma como base de un razonamiento, mientras que una “teoría” es un sistema lógico-deductivo que permite extraer consecuencias. Creo, por tanto, que en este caso es más correcto este último término. No te voy a pedir que leas detenidamente todo el trabajo pero sí te sugeriría que le echaras un vistazo a un artículo que me publicaron en 2010 en la revista “Aragón Turístico y Monumental”, páginas 13 a 18, que supone una ocasión más en la que nuestro pueblo aparece en un medio de reconocido prestigio. Verás que, realmente, es algo más que una hipótesis.
A lo largo de todo el razonamiento que allí desarrollo, se desmonta el “dogma” (lo calificaré así por las irracionalidades que contiene) impuesto por la historiografía tradicional (también la califico así intencionadamente, porque después de muchos detalles, ya me canso de llamarla “historiografía oficial”). Vamos, por decirlo en términos arquitectónicos, se queda en ruina inminente y, lo que es peor, con los cimientos hechos un cisco.
Nosotros (Javier Peña, José Miguel Pinilla y yo) no cuestionamos nunca ninguna datación dada por los historiadores que venga debidamente fundamentada en documentos existentes y vaya por delante nuestro gran reconocimiento y profundo respeto hacia esa profesión. Sin embargo, existe un buen número de edificios (torres, principalmente) catalogados dentro del mudéjar sin base documental alguna, sin más explicación que la comparación estilística del monumento en cuestión con otros establecidos como modelos, pero de los que, curiosamente, tampoco existe documentación que acredite fehacientemente su fecha de construcción. Señores, eso ya no es serio. De esta forma, poniendo como premisa que todo es del siglo XIII en adelante, se elimina la posibilidad de asociar estilísticamente cualquier edificio religioso con la época taifal, de la que, según ellos, sólo queda la Aljafería, que no es arquitectura religiosa sino civil.
A estas alturas, nadie de ese mundillo puede alegar que no ha llegado a su conocimiento nuestras teorías, ni siquiera Borrás Gualís, pero el silencio que mantienen es sepulcral. Como decía, nosotros no cuestionamos el trabajo documental de los historiadores porque no nos consideramos quiénes para ello, de igual forma que ellos no deberían cuestionar nuestra capacidad para interpretar los edificios desde el punto de vista técnico y las relaciones de precedencia entre sus partes, cosa que, al parecer, sí hacen o pretenden condenar al olvido lecturas tan objetivas como las que nos transmite el lenguaje de los propios edificios a técnicos que llevamos muchos años restaurándolos y viéndoles las tripas, capacitados por nuestra propia especialización.
No pretendemos que se pase automáticamente de la situación anterior a la que nosotros planteamos, así por las buenas. Estamos abiertos al debate y nos parece muy mezquino que se dé la espalda a argumentos de peso. A diferencia de ellos, estaremos encantados en seguir aprendiendo de nuestros errores y de poder sumar conocimientos entre todos, pero parece que no les interesa. Se intuye que su pretensión consiste en esperar a que esta polvareda desaparezca para que todo siga como ellos lo han dictado desde siempre, sin que nadie les cuestione una coma. Afortunadamente, cada vez hay más personas procedentes de ese mundo académico que nos muestran su conformidad con muchas de nuestras demostraciones, pero nadie se ha dignado hasta ahora a componer un corpus de argumentos que rebata con la lógica necesaria los nuestros. No es de recibo que la Universidad de Zaragoza, que se supone la máxima institución investigadora de nuestra comunidad, niegue el debate ante realidades tan evidentes como las que nosotros mostramos.
Da igual, amigo seguidor de este blog, que aparezca un argumento irrebatible como el que tú dices pretender, que demuestre que la torre de Tauste es un alminar del siglo XI. ¿Qué quieres, que aparezca la firma del alarife en algún ladrillo de la torre? Como los alarifes mudéjares firmaban en latín (verbigracia, “Mahoma Ramí me fecit”), ¿te parecería suficiente prueba si esa firma estuviera en árabe? Probablemente, ahora contestarás que sí porque piensas (y todos lo pensamos) que, a estas alturas, es improbable que aparezca esa firma en nuestra torre, pero, si algún día se produjera tal hallazgo, probablemente adoptarías la misma actitud que tomaron cuando apareció la firma en árabe en el muro de la Parroquieta de la Seo: salió en primera plana en los periódicos pero, a pesar de todas las evidencias constructivas que ya se anunciaban desde antes, la Parroquieta sigue siendo oficialmente mudéjar del siglo XIV, sin discusión. También para Zaragoza se calculaban unos 18.000 a 22.000 habitantes en el siglo XI, pensando que la ciudad se limitaba al casco encerrado por la muralla romana. En las últimas décadas, después de haber descubierto importantes arrabales, sigue sin revisarse la demografía en aquella época de la ciudad más importante de todo el valle del Ebro. ¿Quieren ocultar la enorme importancia que tuvo? ¿Será porque Javier Peña se adelantó a tal predicción, impidiendo así que fuera otro quien se colgara la medalla?
Muchas veces me he imaginado a alguien de Historia del Arte tratando de recomponer la versión tradicional sobre el origen de la torre de Tauste, después haberla destrozado con mis teorías, o tratando de demostrar que no, que yo no había destrozado nada. De verdad que, por mi parte, sería muy bien recibido. Sólo me mueve en este asunto el afán por el conocimiento, pues no vivo de esto y, eso, me da mucha libertad.
 En un artículo de este mismo blog, publicado antes del hallazgo de la importante necrópolis que hemos descubierto, en el que trataba de explicar cómo pudo ser el Tauste del siglo XI y dónde pudo estar el cementerio, un gracioso –también anónimo- me decía “con tu gran poder de prediccion te invito a que tambien localices donde tenian los moros la parada del autobus” (lo pongo sin acentos, tal y como él lo escribió). Antes no daban por válidos mis argumentos porque no se podía construir un alminar tan magnífico en un lugar donde no había apenas población; ahora encontramos a esa población y tampoco les vale. Con esto se demuestra que, con todo lo importante que ha sido el descubrimiento de la necrópolis, no era realmente necesario para afirmar que la torre fue un alminar. Pero, si persisten en que la torre se construyó como un campanario del siglo XIII tendrán que hacer juegos malabares para explicar cómo de un modelo de alminar almohade de dos torres concéntricas por entre las que circula la escalera desarrollan aquí otro de escalera intramural de siglos atrás, o cómo construyen unos ventanales que luego tienen que romper para poner las campanas, o cómo se les desvía la torre nada menos que 60 cm respecto del eje de la iglesia, o (la más gorda) cómo rejuntaron las hiladas de ladrillo de la cara de la torre que se encuentra casi pegada al muro de la iglesia y por qué nuestra arquitectura mudéjar se parece tanto a la persa de los siglos X y XI. ¿También esto son “hipótesis”?
Cuánto me gustaría que nos explicaras (aunque te mantuvieras en el anonimato, y te invito a que te busques toda la ayuda que quieras, que seguro que tendrás recursos y contactos para ello) en qué te basas para afirmar con tanta seguridad la escasa probabilidad de que fuera un alminar y mucho más que fuera un campanario del siglo XIII. Anda, porfa, trabájatelo, pero hago mía tu frase “espero argumentos sólidos”, porque no creo que yo tenga menos derecho a esperar argumentos sólidos de ti que tú de mi. En todo caso, la sociedad sí que tiene derecho a que se le den explicaciones serias y rigurosas acerca de su historia y del origen de su patrimonio.
En cuanto a lo de comerciar con la historia, claro que hacen muy mal los catalanes en apropiarse de la nuestra, pero no me compares, por favor. Mal ellos, pero peor los de aquí por la cerrazón que nos impide avanzar y poner en verdadero valor algo que tenemos. Y ya que hablamos de catalanes y aragoneses, peor todavía es que, aquí, en Aragón, se siga afirmando que nuestras torres octogonales aragonesas copian el modelo de las catalanas. Con aragoneses así, no necesitamos catalanes que nos menoscaben.
Para terminar, en todo esto hay algo que me recuerda a otro asunto muy reciente. Se trata de un artículo que escribí para el último boletín del Patiaz, titulado “Las Cuevas del Santuario”, donde mencionaba la circunstancia del hallazgo de la imagen de la Virgen en el término de Fustiñana y por qué el Santuario no pudieron hacerlo los taustanos en el mismo lugar. Pues bien, he oído algún comentario de posible ofensa hacia la devoción mariana que se profesa en Tauste. A ver, que esos datos no están sacados de ningún escrito hereje ni nada por el estilo, sino del padre Iturri del Roncal, del obispo Supervía y de mosén Francisco Gutiérrez. Siempre han estado escritos ahí para quien los quiera leer, pero, eso…, hay que leerlos.
¿Por qué esa relación entre dos cosas tan distintas? Porque tengo la sensación de que, tanto en una como en otra, el fondo de la cuestión no es un problema histórico, de conocimiento objetivo de nosotros mismos y de dónde venimos realmente, sino que, el pensamiento se pervierte y se hace de ello un problema ideológico que nada debería pintar en todo esto. Llegados a este punto, ante la intransigencia de unos y el caparazón que utilizan otros desde su anonimato (prisión intelectual, diría yo) se me ocurre una frase atribuida, nada más y nada menos, que a Jesús de Nazaret:  
                          LA VERDAD OS HARÁ LIBRES