sábado, 29 de enero de 2011

NACIMIENTO DEL ARTE MUDÉJAR


Comentaba hace poco, en este mismo medio, la buena atención que nos habían dedicado en el SIPA mediante la publicación en su revista “ARAGÓN Turístico y Monumental” de un artículo sobre la torre de Tauste, todo un honor dado el gran prestigio del que gozan tanto esta asociación como la revista que editan semestralmente.

En este caso, quiero comentar un nuevo artículo aparecido en el último número de dicha revista (que hace ya el nº 369), cuyo título es “San Pedro de Alagón” y del que es autor el arquitecto Javier Peña Gonzalvo. Y quiero comentarlo porque, aunque, aparentemente, según el título parezca que no tenga mucho que ver con nuestro pueblo, en realidad sí que lo tiene, y mucho. De hecho, hasta aparece una fotografía del conjunto de la torre e iglesia de Santa María ocupando buena parte de la página 34.

Para mi opinión, desarrolla una de las teorías más fascinantes de las que me he encontrado en relación con estos temas, y voy a explicar por qué.

Para las personas que tenemos cierto apego a nuestro pasado y a nuestro patrimonio (no hace falta tener amplios conocimientos en la materia, sólo cierta sensibilidad), la arquitectura mudéjar representa una faceta muy importante en todo ello, tanto desde el punto de vista patrimonial como, incluso, en su influencia en nuestras vidas. Incluso ahora, en ciertas ocasiones, seguimos aplicando en fachadas modelos de decoración que tienen su origen en aquel arte (arquerías de ladrillo, dibujos en ladrillo resaltado, azulejos, etc.), sencillamente porque nos siguen gustando. Sin embargo, nadie nos había explicado razonablemente de dónde viene todo eso. El único argumento que nos habían dado era que el arte mudéjar se limitaba a copiar unas técnicas constructivas utilizadas por los almohades que gobernaban en la actual Andalucía, algo totalmente insostenible tratándose de un reino como el de Aragón, que para entonces ya tenía en su haber más de dos siglos de cristianismo.

Pues bien. Aquí Javier Peña, bajo su perspectiva de arquitecto restaurador desde hace ya muchos años de la iglesia de Alagón, nos cuenta como nació allí el arte mudéjar, su intensa relación con Santa María de Tauste y San Pablo de Zaragoza y cómo estos tres templos pudieron constituir el punto de arranque de todo ese gran patrimonio mudéjar que hoy tenemos por todo Aragón y que goza del reconocimiento de la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

No os perdáis deteneros un momento en la observación del plano explicativo de la evolución de ese templo porque resulta muy interesante. En él aparecen, como primeras construcciones, la mezquita y el alminar (la torre que hoy aún existe) y se observa que, cuando los cristianos deciden que aquella construcción ya no es adecuada para su liturgia y pretenden un templo de tipología más “cristiana”, comienzan por adosarle un ábside. Para ello contratan a unos alarifes mudéjares y éstos, que dominaban las técnicas de la construcción zagrí, se enfrentan al problema de que es la primera vez que tienen que hacer unos ventanales, pues, en las mezquitas, bastaba con unas simples aberturas. Entonces copian el modelo que tienen más cercano, culturalmente hablando, que es el normando. Efectivamente, Javier Peña, en una de las primeras fases de restauración de esa iglesia, descubrió la existencia de dos grandes ventanales en el ábside, tripartitos, con arcos entrelazados, del estilo normando que entonces se desarrollaba en Nápoles y Sicilia, el cual, por otra parte, también tiene origen islámico. Algo muy sugestivo que, en Aragón, por lo visto, sólo se repite en otro ventanal del castillo de Alcañiz y para de contar, porque más adelante se darían cuenta de que ese tipo de grandes ventanales es muy bonito pero no apropiado para este clima. Basado en este hecho y en la circunstancia de que ese ábside, que es poligonal al exterior, resulta ser semicircular al interior (como el de Tauste y el de San Pablo), deduce su carácter románico y que, por tanto, su datación más lógica es anterior a la atribuida oficialmente, situando la de Alagón hacia 1200 y los otros dos ligeramente posteriores, pues ya presentan la tipología de ventanal más pequeño que luego se repetiría en el resto de las iglesias mudéjares de Aragón.

Por otra parte, nos revoluciona un poco la creencia de que los cristianos quisieron aprovechar generalmente los alminares para utilizarlos como campanarios, deseando sustituir sólo las mezquitas por las iglesias que hoy tenemos. Explica cómo la existencia de esa torre estorba sobremanera para continuar la construcción del templo y que, por tanto, seguramente cuando comenzaron a construir la iglesia mudéjar, sus intenciones para el alminar eran las mismas que para la mezquita: el derribo.

Por circunstancias diversas, esas obras son adelantadas por las que en la misma época se están realizando en Tauste y en San Pablo, pero en éstas ya han decidido que el alminar no se derriba de ninguna manera y que se adapta para el uso de campanario, hecho que probablemente pudo influir para que hicieran lo mismo en Alagón, salvando así a su alminar de la piqueta (hablamos del siglo XIII, no os perdáis) y quedando allí “mal situado” respecto de la iglesia a la que acompaña.

También quiero subrayar la defensa que hace acerca de la arquitectura de ladrillo, poniendo de manifiesto el error conceptual que se tiene de que ésta es pobre y que la rica es la de piedra. Apunta un ejemplo no falto de genialidad, diciendo que, según ese criterio, ciudades europeas tan importantes como Amsterdam, Tolosa o Ferrara serían pobres porque en ellas predomina el ladrillo, o, en el caso concreto de Aragón, Zaragoza también sería pobre, frente a Jaca o Alcañiz que serían ricas. Mira tú que contradicción. Simplemente se trata de que en cada lugar se construye con el material que se tiene más a mano.

Bueno, no quiero contar más, que, para abrir boca, ya vale. No os lo perdáis en http://www.siparagon.es/docs/Revistas/Revista26.pdf , a partir de la página 30.

miércoles, 26 de enero de 2011

ROBERTO GRACIA


Roberto podría haber colgado la noticia en su blog http://tausterock.blogspot.com/, que para eso es suyo y puede escribir en él lo que quiera. Legítimo es publicitar en sus propios medios algo que, conociéndole, seguro que lo ha elaborado con gran exquisitez, pero no lo ha hecho y, aunque este asunto nada tiene que ver con el arte zagrí (supongo, que la vida está llena de sorpresas), me apetece ponerlo yo en el mío.

Se trata de Roberto Gracia Segovia, que este viernes, 28 de enero de 2011, a las 8 de la tarde, presenta en la Biblioteca Municipal de Tauste su libro "Trasiego que el trasunto trastorna". No tengo ni idea de lo que va porque no he hablado personalmente con él sobre el tema, pero me han dicho que se trata de un libro de poesía, encuadernado en cartón. Pone en el cartel anunciador que la editorial es Cartonerita Niña Bonita (¿?) y que en el acto “se explicarán cosas, se leerán cosas y se firmarán libros para quienes ello quieran”.

Conociendo al personaje, con esa vasta cultura que tiene en su haber (salió del Colegio Sancho Abarca, alumno de doña Matilde) y siempre tan ocurrente, me atrevo a aventurar la misma premonición que hizo Miguelgato cuando anunció en su blog http://cuandonoando.blogspot.com/ , allá por junio del año pasado, la charla de Marisancho Menjón en Castejón de Valdejasa sobre el castillo de Sora:

Al día siguiente, a todos los que hayamos ido se nos notará otra forma de andar por la calle, esa que da el saber lo que otros no saben y todos nos envidiaréis y pasaréis largo tiempo lamentando haber dejado pasar esta gran oportunidad. El que avisa no es traidor (ni tampoco llevador)”.

Al día siguiente, sabremos más o no sabremos más –dependerá de cada uno-, pero seguro que promete y no hay que perdérselo.

Felicidades de antemano, Roberto.

sábado, 22 de enero de 2011

TAUSTE EN LA REVISTA "ARAGÓN"


El Sindicato de Iniciativa y Propaganda de Aragón (SIPA) es una asociación centenaria y sin ánimo de lucro, cuya actividad se centra, principalmente, en la conservación, difusión y defensa del patrimonio histórico artístico de Aragón y en la promoción del turismo. Toda esta labor se viene reflejando desde hace más de ochenta años en su revista “ARAGÓN Turístico y Monumental”, que goza de un amplio reconocimiento y prestigio.

Habiendo llegado al conocimiento del SIPA las últimas teorías sobre el más que probable origen zagrí de nuestra torre, tuvieron a bien valorar el alto interés de la noticia y publicarla en un artículo que aparece en su número 368 (mayo de 2010).

Elaboré la redacción dicho artículo adaptado a las posibilidades de espacio dentro de la revista, con diversas ilustraciones y desarrollando los aspectos más importantes, como son las contradicciones detectadas entre la cronología oficial y las evidencias constructivas del conjunto, la singularidad del alminar zagrí como precedente del almohade y de las torres góticas catalanas, el esplendor que reinaba en estas tierras respecto al resto de la Península y de Europa allá por el siglo XI, el origen persa de muchos aspectos de la cultura zagrí y la necesidad del reconocimiento de esta riqueza tan singular que tenemos en Aragón.

Quiero agradecer desde aquí la oportunidad que el SIPA nos ha brindado para dar a conocer algo tan importante de nuestro pueblo en una revista tan magnífica como la suya.

Podéis verla en:

Nuestro artículo sale a partir de la página 13. Espero que os guste.

sábado, 8 de enero de 2011

LOS "CULTURATENIENTES"

Hace unas semanas, mi amiga Mari Carmen Ansó me trajo un recorte del Heraldo de Aragón, con un artículo muy interesante titulado “La dictadura de los letratenientes”, escrito por Sergio del Molino. No he podido encontrar el citado artículo en edición digital para poder enlazarlo y que pudieran leerlo íntegramente (merece la pena), pero no puedo resistir la tentación de transcribir algunas de sus partes (con (sin) el permiso del autor) y comentarlo.

El autor comienza por hacer una exposición de las connotaciones nefastas que tiene el sufijo “-teniente”. Así, habla de los grandes terratenientes de nuestro solar patrio como principales causantes de muchos males y de la desigualdad secular en la Península. En Canarias, la cosa iba todavía más lejos con los “aguatenientes”, ya que la inexistencia de ríos en las islas convertía a los dueños de los terrenos con manantiales y depósitos de aguas freáticas en tipos poderosísimos. También los jeques de países petroleros, que se comportan como los terratenientes antiguos y, como éstos, que no tenían empacho en dejar sin cultivar sus campos para matar de hambre a los braceros díscolos, aquéllos suben el precio del barril de Brent cuando quieren meter en cintura al resto de los gobiernos del mundo.

Una vez dejadas claras las “delicias” que envuelven al concepto “-teniente”, pasa a definir otro tipo de éstos. Se trata de los “tenientes culturales” y los define como aquéllos que, por diversas razonas que van desde el mérito académico a la genética, consideran que unos determinados conocimientos o expresiones culturales son de su propiedad, y no toleran que nadie haga o diga nada en “su” campo sin su aprobación previa. Los hay en el mundo del arte, de la ciencia… y hasta del flamenco y de la jota. Habla de ellos como personajes “refractarios a cualquier tipo de innovación, que se arrogan el papel de guardianes del orden y convierten en una ofensa personal cualquier incursión de la modernidad o de cualquier discurso que no sea el oficial”. Cuando lo razonable sería que pusieran reparos y criticaran las propuestas en sí mismas (sería lo lógico, pues lo nuevo no tiene por qué ser bueno a priori), ni siquiera se molestan en hacerlo: lo rechazan por el mero hecho de ser nuevas. Funcionan como una casta sacerdotal que interpreta la ortodoxia y condena la heterodoxia, actuando como perros guardianes de de una tradición que sería mucho más respetada y admirada si sus defensores no estuvieran armados.

Para que la sociedad avance a través de la sucesión generacional, es necesario que el discípulo llegue a superar al maestro, debiendo asumir éste en un momento dado su papel de retaguardia, para que la vanguardia aflore. Mientras no sea así, la vanguardia se queda en simple resistencia, perdiendo un tiempo precioso en refutar la doctrina oficial y defenderse de sus ataques.

Se preguntará el lector qué tiene que ver todo esto con el tema zagrí, que es el motivo principal de este blog, pero viviendo -como estamos- las corrientes innovadoras de la interpretación de una parte importante de nuestro patrimonio arquitectónico, no puedo evitar ciertos pensamientos y temores que acuden a mi mente al hilo de lo aquí expuesto.

Mis amigos Javier Peña y José Miguel Pinilla saben de lo que hablo porque ya lo han sufrido en sus propias carnes, como también lo sabían el ya desaparecido Agustín Sanmiguel y otros tantos.

Gracias, Mari Carmen.

viernes, 31 de diciembre de 2010

LA CONQUISTA DE TAUSTE POR LOS CRISTIANOS


En la memoria de todos los taustanos queda el 2005 como año de la celebración del IX Centenario de la incorporación de Tauste al Reino de Aragón. Sin embargo, posiblemente pocos se acordarán de una interesante charla que tuvo lugar a finales de 2003, en el marco de las V Jornadas sobre la Historia de Tauste organizadas por la Asociación Cultural El Patiaz. La charla que les digo llevaba por título “La conquista feudal a escala local: el ejemplo de Tauste en el valle medio del Ebro (S. XII)” y fue impartida por D. Carlos Laliena Corbera, catedrático de Historia de la Universidad de Zaragoza, Departamento de Historia Medieval, hombre de gran solvencia y reconocido prestigio.

Dijo cosas tan interesantes y novedosas como que, ya en el siglo XI, se detectaba una gran actividad social en el valle medio del Ebro, donde se encuentra situado nuestro pueblo, así como las ansias del incipiente Reino de Aragón por hacerse con estas tierras fértiles, acostumbrados, como estaban, al paisaje duro y agreste de sus montañas pirenaicas. Tauste ya aparecía en las fuentes documentales con ocasión del pago de parias que aquellos cristianos exigían por la fuerza a las poblaciones musulmanas. La primera noticia conocida procede de un intercambio entre los hijos del rey Sancho Ramírez, Pedro y Fernando, en 1086, por el cual éste recibía, entre otros bienes y lugares, “Tauste, con sus términos y derechos, los que hoy tenemos y los que podremos adquirir en el futuro”. Este intercambio se llevaba a cabo por mandato del rey y, naturalmente, se refería a las parias que venían cobrando, a la vez que manifestaba que el dominio de la localidad ya se encontraba en el punto de mira de sus intereses militares. En 1094, con el infante Fernando ya desaparecido, el rey hizo donación del diezmo de la paria que le satisfacía esta población zagrí a la iglesia de San Martín de Biel. Aun tratándose sólo de la décima parte del impuesto, debía suponer ya una cantidad de cierta importancia, por lo que la paria completa ya sería un importe respetable. Siempre se había dado de lado a esta observación, pues nunca se pensó que Tauste hubiera sido en aquella época un núcleo de población importante, hasta hace pocas semanas en que encontramos el gran cementerio islámico.

Se había admitido que Tauste había conquistado por Alfonso I el Batallador en 1105, como consecuencia de la conquista de Ejea, en su avance hacia Zaragoza, haciendo donación de todo ello al Monasterio de San Juan de la Peña. Sin embargo, Carlos Laliena detectó un error importante en la interpretación de los datos, pues en el documento de donación se hablaba del abad García, pero éste había comenzado a dirigir este monasterio a principios de 1121 y el de 1105 se había llamado Sancho. Incluso con Ejea se plantea el interrogante de si fue conquistada en 1105 o 1110, pero, aunque fuera en 1105 y Tauste con ella, pierde totalmente relevancia esa conquista por lo que vamos a ver a continuación.

Resulta que desde el año 1086, el resto de Alandalús viene siendo ocupado por los almorávides, pueblo guerrero y fanático procedente de grupos nómadas del Sahara. El reino saraqustí nada puede hacer militarmente contra ese imperio africano en expansión, pero a base de intensas actividades diplomáticas, a diferencia del resto de los reinos de taifas de la Península, sigue manteniendo su independencia. Este difícil equilibrio se ve roto, por fin, en 1110, año en que los almorávides se hacen con el control de este territorio, terminando así los 92 años de aquel reino zagrí. De la repercusión que aquello tuvo en nuestro pueblo hay una noticia procedente de la iglesia de Santa María de Uncastillo, en un documento en el que se menciona “in illo agno quando preserunt moros Teust”, alusión más que probable al apoderamiento de Tauste por las tropas bereberes.

Podríamos contar anécdotas curiosas, como que el sultán zaragozano Abd al Malik, que reinaba con el título de “Imad al Dawla” (El Pilar de la Dinastía), se refugió en el castillo de Rueda y mantuvo negociaciones con Alfonso I para llegar a un acuerdo por el que éste le ayudaría a recuperar Zaragoza a cambio de recibir la ciudad de Tudela.

El caso es que Zaragoza duró tan sólo ocho años en poder de los almorávides, acabando con la entrada triunfal de Alfonso I de Aragón en la ciudad, el 18 de diciembre de 1118. Pero el hecho relevante es que Tauste seguía en poder musulmán, en contra de lo que siempre se ha dicho. En 1119 caen Alagón, Tudela y Tarazona, y Tauste no debió caer hasta la primavera de 1121. Alfonso I menciona en su crónica que tuvo "frontera” (enfrentamiento bélico). No dejan de ser un enigma los motivos por los que Tauste, ante la desesperada situación en que se encontraba respecto al mundo cristiano que lo rodeaba, opuso resistencia militar, la cual no debió de ser escasa, pues tuvo que ser severamente agredido y doblegado a la fuerza. Esto explica por qué en época ya cristiana nunca aparece en Tauste población musulmana ni morisca; los supervivientes que quedaran serían obligados a emigrar, en el mejor de los casos, o, en el peor de ellos, ejecutados o convertidos en esclavos.

Es una historia que contrasta con la de la vecina Borja, que fue tomada pocos meses más tarde, donde no ofrecieron resistencia y Alfonso les concedió unas ventajosas condiciones de capitulación, permitiéndoles conservar su libertad, sus bienes, derecho vital de emigrar, sus propias leyes y jueces, etc., todo ello a partir de “el día en que entrasteis en mi poder y fuisteis de mis criaturas”, perdonándoles “cuantos males y errores hicisteis hasta el día en que fue hecha esta carta”.

Sinceramente, estuvieron muy bien los actos organizados durante 2005 con motivo de la celebración del IX Centenario de la incorporación de Tauste al Reino de Aragón y mereció la pena. Pero me temo que aquí nos cuentan las cosas y lo único que sacamos en limpio es decir al día siguiente “qué bien estuvo este hombre anoche y qué cosas más interesantes nos dijo”, sin que cambie la consideración de un hecho tan importante en nuestra Historia.

No es algo precisamente baladí el hecho de que Tauste fuera conquistado en 1105 o 1110 con Ejea o nada menos que tres años después que Zaragoza.

¿Seremos capaces de celebrar en 2021 el IX Centenario de la verdadera incorporación de Tauste al Reino de Aragón?.

P.D. Me guardo otra celebración en la manga, no menos importante, para 2018: el 1º Milenario de la Creación del Primer Estado Independiente en el Valle Medio del Ebro”, con la declaración de independencia del Reino de Saraqusta por Mundir I. A ver si vamos a celebrar el 1º Milenario del Nacimiento del Reino de Aragón en 2035 (muy importante, por supuesto) y se nos va a olvidar éste antes.
Otra observación más: fíjense en que no utilizo la palabra "reconquista", puesto que, cuando Alfonso I toma estas tierras, es la primera vez que entran a pertenecer a su reino. No se trata de unos territorios que antes hubieran pertenecido ya a Aragón, por tanto se trata de una "conquista" pura y dura y no "reconquista".

sábado, 18 de diciembre de 2010

UNA DE ROMANOS

Lo que quiero contar hoy no tiene nada que ver con el pasado zagrí de nuestro pueblo, pero me apetece hacerlo porque se trata de un hecho de indudable trascendencia para nuestro mundo actual. Algo que la mayoría de la gente ignora y que tuvo su origen en un lugar olvidado del actual Aragón, situado en la Comarca de Calatayud, entre Mara y Belmonte.

Allí se encontraba una población celtíbera llamada Segeda (Sekaisa), a la que los romanos habían declarado la guerra por haber ampliado el límite de sus murallas (mira tú qué delito). Segeda se alió con Numancia para luchar contra el ejército romano y en el año 154 a.C. lograron parar el ataque de éste contra Segeda, mandado por el cónsul Quinto Fulvio Nobilior, para luego pararlo en Numancia.

En 153 a.C. vencen al ejército de Quinto Fulvio Nobilior compuesto por 30.000 hombres. Las tropas celtíberas, compuestas por segendeses y numantinos, iban mandadas por un tal Caro de Segeda. Se habla de 6.000 muertos romanos, para que vean ustedes que también hubo algún un “viriato” por estos lares. También se dice que el propio Caro murió el mismo día, persiguiendo al ejército romano en desbandada. Se ve que le había cogido gusto a eso de matar romanos, pero, al final, Caro lo pagó caro.

Pues bien, puestas las cosas así de feas para la todopoderosa Roma, decidieron realizar un cambio en el calendario que perduraría hasta nuestros días. Resulta que, hasta entonces, el cambio de año se realizaba hacia el 15 de marzo, con la entrada de la primavera, siendo en esa fecha cuando se llevaban a cabo las elecciones de los nuevos cónsules. Para la campaña contra Segeda, ello implicaba que, entre preparativos, desplazamientos y demás, se plantaban en estas tierras ya iniciado el otoño y pasar las penurias del frío invierno, por lo que decidieron adelantar las elecciones al 1 de enero y así poder iniciar la campaña contra Segeda a primeros de verano.

El final de la historia ya la pueden imaginar: ganaron los romanos, faltaría más, que para eso era el ejército más poderoso del mundo, pero el nuevo calendario quedó instaurado así hasta nuestros días. De esta forma podrán comprender por qué septiembre no es el séptimo mes del año sino el noveno, octubre no es el octavo sino el décimo, noviembre no es el noveno sino el undécimo y diciembre no es el décimo sino el duodécimo.

Algo de total repercusión para casi todo el mundo mundial, incluso en la actualidad, y que tuvo su origen aquí, en un lugar de Aragón de cuyo nombre nadie se acuerda.

Curioso, ¿verdad?.

sábado, 11 de diciembre de 2010

LA TORRE ZAGRI ES NUESTRA (2)


Iba a colgar un comentario como respuesta a los de mis amigos Lucero y José Miguel Pinilla, pero me iba a salir un poco largo y he decidido escribir este post.

Quiero matizar lo de “nuestros antepasados”. Realmente, no hay que tomarlo al pie de la letra desde el punto de vista genético (¿quién puede saber quiénes eran sus antepasados hace un milenio?), sino más bien desde la perspectiva de que se trata de unas gentes que nos precedieron en el hecho de vivir en este mismo lugar y que algo (mucho o poco) tienen que ver con lo que ahora somos nosotros.

No es exacta la afirmación de que “fueran enterrados allí por circunstancias del tiempo”. De igual forma que ahora no es algo circunstancial que a un taustano se le entierre en el cementerio actual de Tauste, tampoco lo era entonces que se le enterrara en ese lugar: era “su cementerio”, el más importante que había en Tauste, pues aparte estarían los de las minorías cristiana y judía, cuyos posibles emplazamientos ya he señalado en otras ocasiones.

En mi trabajo sobre “Tauste en los siglos XI al XIII” situaba estos lugares, basándome en datos que pueden ser consultados en este trabajo. También lo explicaba en un artículo titulado “El cementerio zagrí”, que publiqué en este mismo blog hace casi un año, cuando todavía no se había hecho la cata que demostró finalmente que esos enterramientos correspondían a gentes de religión islámica (lo que no significa que fueran extranjeros, insisto una vez más en ello). Aquel artículo sirvió, entre otras cosas, para que un “gracioso” colgara un comentario que decía: “con tu gran poder de prediccion te invito a que tambien localices donde tenian los moros la parada del autobus". Lo pongo así, tal cual, sin acentos, porque así es como lo escribió su autor. Naturalmente, este tipo de “graciosidades” suelen hacerse desde el anonimato. Pueden verlo en el propio artículo. A lo que quise responderle, una buena amiga mía ya lo había hecho por mí, muy cumplidamente, por cierto. Ya no respondió y me imagino que ahora, ante la evidencia del hallazgo, se lo habrá tenido que comer con patatas.

Cuento esto porque uno debe andarse con pies de plomo. No deja de haber gente que está esperando a que uno resbale para ponerle en evidencia y desacreditarle. No solamente gente que no tiene nada que aportar al asunto, sino que probablemente también haya alguien que, teniendo cosas muy importantes que decir al respecto, permanezca callado, quizá porque todo esto suponga un vuelco de lo que siempre ha pensado y le pesa más su propio ego que el interés colectivo. Esperan a que, de igual forma que ha subido la espuma (pongo el símil de la cerveza), baje y todo quede en el olvido, de forma que nunca cambie nada y sigan permaneciendo sus postulados como válidos e indiscutibles, sobre todo si ellos no tienen nada que ganar personalmente.

Realmente, es una actitud tan cómoda como eficaz. Voy a ponerles un ejemplo de cómo el olvido obra a favor de estas posturas conservadoras.

En diciembre de 2003, el catedrático de Historia D. Carlos Laliena impartió una interesante charla en la Casa de Cultura sobre la conquista de Tauste por parte de los cristianos, en el ámbito de las jornadas de historia que cada año organiza la Asociación Cultural El Patiaz. En aquella charla expuso, entre otras cosas, la gran actividad demográfica y social que detectaba en el valle medio del Ebro en el siglo XI y el dato interesante de que la conquista de Tauste hubiera que fecharla en 1121 en lugar de 1105, como siempre se ha creído, todo ello sólidamente argumentado. Cuando llegó el apartado de ruegos y preguntas, el presentador que estaba sentado a su lado le dijo muy acertadamente algo así como “nos ha trastocado usted, pues pensábamos celebrar en 2005 el IX centenario de la incorporación de Tauste al reino de Aragón”, a lo que él contestó, muy afable, que adelante, que a celebrarlo, que siempre es bueno tener ocasión para celebrar cosas y que aun estaríamos a tiempo de volver a celebrarlo en 2021. Luego supimos que aquel señor se fue de Tauste un tanto desconcertado, con la sensación de que había estado en un pueblo donde las celebraciones oficiales contrastaban con la interpretación que debía hacerse de los documentos.

Fue una de las charlas más interesantes y de alto rigor histórico que se han escuchado en todas las jornadas de historia de Tauste que se vienen celebrando. Al día siguiente el comentario de satisfacción era general, pero pasó el tiempo y todo volvió a quedar como estaba: el concepto de que Tauste fuera conquistado en 1105 (a la vez o a continuación que Ejea) permanece invariable. ¿De qué nos sirve traer a personas cualificadas si después no las tenemos en cuenta?.

No es algo precisamente baladí el que nuestro pueblo fuera conquistado tres años después que Zaragoza (ésta cayó en 1118) y nada menos que 16 años después de lo supuesto hasta ahora. Estoy seguro de que, detrás de todo ello, hay un conjunto de circunstancias apasionantes, algo que contribuiría a resaltar la singularidad de nuestro pueblo ya en aquella época, y parece que nosotros nos empeñemos en no salir de la vulgaridad de siempre. No critico el hecho de que celebráramos en 2005 esa efemérides, pues a esas alturas el evento ya estaba más o menos programado y bien celebrado está, pero, ¿celebraremos en 2021 el IX centenario de la verdadera incorporación del Tauste al reino de Aragón?.

El otro asunto cuestionable del comentario del amigo Lucero es si los restos que aparecen son de las personas que construyeron la torre. Lo primero que hay que resaltar es que se trata de un cementerio muy extenso y, al parecer, bastante denso, con lo cual, hubo de tener bastantes miles de enterramientos. Habrá que aguardar a los resultados del Carbono-14, de los que cabe esperar como fecha más probable la del siglo XI. El arqueólogo, con mucha prudencia, los dató entre los siglos VIII y XII. Si son del XI, podemos suponer con mucha certeza que las gentes que trabajaron en esa construcción fueron enterradas en este cementerio. Si son anteriores, rompería ya todos los esquemas, afortunadamente, pero los rompería, ya que ello supondría que Tauste ya fue muy grande antes de la época de mayor esplendor de Zaragoza, lo cual abriría unos interrogantes fantásticos, dignos de unas líneas de investigación hasta ahora insospechadas.

Mejor será, pues, mantenernos a la espera.