Con la demostración de que la torre tenía al menos dos siglos más de antigüedad que la supuesta hasta entonces, conseguimos echar un poco de luz y correr esas tinieblas hacia tiempos atrás, de momento, hacia el siglo XI, época de la Taifa de Saraqusta. La gran sorpresa vino cuando encontramos el cementerio musulmán, datable desde, al menos, principios del siglo VIII. Ahora nos queda la labor de ponerles historia y vida a estos personajes que vivieron aquí antes que nosotros, que, sin duda, la tuvieron.
Viajando desde nuestros días hacia el pasado, es relativamente fácil imaginar cómo pudo ser la vida de las gentes de nuestro pueblo, a través de toda la historia escrita y llegar hasta el momento de la conquista cristiana a principios del siglo XII. Lo es menos imaginarla en la época anterior, remontándonos desde 1121 hasta 1018, marcada por el esplendor del reino de Saraqusta (donde situamos la construcción de la torre), mucho menos en todo ese periodo convulso de pertenencia al reino de Alandalús (en que nos iríamos remontando hasta 714, datación de nuestro personaje más antiguo desenterrado) y ya, hoy por hoy, lo que se nos pierde en la noche de los tiempos es todo lo anterior a esta fecha. Pero, bueno, algo es algo: hemos corrido las tinieblas de la historia de Tauste nada menos que cuatrocientos años hacia atrás.
Mucha más luz se merece todo esto y sigue siendo un enigma el hecho de Tauste no aparezca en los tratados de los geógrafos andalusíes, siendo que ya existía como población estable.
Marisancho Menjón, en su libro sobre el Castillo de Sora, nos aporta un argumento que puede ser la clave para poder explicar este “vacío exasperante”. Comentábamos en otro artículo que, cuando llegaron los musulmanes al valle del Ebro, estas tierras pertenecían al conde Casius, y éste pactó con ellos para seguir conservando sus dominios, a cambio de convertirse al Islam y hacerse vasallo suyo. Hace referencia a un singular documento, la llamada “Noble carta de al-Gassani”, donde dice que Musa ibn Nusayr (compañero del caudillo árabe Tariq) dejó a los cristianos que vivían en lugares inaccesibles del Norte sus bienes y el uso de su religión a cambio del pago de tributos, y el resto del territorio de la Penísula lo repartió entre sus militares (comarcas conquistadas por la fuerza), a excepción de tres distritos: Santarén y Coimbra en el Occidente, y Ejea en el Oriente de España.
Puede esto significar –y así lo explica Marisancho- que, desde el principio de la dominación musulmana, este territorio quedara como un “protectorado”, con un estatus extraordinario de independencia, y no como una tierra conquistada de pleno derecho, por lo que las fuentes árabes nunca lo citarían dentro de las demarcaciones administrativas de Alandalús. Así pues, pasarían de describir nuestro pueblo y de contar cosas como que, ya en el siglo XI, “desde la ribera del Ebro se divisa hacia el Norte un monumental alminar que más se parece a los persas que a los cordobeses”. Si así hubiera sido, ya nadie hoy cuestionaría el verdadero valor de nuestra torre ni se plantearía todavía la duda de si es mudéjar o zagrí.
Iremos contando más cosas sobre ello.



