miércoles, 11 de agosto de 2010

CARTEL INFORMATIVO





Seguro que muchos ya os habréis dado cuenta de que nos han puesto un cartel informativo a la entrada del pueblo, justo enfrente del polideportivo. No me he fijado en si es el único o si hay alguno más en alguna otra entrada.

En general, está muy bien. Particularmente, me parece muy bien compuesto, sobre todo el plano, con la ubicación de todos los puntos de interés.

Ya era hora de que se pusiera una información turística para el visitante que venga a Tauste. Por supuesto que cabrían críticas sobre si es mejorable o no, su ubicación, etc. Quizá pasa algo desapercibido para quien no sepa que el cartel está ahí, pero todo es discutible y no es cuestión de estar poniendo siempre una piedrica en cada agujerico, que no deja de ser de agradecer que haya personas que se preocupen por estas cosas.

Me llama la atención de manera especial la alusión a la Iglesia de Santa María, que, por cierto, la pone muy bien: “hito del mudéjar aragonés, declarada Patrimonio de la Humanidad”. Omite la torre; entiendo que se supone que bajo el apelativo de “Iglesia de Santa María” se engloba al conjunto de los dos edificios, es decir, torre e iglesia. Esta costumbre viene, lógicamente, del concepto de que torre e iglesia pertenecen a una unidad creativa, algo que venimos demostrando que no corresponde con la realidad constructiva, ya que la torre es bastante anterior al templo.

Sin embargo, casi tengo que alegrarme por dicha omisión. Soy consciente de que, hoy por hoy, todavía hubiera sido difícil (o cuando menos, problemático) conseguir que hubieran puesto a continuación de lo de la Iglesia de Santa María algo así como “… y torre-campanario, antes alminar-atalaya, construido en el siglo XI”. Por otro lado, me habría parecido peor que hubieran puesto lo que hubiera sido de esperar: “… y torre mudéjar, todo ello construido en el siglo XIII”.

Así, por lo menos, aunque no haya sido una omisión intencionada, sino basada en el principio de unidad antes explicado, algún día podremos explicarlo como un olvido y contar, donde proceda, que tenemos un alminar andalusí del siglo XI, de clara influencia oriental, que junto con otros por ahí existentes, constituye el precedente de algo tan rico como el arte mudéjar y que es, junto con el de San Pablo, el mejor exponente de toda la Península, dentro de su tipología.

Nos callaremos, porque somos así de modestos y para que no nos tachen de presuntuosos, que ello equivale a afirmar que es, dentro de esa tipología, la mejor torre del mundo, porque:

1º.- Nadie puede discutir que es más bonita y perfecta que la de San Pablo.

2º.- Otras torres octogonales con esa estructura y esquinas vivas (sin molduras ni contrafuertes) en el mundo sólo podemos encontrar en el Magreb (muy pocas, mucho más modernas y más humildes) y en Oriente Medio, pero no tan elaboradas.

Algún día entraremos en señalar y describir algunas de esas torres, para demostrar que lo dicho aquí no es ninguna tontería.

domingo, 20 de junio de 2010

EL CASTILLO DE SORA Y NUESTRO PATRIMONIO ZAGRI


Ayer, sábado 19 de junio, tuvo lugar en Castejón de Valdejasa una charla sobre el castillo de Sora a cargo de nuestra Marisancho Menjón. Sabía desde hacía algún tiempo que ella estaba trabajando en este asunto y sentía una gran curiosidad por lo fuera a decir. Tal y como esperaba, me fui encantado.

Lo cierto es que mi fascinación por ese enclave me viene, prácticamente, desde que tengo uso de razón. Ya de crío, cuando jugábamos por los barrancos, recuerdo que, a veces, me quedaba embelesado contemplando aquella lejana silueta que tan bien se divisa a simple vista desde el parque de Santa Bárbara o desde el camino del cementerio. Cuando ya era un poco más mayor, tuve ocasión de verlo más de cerca, aunque todavía a algunos kilómetros de distancia, cuando iba al monte con mi padre y con el ganado, y recuerdo que aún me producía mayor encanto.

Con la naturalidad y la gracia que la caracteriza, Marisancho nos descubrió ayer todo un mundo en torno a ese enclave, como lugar marcado por la huella del hombre prácticamente desde que la humanidad existe en estos territorios, punto importante en la vía romana de Zaragoza a Pamplona, después fortaleza islámica y ya posteriormente, en época cristiana, los distintos avatares, pleitos, luchas y demás circunstancias acaecidas a lo largo de los siglos por el dominio de ese imponente paraje.

Pero, tal y como corresponde al objetivo de este blog, tengo que decir que me alegré mucho de oírla decir que fue un importante lugar estratégico en época musulmana, citando a varios autores y afirmando que, en contra de lo supuesto de forma generalizada, estas tierras, en aquella época, tenían una densidad de población considerable. Me acordé de una datación dada por Bernabé Cabañero sobre la Casa de la Gabardilla (Monte Alto de Tauste) que afirmaba, con toda seguridad, que las primeras hiladas de piedra sillar correspondían a una edificación islámica del siglo X.

También me encantó la relación que Marisancho estableció, con toda lógica, entre ese castillo y otras fortalezas y atalayas de su entorno geográfico con las que mantiene contacto visual, entre ellas nuestra (yo voy a llamarla así ya decididamente) “mal llamada torre mudéjar”, sobre la que, una vez más, se comentó su más que posible origen musulmán, apoyando esta teoría con el quizá inminente “descubrimiento oficial” de ese cementerio (¿islámico?) que tenemos en nuestra villa y que desde hace ya tiempo viene siendo un secreto a voces.

Pues sí. Me parece muy importante que cada vez haya más voces (y, sobre todo, cualificadas) que lancen afirmaciones en este sentido. Me parece muy importante que se reconozca que esta zona del valle del Ebro estuvo ricamente poblada en la época andalusí y que gozó de un esplendor muy superior al del resto de Europa. Que los cristianos que luego vinieron a colonizar estas tierras no fueron tan burros como para cargarse lo bueno que aquí encontraron, que nos queda un importante legado arquitectónico de aquellas gentes, con el Palacio de la Aljafería a la cabeza y otras edificaciones, entre las que cabe destacar nuestra torre como una de las más importantes (sí, ésa que casi nunca sale en los libros).

Me parece muy importante para Aragón que se reconozca (pero primero, lógicamente, por los de aquí) que tenemos un legado arquitectónico del siglo XI, del que nació esa rica arquitectura mudéjar, tan exclusivamente nuestra, que se desarrollaría a partir del siglo XIII, es decir, un rico patrimonio andalusí situado tan al norte de Andalucía, porque ya está bien de confundir Alandalús con Andalucía. Que se reconozca que, si bien la invasión musulmana se extendió desde el sur de la península hacia el norte, buena parte de la cultura andalusí germinó y se perfeccionó en estas tierras, extendiéndose luego hacia el sur, al revés que lo que siempre se ha supuesto.

Pero sobre todo, es importante para Tauste que, por una vez, podamos estar entre los puestos más relevantes, porque nuestra torre es uno de los más ricos exponentes de ese legado.

Y eso es riqueza, y debemos defenderlo, por nosotros y por las generaciones sucesivas.

Pero, sobre todo, sin complejos, al margen de disquisiciones actuales sobre conflictos religiosos o sociales. Esto no tiene nada que ver con absurdas pretensiones por parte de no sé qué fanáticos islamistas de por ahí de recuperar Alandalús, ni con posturas de defensa ante semejantes amenazas. Tampoco con la incomodidad que se manifiesta desde una parte de la sociedad por la llegada reciente de gentes musulmanas que han emigrado hasta aquí en busca de mejor vida ni con los conflictos sociales que ello acarrea (que si el burka, que si el velo y otras cuestiones).

Repito, esto no tiene nada que ver con eso. En absoluto. Sólo se trata de reconocer que tenemos un rico patrimonio, algo exclusivo en todo el mundo, que fue creado por unas gentes que eran de aquí, que no vinieron de ningún sitio, que, por las circunstancias que les había tocado vivir, habían abrazado la religión islámica unos siglos antes y que, tras la llegada de los cristianos (ésos, en nuestro caso, sí que vinieron de fuera) les tocó pasar a un segundo plano de la vida social durante todavía unos cuantos siglos, hasta que, definitivamente, la intolerancia y el fanatismo religioso de los reyes castellanos (que no aragoneses) les expulsó de estas tierras, en contra, incluso, de la postura del resto de la población aragonesa, allá por los comienzos del siglo XVII.

Tengamos claro que nuestro patrimonio zagrí (estamos llamando así al legado andalusí en Aragón) es nuestro, porque somos sus legítimos herederos, con el cual nada tienen que ver las gentes de fuera por el simple hecho de que profesen la misma o parecida religión que practicaba la mayoría de los habitantes de estas tierras hace novecientos años.

sábado, 8 de mayo de 2010

¿A QUÉ DISTANCIA SE ENCUENTRA EL HORIZONTE?

Esta vez vamos a descansar un poco de arquitectura zagrí y vamos a dedicar nuestra atención a un asunto que, aparentemente, no tiene nada que ver con ello ni con el objetivo principal de este blog.

Digo “aparentemente”, porque, en realidad, esto que expongo a continuación tiene bastante que ver con el artículo en el que desarrollaba el asunto de la orientación de las mezquitas, en el que quedaba manifiesta la dificultad añadida que suponía la curvatura de la superficie terrestre.

Todos sabemos que la línea de horizonte es aquélla en la que parecen juntarse el cielo y la tierra, o el mar y la tierra, si lo que estamos viendo es el mar. ¿Quién, estando a la orilla del mar, no se ha preguntado alguna vez a qué distancia se encontrará aquél barco que acaba de aparecer por el horizonte, o, simplemente, hasta dónde alcanza su vista en esos momentos?.

Naturalmente, el alcance de nuestra visual hasta el horizonte va a depender de la altura a la que nos encontremos, así como de los accidentes geográficos que se nos ofrezcan ante nuestra vista. Otro problema añadido es la circunstancia de que la superficie terrestre no es una esfera perfecta, ya que se encuentra achatada en los polos.


Pero aquí, para dar idea de nuestras proporciones humanas con respecto al planeta en el que habitamos, vamos a simplificar el problema y lo vamos a idealizar de la siguiente manera: vamos a suponer que la tierra es una esfera perfecta, con un diámetro de 12.742 Km (radio= 6.371 Km), y que su superficie no presenta accidentes, que es el caso más asimilable a toda la superficie marina.

Imaginémonos sentados en la playa, frente al mar, con nuestra vista a un metro de altura respecto al agua. El horizonte que divisamos se encuentra a tan sólo 3,57 Km. Si nos ponemos de pie y nuestra vista alcanza los dos metros de altura (siempre respecto al mar), nuestra visión se amplía, pero no proporcionalmente a la mayor altura conseguida, pues sólo vemos hasta 5,05 Km (tan sólo 1,48 Km más). Si subimos a una primera planta (3 m de altura), divisamos hasta 6,18 Km. A 9 metros de altura, ya divisamos hasta 10.71 Km y, así, va aumentando sucesivamente, pero la proporcionalidad de este aumento siempre es muy inferior a la altura que vamos ganando. Desde un 30º piso (100 metros de altura), con unos buenos prismáticos, sólo alcanzaremos a ver nuestro horizonte a 35,70 Km de distancia. A 2.000 metros de altura (supongamos que desde el Moncayo se divisara el mar), el horizonte estaría a 159,65 Km. Desde un 8.000, divisaríamos 319,37 Km. Si volamos en un avión a una altura de 10.000 metros, el horizonte que vemos por la ventanilla se encuentra a 357,10 Km. Vemos, por tanto que, de ninguna manera es proporcional la altura a la que nos podemos encontrar con la distancia a la que vemos el horizonte.

Llevando el caso al extremo, desde un satélite que, en órbita media terrestre, se encontrara a 1000 Km de altitud, divisaríamos el horizonte terrestre a 3.707,02 Km, y, a 2.000 Km, 5.429,92 Km.

Acompaño una tabla detallada de ello, para aquéllos a quienes les mueva esta curiosidad.




domingo, 14 de marzo de 2010

VISITA IMAGINARIA A LA IGLESIA DE SANTA MARIA EN EL SIGLO XIII

En los post anteriores habíamos visto cómo el origen de la iglesia que hoy conocemos era una mezquita y que fue derribada para construir la iglesia mudéjar, manteniendo el alminar como torre-campanario.

Visto, pues, todo ese proceso constructivo, voy a invitaros a hacer un viaje en el tiempo para visitar la Iglesia de Santa María, tal y como fue (o pudo ser) en sus primeros tiempos.

Con un ejercicio de imaginación, nos trasladaremos a los últimos años del siglo XIII (cerca de 1300, por ejemplo). Situémonos en las primeras horas de una mañana de primavera y vamos a ir caminando hasta nuestra iglesia.

No lo hacemos bajando por la C/ Zaragoza y pasando por la esquina Berroy, para entrar por la puerta que conocemos y que tenemos como habitual, sino que nos aproximaremos a ella bajando desde Barrio Nuevo por la C/ López Arbizu, que, junto con C/ San Bartolomé y Pedro IV de Aragón, son, con otros nombres, por supuesto (pueden ser C/ del Horno, C/ del Perro y C/ de la Herrería, por ejemplo), las principales arterias del casco urbano de Tahust.

Nos encontramos la iglesia con la torre a su derecha, tal y como vemos en la fotografía, pero sin ese edificio de delante que la oculta parcialmente y que será construido a partir de 1700, como capilla de la Virgen María (que llamarán de Sancho Abarca).


El firme es de tierra y, donde en la fotografía siguiente aparece una tapa de hierro en el suelo, no hay nada o, a lo sumo, una loseta de piedra, bajo la cual todavía se encuentra el aljibe que suministraba el agua para la fuente de abluciones, cuando aquí, hace menos de dos siglos, la mezquita se hallaba en plena actividad. Posiblemente ahora (estamos en 1300), el aljibe se sigue aprovechando, pues recibe las aguas pluviales del entorno y supone cierta reserva para no depender exclusivamente de bajar cada día a por agua hasta la acequia del lugar, ésa que hicieron los musulmanes construyendo un azute en el Arba, antes de la llegada de los cristianos.

Tapa de hierro en el suelo de la Plaza del Dance



Algibe que hay debajo de esa tapa

La puerta de entrada al templo se encontrará, posiblemente, en el extremo derecho del edificio. Todavía en el siglo XXI, aunque esa puerta ya no exista, quedará visible en el muro el arco ojival, testigo de esa realidad, pero también puede ser que la puerta principal se encuentre un poco más a la izquierda, justo en el gran vano que se abrirá para comunicar la nave principal con la capilla de la Virgen. Vamos a entrar en la iglesia y así explico el porqué de esta hipótesis.


Arranque del arco que indica la antigua entrada


Entramos y vemos enfrente una puerta que sale al cementerio. Cuando hay un funeral, meten al muerto por donde acabamos de entrar, ofician la misa y lo sacan por la puerta que vemos enfrente. Eso, si es algún pobre. Si el personaje es rico, lo entierran dentro del propio templo. Así está más cerca de Dios. Aunque, ante los ojos de Dios, son todos iguales, parece ser que hay unos más iguales que otros.

Planta de la iglesia original


Si miramos hacia la derecha, nos quedaremos tremendamente sorprendidos por el coro en alto que podemos contemplar. Efectivamente, es difícil concebir en esta época una iglesia mudéjar de tales proporciones sin un coro a los pies de la nave. Quedarán indicios de ello en el siglo XXI: esos tres arcos ojivales de la pared del fondo, a juego con los dos laterales, definiendo un área que ocupa la mitad del último tramo de la iglesia.

Arcos ojivales en los pies de la iglesia


Recreación del posible coro en alto con el antepecho de yeserías, inspirado en la iglesia de Santa Tecla (Cervera de la Cañada)
A lo largo de la línea que uniría las jambas de las dos puertas (la principal y la del cementerio), habría un pórtico formado por columnas y arcos ojivales, del que es reflejo lo que todavía perdurará en el siglo XXI. Encima, como antepecho, un espectacular trabajo de yeserías, típico también de estos artesanos. Entre ese pórtico de tres vanos y el muro del fondo, se define una crujía cubierta por vigas de madera finamente labradas y policromadas, una verdadera obra de arte llamada “alfarje”, característica de los artesanos mudéjares que han construido este templo.

Modelo de alfarje, tomado de la iglesia de Santa María de Maluenda

La suposición de ese coro en alto a los pies de la nave justifica que la puerta pudiera estar donde ahora comunica la capilla de la Virgen con la nave principal. Indudablemente, el arco que se ve en la fotografía indica que allí hubo una puerta. La que aquí planteo pudo o no existir, pero tiene su justificación en la composición simétrica de la nave respecto de su eje central, enfrentando la puerta de entrada con la de salida al cementerio. Además, si también existió este coro (insisto en que no deja de ser una suposición basada en indicios claros pero no suficientes) la sensación de grandeza a la entrada se vería disminuida al tener el acceso por debajo de este coro, algo no comparable con la impresión que se recibe si se entra directamente al espacio de gran altura, que es la nave.

Siguiendo con la visita imaginaria, al volver la vista hacia la izquierda vemos algo muy distinto a lo que conocemos en el siglo XXI.

Vista actual de la iglesia

No está ese majestuoso retablo que colocarán en el siglo XVI. La nave parece más larga. Ello es debido a que, al no estar ese retablo, la vista nos alcanza hasta el fondo del ábside, que lo apreciamos de forma semicircular y sin las capillas laterales que abrirán siglos más tarde. En lugar del retablo plateresco, vemos otro mucho más pequeño y sencillo, posiblemente pictórico, o, simplemente, una imagen de la Virgen María o un Cristo. Lo cierto es que la iglesia parece más grande, no sólo por la mayor profundidad que podemos contemplar, sino por la tremenda luz que nos viene desde esa parte. Recordemos que hemos madrugado y hace poco que ha amanecido. Luce un sol magnífico, el ábside está orientado hacia el Sureste y en él existen tres grandes ventanales: uno a cada lado del ábside y otro en el frontal, encima del pequeño retablo. A través de estos ventanales entra la luz a raudales.




Ventanales cegados en el ábside


También entra por los cuatro laterales (dos a cada lado, uno encima de cada una de las pequeñas capillas), pero con mucha menor intensidad, ya que son mucho más pequeños y, además, dada su orientación, no reciben la radiación solar directa.

Esos tres grandes ventanales del ábside serán cegados en el siglo XVI, cuando coloquen el nuevo retablo mayor. El frontal, evidentemente, quedará oculto tras dicho retablo y, como ya no tendrá razón de ser, se tapiará con ladrillo. Los dos laterales correrán la misma suerte, para que no compitan en protagonismo con el gran retablo, pues esa gran fuente de luz natural puede ser causa de despiste para la feligresía. Tapiándolos, sólo queda el retablo como único destino de las miradas del público, aunque sea en detrimento de la luz de todo ese espacio.

Ahora miraremos hacia el techo y veremos las bóvedas nervadas que definen los tres tramos y el presbiterio.

Planta de las bóvedas

Nos volvemos a sorprender, porque las imaginábamos blancas o de cualquier otro color discreto. Pues no, están decoradas en unos colores fuertes y atrevidos (con predominio de rojos, ocres y negros), muy del gusto de la época, donde, a pesar de que los mudéjares son los sometidos tras la conquista, su arte, en estas tierras, sigue siendo admirado.






Decoración mudéjar de la iglesia de las Santas Justa y Rufina, de Maluenda


Sin embargo, la ornamentación arquitectónica no se limita al colorido. Las paredes se encuentran decoradas con ricos agramilados: una técnica que dominan los mudéjares y que consiste en la realización de dibujos geométricos mediante hendiduras en la superficie del yeso con una técnica de incisión a punta seca. Estos dibujos serán también motivo de resalte en la policromía del conjunto.


Agramilado tras el altar mayor
Restos de ello seguirán quedando en el siglo XXI, en las paredes del ábside, ocultos tras el retablo mayor. Tras siglos de olvido y abandono de la historia de este pueblo, surgirá una asociación que será conocida como “El Patiaz” que adoptará este dibujo como anagrama propio y que tendrá como finalidad principal la investigación, divulgación y promoción del patrimonio histórico de la villa de Tauste.

viernes, 26 de febrero de 2010

TRANSFORMACION DE LA MEZQUITA EN IGLESIA

En el artículo anterior planteábamos una visión de cómo pudo ser la mezquita de Tahust, con su alminar y su sahn. Decíamos que, cuando los cristianos procedentes del Pirineo y del Sur de Francia colonizaran estas tierras, consagrarían la mezquita para iglesia y, de esta forma, la estuvieron utilizando para este fin, hasta que tuvieron posibilidades económicas y decidieron construir un nuevo templo más acorde con las exigencias litúrgicas y las modas de la época.

No está claro el momento en que este hecho se produce. El profesor Borrás, en su libro “Arte mudéjar aragonés” establece, para el inicio de las obras, la fecha de 1284 o posterior, basándose en la analogía entre la iglesia de Santa María de Tauste y San Pablo de Zaragoza, por un documento de Jordán de Asso que hace alusión al inicio de esta última. Sin embargo, parece no tener en cuenta que el ábside de San Pablo es poligonal tanto al exterior como al interior, mientras que el de Tauste es también poligonal al exterior, pero semicircular al interior (aunque casi no lo podamos apreciar, ya que se encuentra en buena parte oculto tras el retablo mayor). Esta diferencia, que al parecer algunos historiadores la han pasado por alto como si tal cosa, es muy significativa, pues los ábsides semicirculares suelen ser románicos. Es decir, que resulta muy lógico pensar que, mientras San Pablo se construye en época plenamente gótica, parece ser que Santa María pudo empezarse unas cuantas décadas antes, bajo la influencia de los últimos coletazos del arte románico. Esto, además de explicar de forma razonable el porqué del ábside semicircular, casaría perfectamente con otra noticia que parece haber llevado de cabeza a más de alguno.

Antes de la quema de documentos del archivo municipal de 1934, el profesor y arquitecto D. Francisco Íñiguez estuvo en Tauste y tuvo en sus manos un pergamino de dimensiones 35x23 cm, por el cual, el Monasterio de San Juan de la Peña, y en su nombre, el abad Iñigo, cedía a la villa de Tauste las primicias y diezmos que de ella cobraba, por concesión de D. Alfonso el Batallador, para que atienda “a la terminación de las obras de la torre e iglesia, campanas y vestiduras, y en consideración al mucho aprecio que a la villa dispensó D. Alonso, de grata memoria”. Dicho documento estaba fechado en 1243 y lo mencionaba Íñiguez en un brillante trabajo sobre torres mudéjares aragonesas, fechado en 1937.

Digo que esta noticia parece haber llevado de cabeza a más de alguno porque no es compatible con la fecha dada por Borrás, el cual se basa en analogías formales y artísticas, parece ser, en este caso, entre ambas iglesias mencionadas. Sin embargo, no resulta fácil aceptar que una figura de la trascendencia del profesor Borrás omita una explicación razonable para una diferencia tan manifiesta como la que hay entre estos dos ábsides, pareciendo más bien empeñado en sostener a toda costa que en Aragón no existe nada mudéjar anterior a las postimetrías del siglo XIII, así como que tampoco tenemos ninguna edificación de época islámica que no sean el Palacio de la Aljafería y cuatro castillos en ruinas dispersados por ahí.

Dado el alto reconocimiento del profesor Borrás, resulta comprensible que nadie haya cuestionado sus interpretaciones. Se ha llegado incluso a dudar de la capacidad del profesor Íñiguez para interpretar este tipo de documentos, duda no exenta de razón, pues posiblemente no era su especialidad. Dicen los expertos que en aquella época no era habitual precisar hasta el punto de decir que atendieran “a la terminación de las obras de…” sino que era más probable que la expresión fuera “atender a las obras de…”. Lo lamentable es que dicho documento fue destruido y no puede comprobarse, por lo que al pobre Íñiguez (que al parecer, era hombre docto y prudente donde los hubiera) hasta se le acusa de haber forzado la interpretación de los documentos para adecuarla a su antojo. El caso es que, con lo de Tauste, dadas las circunstancias, ya duda uno de si no será la otra parte la que verdaderamente fuerza la interpretación para adecuarla a su antojo, cargando el mochuelo al que ya no puede defenderse (¿seré malpensado yo?).

Otra cosa bien distinta es que el tal documento se refiriera a la Iglesia de San Miguel (San Antón), posibilidad interesantísima que lanzó la doctora en Historia Ana Isabel Lapeña en su charla del 12 de febrero, dentro de las XI Jornadas sobre la Historia de Tauste.

Sea como fuere, la explicación que voy a dar aquí acerca de cómo Tauste pasa de tener la antigua mezquita a construir una nueva iglesia, la baso en coherencia con las fechas de Íñiguez y no con las de Borrás. No obstante, el proceso constructivo, no dejaría de ser el mismo. Lo que viene a continuación está basado en los datos que aporta Agustín Sanmiguel en su libro “Torres de ascendencia islámica en las comarcas de Calatayud y Daroca”, perfectamente extrapolable a nuestra villa.

Las obras comenzarían por adosar el ábside poligonal de cinco lados que hoy conocemos al muro de la qibla, ya con la altura definitiva que tenían pensada para el nuevo templo, es decir, más alto que la mezquita. Esto sería en las primeras décadas del siglo XIII. Está claro que pensaron ya en no superar la altura de los primeros paños decorativos que tiene la torre, con el fin de no ocultarlos. Esto también ha inducido a algún error de interpretación, pues se ha pensado por ello que la torre y la iglesia se concibieron a la vez. Sin embargo, si esto hubiera sido así, no se hubieran molestado en rejuntar tan finamente todo el paramento de la torre que luego habría de quedar oculto por la pared de los pies de la iglesia.





Construido el ábside, rompen el muro de la quibla e incorporan ese nuevo espacio a la cabecera de la “iglesia” (que todavía era la antigua mezquita). El sahn ya desaparecería, pues ya no tenía ninguna utilidad funcional, quedando solamente del mismo, como vestigio oculto, el algibe enterrado que proporcionaba el agua para la fuente de abluciones.

Las obras continúan con la construcción de los dos tramos siguientes, cubiertos cada uno de ellos por bóvedas de crucería, sujetando los empujes de las mismas mediante contrafuertes que, en la mitad aproximada inferior, quedan al interior de la iglesia, formando capillas laterales poco profundas entre los mismos, y en el resto de la altura, quedan vistos al exterior, ya que, a partir de ese nivel, esas capillicas se cubren con unos tejadillos y los muros se desplazan hacia adentro, continuando la verticalidad de las caras interiores de los contrafuertes.

Aquí quiero destacar el ingenio de aquellos alarifes y su alta cualificación. Se trataba de mudéjares, es decir, musulmanes que siguieron viviendo en sus tierras sometidos al dominio cristiano. Seguramente vendrían de algún pueblo vecino, pues no hay noticias de población mudéjar ni morisca en Tauste después de la conquista cristiana, en la que, como ya hemos dicho en alguna ocasión, los que no murieran serían expulsados o esclavizados. Los alarifes mudéjares eran muy valorados por los cristianos por su alta cualificación profesional, muy superior a la de los cristianos. En Tauste, sólo tenemos que comparar la calidad constructiva de la iglesia de Santa María con la de San Antón. Apunto lo del ingenio pues la forma de levantar estos muros desplazados a mitad de altura supone un desequilibrio “inteligente” (como si se quisieran caer hacia adentro) que luego va a servir para contrarrestar los empujes que transmitirán las bóvedas hacia afuera.

No se observa ninguna cesura constructiva hasta que llegamos al tercer y último tramo, donde el sistema cambia. Es aquí donde resulta lógico establecer el momento de una interrupción de las obras por motivos de disponibilidad económica, tan habituales, sobre todo, en aquella época. De esta manera, podemos suponer con bastante fundamento que años antes de 1243 el estado en que había quedado la iglesia es el del dibujo que se acompaña. Por un lado, el antiguo alminar (que iba a servir como campanario, rompiendo los ventanales), y por otro, la iglesia formada por el ábside y los dos primeros tramos. Está claro que tenían pensado terminarla con el tercer tramo que ya alcanzaría a la torre, así como dotar a la misma de campanas. Esto explica la frase del abad Íñigo mencionada al principio “…terminación de las obras de la torre e iglesia, campanas y vestiduras…”, abad que lo fue –dicho sea de paso- entre los años 1229 y 1248.


Quiere esto decir que el Monasterio de San Juan de La Peña, que era de donde dependía el Priorato de Tauste, a la vista de las grandes dificultades para terminar las obras (en la torre también faltarían ciertos acondicionamientos), “perdona” a la villa esos diezmos para que los destine a este fin. De esa forma es como Tauste puede terminar su iglesia mudéjar, construyendo el último tramo, que ya no tendrá capillas laterales como los dos anteriores, sino que los cerramientos son verticales hasta arriba, sin desplazamiento alguno, ensanchando de esta forma la nave en este tramo final.

El dibujo que acompaño a continuación representa la iglesia mudéjar terminada, con la torre que ya existía desde nada menos que dos siglos antes, vista desde Barrio Nuevo. Para llegar al estado en que la conocemos hoy tendríamos que avanzar hasta principios del siglo XVIII, que es cuando se construye la capilla de la Virgen de Sancho Abarca, llegando hasta “pisar” con la cabecera de la misma sobre la bóveda del algibe mencionado y cerrando la puerta que durante cuatro siglos había sido la habitual, señalada en el dibujo con una flecha, pasando así, a partir de entonces, a utilizar la de enfrente, que es la actual, y que entonces sería la que daba salida al cementerio (en la actual plaza de Santa María).




Ahora comprendemos por qué, siendo una iglesia medieval, no está orientada como tal, es decir, hacia el este, sino hacia el sureste (en dirección a La Meca). Su construcción vino condicionada ya desde el principio por la existencia de otro edificio anterior que había sido una mezquita. También la orientación de las caras de la torre delata tal circunstancia, así como la rotura de sus ventanales para alojar las campanas.
El día 19 de este mes, me pareció fascinante la intervención de Ana Isabel Lapeña en Aragón Radio, en la que habló de nuestra torre “hereje”, por contener en sus paños decorativos la Profesión de Fe del Islam (“no hay más Dios que Dios y Mahoma es su profeta”). También en la versión que acabo de contar sobre la construcción de la Iglesia de Santa María puede encontrarse un matiz perverso: ¿alguien se ha dado cuenta de que el lugar sagrado sigue siendo el mismo?. Es decir, en el mismo lugar donde antes, supuestamente, estuvo el mihrab musulmán, ahora está el altar cristiano. Me decía un amigo: “¿te das cuenta de que, cada vez que celebramos un funeral en Tauste, colocamos a nuestro difunto dentro del mihrab?”. ¿Y qué? –le contesté yo-. Ratifica la idea del ecumenismo entre todas las religiones.

domingo, 14 de febrero de 2010

¿CÓMO ERA LA MEZQUITA DE TAHUST?


Habituados, como estamos, a contemplar la torre de Santa María como algo inseparable de la Iglesia Parroquial, no podemos evitar la tentación de preguntarnos cómo pudo ser el otro conjunto anterior al que, con toda probabilidad, perteneció. La verdad es que no resulta fácil imaginársela junto a otro edificio distinto de la iglesia actual, formando otro conjunto arquitectónico también armonioso. Naturalmente, me estoy refiriendo a la mezquita.

Efectivamente, cuando los cristianos tomaron Tahust a principios del siglo XII (posiblemente en 1121, tres años después que Zaragoza y once después que Ejea), aquí encontrarían una hermosa mezquita con su alminar, todo ello construido en ladrillo. La mezquita se reaprovecharía como templo cristiano, bajo la advocación de la Virgen María, y el gran alminar como campanario. Transcurrido más de un siglo, en el que la mayor actividad constructora se llevó a cabo en la realización de la iglesia de San Miguel (San Antón), decidieron que la “iglesia” de Santa María se les quedaba oscura y baja de techos, por lo que decidieron derribarla y construir la iglesia que hoy conocemos, pero siempre manteniendo la imponente torre.

¿Cómo sería aquella mezquita?. La verdad es que, salvo algún hallazgo de capitel de alabastro ricamente labrado, no tenemos datos. Los restos arqueológicos que hubiera bajo el suelo de la iglesia nos hubieran podido servir para reconstruir virtualmente la mezquita de Tahust, pero fueron destruidos en la reforma de los años 60 del siglo pasado. Era yo muy pequeño y aún guardo en la retina la imagen impactante de los tractores labrando el suelo de la iglesia con sus aperos agrícolas.

Sólo nos queda hacernos una idea aproximada a partir del conocimiento que hoy tenemos de lo que es una mezquita.

Para empezar, estableceremos la diferencia espacial entre una iglesia y una mezquita. En las iglesias cristianas medievales, el ábside se orienta hacia el Este, es decir, hacia el sol naciente. Los fieles rezan mirando hacia un punto determinado, que es donde se encuentra el sacerdote, es decir, el altar donde se celebra el Santo Sacrificio. Ello origina la creación de unas naves alargadas, con unos techos altos que buscan la espiritualidad del espacio. Sin embargo, en la religión islámica, esto se concibe de otra manera. Los fieles no miran a un punto concreto, pues su relación con Dios no se produce a través de un oficiante, sino de forma directa. Dirigen su oración en dirección a La Meca (dirección Sureste). Por ello, el muro más importante del oratorio es el llamado muro de la qibla, que es el que determina esa dirección. En éste, se abre un nicho llamado “mihrab” que simboliza la Puerta del Paraíso. No hay imágenes a las que adorar. Pero, insisto, las miradas de los fieles no van dirigidas hacia ese nicho, sino que cada uno de ellos mira frontalmente hacia la qibla. Esto ocasiona la creación de templos con planta de salón, es decir, no longitudinales como las naves de las iglesias cristianas, sino más bien cuadrados o incluso predominando la dirección de la anchura respecto de la profundidad. Aquí lo que importa es la cabida de la mayor gente posible alineada en hileras paralelas a la qibla. La altura, al contrario que en los templos cristianos, no importa, pues la grandeza, la sensación de infinitud, se proyecta, no hacia arriba, sino hacia el horizonte, mucho más allá del muro de la qibla, donde se encuentra la Kaaba, la mezquita sagrada de La Meca.


Así pues, en Tahust podemos imaginar una construcción de menor altura que la actual iglesia, pero de mayor anchura. Debió tener unas dimensiones considerables, dado el gran tamaño del alminar, para dar cabida a toda la población en la oración de mediodía de los viernes que acudía a la llamada del muecín. Normalmente, en todas las mezquitas de cierta importancia existe, previamente a la entrada de la sala de oración, un patio descubierto o “sahn”, donde suele estar la fuente de abluciones, en la que los fieles realizan un ritual de lavado como acto de purificación antes de entrar a rezar. En Tauste, bajo la plaza del Dance y junto a la capilla de la Virgen de Sancho Abarca, se conserva un algibe subterráneo excavado en la roca, con el techo abovedado en forma ojival, que bien pudo ser el que servía para el abastecimiento de dicha fuente.

Respecto al alminar, era habitual que éste fuera exento, separado de la sala de oración, y, en todo caso, recogido por el cerramiento del sahn.

Partiendo, pues, de estas premisas, realicé estos dibujos esquemáticos que aquí expongo, con la advertencia de que sólo es la recreación de una de muchas posibilidades:

- El tamaño está planteado a partir de la planta que ahora ocupan los dos primeros tramos de la iglesia.

- La geometría de la cubierta pudo ser así o bien un tejado a dos aguas, tres naves paralelas, etc.

- El cerramiento del shan pudo llevar ese trazado o cualquier otro y estar compuesto de un único muro o ser un cerramiento porticado, a modo de claustro. De cualquier forma, salvo el misterioso origen de ese algibe, no tenemos ninguna pista de ello.

- El mihrab podía se una hornacina, si el muro de la qibla era de gran espesor, o sobresalir hacia el exterior, como aquí se representa. Solía estar profusamente decorado. La imagen que aquí se acompaña corresponde al de la mezquita de Córdoba. El del oratorio de la Aljafería (mucho más cercano a nosotros) es muy parecido.




He preferido dejar el dibujos así de esquemático para que cada uno imagine libremente. La decoración del alminar, ya la conocemos todos. En cuanto a la mezquita, imaginemos una cubierta de teja árabe y unos muros de ladrillo con arcos apuntados y alguna decoración como las de la torre. Las flechas indican la posible situación de las puertas de entrada.

En la actualidad, la vista más habitual y la gran mayoría de las fotografías que se divulgan de la iglesia con la torre se hacen desde la plaza de Santa María, pero pensemos que antes no sería así, pues la vista cotidiana sería desde la parte de la medina (actual Barrio Nuevo). Por ese motivo, he realizado la perspectiva desde ese ángulo.

sábado, 16 de enero de 2010

EL CEMENTERIO ZAGRÍ II

Agradezco mucho las palabras de ánimo de mi querido seguidor anónimo (espero poder saber algún día de quién se trata), así como de mi amiga Ana, en sus comentarios sobre el cementerio zagrí de Tahust. Pero seamos realistas.

La existencia de dicho cementerio es un secreto a voces. Lo sabe muchísima gente y no voy a dar nombres ni datos para no poner en compromiso a nadie; aunque, con tanta gente como ya lo sabe (al parecer, desde hace más tiempo de lo que yo pensaba), igual sería.

Lo que ocurre en este país es que si en un solar de tu propiedad aparecen restos arqueológicos cuando estás iniciando alguna construcción, lo que tienes que hacer es callártelo y darte prisa, porque si se enteran los de Patrimonio, la has cagado. Tendrás que paralizar las obras, pagar de tu bolsillo un estudio arqueológico y luego atenerte a las consecuencias, porque si los señores sabios estiman que aquello es "la leche", posiblemente te quedarás sin poder hacer la obra que pensabas, sin el dinero que te habrás gastado y hasta sin tu finca…, y perdona por Dios. Vamos, que te entrará una risa que tú no veas. Lo habrás perdido todo, pero te lo habrás pasado muy bien.

Lo lógico sería que, si el hallazgo es de interés público, fuera “lo público” quien lo costeara, y no tú. De forma que, paradójicamente, si en tu finca existe algo de valor histórico, para ti, en lugar de encontrar un “valor”, habrás encontrado una ruina, como no andes listo.

Así son las leyes que tenemos, desgraciadamente. Además, según esas leyes, si omites tu obligación de notificarlo a las autoridades oportunas, estás incurriendo en un delito, pero es esa misma ley la que, dado lo que hay, te obliga a delinquir en ese caso concreto. Hasta dónde puede llegar la vileza de la propia Administración que, hasta podríamos conocer casos en los que, sabiendo dónde puede haber restos interesantes, en lugar de tomar la iniciativa de oficio y mover ficha directamente, como tendría que ser, los muy “………” (póngase el calificativo a gusto del lector), se quedan al acecho, a ver si la mueve el propietario (que no siempre es un acaudalado, que también puede ser una persona humilde), para decirle: “¡Aaahhh, te hemos pilladooo…!". Y en ese caso, a lo mejor, no sólo no te sales pagando todo lo pagable y lo impagable, sino que además, te puede caer una multa de cojones, con perdón.

Y todo esto, ¿para qué?.

Pues mira. Si el hallazgo es algo romano, por ejemplo, aquello será "la hostia en verso". Vamos, algo muy valioso. Date por jodido, porque, cuanto más valioso consideren el hallazgo, por más jodido te puedes dar. Si es algo moro, ya no tanto, porque lo moro está muy desprestigiado y parece que aquí hay que echarle tierra para que no se vea. Con un poco de suerte, si sólo encuentran huesos (como con toda seguridad será caso), los estudiarán, los fotografiarán, se los llevarán y “ya puede usted continuar con sus obras”, pero te habrá costado una pasta gansa.

Sigamos con el “ytodoestoparaqué”. Pues para nada. Así de claro, PA-RA-NA-DA. Pondré un ejemplo demostrativo:

Según la historia oficial, Zaragoza en el siglo XI era la capital de la Marca Superior de al-Andalus, con una población comprendida entre 18.000 y 20.000 habitantes (25.000, según los más optimistas). De aquella ciudad, no queda otro resto visible que el Palacio de la Aljafería. En los años 80, el arquitecto Javier Peña, tras un trabajo de investigación realizado por él mismo y otras personas, llegó a la conclusión de que el casco urbano de aquella ciudad se extendía mucho más allá de lo contemplado hasta entonces, concluyendo que Saraqusta pudo tener los 50.000 habitantes (o más) de que hablaba cierto historiador musulmán (al-Udri, geógrafo e historiador del siglo XI).

El dato, a pesar de que fue publicado en algún medio, fue despreciado e ignorado. Pocos años después, apareció un importante arrabal musulmán bajo el Paseo Independencia, que demostraba las previsiones de Javier Peña, y se volvió a enronar. Pero Zaragoza sigue, a efectos oficiales, con sus 20.000 habitantes en el siglo XI. Aquí nadie reconsidera nada si no es el Papa quien lo dice (digo el Papa como podría haber dicho el Rey o la Cátedra del Copón con Ruedas). Y si no es el Papa quien lo ha dicho, o el Rey, o el Catedrático del Copón con Ruedas, el que se haya atrevido a hacer tal afirmación es un pelanas y que le den.

Recomiendo, a todo esto, la lectura de un artículo de Javier Peña sobre la Seo de Zaragoza (no tiene desperdicio) y que termina al final de la siguiente manera:

Aragón posee un tesoro incalculable, que debería ser Patrimonio de la Humanidad y foco de interés mundial, en un conjunto de edificios islámicos de ladrillo, la mayoría de ellos construidos en el siglo XI, y encabezados por la Parroquieta y la torre de la Magdalena de Zaragoza. Estos edificios, cuyo precedente hay que buscarlo en la arquitectura del mundo persa, darían origen, lógicamente a la arquitectura mudéjar, y también a la islámica del resto de Al-Andalús y del Magreb de los siglos XII y XIII, siendo ejemplos destacados la Giralda de Sevilla y la Kutubiyya de Marraquex”.

Y en Tauste, ¿qué pasaría?.Analicémoslo.

Aquí dijo la Autoridad Competente que nuestra torre e iglesia de Santa María constituyen una unidad de proyecto y que ambas están hechas a partir de 1284, siendo anterior a ellas la construcción de la iglesia de San Antón.

Ahora, alguien que no es de la Autoridad Competente pone de manifiesto nada menos que ocho razones para no admitir esa afirmación, algunas con pruebas físicas evidentes, llegando a la conclusión de que la fecha más probable para la construcción de la torre es el siglo XI, como alminar de la mezquita tahustí. No voy a entrar de nuevo en todo ese razonamiento, pero quiero llamar la atención sobre algo: todas esas razones son interpretables de diferentes formas (de acuerdo), y después de haber explicado la primera de ellas concluyes que no es suficiente razón para tirar por tierra la historia oficial. Después de haber expuesto la segunda, puedes concluir con lo mismo. Y así, después de haber expuesto la tercera y la cuarta. Pero cuando ya has explicado la quinta y ves que aquí no se reconsidera nada, ya te empiezas a mosquear, y cuando ya has contado las tres restantes y ves que ná de ná, que el Papa sigue siendo el Papa, el Rey es el Rey, y el Copón con Ruedas el Copón con Ruedas, ya te vas dando cuenta de lo que hay.

Tenemos un grave inconveniente: que no tenemos documentos que acrediten que Tauste pudo ser algo importante en aquella época. Es cierto. Resulta rarísimo que aquí, en medio de un valle importante donde hubo un trasiego de gentes y de actividad notables, no quede constancia de que hubiera una población considerable con un alminar de esa categoría, lo cual lleva a los más prudentes a quedarse, si no con la versión oficial (creo que se desmorona por sí sola), al menos con la duda. Pero no olvidemos que eso mismo ocurre con otros pueblos que pasan totalmente desapercibidos en la historia (como Zuera o Binéfar, por ejemplo) y nadie niega su antigüedad. No vayamos a pensar que la gente siempre ha descrito la arquitectura de las ciudades. Escribían sobre lo que les interesaba, pasando por alto cosas que a nosotros nos hubieran parecido llamativas. Ahí está el ejemplo del viajero Marco Polo, que hace unas descripciones detalladas de botánica, pero casi nada de arquitectura.

En fin. Volviendo a nuestra tierra, si mañana se descubre que dentro de esa torre barroca de la Seo (pulsad y leedlo, que es muy bueno) está nada menos que el alminar de la mezquita aljama de Saraqusta (octogonal, como nuestra torre), no vayáis a pensar que se va a reconocer que en Zaragoza hay algo más del siglo XI que no sea la Aljafería (y ésta, porque no les queda otro remedio). Y por muchos argumentos constructivos y palpables que demuestren que la Parroquieta de San Miguel (en la esquina de la Seo) es una construcción de aquélla época, así como la torre de San Pablo o la Magdalena, y tantas otras, aquí nada cambiará.

Parece lógico pensar que si se estudiara este cementerio “oculto” y se llegara a la conclusión de que es islámico, con unas dimensiones tan grandes como para justificar un núcleo de población importante (puede ser, al menos, una hectárea y media), debería cambiar la apreciación de Tauste en el siglo XI y reconocer que verdaderamente existió y tuvo grandeza, que no es una fantasía y que, si no hay escritos sobre ello, es porque han desaparecido, como tantos otros.

Pues no, desengañémonos. Aquí nunca prosperará nada de esto. Unos dicen que todo se debe a que esto se llama “Tauste” en vez de “Ejea” o cualquier otro nombre. Otros que no, que se debe a que se llama “Aragón” en lugar de “Cataluña” o de cualquier otra forma.

Yo no lo sé, pero voy a poner un ejemplo comparativo, para los que dicen que “pa qué, que vaya tontadas y que de esto no se come”:

Dos pueblos de nuestra comarca: los llamaré “A” y “B”, para no herir sensibilidades (cada uno ya puede imaginar). Los dos tenían hace unas décadas un patrimonio histórico nada envidiable, el uno respecto del otro. Si acaso, “A” más que “B”. “A” poseía un castillo medieval que fue derribado para construir con sus piedras una cooperativa agrícola (forma inteligente de dar de sí a unas piedras que allí no servían para nada). Mientras, “B” llevó a cabo un esfuerzo continuado de recuperación de su patrimonio; hoy "B" es un pueblo cuidado, al que da gusto visitar y en el cual, el turismo constituye una de las principales fuentes de ingreso.

En “A”, muchas de las gentes que vivían de aquella agricultura, tuvieron que emigrar finalmente a las grandes ciudades Es un pueblo descuidado en lo referente a su patrimonio, aunque hay en él personas muy loables (justo es reconocerlo) que tratan de defenderlo como pueden, pero les falta medios para remediar la desidia de tantos años.

¿Aprenderemos algún día?