sábado, 29 de octubre de 2011

LOS BANU QASI (1)


Nos habíamos quedado en que, con la llegada del ejército musulmán al Valle del Ebro en 714, el conde visigodo Casius, señor de estas tierras, pactó con el caudillo Tariq ibn Ziyad para mantener sus dominios a cambio de convertirse al Islam y hacerse vasallo del califa omeya, que residía en Damasco. La consecuencia de todo ello fue la conversión de casi toda la población y el cambio paulatino que supuso pasar de una sociedad hispanorromana dominada por la minoría visigoda, a otro modelo influenciado por las nuevas corrientes islámicas. Estamos hablando de la época que le tocó vivir a nuestro personaje de la tumba nº 2.


Decíamos también que este hecho fue el origen de un importantísimo linaje, los Banu Qasi (“hijos de Casio”, con nombre ya arabizado). Como cuenta Marisancho Menjón, esta familia mantuvo un estatus especial de amplia autonomía dentro de la Marca Superior, es decir, esa especie de “protectorado” que comentábamos en el artículo anterior, con un gran poder sobre esta zona del Valle del Ebro. Recuerdo, especialmente, una frase de Marisancho, el día que expuso su trabajo sobre el Castillo de Sora en Castejón de Valdejasa: decía “eran muy suyos”, en relación a los habitantes de este lugar y a su constante afán de independencia. No olvidemos que estamos hablando de un territorio fronterizo entre los mundos islámico y cristiano, algo que, indudablemente, debe imprimir carácter en sus gentes.


Se ve que los Banu Qasi sabían jugar muy bien a todas las bazas y utilizaron su habilidad y su coraje para engrandecer su poderío. Musa ibn Fortún, nieto de aquel conde visigodo, se casó en 784 con Onneca. ¿Qué tenía de particular esta mujer?. Pues que anteriormente había estado casada con el vascón Íñigo Jiménez, de quien tenía un hijo, Íñigo Íñiguez, que más tarde sería el primer rey de Pamplona, más conocido como Iñigo Arista. Es decir, que nuestro Musa Ibn Fortún fue nada menos que padrastro del famoso Íñigo Arista. El hijo nacido de Musa y Onneca se llamó Musa ibn Musa, hermano de madre, por tanto, del rey de Pamplona Iñigo Arista. El asunto no es nada baladí, pues ambas dinastías (la una cristiana y la otra musulmana) se sirvieron de apoyo durante mucho tiempo para mantener sus respectivas independencias: por una parte, Pamplona del poder franco y de sus intentos expansionistas y, por otra, los Banu Qasi respecto del poder de Córdoba. De todo esto podemos deducir que, durante mucho tiempo, en estas tierras no lucharon "moros y cristianos", sino ambos, unidos, contra lo que consideraban injerencias extrañas en lo que era suyo.

También, en el ámbito de las luchas internas entre árabes y bereberes, Musa ibn Fortún, se ganó la consideración del emir de Córdoba Hisham I, proporcionándole su apoyo contra el levantamiento de Said ibn al-Husayn, en la zona de Tortosa, al que combatió y mató. Después se apoderó de Saraqusta, pero la cosa no terminó demasiado bien para este nieto de Casio, pues acabó muerto por un liberto de Al-Husayn.


Su hijo, Musa ibn Musa, fue todo un personaje. Llegó a llamarse “el tercer rey de España”. De eso hablaremos en la próxima ocasión.

sábado, 15 de octubre de 2011

TERRITORIO INDEPENDIENTE

La historia de Tauste se perdía en la noche de los tiempos antes de la conquista cristiana. Era como si nuestro pueblo no hubiera existido. A pesar de las evidencias de que la torre de Santa María no pudo ser construida junto con la iglesia sino que ya existía de antiguo, como alminar de la mezquita, se negaba tal circunstancia con el argumento principal de que, si hubiera existido Tauste como núcleo importante de población, debería haber constado en más documentos escritos de la época y, sin embargo, no era así.


Con la demostración de que la torre tenía al menos dos siglos más de antigüedad que la supuesta hasta entonces, conseguimos echar un poco de luz y correr esas tinieblas hacia tiempos atrás, de momento, hacia el siglo XI, época de la Taifa de Saraqusta. La gran sorpresa vino cuando encontramos el cementerio musulmán, datable desde, al menos, principios del siglo VIII. Ahora nos queda la labor de ponerles historia y vida a estos personajes que vivieron aquí antes que nosotros, que, sin duda, la tuvieron.


Viajando desde nuestros días hacia el pasado, es relativamente fácil imaginar cómo pudo ser la vida de las gentes de nuestro pueblo, a través de toda la historia escrita y llegar hasta el momento de la conquista cristiana a principios del siglo XII. Lo es menos imaginarla en la época anterior, remontándonos desde 1121 hasta 1018, marcada por el esplendor del reino de Saraqusta (donde situamos la construcción de la torre), mucho menos en todo ese periodo convulso de pertenencia al reino de Alandalús (en que nos iríamos remontando hasta 714, datación de nuestro personaje más antiguo desenterrado) y ya, hoy por hoy, lo que se nos pierde en la noche de los tiempos es todo lo anterior a esta fecha. Pero, bueno, algo es algo: hemos corrido las tinieblas de la historia de Tauste nada menos que cuatrocientos años hacia atrás.


Mucha más luz se merece todo esto y sigue siendo un enigma el hecho de Tauste no aparezca en los tratados de los geógrafos andalusíes, siendo que ya existía como población estable.


Marisancho Menjón, en su libro sobre el Castillo de Sora, nos aporta un argumento que puede ser la clave para poder explicar este “vacío exasperante”. Comentábamos en otro artículo que, cuando llegaron los musulmanes al valle del Ebro, estas tierras pertenecían al conde Casius, y éste pactó con ellos para seguir conservando sus dominios, a cambio de convertirse al Islam y hacerse vasallo suyo. Hace referencia a un singular documento, la llamada “Noble carta de al-Gassani”, donde dice que Musa ibn Nusayr (compañero del caudillo árabe Tariq) dejó a los cristianos que vivían en lugares inaccesibles del Norte sus bienes y el uso de su religión a cambio del pago de tributos, y el resto del territorio de la Penísula lo repartió entre sus militares (comarcas conquistadas por la fuerza), a excepción de tres distritos: Santarén y Coimbra en el Occidente, y Ejea en el Oriente de España.


Puede esto significar –y así lo explica Marisancho- que, desde el principio de la dominación musulmana, este territorio quedara como un “protectorado”, con un estatus extraordinario de independencia, y no como una tierra conquistada de pleno derecho, por lo que las fuentes árabes nunca lo citarían dentro de las demarcaciones administrativas de Alandalús. Así pues, pasarían de describir nuestro pueblo y de contar cosas como que, ya en el siglo XI, “desde la ribera del Ebro se divisa hacia el Norte un monumental alminar que más se parece a los persas que a los cordobeses”. Si así hubiera sido, ya nadie hoy cuestionaría el verdadero valor de nuestra torre ni se plantearía todavía la duda de si es mudéjar o zagrí.


Iremos contando más cosas sobre ello.

sábado, 8 de octubre de 2011

JESÚS ALEGRE GIMENO


Ayer, por fin, pudimos ver la proyección del vídeo elaborado con motivo de la representación del Voto de San Miguel, que tuvo lugar el pasado día 7 de mayo.


No era nada público, pues la única pretensión era que lo pudieran ver todas aquellas personas que habían participado, de una manera u otra (“venerables et senyores muy magnificos de la villa de Tahust”). Vamos, casi lo que podríamos llamar "un acto entre amigos", pero, como éramos tantos los participantes, casi se llenó el salón de actos de la Casa de Cultura.


El acto comenzó con unas palabras de agradecimiento por parte de Jesús Alegre a todos los participantes y colaboradores, tomando la palabra, a continuación, la presidenta del Patiaz, Mª Teresa Ansó, recalcando que, de igual forma que este logro ha sido el producto de una iniciativa nacida desde el Patiaz con la implicación de todo un pueblo, no debemos cejar en conseguir cosas para Tauste, vengan de quien vengan, que hay mucho por hacer, mostrando al Patiaz abierto a colaborar con todo el mundo que quiera ofrecer o exponer sus ideas, porque nuestro principal objetivo es el engrandecimiento cultural de nuestro pueblo.


La grabación quedó impresionante. Me emocionó especialmente la forma en que dice Cristina (la narradora), casi al final del acto, “por los que vendrán”, después de haber oído la explicación de Mª Jesús Torreblanca (la doctora en Historia que hizo el trabajo sobre el Voto) sobre la exclusividad, a nivel nacional, de un hecho acaecido hace seis siglos, del cual exista un documento notarial que describa de forma tan detallada los hechos, así como el compromiso de todo un pueblo y que, hoy en día, casi seiscientos años después, se siga respetando. Se dice pronto, seis siglos, generación tras generación. “Hoy me parece un lujo poder estar aquí”, decía Mª Jesús el día de San Miguel.


El vídeo refleja el gran trabajo llevado a cabo por muchas personas, pero quiero destacar aquí, desde estas líneas, a una de ellas, sin la cual esta magnífica labor no se hubiera llevado a cabo. Se trata de Jesús Alegre Gimeno (“Malocha”, como gusta llamarse él mismo, porque es su mote familiar). Fue él quien detectó que el encomiable trabajo de Mª Jesús Torreblanca sobre el Voto de San Miguel en Tauste, instituido en 1421 ("feyto en la villa de Tahust, ocho dias del mes de mayo anno a Nativitate Domini millesimo quatorcentesimo vicésimo primo"), podía ser perfectamente, debidamente adaptado, el guión de una representación en la que se escenificara lo que verdaderamente sucedió aquel día, “por dentro de la yglesia de senyora Sancta Maria”.


Los que estuvimos cerca de él (y, a veces, no lo suficientemente cerca, todo hay que decirlo) sabemos lo que esta persona ha trabajado para llevar a cabo semejante evento. Hasta que no se ven las tripas de un proceso de este tipo, no puede uno imaginar las innumerables dificultades que es preciso salvar y las veces que se estuvo a punto de tirar la toalla. Cualquiera la hubiera tirado (“oye, que le den, que, al fin y al cabo, yo no gano nada con esto”, hubiera dicho cualquiera) y, tengo que decir que no fueron pocas las veces que vimos a Jesús desalentado, poniendo mucho esfuerzo y muchas horas de su tiempo sin que se viera el fruto que hubiera sido esperable, pero, al final, lo consiguió.


Sí, como él dice, fue una labor de equipo, de mucha gente, que pudo salir adelante gracias a la colaboración del párroco (José Ignacio Longás), del Ayuntamiento, de entidades colaboradoras (Cooperativas de San Miguel y de San Simón y San Judas)…, de acuerdo, pero tengo que decir que si, en cualquiera de aquellos momentos de flaqueza ante las dificultades, Jesús hubiera tirado la toalla, todo se hubiera quedado en agua de borrajas. Y lo hace así, de esa manera tan suya, sin que se note que está.


Felicidades, Jesús. Enhorabuena. Uno puede sentirse orgulloso de ser taustano por muchas cosas, pero, sobre todo, porque en Tauste hay gente como tú.

miércoles, 5 de octubre de 2011

¿INVASIÓN MUSULMANA?


Lo que quiero contar en este artículo no es algo que no haya explicado en otros anteriores, pero, a la vista de algunos comentarios oídos en fechas recientes, me apetece incidir de nuevo sobre ello.


Tal y como nos contaron la historia en la escuela, parece ser que, a principios del siglo VIII, ésta era una tierra habitada por gentes cristianas que fue invadida por un ejército musulmán, despiadado y feroz, que acabó con la paz de este lugar, aniquilando a aquellas pobres gentes, esclavizándolas o expulsándolas, hasta que, cuatrocientos años más tarde, los descendientes de aquellos desgraciados, gracias al caudillaje de Alfonso I el Batallador, consiguieron, por fin, recuperar sus tierras y reincorporarlas al reino de Aragón, tierras de las que tan injustamente se habían estado aprovechando aquellos malvados sarracenos durante cuatro siglos.


No voy a entrar aquí en disquisiciones sobre quiénes fueron los buenos ni quiénes fueron los malos, pero realmente los hechos que sucedieron distan mucho de esa versión (podéis leerlo en el libro sobre “El Castillo de Sora”, de Marisancho Menjón). Resulta que todo este amplio territorio situado en el valle medio del Ebro era propiedad de un noble visigodo o hispanorromano llamado Casio, quien, al enterarse de la llegada del ejército musulmán, con Tariq al frente, salió a pactar con él, llegando a un acuerdo según el cual Casio se hacía vasallo suyo a cambio de que se le permitiera conservar todos sus dominios. Para ratificar el pacto, parece ser que el tal Casio tuvo que hacer un viaje hasta Damasco para rendir vasallaje al califa omeya, que era la máxima autoridad de todo el gran imperio islámico. A partir de ahí, sus descendientes pasaron a llamarse los Banu Qasi (hijos de Casio). Naturalmente, como el "señorito" se había convertido a la nueva religión, las gentes que vivían en sus dominios también lo hicieron, algo totalmente lógico, pues, aunque se les permitía conservar su religión cristiana, convertirse al Islam tenía sus ventajas, sobre todo de tipo económico (impuestos), máxime si nos situamos en una época en la que la supervivencia era la máxima preocupación que pudiera tener cualquier ser humano (la suya propia y la de su familia).


Por tanto, cuando decimos “árabes”, en alusión a los habitantes de estas tierras entre el siglo VIII y principios del XII, debemos ser conscientes de que la denominación no es correcta. Realmente, se trataba de gentes oriundas de este mismo lugar desde tiempos inmemoriables, lo cual no excluye que vinieran, además, gentes del resto del mundo islámico, pero siempre serían una minoría.


El valle del Ebro quedó constituido como Marca o zona fronteriza, denominada Marca Superior de Alandalús o Zagr-Alandalús. En 1018 se independizó del resto del mundo islámico y se constituyó como reino, con capital en Saraqusta, siendo Mundir I su primer monarca y llegando a ser uno de los más ricos y prósperos de toda la Península. Mientras tanto, Aragón se limitaba a un pequeño condado pirenaico dependiente del reino de Pamplona hasta que también se constituyó como reino independiente en 1035, siendo su primer rey Ramiro I, hijo del rey pamplonés Sancho III el Mayor.


Significa esto que, cuando Alfonso I el Batallador, rey de Aragón, conquista estas tierras (Zaragoza en 1118 y Tauste en 1121), éstas quedan incorporadas a su reino por primera vez, ya que nunca antes habían pertenecido al mismo. Es por ello que debemos hablar de “conquista” y no de “Reconquista”.


Según las fuentes, entonces sí que se produjo un fuerte desplazamiento de la población nativa, pues es sabido que estas tierras tuvieron que ser colonizadas por gentes del sur de Francia y de los Pirineos, de los que, probablemente, descendamos la mayoría de nosotros. La colonización debió de ser lenta y dificultosa. Prueba de ello es el otorgamiento de la Carta de Población en 1138 que Ramiro II el Monje y su yerno, Ramón Berenguer IV, otorgó a la villa de Tauste, con grandes privilegios, para incentivar el establecimiento de gentes foráneas en este término.





viernes, 23 de septiembre de 2011

LA MURALLA ANDALUSÍ DE TAUSTE (2)


El pasado 16 de abril colgué en este mismo blog un artículo sobre la muralla andalusí de Tauste, en el que detallaba los vestigios que nos quedan de la misma. Decía que el más significativo de todos es el de la C/ Rey de Artieda, en su esquina con la Plaza de la Picarra, dado que presenta un cubo cilíndrico que debió servir como lugar de defensa y puerta de la muralla en ese punto, pudiendo estar en este lugar la “Puerta del Arba” o Bab 'Arbaº (en árabe).







Sobre este lienzo, la Asociación Cultural “El Patiaz” había presentado unos meses antes ante el Ayuntamiento una propuesta para el adecentamiento del mismo, ya que es una de las paradas habituales en las visitas turísticas guiadas a nuestro pueblo. La propuesta, que se hacía en el momento más oportuno, aprovechando la inmediata acometida de las obras de urbanización de esa calle, resultaba muy económica y consistía en dar un tratamiento distinto al pavimento, eliminar los cables aéreos que atraviesan todo el frente, repasar la superficie con pasta de yeso tradicional, colocar un cartel explicativo en castellano y en inglés y vallar el pequeño recinto para protegerlo de vandalismos.

Por otra parte, el dato de actualidad, en el momento de aquel artículo, era la aparición de restos de muralla bajo la calle, en la bajada de la Iglesia hacia la Picarra, planteando las incógnitas que aquellos restos suscitaban y la oportunidad de rescatar parte del trazado de la misma, aprovechando que el lugar por donde parecía continuar se encontraba de tierra y no suponía ningún impedimento para la circulación rodada ni para el desarrollo del resto de las obras. También se trasladó esta sugerencia al Ayuntamiento, siempre desde la hipótesis más probable de que se tratara de la muralla andalusí, porque pensábamos que nuestro pueblo había sido fundado en la época de dominio musulmán. Sólo requería cierta labor de coordinación, para lo cual ofrecíamos nuestra disponibilidad desinteresada, tanto personal como profesional.






El resultado de las pruebas de Carbono-14 aplicadas a los restos de la necrópolis islámica de Tauste abren nuevos horizontes sobre el origen de nuestro pueblo, sabiendo ahora con bastante certeza que su fundación no es islámica, como siempre se había pensado, sino anterior. Comentábamos en el artículo anterior una mayor probabilidad de que fuera fundado en época prerromana que en las posteriores (romana o visigoda). Hay que destacar que el lienzo del inicio de la C/ Rey de Artieda (cubo cilíndrico) tiene el sistema constructivo característico de otras fortalezas islámicas, como la de Calatayud u otras del valle del Ebro, que consiste en adosar las piedras de yeso al propio talud, sirviéndole de refuerzo y contención, pero los restos aparecidos bajo la calle con motivo de las obras pueden ser de otra época.


Puede haber quien opine que no tienen ninguna importancia, dada la pobreza de esas construcciones, pero hay que pensar que no podemos relegarlas al olvido y la destrucción, viendo como en otros lugares hallazgos similares son rescatados y apreciados tanto por los propios del lugar como por los visitantes, constituyendo un valor añadido a su patrimonio, incentivo para el turismo y fuente de riqueza, mientras tanto, en nuestro pueblo, tan amantes como somos de nuestras tradiciones, somos capaces de ver cómo desaparece nuestra historia y nuestro patrimonio sin apenas pestañear.

Se ha desperdiciado una ocasión de oro para soterrar los cables que tanto afearán a nuestra muralla (si es que conseguimos que se restaure). No conformes con eso, nos han “adornado” el rincón con la colocación de un "bonito" armario de instalaciones y nos han pavimentado todo para que no podamos descubrir nada. Y ahora, ¿qué?.






En un pueblo donde no se puede cambiar el día de la fiesta de la Coronación de la Virgen porque es el 21 de septiembre y no otro día, pero sí se puede ver desaparecer -por ejemplo- una ermita vinculada a seis siglos de historia, tradición y vivencias de nuestros antepasados (me refiero a San José) sin que nadie se despeine, o los restos de una muralla de doce siglos de antigüedad, algo pasa.





Ermita de San José



domingo, 3 de julio de 2011

TENEMOS EN TAUSTE LA TUMBA ISLÁMICA MÁS ANTIGUA DE ARAGÓN (2)


¿Qué significa esto?. Pues, sencillamente, que en la primera mitad del siglo VIII, en el actual barrio del “Esporrín” (me enteré hace poco de que tenía ese nombre), ya había un cementerio y, si había un cementerio, es porque había una ciudad, lo que demuestra que la fundación de Tauste no es de época musulmana sino anterior.


¿Cuánto anterior?. Quién sabe. Aquí empezaríamos a plantear hipótesis que no dejarían de ser sino eso, meras hipótesis, en tanto que no se avance en la investigación. Al fin y al cabo, la construcción de la Historia consiste en eso, proponer caminos de solución y avanzar sobre los mismos, hasta comprobar si son certeros y se pueden dar por válidas las hipótesis planteadas, o erróneos y corregir el camino. De momento, si bien yo ya puse en entredicho la historiografía oficial sobre los orígenes de Tauste detectando errores evidentes en la interpretación constructiva de nuestra torre, a partir de otros estudios (investigadores como Francisco Íñiguez, Agustín Sanmiguel, Javier Peña o José Miguel Pinilla), plasmándolo en mi trabajo “Tauste en los Siglos XI al XIII”, ahora ya, con este descubrimiento, resulta que una parte del mismo ya puede tambalearse. Me refiero al planteamiento que hice del Tauste anterior al siglo XI como un pueblo muy pequeño (ese pequeño tamaño que los historiadores aún mantienen a principios del siglo XII). Quizá era ya algo importante, en cuanto a casco urbano y a población se refiere. Repito, quién sabe.


De cualquier manera, todo esto encaja con lo que cuenta Marisancho Menjón en su reciente libro titulado “El Castillo de Sora” (cuya lectura recomiendo), en las páginas 29 a 36, como también encaja con lo que ya escribió Miguel Angel Pallarés en el libro “Tauste, Agua y Vida”, donde fecha un capitel hallado en Barrio Nuevo, situándolo en la segunda mitad del siglo VII. Este dato es muy interesante ya que Pallarés, con toda prudencia, lo califica como “visigótico o árabe”, es decir, que puede estar a caballo entre ambas etapas de la historia, aunque su datación entre 650 y 700 parece indicar su inclinación a situarlo más bien en época visigoda. Por supuesto, se trata de un resto puntual, pero ¿qué pinta una pieza de alabastro tan finamente tallada como ésa, con decoración vertical hecha a cincel y trépano, de palmetas rematadas con volutas y con sogueados, en un pueblo al que todavía se le supone en la noche de los tiempos?. Si existía ya ese capitel en Tauste en esos años, no estaría sólo –evidentemente- y pertenecería a una construcción consecuentemente rica con el valor artístico que denota ese capitel. Si es posterior a 714, pudo ser la mezquita, pero si es anterior –como aventura Pallarés-, pudo ser una iglesia visigoda o un palacio de aquella época.


El catedrático D. Carlos Laliena, en un trabajo titulado “Acerca de la articulación social de los espacios rurales en el Ebro medio (siglos V-IX)”, asocia asentamientos de época visigoda con cursos de agua. ¿Hubo agua en el Esporrín?. Sabemos de la existencia de la balsa del “Granero”, en el inicio de la Avenida Obispo Conget, pero siempre hemos conocido toda esa zona como “Las Eras”, un auténtico secarral. Francisco Javier Gutiérrez lanza la reflexión de que “hay que pensar que el clima ha ido extremándose y secándose; tal vez hace mil y pico años esa balsa abasteciera campos de cultivo en esa zona”. Quién sabe.


Quiero decir con todo esto que nuestro “buen mozo” de la tumba nº 2 (habría que ponerle nombre, ¿no os parece?) no es el primer hallazgo de épocas tan tempranas de la historia de nuestro pueblo y que habrá que dejar de considerar esas épocas como “la noche de los tiempos”, como si nada hubiera habido.


De todas formas, tampoco parece muy creíble que Tauste sea una fundación visigoda, pues no es una etapa de la Historia de España que destaque especialmente por ningún esplendor demográfico ni urbanístico. Si no fue así, la etapa anterior es la romana, de la que tenemos constancia de la existencia de “villas” o caseríos en nuestro término municipal, pero ciudades... Además, tenían un concepto del urbanismo muy ortogonal, a partir de dos ejes perpendiculares (Cardo y Decumano) y todo un trazado perpendicular, cuyo exponente más cercano lo tenemos en Zaragoza, donde el Cardo es la C/ Jaime I y el Decumano la C/ Mayor. No es un modelo urbanístico que corresponda a nuestro pueblo.


Casi podemos encontrar mayor probabilidad en la época prerromana, de la que sí hay constancia de ciudades bien organizadas, como es el caso cercano de Valdetaus. Quizá no sea muy descabellado pensar que aquí hubo una ciudad contemporánea con aquélla: ésta en un escarpe sobre el río Arba y aquélla en otro sobre el río Ebro.


¿Quién sabe? De momento, todo son conjeturas, todo es posible y, como decía antes, la única forma de avanzar en el conocimiento de la Historia es estudiar, investigar, aventurar, equivocarse, rectificar, etc. Nuestro arqueólogo, Francisco Javier Gutiérrez, augura un futuro prometedor para Tauste en el terreno de la investigación arqueológica y en la puesta en valor de nuestro patrimonio y de nuestra historia. No corren buenos tiempos económicos, pero, poco a poco, tendremos que ir haciendo el camino.

TENEMOS EN TAUSTE LA TUMBA ISLÁMICA MÁS ANTIGUA DE ARAGÓN (1)

El pasado 29 de octubre colgué un artículo en este mismo blog en el que informaba del importante hallazgo de la necrópolis musulmana de Tauste.



Voy a confesar una cosa: dentro del abanico de fechas probables que adelantaba para este cementerio (entre los siglos VIII y XII), siempre pensé que pertenecerían al siglo XI. Ya era mucho logro para Tauste y para la Asociación El Patiaz haber descubierto un cementerio islámico donde se pensaba que simplemente se trataba de unos enterramientos de finales del siglo XIX, consecuencia de una epidemia de cólera, como para suponer cosas tan fantásticas como que fueran posteriores a la conquista cristiana (según la historiografía, no quedó población musulmana) y, mucho menos anteriores.



¿Por qué? Pues, sencillamente, porque, si en alguna de aquellas épocas podíamos suponer con cierta seguridad algún esplendor a esta parte del Valle del Ebro, es en la de la Taifa de Saraqusta (1018-1110). Ya teníamos bastante con defender que Tauste era algo tan importante en el siglo XI como para llevar a cabo la construcción del fabuloso alminar que hoy conocemos.



De modo que nuestro arqueólogo Guti recogió tres huesicos de sendos esqueletos allí encontrados (tumbas 1, 2 y 3) y los envió al Laboratorio de Geocronología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Madrid, para que les pusieran fecha mediante el método del Carbono-14.



Cuál es nuestra sorpresa al encontrarnos con que esa gente allí enterrada no es del siglo XI (como hubiera sido lo normal, bajo la hipótesis más modesta contemplada por nosotros), sino anterior.



Vayamos por partes. Recordemos que de aquella fosa de unos 20 m2 de superficie y tan sólo 50 cm de profundidad, casi la mitad se había removido en el siglo XX para realizar una zanja, y que en los 10 m2 restantes aparecieron nada menos que cuatro tumbas y el inicio de una quinta, todas ellas con los restos humanos colocados de perfil, sobre el costado derecho y con la cara mirando hacia La Meca, siguiendo el rito islámico. Según la antropóloga Miriam Pina:



- La tumba nº 1 correspondía a un varón de edad comprendida entre 20 y 35 años.
- La tumba nº 2 a un varón de 30 a 45 años, de una estatura de 1.75 m (muy alto para su época), con síntomas de lesiones artrósicas y osteoporosis en los cuerpos vertebrales.
- La tumba nº 3 era de una mujer y presentaba degeneración en una de las extremidades inferiores; apareció sin uno de los pies, aunque no presentaba indicios de lesión en la tibia que indicara amputación.
- En la tumba nº 4 había un niño de 3 a 5 años y se encontraba muy deteriorado (sólo estaba el cráneo y poco más).






Curiosamente, las dataciones que aporta el método radiocarbónico son más certeras cuanto más antiguos son los restos y, en este caso, los resultados que nos da el CSID (de absoluta validez científica), ordenados de más reciente hacia más antiguo, son los siguientes:




- Tumba 1: entre 890 y 1020. Podemos centrarlo en el siglo X, según el informe del arqueólogo.
- Tumba 3: entre 860 y 990, es decir, entre los siglos IX y X.
- Tumba 2: entre 650 y 780. Naturalmente, la máquina (o lo que sea) que realiza estos ensayos no sabe que la población de esta parte del Valle del Ebro se islamizó a partir del año 714, así es que podemos estrechar la horquilla al periodo comprendido entre 714 y 780.










Imágenes tomadas del informe de Fco. Javier Gutiérrez. Arqueólogo



Los musulmanes habían entrado en España por el Sur allá por 711 y llegaron a estos lugares en 714. El conde Casius (visigodo o hispanorromano), señor de estas tierras, debió salir al encuentro del caudillo Tariq ibn Ziyad para decirle que “vamos a llevarnos bien, yo me someto a vosotros y, a cambio me dejáis en paz con mis tierras y con mis súbditos”, entre los que estarían estos pobres tahustíes, tawustíes, tawassutíes o como se llamaran. Al señor Tariq debió parecerle bien y nuestro Casius se hizo un viajecito hasta Damasco para convertirse vasallo del Califa, que por aquel entonces vivía allí. De modo que, como el señorito se nos ha convertido a la nueva religión, a la chusma no nos queda otro remedio que hacer lo propio. Eso o pagar impuestos para seguir siendo cristiano, y no están los tiempos para bollos. Total para que cuatrocientos años después vinieran otros cristianos a echarles porque no eran cristianos. Menudo sinvivir de religiones y siempre a pagarlo los mismos.


Cuento esto para justificar que siempre intento evitar la expresión “llegada de los musulmanes a nuestras tierras”, porque eso daría la idea equivocada –y siempre erróneamente admitida- de que habrían llegado unos árabes (extranjeros) para colonizar esto, y no fue así. Fueron los propios que aquí vivían los que se islamizaron por las condiciones que les tocó vivir. Por eso hablo de “islamización”, como término correcto.



El caso es que nuestro buen mozo nos da la fecha absoluta más antigua para un individuo enterrado mediante rito islámico en todo Aragón, según el dato proporcionado amablemente por el arqueólogo de la Diputación General de Aragón D. José Ignacio Royo. Ahí es nada.