domingo, 14 de febrero de 2021

EL PROBLEMA DEL PATRIMONIO ZAGRÍ DE LA CIUDAD DE CALATAYUD

 

Sobre la figura de Agustín Sanmiguel, ya escribí sendos artículos en 2011 y en 2016. En este último hablaba del homenaje que se le había hecho en Calatayud -su ciudad natal- y me lamentaba del silenciamiento de esa labor tan brillante que este hombre había llevado a cabo en el hecho de detectar cómo una parte de la arquitectura catalogada como mudéjar no lo es tal, sino de época islámica. Entre otras muchas cosas, con gran sagacidad, sentó unas sólidas bases que llevaban a la conclusión de que el claustro de la colegiata de Santa María de Calatayud ocupa el mismo solar de la mezquita aljama, apuntando que sus muros perimetrales pueden ser restos materiales de la misma.



También supo razonar con mucha lógica cómo la iglesia de San Andrés conserva parte de la mezquita que allí hubo y que la torre, salvo los dos cuerpos superiores, no es sino el propio alminar erigido en el siglo XI. Uno de sus mejores libros se titula “Torres de ascendencia islámica en las comarcas de Calatayud y Daroca”, en cuya portada aparece nada menos que esta torre despojada de esos cuerpos posteriores.


Su magna labor sirvió para dinamizar eficazmente la vida cultural calatayubí (a él le gustaba usar este apelativo), despertando el interés por el patrimonio de su ciudad con esa singularidad que nadie antes había sabido detectar, que es el origen andalusí, cuando todo el mundo negaba que, salvo el conjunto fortificado, pudiera quedar nada de aquella época. Resultaba algo muy especial en un país como España donde hablar de arquitectura islámica parece limitarse tan solo a Andalucía y poco más.

Se le tuvo mucha consideración porque a un hombre con semejante inteligencia y capacidad de trabajo, todo ello acompañado de una exquisita prudencia, no es fácil negársela. Pero no era historiador ni arqueólogo; era biólogo.

Hace pocos días salió en Heraldo de Aragón la noticia del hallazgo de un muro de tapial de yeso en el subsuelo del ábside de la colegiata de Santa María de Calatayud, afirmando que se trata de los restos de la mezquita aljama. Evidentemente, dada la potencia del muro, ha de tratarse de un edificio público y no puede ser sino de época islámica, pero llama la atención ese apresuramiento en afirmarlo. Parece entreverse la intención maliciosa de echar tierra sobre los argumentos de Sanmiguel, algo así como “lo que decía este hombre ya no vale porque lo bueno es lo que hemos hallado nosotros”. ¿Por qué tanta prisa? ¿Por qué no puede ser algo anexo a la mezquita y no la propia mezquita? Las explicaciones de Sanmiguel acerca del claustro son de mayor entidad que el simple hecho de haber encontrado los restos de un muro enterrado, pero nunca han querido que prevalezcan. Parece más bien un afán de dar carpetazo a su teoría cuando, realmente, de lo que debería tratarse es de compatibilizar todo aquello que tiene sentido.

Lo mismo ocurre con la torre de San Andrés, de la que he leído hace poco "lo de siempre" (construcción mudéjar, época cristiana), apuntando simplemente que, para Javier Peña, podría tratarse del alminar de la mezquita del siglo XI. No es exacta esa afirmación ni me parece inocente esa inexactitud: Javier Peña y otros -entre los que me incluyo, además de Agustín Sanmiguel-, no es que pensemos que “podría tratarse de...”, sino que tenemos la seguridad de que ES EL ALMINAR DE LA MEZQUITA DEL SIGLO XI.

Se observa por parte de estos medios dependientes de la Facultad de Filosofía y Letras algo así como cierto autismo colectivo que les impide ver más allá de esas limitaciones que ellos mismos se han impuesto, aunque no falten licenciados realmente competentes. Se impone un silencio y un inmovilismo que lastra de manera perniciosa el desarrollo cultural y turístico tan espectacular del que podría gozar la ciudad de Calatayud.

Haría muy bien Calatayud en sacar pecho y pregonar sin complejos a los cuatro vientos que posee un rico patrimonio zagrí, de ladrillo y yeso, contemporáneo del palacio de la Aljafería, además de su recinto fortificado que abarca diferentes etapas, ya desde la época emiral. Si por parte de los que siguen echando tierra sobre ello existe algún complejo en reconocer las auténticas fuentes de estos descubrimientos (Agustín Sanmiguel Mateo y Javier Peña Gonzalvo) por no haber sido profesionales salidos de la Facultad de Filosofía y Letras, incluso podrían omitirlo, aunque no fuera muy decoroso. Seguro que hasta ellos lo preferirían porque no tienen ese celo tan extremo de la propiedad intelectual, si ello fuera a redundar en beneficio de Calatayud y, por ende, de todo Aragón.

 

viernes, 8 de enero de 2021

OTRA GRAN PÉRDIDA DE OPORTUNIDAD PARA TAUSTE

 

Hace más de siete años publiqué esto en mi blog y me supuso claras muestras de resentimiento por los que se sintieron aludidos. Se trataba de una denuncia ante la falta de apoyo por parte del Ayuntamiento de Tauste en aquel proyecto ambicioso en el que nos embarcamos desde la Asociación Cultural “El Patiaz” de crear un campo de trabajo arqueológico en un solar de la maqbara. En aquella ocasión me quejaba de lo mucho que se había perdido Tauste por esa falta de implicación institucional. Me consta que, lejos de perdonármelo, ese resentimiento y sus efectos han ido en aumento.

Se mostraron dolidos por el estilo ácido que empleé en aquel artículo, pero es que no pude hacerlo de otra manera. Ante la escasa repercusión que aquello tuvo a nivel de promoción de nuestro pueblo de cara al exterior (y la que tuvo fue gracias a El Patiaz), para hacerme entender, comparaba la triste realidad de aquí con cómo se hubiera podido gestionar en otro lugar con decidida vocación de aprovechar las ocasiones que se dan en la vida.

Volvemos a lo mismo, pero a mayor escala, porque lo que ahora se ha destapado son 4.000 m2 de necrópolis en plena avenida Obispo Conget. Lo sabíamos. No era ninguna sorpresa. El asunto era muy importante, tanto como para haber planificado los trabajos minuciosamente, compatibilizándolos con la gran afluencia de turismo que hubiera supuesto de haberlo gestionado adecuadamente. Promocionado como el cementerio islámico más espectacular de Europa en el momento actual de su excavación, Tauste merecía que esa obra hubiese esperado a que pasara la pandemia. Desde el Ayuntamiento tendría que haberse coordinado a los gremios de hostelería y comercio para haber hecho un frente común: “chicos, vamos a hacer esta obra y vamos a petar el pueblo; tenemos que estar preparados para aprovecharlo”. La excavación arqueológica tendría que haberse planteado como un campo de trabajo, donde hubieran venido estudiantes de arqueología de diversas partes del mundo a trabajar gratuitamente, como lo hacen en el yacimiento de los Bañales. Las áreas de actuación debidamente planificadas por fases para minimizar el trastorno a los vecinos. Nada de esto se ha hecho y este tren no volverá.

Menos mal que, en medio de este desierto, El Patiaz supo dar la nota correspondiente y conseguir que nuestra maqbara fuese conocida en todo el mundo en pocos días. Hemos recibido información del mundo islámico acerca de un gran mercado turístico en países como Turquía, Malasia, Indonesia, etc., que recibirían con curiosidad y positivamente nuevos destinos como nuestro pueblo. Encomiable también la labor de José Ángel Cardona y su equipo, que, a pesar de las dificultades impuestas por la pandemia, han conseguido resultados espectaculares de afluencia de grupos, siempre con las medidas de seguridad oportunas. ¡Qué hubiera podido ser esto en tiempo normal! Tal y como le dije al presidente Lambán el día de su visita a la necrópolis: “si importante es el cementerio, casi es lo de menos, porque el cementerio solo es el reclamo; lo trascendente y lo que hay que vender al exterior es el legado que nos dejaron las gentes que aquí fueron enterradas, que es la torre". El cementerio se tapará, pero la torre ahí estará siempre, y en torno a ello, con ganas, con trabajo y con ilusión, se pueden hacer muchas cosas. Aragón, más temprano que tarde, sacará pecho por ese patrimonio zagrí tan nuestro y tan singular, y me da que, al paso que vamos, Tauste, que podía haber ido a la cabeza por una vez en la vida, acabará quedándose atrás o en el olvido por falta de iniciativa local. Ya lo sufrimos en la Expo de 2008 dedicada al agua, donde no tuvo presencia alguna nuestro canal y donde hubo una sala en el pabellón de la DPZ con imágenes del mudéjar de toda la provincia y faltaba nuestra torre.

Causa estupor la falta de ambición de un pueblo donde hay unos colectivos directamente afectados, pero también sumidos en esa pasividad que impera. Tauste se nos muere lentamente desde hace años y no nos damos cuenta. Parece un efecto parecido al de los caracoles cuando se los pone a engañar, que se encuentran muy a gusto en el agua calentica y, a lo que se dan cuenta, ya están muertos. Copio y pego lo que Wikipedia dice de nuestro pueblo después de exponer su evolución en los últimos años: “Tauste se consolida como una de las poblaciones de menor dinamismo de su entorno si la comparamos con …”.

Geográficamente, tenemos una situación privilegiada. ¿Queremos dejarles a nuestros hijos el mejor lugar donde vivir o nos da igual que tengan que buscarse la vida fuera? Siempre he dicho que si Ejea estuviera donde está Tauste, aquí habría una ciudad como Tudela o mayor, y si Tauste estuviera donde está Ejea no sería más que Castejón de Valdejasa, dicho esto con todo el cariño y respeto hacia nuestros vecinos castejoneros, que luchan dignamente por la supervivencia de su pueblo. El progreso o el declive lo traen los dirigentes y la implicación (o falta de implicación) de los diferentes colectivos, y no será porque Tauste no tenga gente brillante en todos los ámbitos, que la hay, pero… ¿y ese conformismo? Se trata de sumar voluntades y no de dividirlas, y está claro que aquí sabemos hacer muy bien tanto lo uno -por fortuna- como lo otro -por desgracia-.

Mientras tanto, así estamos.

domingo, 22 de noviembre de 2020

EL FUTURO DE LA AVENIDA OBISPO CONGET

 

Por fin se va reconociendo la gran importancia que tuvo Tauste entre los siglos VIII y XII. Resulta impresionante la repercusión mediática a nivel internacional que, en estos días, está cobrando nuestro pueblo con las excavaciones arqueológicas de la avenida Obispo Conget, gracias a la labor de la Asociación Cultural “El Patiaz”.

Si importante es el cementerio en sí por todo lo que representa, lo verdaderamente trascendental es el legado que aquellas gentes nos dejaron: la torre de Santa María, signo de la evidente grandeza que tuvo Tauste en aquella época. De ella ya casi nadie se atreve a cuestionar que es una construcción zagrí y no mudéjar. No es un asunto baladí, por el reconocimiento histórico que ello supone. Por poner un ejemplo jocoso: nuestra torre es tan “mudéjar” como la Giralda (que no lo es, por supuesto, y, en todo caso, fue construida aproximadamente un siglo y medio después que la nuestra). Pues bien, a ver quién se atrevería a decirles a los sevillanos que su torre es mudéjar. No lo admitirían, por supuesto, y bien que harían. Pero, al fin y al cabo, aquello es Andalucía, donde parece normal encontrar patrimonio hispano-musulmán. Por eso es mucho más exótico el hecho de tenerlo aquí y debemos sacar pecho los aragoneses para promocionar este patrimonio tan singular.

No podemos desaprovechar este momento. Es de esas cosas que, si no se gestionan en su momento y de manera audaz, se desvanecen en pocos meses y quedan en nada.

LA CLAVE ESTÁ EN QUÉ HACER CON LA AVENIDA

El proyecto aprobado en su día consiste en un bulevar central con un carril de circulación a cada lado del mismo y sendos cordones de aparcamiento en las orillas, por lo que las aceras laterales ya quedan demasiado estrechas, sobre todo en algunos puntos donde, si no lo remedian, ni siquiera podrán cruzarse dos carros de bebés o dos sillas de ruedas.

La pandemia nos está demostrando lo importante que es disponer de amplias zonas peatonales, cuanto más mejor, sin desatender, por supuesto, las necesidades de tráfico, de aparcamiento y de acceso rodado a todas y cada una de las fincas.

Por su situación, orientación y dimensiones, esta avenida reúne unas condiciones estupendas para convertirse en la gran sala de estar de nuestro pueblo. Una zona peatonal en el lado norte (el opuesto al colegio Alfonso I) tendría todas las ventajas: en verano los edificios de ese lado hacen sombra por la tarde, pero en invierno no. Si hace cierzo (el gran inconveniente de nuestra tierra), estaría al abrigo del mismo y en invierno disfrutaría de un espléndido sol casi todo el día. Tenemos que pensar que, cuando nuestro pueblo despegue, en esa avenida puedan establecerse negocios de hostelería al lamín de las amplias terrazas que ahí podrían sacar. Con el diseño ahora previsto -el bulevar central y las aceras estrechas en ambas orillas- esto no será posible. Además, dada nuestra climatología, será inhóspito pasear por ese bulevar sin el abrigo del viento en invierno y sin las sombras de los edificios en las tardes de verano.

Siempre nos hemos quejado de la falta de espacios de este tipo en nuestro pueblo y, ahora que se nos presenta la ocasión, ¿vamos a desaprovecharlo? Claro que hay avenidas con bulevares centrales en otras ciudades y que tienen bastante éxito, pero son, generalmente, vías públicas de mayor anchura que esta y, además, con porches bajo los edificios que las hacen “habitables”. Pero este no es el caso.

La solución que planteamos (me expreso en plural porque me han ayudado Javier Peña y José Miguel Pinilla) es una acera de 2,50 metros en el lado sur (el del colegio, que es el ancho que tienen las calles transversales) y un solo carril de circulación flanqueado por sendos cordones de aparcamiento (que no falten plazas, que son muy agradecidas). De esa forma, quedan 10 metros de anchura hasta el lado norte para toda esa franja peatonal. Los accesos desde las calles laterales que vienen de la zona centro se realizarían pasando los vehículos tranquilamente sobre la zona peatonal. Esos pasos se señalizarían y protegerían con el correspondiente mobiliario urbano (bancos, jardineras, zonas de recreo, etc.), conviviendo ordenadamente peatones y vehículos. Podemos ver esta solución en muchos lugares con bastante acierto, concretamente en el paseo Independencia de Zaragoza y sus adyacentes. La misma solución se aplicaría para las entradas a garajes, que, siempre que se pueda ni se perjudique a nadie, no hay por qué establecer limitaciones ni prohibiciones innecesarias.

La zona de delante del colegio Alfonso I ganaría mucho en calidad como antesala de la entrada y salida de los niños, así como espera de los mayores. Hablamos de casi 6.000 m2 de zona para esparcimiento (la plaza de España de Tauste, para que se hagan una idea, apenas tiene 2.300 m2, porches incluidos).

Ahora nos lamentamos del gran error que supuso derribar el palacio de los Ayerbe y construir ahí el ayuntamiento en los años 70, en lugar de haberlo traído a esta zona. El pueblo quedó comprimido en su centro histórico (que tampoco se conservó), con las limitaciones que ofrecen sus calles, y el ensanche (que ya estaba proyectado por entonces) quedó condenado a varias décadas más de usos de corrales. Total, 50 años de retraso urbanístico y cuando vemos otros pueblos pensamos “¿qué ha pasado en el mío?”. Acertar o no con esta avenida puede suponer un paso definitivo adelante u otro estancamiento de varias décadas más. Esta vía tiene que ser la unión entre el centro urbano y el ensanche para facilitar el desarrollo de este. El diseño propio de una vía de circunvalación (como es la avenida Perimetral de Ejea) supondría una barrera para ello.

Además, existe un problema que, posiblemente, no se ha planteado y que algún día habrá que resolver. El que tenga una solución más o menos satisfactoria depende de lo que se haga ahora. Se trata del ordenamiento del tráfico en el nudo donde confluyen las dos avenidas con la carretera hacia Pradilla y las calles Bretón y Hernán Cortés. La solución deberá pasar por una rotonda, inevitablemente, pero tiene el problema de que no hay demasiado espacio libre para ello. Si por parte de las avenidas Obispo Conget y Sancho Abarca solo confluyera un carril de cada una (el de Obispo Conget que fuera de bajada y el de Sancho Abarca de subida) el nudo se simplificaría bastante, y no por ello se iba a producir colapso alguno en el tráfico, porque la densidad del mismo en estas avenidas es relativamente baja. Lo importante es facilitar el acceso rodado a todos los sitios, para la comodidad de todos los usuarios y residentes en la zona. En el urbanismo moderno se tiende a destinar al tráfico el espacio necesario y todo el sobrante al peatonal, y no al revés, que es lo que se ha hecho hasta ahora en Tauste y que tan ingrato resulta.

En cuanto a la necrópolis, se está hablando de dejar la recreación de una tumba para perpetuar el recuerdo de lo que aquí hubo. Todos sabemos que, más temprano que tarde, acabará siendo tapada y todo quedará en el olvido. ¿Por qué no aprovechar para tener una avenida singular, una especie de “paseo de las estrellas” pero en Tauste? En la zona peatonal, se trataría de colocar unas losas que recuerden las tumbas que han salido, con las formas y tamaños aproximados que tienen. El resto podría ser un pavimento continuo (no de losetas) para evitar los recortes entre baldosas, que es lo que peor queda siempre. Estamos acostumbrados a ver este tipo de pavimentos en zonas comerciales, tanto interiores como exteriores. Hay amplias gamas de acabados y de colores y aportarían un alto grado de modernidad, además de que, económicamente, es más barato que el embaldosado.

De esa forma, la cripta que plantean para guardar los restos óseos podría estar bajo la zona peatonal y procedería poner encima una placa antivandálica con una pequeña explicación trilingüe de lo que representa todo esto (español, inglés y árabe), con esa recreación de tumba al lado que se está proponiendo.

El cambio que aquí se plantea respecto a lo proyectado no es nada sustancial ni en lo técnico ni en lo económico (sé de lo que hablo). Solo se trata de plasmarlo en un plano que modifique lo anterior (puede ser más o menos este que aquí adjunto) y unas pequeñas modificaciones de las partidas presupuestarias a las que afecta, donde se verá que, económicamente, no implica incremento de costes. Todas las infraestructuras que se llevan enterradas hasta ahora sirven perfectamente. Un proyecto no es algo invariable y todavía no se ha colocado el primer bordillo. Todavía se está a tiempo y, por tanto, solo es cuestión de voluntad.

Piénsenlo, por favor, que nos jugamos mucho.






viernes, 13 de noviembre de 2020

SOBRE EL “ELEVADO” COSTE DE LAS EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS EN LA AVENIDA OBISPO CONGET

 

Lo he callado hasta ahora por prudencia. Pretender que lo siga haciendo, ya es pedirme demasiado.

Es sabido que las excavaciones arqueológicas de la necrópolis islámica en esta avenida van a costar a las arcas municipales la elevada cantidad de 400.000 €. Me están llegando comentarios sobre mi persona y, también, sobre la Asociación Cultural “El Patiaz”, atribuyéndonos la causa de ello por haber descubierto esta maqbara. Duele.

No me corresponde a mí dar explicaciones de por qué esa cantidad. En todo caso, debería darlas quien dispone de todos los datos, que es el Ayuntamiento, pero, en vista de lo que hay, me veo obligado a exponer aquí lo que conozco.

El mayor coste de esta actuación reside en la gran mano de obra que conlleva. Mucho antes de empezar la obra (solo sabíamos que se estaba elaborando un proyecto), se ofreció al Ayuntamiento la posibilidad de crear un campo de trabajo. Con ello, la mano de obra iba a resultar gratuita: estudiantes de arqueología de diferentes países. Por poner un ejemplo, así lo hacen todos los años en los Bañales (Uncastillo) y le sacan un gran provecho, tanto para la cultura en sí como para el desarrollo turístico de la zona. Aquí, en Tauste, nosotros ofrecíamos nuestra colaboración desinteresada en todo lo organizativo. Se nos desestimó.

Se advirtió que, si no era así, la normativa vigente obligaría a llevarla a cabo con mano de obra asalariada y que, si quería hacerse en el contexto de las obras de urbanización, debería incluirse una partida presupuestaria de excavaciones arqueológicas. Si no se hacía así, la empresa adjudicataria no estaría obligada a asumir ese coste y supondría un imprevisto de importante magnitud. Era fundamental contemplar ya esa partida desde el inicio, cuando todas las empresas aspirantes a quedarse con la obra competían entre sí y no cuando solo quedara ya la que resultara adjudicataria. También se desestimó.

Ahora llegamos a la situación de que esta empresa, libre ya de competencia, acuerda con el Ayuntamiento la realización de esos trabajos extras por la cantidad aproximada de 330.000 €, los cuales, más el 21% de IVA, se ponen en los 400.000 € sabidos.

Sin embargo, las valoraciones que conocemos sobre esta actuación confluyen en la cifra aproximada de 70.000 €. Proceden de medios que aspiraron a la obra pero que, finalmente, se quedaron fuera. Ello coincide con los datos estadísticos que recogimos a lo largo de las cuatro excavaciones arqueológicas que llevó a cabo El Patiaz, según los cuales, exhumar una tumba, aplicando los salarios del Convenio de la Construcción, tendría un coste aproximado de 90 €. En este caso, calculando unas 600 tumbas, resultan 54.000 € de mano de obra. Sumando a esta cantidad los honorarios de arqueólogos y otros gastos, llegaríamos a los 70.000 €, por lo que todo cuadra en torno a esta cantidad. Ahora sabemos ya que el número de tumbas reales probablemente no exceda de 450, lo cual aún da más peso a los argumentos que aquí se están exponiendo.

No cabe pensar que al contratista que hace la obra le cueste más dinero. Ellos vienen a llevarse un beneficio, lógicamente, y se supone que habrán subcontratado a la empresa de arqueología que les pasara la oferta más baja. Admitiendo que le cuesta esa cantidad, se llevan como beneficio limpio 330.000-70.000= 260.000 €, solo por el “imprevisto” de la partida de arqueología. El Ayuntamiento, además, pagará el 21% de IVA correspondiente, que ascenderá a unos 55.000 € y que van directamente a la Hacienda Pública. Total, 315.000 € de sobrecoste por encima del valor real.

¿Podría haberse hecho de otra manera? Quien esto escribe acumula 41 años de profesión de aparejador, haciendo presupuestos y dirigiendo obras, muchas veces para ayuntamientos (las menos para el de mi pueblo, quizá afortunadamente), defendiendo el dinero de estos frente a contratistas -a veces de pocos escrúpulos-, que es para lo que se me paga, además de procurar la buena ejecución dentro de las posibilidades. Y sí, tengo que decir que situaciones similares que he vivido en mi profesión se han gestionado en otros pueblos de otra manera.

Pero hay más. En un caramelazo de 1.215.000 €, como es el proyecto de urbanización de esta avenida, poner una partida de 50.000 € para este menester en lugar de los 70.000 € que vale realmente, no hubiera supuesto impedimento alguno para que las empresas que pujaron lo hubieran hecho con el mismo porcentaje de baja -o similar- que lo hicieron. Las partidas que realmente dan el beneficio de la obra son otras y esas diferencias se diluyen fácilmente. La conclusión es que pasamos de los 50.000 € que hubiéramos pagado a los 400.000 € que nos va a costar. Además, esos 50.000 € podrían haberse compensado con una buena promoción de todo esto y que tampoco se está haciendo.

Esta desorbitada cantidad fue aprobada en Pleno con los votos favorables del partido que gobierna (supongo que algunos de ellos con cierta desgana, pero no les quedaría otro remedio por aquella cosa tan antidemocrática que llaman “disciplina de partido”) y la incomprensible abstención del partido de la Oposición. Entiendo que una abstención procede cuando la solución que presenta el que manda no gusta pero no hay otra. En este caso la había. Decepciona.

Así que, por favor, antes de apuntar en la dirección equivocada, no diré que lo hagan en la correcta (ante todo, haya paz), pero, por favor, piensen, recapaciten, reflexionen serenamente, que es nuestro pueblo, y entre todos debemos procurar lo mejor para él.

domingo, 28 de junio de 2020

TERRITORIO MUDÉJAR EN ARAGÓN TV

Ya son varias las personas que me han parado por la calle para compartir conmigo su decepción por lo que vieron en el programa de “Unidad móvil” de Aragón TV, en su emisión del pasado viernes. Claro, ¿yo qué les voy a decir? Pues que no, que a mí no me decepcionó, porque la decepción ya me la llevé cuando conocí en primera persona de qué va esta gente.

 “Territorio Mudéjar” nace al amparo de la Diputación de Zaragoza como una asociación de pueblos con patrimonio mudéjar con el “supuesto” objetivo (ya verán por qué entrecomillo lo de “supuesto”) de promover el desarrollo económico y social a partir de su patrimonio cultural, con frases tan bonitas como “miradas innovadoras”, etc. Establece su sede en Tobed, que el pueblo lo merece y tiene una iglesia mudéjar espectacular, pero también podría haber sido cualquier otro, más que nada por aquello de que la gente dice que “qué casualidad, ser el pueblo del presidente de la DPZ”, y se indigna, como es natural.

 Cuando nos enteramos de la naturaleza que decían pretender acerca de sus proyectos, tiempo nos faltó para ponernos en contacto con la Dirección. Nos parecía fantástico que, por fin, en nuestro territorio, se llevaran a cabo iniciativas como esta y, si una de las ideas principales que difundían era aquello de la “mirada innovadora”, qué mejor que comenzar a poner sobre la mesa los argumentos sobre el verdadero origen de esta arquitectura, que no es otro que la continuidad de la que había nacido en el siglo XI en esta misma tierra con unas técnicas importadas del mundo persa. Eso sí que es innovador y no el pobre argumento de que a los aragoneses del siglo XIV les dio por imitar el arte del imperio almohade, enemigo nuestro por aquel entonces, cuya frontera estaba unos 500 Km hacia el sur (la actual Andalucía), en un reino -el nuestro- que ya tenía dos siglos de bagaje cristiano-europeo. ¿A que no tiene sentido? Claro que a nuestros mandamases les gustaba el arte musulmán, pero era porque se lo habían encontrado aquí cuando conquistaron el territorio, supieron aprovecharlo y tuvieron gente en sus dominios para seguir cultivándolo. A esa gente, los moros aragoneses, los llamaba Cervantes en el Quijote “tagarinos” (que viene a ser lo mismo que “zagríes”, porque es la misma raíz), mientras que a los moros granadinos les llamaba “mudéjares”. Una vez más se manifiesta lo dados que somos a adoptar las denominaciones foráneas.

 Entristece escuchar por gentes de Zaragoza que “la Aljafería recuerda a la Alhambra” como si el arte musulmán zaragozano se debiera al del sur de la Península, en lugar de decir que “la Alhambra debe mucho a la Aljafería”, porque realmente fue aquí donde se desarrollaron esas técnicas. A la estructura de alminar compuesto por una torre dentro de otra se la denominó “almohade” cuando, realmente, fue aquí donde se inició un sistema de escalera intramural (la torre de Santa María de Tauste, por ejemplo) que fue evolucionando en el propio territorio y, posteriormente, adoptado por los almohades porque debió de parecerles muy práctico; y así fue como hicieron la Giralda de Sevilla. Por eso, entristece también oír de boca de gente aragonesa que nuestras torres tienen estructura de “alminar almohade”, como también aquello de que las torres octogonales aragonesas están inspiradas en las torres góticas catalanas. Esta última afirmación no la dijeron en el programa, pero es muy propia de esta gente. Con aragoneses así, no necesitamos catalanes que deprecien lo nuestro.

 También diré que me pareció percibir un guiño en cierto comentario acerca de las torres de Teruel como que eran de “segunda generación”, en alusión a este asunto de la estructura interna en las torres construidas a partir de 1300. Quizá se refería, aunque no lo dijo, a que hubo una generación anterior, que fueron estas de la escalera intramural. Pues bien, perdónenme la inmodestia, pero aquí quiero decir ya que quien descubrió este detalle trascendental fue un servidor, el mismo que está escribiendo esto, todo un hallazgo en la torre de Tauste que nos sirvió para estudiar “las tripas” de otras e ir catalogándolas con un criterio más fiable que lo que pueda o no convenir a ciertos historiadores, y escrito quedó en las Actas de las X Jornadas sobre la Historia de Tauste, de la Asociación Cultural “El Patiaz”, allá por el año 2009. Y conste que me encanta eso de la libre circulación de información sin ser necesaria alusión alguna a la autoría cuando la cosa funciona para el mejor fin de todos, pero estos no van de eso: ellos se apropian de lo de los demás (ya lo han hecho con cosas que yo he escrito) pero, luego, su autoría es su autoría.

 No voy a extenderme sobre las carencias, imprecisiones y omisiones de bulto sobre lo que sacaron de Zaragoza capital, pero sobre mi pueblo tengo que decir que Tauste no se merece eso: unas explicaciones dadas por unos jóvenes que parecen no conocer el monumento (lo que dijeron acerca de la buena accesibilidad y buen estado de conservación no es para nota, ni mucho menos, y omitieron lo más relevante, que lo hay y mucho).

 Me dicen que por qué no me llamaron a mí. ¿Cómo iban a llamarme si no les conviene? No pretendemos que nos digan desde el primer día “muy bien, chavales, qué bueno lo vuestro, vamos a reescribir la historia como decís”, pero, como ha dicho en varias ocasiones Marisancho Menjón, qué menos que admitir a debate unos argumentos que parecen bien fundamentados. Ni eso. Ahora sabemos por qué: porque ellos no tienen argumentos para contradecirlos y ven cómo cada vez más gente de prestigio y con mentalidad abierta aceptan sin ningún complejo nuestras teorías mientras ellos se quedan estancados.

 Se mantienen en una fidelidad ciega a las tesis de Gonzalo Borrás sin darse cuenta de que él tuvo el valor de contradecir las de los grandes popes que había habido hasta entonces y la brillantez de llevar el arte mudéjar aragonés a la alta calificación que hoy tiene, cuando antes no pasaba de estar considerado como un estilo menor. Después ya no quiso aceptar públicamente teorías que no comulgaran con lo que él había escrito y así pasaron generaciones de estudiantes que, para salir adelante en la Universidad de Zaragoza, no podían rebatir una sola coma de aquello. Todavía continúan ahí anclados y es una lástima que en la juventud de hoy en día no destaque siquiera una voz inconformista que sea capaz de traer aires nuevos, como hizo en su tiempo el profesor Borrás.

 Tengo la certeza de que “Territorio Mudéjar” ha nacido para satisfacer intereses personales y para luchar por que nada cambie de lo que ya se escribió. Sería presuntuoso por nuestra parte pensar que incluso motivados por la aceptación que en ciertos sectores están teniendo ya nuestras teorías, como reacción a la misma, pero hasta eso cabe. Así no vamos a ningún sitio. La Administración Pública debería invertir el dinero de todos en cosas más útiles que en crear y mantener entidades donde se les ve este plumero. No entiendo muy bien qué pinta el Ayuntamiento de Tauste colaborando con una asociación así, y, encima, como vocal de la junta directiva. Con amigos así no necesitamos enemigos y ausencias llamativas en esa asociación como la de Tarazona dan qué pensar. Es para mirárselo.

miércoles, 10 de julio de 2019

SOBRE LA PROPAGACIÓN DE LA CULTURA ISLÁMICA DENTRO DE LA PENÍNSULA


Es muy frecuente la creencia de que, como los musulmanes entraron en la península ibérica por el sur (año 711), con ellos entró la cultura islámica y esta se fue extendiendo a medida que avanzaban hacia el norte. Realmente, se trata de algo impreciso.
En primer lugar, habría que decir que los musulmanes que llegaron fueron muy pocos en comparación con la población que aquí había. ¿Qué son 50.000 extranjeros en un sustrato de seis millones de población autóctona? (por dar una idea, pero tampoco se me queden con estas cifras como buenas, por favor). Lo que está claro es que debemos abandonar esa idea de que los "moros" españoles eran gente de piel cetrina y renegrida. Eran los descendientes de la población celtíbera de siempre.
Tras la última guerra civil entre las facciones visigodas (nos habían tenido así durante dos siglos y medio y sumidos en un declive lamentable y en la miseria más absoluta después de la caída de Roma), lo que vinieron a llenar aquellas gentes fue el vacío de poder en el que había quedado la antigua Hispania, llamados precisamente por el obispo Oppas de Sevilla para cargarse al rey don Rodrigo.
Otro mito: los árabes no fueron precisamente un pueblo culto, pero el mundo islámico que ellos extendieron sirvió de vehículo para que se propagara la cultura del lugar más avanzado del mundo por aquel entonces: el mundo oriental. El medio por el que se propagó fue principalmente el mar Mediterráneo y llegó hasta Zaragoza a través del Ebro, que entonces era navegable, en una sociedad eminentemente mercantil.
Córdoba llegó a ser la ciudad más esplendorosa de todo Occidente. La arquitectura que desarrolló estaba basada en la de Damasco, que era de donde procedían los Omeyas. Se relaciona a Alandalús con Andalucía pero realmente Alandalús era casi toda la península ibérica. Tan andalusí era Córdoba (Qurtuba) como Zaragoza (Saraqusta). Llegó a su mayor esplendor a finales del siglo X, pero después vino la decadencia y el califato se fue desmoronando. Fue entonces cuando aparecieron los reinos de taifas, esos que tan mala fama tienen ahora y a cuyos monarcas se les llama “reyezuelos”, aunque sobre este calificativo habría que hablar mucho.
Uno de los primeros territorios en independizarse fue Ath Thagr al-'Alà, la Marca Superior, que abarcaba casi todo el valle del Ebro, con una extensión que llegó a ser superior a la del actual Aragón y con Saraqusta como ciudad principal. Atraídos por la liberalidad de sus gobernantes, llegaron a estas tierras personajes de la élite cultural cordobesa que huían de la “fitna”, y también sabios del mundo oriental que traían la cultura del mundo persa. Hablar entonces de Bagdad era como ahora hablar de Nueva York, y el árabe era la lengua “guay”, como ahora lo es el inglés. Los sultanes saraqustíes dieron la espalda a Córdoba y se miraron en Bagdad, a donde se había trasladado el califato. En Ath-Thagr se desarrolló una arquitectura de ladrillo y yeso a imagen y semejanza de la arquitectura persa, donde abundaban los mismos materiales naturales (arcilla y yeso) y el paisaje era tan parecido a este: allí, grandes desiertos con oasis donde florecía la riqueza y la civilización, y aquí un gran desierto (todo el valle medio del Ebro), donde los oasis son lineales, es decir, los valles de los ríos que lo surcan y donde se cultivan ricos vergeles. Aquí hay, por ejemplo, médicos que operan de bocio y de cataratas, cauterizan el cáncer y practican la traqueotomía, mientras la Europa feudal sigue sumida en la oscuridad más absoluta y se quema en hogueras a quien se atreve a desarrollar técnicas curativas que no sean sangrías porque solo Dios puede curar.
En Alandalús se produjo un primer “Renacimento” siglos antes de que surgiera el Renacimiento italiano. Saraqusta vivió un siglo de oro que se vio truncado, primero por la llegada de los almorávides en 1110, y después por la conquista cristiana en 1118. Muchos de sus habitantes emigraron hacia el sur, y lo hicieron con todo su bagaje cultural.
Cuando visitamos el Patio del Yeso de los Reales Alcázares de Sevilla y nos acordamos de la Aljafería, pensamos que cuando hicieron esta tuvieron que copiar de Sevilla, pero hemos de ser conscientes de que la Aljafería se hizo en el siglo XI y ese patio, que es el más antiguo de los Reales Alcázares, en el XII. Buena parte de la arquitectura islámica andaluza debe mucho a la zagrí, la de Ath-Thagr.

domingo, 23 de septiembre de 2018

LA CASA DE LA GABARDILLA: OTRO PASO ATRÁS



El pasado día 20 de septiembre aparecía en el Heraldo de Aragón un artículo sobre las últimas excavaciones arqueológicas en la Casa de la Gabardilla (Monte Alto de Tauste). De los resultados obtenidos cabe destacar el hallazgo de restos cerámicos pertenecientes a distintas épocas y, lo que más llama la atención, la conclusión de descartar la teoría de que hubiera podido tratarse de una construcción islámica. Aunque no lo pone expresamente en el citado artículo, me consta que la datación “segura” que ya aportan es siglos XV-XVI.
Bernabé Cabañero Subiza (Departamento de Historia del Arte, Universidad de Zaragoza, autor de numerosos trabajos sobre el arte islámico en Aragón), en su trabajo titulado “Precedentes musulmanes y primer arte cristiano” (1987), ya dató esta torre en la primera mitad del siglo X, relacionándola con las de Yéquera (en Luna) y Biota. Decía sobre la misma que “han llegado hasta nosotros en buen estado de conservación al menos cuatro hiladas, que son perfectamente visibles en la cara sureste, integradas por sillares dispuestos a tizón de forma cuadrada de unos 45 centímetros de lado, tal como es habitual en la arquitectura militar de la Marca Superior entre los años 850 y 950”. Cabe destacar la capacidad de abstracción del profesor Cabañero. Quizá cualquier otro se lo hubiese pensado dos veces antes de atreverse a datar este edificio en época islámica, cuando aún se suponía que aquí, en Tauste, ni vivía casi nadie ni había casi nada, sin sospechar siquiera que teníamos la importante necrópolis islámica que luego sería descubierta en 2010. Pero tuvo el suficiente ojo clínico para detectar que, entre esas cuatro hiladas de abajo y todo lo de arriba, mediaban varios siglos de diferencia.
Ahora dicen que no se aprecia diferencia constructiva alguna, cuando la “raya” que ya detectó este profesor es más que evidente. Para afirmar ahora que todo fue realizado sin interrupción alguna, podría servirles aquello de que “quisieran dar mayor empaque a la zona de basamento”, pero tal argumento se desvanece cuando descubrimos que en el interior se da la misma circunstancia. O sea, que no vale semejante explicación.
Vaya por delante mi gran respeto hacia la labor de los arqueólogos. Lo mío es la arquitectura.
Siempre insisto en que no se puede datar un edificio solamente por los restos hallados en el mismo. En todo caso, la época a la que estos pertenezcan significará que, para entonces, el edificio ya existía, pero la fecha de construcción del mismo habrá que determinarla, en ausencia de documentación que lo indique de manera inequívoca, por analogías constructivas con otros de cuya datación no exista ninguna duda. De lo contrario podría ocurrir que, cuando dentro de dos mil años -pongamos por caso- venga un arqueólogo a Tauste a estudiar las ruinas de la Casa de la Cámara (suponiendo que esté en ruinas y que todavía existan), sitúe su construcción en el siglo XX por hallar entre las mismas grifería cromada y cascotes de aparatos sanitarios marca Roca.
Hace tres años, ya ocurrió algo similar con las excavaciones en la torre de la Custodia, donde aparecieron los tres primeros peldaños de una escalera muy bien elaborada en obra de yeso y que, como no se encontraron los escombros del resto, se dio en decir que se empezó de obra pero no se continuó y se pondría alguna escalera de palo. Los que aún nos ha tocado construir escaleras con tablero de obra (no de hormigón armado) sabemos que primero se hacía toda la correa (es decir, la rampa sustentante) y, una vez acabada esta, el peldañeado; por tanto, si se formaron esos tres peldaños es porque toda la correa estaba ya construida. ¿No sería más lógico pensar que una edificación tan antigua como esa, en algún momento se arruinase para ser reutilizada tiempo después, para lo cual, todos los escombros serían arrojados ladera abajo? También se le atribuyó cierto uso señorial a esta torre circular de tan solo 5,30 metros de diámetro. En cuanto a su devenir histórico, se atribuyó su construcción a algún noble en el siglo XV y se lanzó la hipótesis de que, durante el siglo siguiente, “la Casa de Ganaderos, muy fuerte en el XVI, fuera la primera interesada en eliminar esa Casa torreada y extender su control sobre el paraje de la Custodia”. Señores míos, la villa de Tauste, desde la Carta de Población de 1138, ejercía el control de estas tierras, con el uso de pastos como destino principal, administrado por la Casa de Ganaderos, sin intromisión de noble o señor alguno, que para eso siempre fue una villa infanzona. Además, ¿para qué habían de destruir los ganaderos una construcción bien hecha que podía servirles de refugio mientras estaban levantando otras para el mismo fin?
Ante la falta de documentación sobre su construcción, ¿qué otros edificios del siglo XV existen para poder relacionar esta construcción por analogías constructivas? ¿Por qué realizaron esa obra con unas técnicas que se habían practicado cinco siglos atrás y no con las propias de su momento?
En 2016 le tocó el turno al yacimiento de la Cruceta (en los tres casos, hablamos de la misma zona geográfica). También se le atribuyó pertenencia a foráneos, en este caso al Hospital de Santa Cristina de Somport, por cierta relación con el castillo de Sora, algo también absurdo por el mismo razonamiento: Sora siempre perteneció a un señor feudal mientras que Tauste solo dependió del propio Rey, y menudos eran los taustanos como para dejarse perder sus privilegios (léase bibliografía al respecto). Además, hoy en día, ese enclave es comunal, lo que significa que nunca ha dejado de serlo, pues, la experiencia demuestra que, cuando algo se ha privatizado en algún momento, ya nunca ha regresado al patrimonio comunal de la villa. Como lo más antiguo que se encontró fue de la época de Jaime I el Conquistador (alguna moneda), pues, ¡hala!, afirmamos que esa construcción militar fue realizada en aquella época, cuando no había ninguna amenaza del exterior de nuestro reino, y nos quedamos tan contentos. Sin embargo, la abandonamos durante la guerra de los Dos Pedros, que entonces sí que nos podíamos ver amenazados por el vecino reino de Castilla. O sea, justo al revés, cuando, a lo mejor, nos podía haber hecho falta.
Se encontró algún resto cerámico islámico pero, como era de mala calidad, se adscribió sin más al siglo XIII, como si en todas las épocas no hubiesen existido artesanos buenos y malos. ¿Había talleres en Aragón, en el siglo XIII, que realizaran este tipo de cerámica en lugar de hacerlo con las técnicas de su propio momento? ¿O es que la trajeron de Granada, por ejemplo, que aún era territorio islámico? ¿A nadie le chirrían semejantes afirmaciones? Cuidadín, que hablamos de una fortaleza militar de más de 1.000 metros cuadrados de superficie. ¿No es más lógico pensar que fuera construida en otra época, abandonada tras siglos de estar en servicio, y reutilizada tiempo después, época a la que pueden pertenecer los enseres ahora allí encontrados, porque lo que pudiese haber quedado de su origen fue desalojado en una necesaria operación de limpieza para su nuevo uso, y de eso aún han podido quedar esos restos cerámicos más antiguos? Quizá si se prospectara toda la ladera que hay bajo ese enclave…
Y volviendo a la Gabardilla, más de lo mismo: se afirma una datación sin nombrar precedentes de otros edificios militares en los que las primeras hiladas de piedra siguen otro formato y otra disposición de sillares dentro de la misma unidad constructiva y de la misma época. Si los hay y los ponen de manifiesto, seré el primero en aplaudir tan brillante deducción, pero permítanme que lo dude porque ya pedí esto mismo para los dos casos anteriores y solo ha habido callada por respuesta.
Además, el arco que describen como de “medio punto”, no lo es tal, sino que es ligeramente apuntado. Pero tan ligeramente que, si fuese claramente apuntado, podríamos datarlo en los siglos XIV-XV, pero es que no lo es y puede ser de cualquier época, y esto está sobre las hiladas que Cabañero dató en el siglo X.
Entre la cerámica encontrada, se han encontrado fragmentos de época romana, luego, para aquel entonces, aquí ya había “vida”. ¿Por qué es tan común en las conclusiones de los investigadores aragoneses aquello que Javier Peña Gonzalvo define con ironía como que “entre Roma y Aragón no hay vida”? Efectivamente, entre el Imperio romano y el reino de Aragón median unos cuantos siglos de oscuridad, pero eso será en Europa -en todo caso-, que, en Alandalús (lo que ahora es España) no, porque hubo un desarrollo muy brillante en todos los aspectos. Recuerdo una conversación con un arqueólogo (no era aragonés) en la que me explicaba lo difícil que es abstraerse uno de todos sus prejuicios, intereses personales o apetencias para dejar que lo que estás descubriendo te lleve a la verdad y no a donde a ti te apetece.
Pero no terminan ahí las incógnitas. Los muros de la Casa tienen aspilleras en su parte alta. Son esas ventanicas que por la parte exterior son muy estrechas (casi como ranuras verticales) y se ensanchan hacia el interior, para poder disparar desde ellas con arcos o ballestas sin que el enemigo te liquide de un flechazo. ¿Por qué hacen estas aspilleras cuando ya existen los arcabuces y, en todo caso, lo que se llevan son las troneras?
No pretendo que todo lo que se encuentre en el término de Tauste sea adscrito a la época islámica (al pan, pan, y al vino, vino), pero parece que seguimos empeñados en echar tierra sobre un pasado de esta tierra tan rico como nuestro (porque no es de nadie más). ¿Qué se pretende ocultar detrás de tantas elucubraciones sin sentido? ¿Hay algún interés en ello? Se me ha dicho que no, pero, perdónenme, después de tanto debate y de tanta letra gastada, ya no me lo creo. Si está absolutamente claro que no es islámico, la verdad debe decirse por encima de todo, pero si existe alguna posibilidad de ello (ya no voy a entrar en que estas posibilidades sean más o menos contundentes) no debe omitirse, como se está haciendo.
La cuestión no es baladí. Cierto es que con esas imprecisiones (por llamarlas de alguna manera) no se deprecia el valor arquitectónico de nuestro patrimonio. Tampoco nos hace falta que nadie nos lo dañe, que ya nos bastamos nosotros solos con nuestra dejadez y la de nuestras administraciones. Pero sí nos devalúan el valor histórico, y ese es muy importante que sea preservado por motivos obvios.
La Asociación Cultural “El Patiaz” viene realizando una labor encomiable desde hace dos décadas, con unos resultados espectaculares en la mayoría de los casos y altamente rentables para Tauste. Convendría que todos los investigadores que se acerquen a ella lo tuvieran en cuenta.