miércoles, 7 de agosto de 2013

LOS ANÓNIMOS ATACAN DE NUEVO

Siempre he cuestionado la validez de los comentarios que se cuelgan desde el anonimato, por la falta de espíritu que demuestran al ampararse en esa circunstancia para mostrar posturas de desacuerdo en lugar de hacerlo a cara descubierta.
A la vista del comentario anónimo que aparece en el noveno lugar de todos los que han colgado en mi artículo anterior titulado “Y todo esto de los desenterramientos, ¿pa qué pues?”, me apetece responder cumplidamente a este amable –aunque anónimo- seguidor y a todos los que piensan como él.
Empezaré mostrando mi desacuerdo con su calificación acerca de mi trabajo, diciendo que “sólo es una hipótesis”. Amigo lector, una “hipótesis” es una suposición sin pruebas que se toma como base de un razonamiento, mientras que una “teoría” es un sistema lógico-deductivo que permite extraer consecuencias. Creo, por tanto, que en este caso es más correcto este último término. No te voy a pedir que leas detenidamente todo el trabajo pero sí te sugeriría que le echaras un vistazo a un artículo que me publicaron en 2010 en la revista “Aragón Turístico y Monumental”, páginas 13 a 18, que supone una ocasión más en la que nuestro pueblo aparece en un medio de reconocido prestigio. Verás que, realmente, es algo más que una hipótesis.
A lo largo de todo el razonamiento que allí desarrollo, se desmonta el “dogma” (lo calificaré así por las irracionalidades que contiene) impuesto por la historiografía tradicional (también la califico así intencionadamente, porque después de muchos detalles, ya me canso de llamarla “historiografía oficial”). Vamos, por decirlo en términos arquitectónicos, se queda en ruina inminente y, lo que es peor, con los cimientos hechos un cisco.
Nosotros (Javier Peña, José Miguel Pinilla y yo) no cuestionamos nunca ninguna datación dada por los historiadores que venga debidamente fundamentada en documentos existentes y vaya por delante nuestro gran reconocimiento y profundo respeto hacia esa profesión. Sin embargo, existe un buen número de edificios (torres, principalmente) catalogados dentro del mudéjar sin base documental alguna, sin más explicación que la comparación estilística del monumento en cuestión con otros establecidos como modelos, pero de los que, curiosamente, tampoco existe documentación que acredite fehacientemente su fecha de construcción. Señores, eso ya no es serio. De esta forma, poniendo como premisa que todo es del siglo XIII en adelante, se elimina la posibilidad de asociar estilísticamente cualquier edificio religioso con la época taifal, de la que, según ellos, sólo queda la Aljafería, que no es arquitectura religiosa sino civil.
A estas alturas, nadie de ese mundillo puede alegar que no ha llegado a su conocimiento nuestras teorías, ni siquiera Borrás Gualís, pero el silencio que mantienen es sepulcral. Como decía, nosotros no cuestionamos el trabajo documental de los historiadores porque no nos consideramos quiénes para ello, de igual forma que ellos no deberían cuestionar nuestra capacidad para interpretar los edificios desde el punto de vista técnico y las relaciones de precedencia entre sus partes, cosa que, al parecer, sí hacen o pretenden condenar al olvido lecturas tan objetivas como las que nos transmite el lenguaje de los propios edificios a técnicos que llevamos muchos años restaurándolos y viéndoles las tripas, capacitados por nuestra propia especialización.
No pretendemos que se pase automáticamente de la situación anterior a la que nosotros planteamos, así por las buenas. Estamos abiertos al debate y nos parece muy mezquino que se dé la espalda a argumentos de peso. A diferencia de ellos, estaremos encantados en seguir aprendiendo de nuestros errores y de poder sumar conocimientos entre todos, pero parece que no les interesa. Se intuye que su pretensión consiste en esperar a que esta polvareda desaparezca para que todo siga como ellos lo han dictado desde siempre, sin que nadie les cuestione una coma. Afortunadamente, cada vez hay más personas procedentes de ese mundo académico que nos muestran su conformidad con muchas de nuestras demostraciones, pero nadie se ha dignado hasta ahora a componer un corpus de argumentos que rebata con la lógica necesaria los nuestros. No es de recibo que la Universidad de Zaragoza, que se supone la máxima institución investigadora de nuestra comunidad, niegue el debate ante realidades tan evidentes como las que nosotros mostramos.
Da igual, amigo seguidor de este blog, que aparezca un argumento irrebatible como el que tú dices pretender, que demuestre que la torre de Tauste es un alminar del siglo XI. ¿Qué quieres, que aparezca la firma del alarife en algún ladrillo de la torre? Como los alarifes mudéjares firmaban en latín (verbigracia, “Mahoma Ramí me fecit”), ¿te parecería suficiente prueba si esa firma estuviera en árabe? Probablemente, ahora contestarás que sí porque piensas (y todos lo pensamos) que, a estas alturas, es improbable que aparezca esa firma en nuestra torre, pero, si algún día se produjera tal hallazgo, probablemente adoptarías la misma actitud que tomaron cuando apareció la firma en árabe en el muro de la Parroquieta de la Seo: salió en primera plana en los periódicos pero, a pesar de todas las evidencias constructivas que ya se anunciaban desde antes, la Parroquieta sigue siendo oficialmente mudéjar del siglo XIV, sin discusión. También para Zaragoza se calculaban unos 18.000 a 22.000 habitantes en el siglo XI, pensando que la ciudad se limitaba al casco encerrado por la muralla romana. En las últimas décadas, después de haber descubierto importantes arrabales, sigue sin revisarse la demografía en aquella época de la ciudad más importante de todo el valle del Ebro. ¿Quieren ocultar la enorme importancia que tuvo? ¿Será porque Javier Peña se adelantó a tal predicción, impidiendo así que fuera otro quien se colgara la medalla?
Muchas veces me he imaginado a alguien de Historia del Arte tratando de recomponer la versión tradicional sobre el origen de la torre de Tauste, después haberla destrozado con mis teorías, o tratando de demostrar que no, que yo no había destrozado nada. De verdad que, por mi parte, sería muy bien recibido. Sólo me mueve en este asunto el afán por el conocimiento, pues no vivo de esto y, eso, me da mucha libertad.
 En un artículo de este mismo blog, publicado antes del hallazgo de la importante necrópolis que hemos descubierto, en el que trataba de explicar cómo pudo ser el Tauste del siglo XI y dónde pudo estar el cementerio, un gracioso –también anónimo- me decía “con tu gran poder de prediccion te invito a que tambien localices donde tenian los moros la parada del autobus” (lo pongo sin acentos, tal y como él lo escribió). Antes no daban por válidos mis argumentos porque no se podía construir un alminar tan magnífico en un lugar donde no había apenas población; ahora encontramos a esa población y tampoco les vale. Con esto se demuestra que, con todo lo importante que ha sido el descubrimiento de la necrópolis, no era realmente necesario para afirmar que la torre fue un alminar. Pero, si persisten en que la torre se construyó como un campanario del siglo XIII tendrán que hacer juegos malabares para explicar cómo de un modelo de alminar almohade de dos torres concéntricas por entre las que circula la escalera desarrollan aquí otro de escalera intramural de siglos atrás, o cómo construyen unos ventanales que luego tienen que romper para poner las campanas, o cómo se les desvía la torre nada menos que 60 cm respecto del eje de la iglesia, o (la más gorda) cómo rejuntaron las hiladas de ladrillo de la cara de la torre que se encuentra casi pegada al muro de la iglesia y por qué nuestra arquitectura mudéjar se parece tanto a la persa de los siglos X y XI. ¿También esto son “hipótesis”?
Cuánto me gustaría que nos explicaras (aunque te mantuvieras en el anonimato, y te invito a que te busques toda la ayuda que quieras, que seguro que tendrás recursos y contactos para ello) en qué te basas para afirmar con tanta seguridad la escasa probabilidad de que fuera un alminar y mucho más que fuera un campanario del siglo XIII. Anda, porfa, trabájatelo, pero hago mía tu frase “espero argumentos sólidos”, porque no creo que yo tenga menos derecho a esperar argumentos sólidos de ti que tú de mi. En todo caso, la sociedad sí que tiene derecho a que se le den explicaciones serias y rigurosas acerca de su historia y del origen de su patrimonio.
En cuanto a lo de comerciar con la historia, claro que hacen muy mal los catalanes en apropiarse de la nuestra, pero no me compares, por favor. Mal ellos, pero peor los de aquí por la cerrazón que nos impide avanzar y poner en verdadero valor algo que tenemos. Y ya que hablamos de catalanes y aragoneses, peor todavía es que, aquí, en Aragón, se siga afirmando que nuestras torres octogonales aragonesas copian el modelo de las catalanas. Con aragoneses así, no necesitamos catalanes que nos menoscaben.
Para terminar, en todo esto hay algo que me recuerda a otro asunto muy reciente. Se trata de un artículo que escribí para el último boletín del Patiaz, titulado “Las Cuevas del Santuario”, donde mencionaba la circunstancia del hallazgo de la imagen de la Virgen en el término de Fustiñana y por qué el Santuario no pudieron hacerlo los taustanos en el mismo lugar. Pues bien, he oído algún comentario de posible ofensa hacia la devoción mariana que se profesa en Tauste. A ver, que esos datos no están sacados de ningún escrito hereje ni nada por el estilo, sino del padre Iturri del Roncal, del obispo Supervía y de mosén Francisco Gutiérrez. Siempre han estado escritos ahí para quien los quiera leer, pero, eso…, hay que leerlos.
¿Por qué esa relación entre dos cosas tan distintas? Porque tengo la sensación de que, tanto en una como en otra, el fondo de la cuestión no es un problema histórico, de conocimiento objetivo de nosotros mismos y de dónde venimos realmente, sino que, el pensamiento se pervierte y se hace de ello un problema ideológico que nada debería pintar en todo esto. Llegados a este punto, ante la intransigencia de unos y el caparazón que utilizan otros desde su anonimato (prisión intelectual, diría yo) se me ocurre una frase atribuida, nada más y nada menos, que a Jesús de Nazaret:  
                          LA VERDAD OS HARÁ LIBRES

domingo, 28 de julio de 2013

Y TODO ESTO DE LOS DESENTERRAMIENTOS, ¿PA QUÉ PUES?

A tenor de un artículo aparecido el pasado 25 de julio en El Periódico de Aragón sobre el hallazgo de “numerosos” restos humanos en la Iglesia de Santa María de Ejea (después aclaran que son cuatro niños y cinco adultos) y que podían ser del siglo XVIII, fui testigo de unos comentarios al respecto que iban en la línea de que “qué casualidad, la otra vez que fue noticia la necrópolis musulmana de Tauste van y encuentran restos de cerámica en no sé dónde y ahora esto, coincidiendo de nuevo con las nuevas noticias de nuestra excavación”.
En la misma conversación, alguien preguntó “y todo esto de los desenterramientos, ¿pa qué pues?”. Naturalmente, la pregunta iba para mí y yo me dije “a ver cómo se lo explico”.
Pues mira. La verdad es que aquí, en Tauste, no lo sé muy bien. En el Patiaz estamos una docena de “lunáticos” que trabajamos por poner a Tauste en el mapa, donde para mover un peso de medio gramo tienes que hacer fuerza como si se tratara de 100 Kg, y, aun así, no sabes si vas a conseguir algo. Pero sí te voy a decir para qué serviría si esto lo tuvieran en Ejea.
Supongamos que un buen día, a un ejeano le da por descubrir que esa fantástica torre octogonal de 46 metros de altura que hay, por ejemplo, en el barrio de la Corona, no es realmente un campanario mudéjar del siglo XIII como siempre se había dicho de ella, sino un soberbio alminar del siglo XI. Que esa torre resultara ser una de las más importantes (por supuesto, la más bella dentro de su tipología) dentro de un conjunto de origen persa –nada menos- que representa el verdadero precedente de la arquitectura mudéjar aragonesa (calificada por la UNESCO como “Patrimonio de la Humanidad”), así como de buena parte de la arquitectura hispano-musulmana. Las autoridades ejeanas se entusiasman con la idea y sienten unas ganas irreprimibles de rentabilizar semejante singularidad, pero, entonces, alza la voz algún experto en historia de la villa diciendo que no, que quieto el carro, que Ejea en aquella época no tenía casi población y que, por tanto, no podía ser semejante obra en este sitio. Entonces es cuando se descubre el cementerio donde se encuentra toda esa gente que supuestamente no había existido y que justifica sobradamente la construcción de tan magnífico alminar, junto al que habría existido una mezquita en consonancia. Comienzan las excavaciones y, para sorpresa de todos, resulta ser el cementerio islámico más antiguo de España (o uno de los más antiguos de todos los datados con métodos radiocarbónicos), importantísimo además por su gran extensión y densidad.
Situados ya en escena, lo que voy a contar a continuación es lo que, a partir de aquí, posiblemente habría ocurrido en Ejea a diferencia de Tauste.
Las autoridades ejeanas habrían visto una gran oportunidad para elevar la consideración histórico-artística de su patrimonio y la aportación que todo ello podría suponer para incrementar la fama de su pueblo y el turismo local. El propio Ayuntamiento habría promovido el campo de trabajo, realizando una eficaz campaña informativa en todos los medios desde meses antes y habría conseguido subvenciones de otras administraciones para llevar a cabo semejante evento, no costándole al municipio un solo euro, que eso saben hacerlo muy bien. Los defensores de la versión histórica tradicional que habían negado lo del alminar se habrían acercado a conocer en directo las excavaciones para decir “qué bien” y tratar de seguir aportando lo mejor de sí mismos (en lugar de apearse del carro) y los políticos - incluidos los de la oposición-, no habrían dejado un solo día de visitar las excavaciones. No se habrían perdido la oportunidad de salir en todas las fotos, artículos de prensa digital y en papel, entrevistas de radio y televisión, tanto local como regional y estatal, habrían llevado a Ejea programas de fin de semana tan relevantes como “A vivir que son dos días” de la Cadena SER, o “No es un día cualquiera”, de RNE. Habrían aprovechado el evento para “vender” lo fascinante que sería Ejea, porque son cosas únicas que no existen en cualquier sitio. El campo de trabajo habría sido un reguero de visitas por parte de políticos del ámbito autonómico y dudo yo que la consejera de Cultura y la presidenta de la DGA se hubieran perdido semejante ocasión para acercarse a Ejea y salir también en los medios, diciendo que "en Aragón, y precisamente en Ejea, tenemos bla, bla, bla…", y siendo del mismo partido que el equipo de gobierno del ayuntamiento, ya no digo nada. Por supuesto, hubiera sido inconcebible la ausencia del presidente de la comarca y pocos personajes de la vida política y cultural del municipio habrían dejado de ir a saludar a los voluntarios que vinieron a trabajar, al arqueólogo director de la excavación y al catedrático de Historia Medieval que durante dos semanas estuvo trabajando codo con codo con todos ellos, aunque sólo hubiera sido por criterios de cortesía y hospitalidad.
La excavación habría durado todo el verano y se hubiera explorado el triple de la superficie que de esta forma se ha conseguido, exhumando así la importante cifra de 80 esqueletos, en lugar de 24 (que no ha estado nada mal), pero la espectacularidad habría sido colosal, que para eso es Ejea. Naturalmente, todo se habría preparado con varios meses de antelación y hubieran estado en perfecto estado de revista la iglesia de San Antón (supongámosla en el barrio de las Eras Bajas, por ejemplo), el lienzo de muralla andalusí (podemos imaginarla en el Paseo del Muro) y la torre zagrí, que no se concebiría en Ejea con esos agujeros que tiene en el interior, llena de excrementos de palomas (tiene una solución definitiva, pero no la voy a contar aquí), con un reloj que ni pega ni se le ve la hora, unos ventanales sin restaurar, una escalera de madera en el campanario que no cumple medidas de seguridad para visitas turísticas y, lo que es peor, sin iluminación artificial en la escalera porque la bombilla que hubo se fundió, de ella no se supo nunca más y a los turistas hay que subirlos alumbrando con una linterna (¡¿?!). Por supuesto, también habría sido inconcebible que, justo durante los meses en que se trata de organizar el campo de trabajo para dar el gran campanazo ejeano, se prohíba el acceso a la Rueda de Santa Catalina (jó, si la tuvieran también en Ejea...) y se cierre la oficina de turismo, limitándola a los fines de semana. Por el contrario, no sólo se habría mantenido los siete días, sino que se hubiera puesto a alguien más de refuerzo, dada la alta afluencia de gente que era de esperar.
Era de esperar, sí, dada la campaña de publicidad que habría llevado a cabo en todos los medios desde semanas antes del comienzo de los trabajos, coordinando a todas las oficinas de turismo de la zona (incluida Navarra) para dar cumplida información al respecto. En ningún hotel de Zaragoza habría faltado, en el mostrador de recepción, un taco de folletos informativos a todo color con la impactante imagen del esqueleto colocado de lado dentro de su tumba recién excavada y un slogan tipo “Visite la necrópolis islámica más antigua de España”, sobre todo si Ejea estuviera a tan sólo 42 Km de Zaragoza, como lo está Tauste, a tan sólo media hora, para que ningún turista belga, alemán o ruso que se alojara en ese hotel se perdiera la ocasión de visitar algo único en toda Europa, precisamente en Ejea de los Caballeros. Lo hubieran sabido hacer para motivar un notable incremento de ocupación hotelera y de restaurantes durante toda la campaña, conscientes de la importancia que puede suponer el turismo como apoyo a la economía local, en unos tiempos como estos, que buena falta hace.
También habrían encabezado ya la movida cultural de reivindicar oficialmente el alto reconocimiento de esa torre octogonal, sumando esfuerzos con otros municipios donde tienen también arquitectura de la misma ascendencia, para establecer unas “Rutas turísticas del arte zagrí”, y, cómo no, gestionar ese reconocimiento por parte de la UNESCO, con lo que vende eso, y, ya de paso, el dance (si tuvieran uno como el de Tauste), el Rosario de Cristal (si también lo tuvieran), etc., etc.
Y, por supuesto, habrían reflejado ya en unas ordenanzas municipales algún sistema de exención en el pago de licencias de construcción (como se ha hecho en otras circunstancias) de forma que los propietarios de los solares afectados por esa necrópolis no tengan que asumir el coste de las exhumaciones ni verse “obligados” a hacer desaparecer clandestinamente esos restos para que cuando venga el arqueólogo –como requisito previo a esa licencia- pueda certificar que allí no había nada.

Naturalmente, con toda esa movida, todos los ejeanos estarían orgullosos de tener algo tan especial en su pueblo y a nadie se le ocurriría preguntar eso de “y todo esto de los desenterramientos, ¿pa qué pues?”.

domingo, 3 de marzo de 2013

LOS ALMINARES OCTOGONALES DEL ÁREA DE SARAQUSTA

He estado componiendo este dibujo comparativo de los cuatro alminares octogonales del área de Saraqusta y creo que procede explicarlo.


Se trata de un conjunto único, pues torres octogonales construidas en ladrillo, en todo el mundo occidental, sólo hay en Aragón y alguna en el Magreb, pero éstas son bastante más modernas e inspiradas en las de aquí (seguramente construidas por moriscos aragoneses, tras la expulsión de 1610).

En este caso, se trata de cuatro torres que tienen la particularidad de que sus esquinas presentan aristas vivas, a diferencia de otras (como las de Calatayud, por ejemplo), que las tienen con contrafuertes.

Las cotas de altura que se ven en el dibujo son aproximadas y se refieren a la altura que tuvieron los alminares de la mezquita-aljama de Saraqusta y San Pablo en su estado original, así como la que tienen los de San Pedro de Alagón y Santa María de Tauste. Éstos se encuentran en un estado más puro mientras el de la mezquita-aljama está oculto dentro de la torre de la Seo y el de San Pablo se encuentra recrecido por una actuación que sufrió en el siglo XVI.

Acompaño también esta imagen, tomada de Google Earth, para que puedan hacerse idea de su situación, allá por el siglo XI. Ya conocen el paisaje: el valle del Ebro, un gran desierto surcado por unos oasis lineales a lo largo de los ríos que lo atraviesan (como ahora). Saraqusta, la capital, situada en la encrucijada que forman los ríos Ebro, Gállego y Huerva, con el gran alminar de la mezquita-aljama (situada donde ahora está la catedral de la Seo) y el otro alminar octogonal –la actual torre de San Pablo-. Aguas arriba del Ebro, a una jornada de camino (cuatro leguas) y en la encrucijada con el río Jalón, se encuentra Alagón. Y otra jornada más arriba -siempre hacia el noroeste- y cerca del río Arba, Tauste.


Comenzaremos con el alminar principal: el de la mezquita-aljama o Mezquita del Viernes de Saraqusta. Ahora lo que vemos es esto, es decir, la torre barroca construida hacia 1700. Pero dentro está el alminar octogonal, tal y como se ve en el primer dibujo (digo “está”, porque sigue estando dentro de la torre cuadrada; sólo recubrieron la torre octogonal para convertirla en cuadrada). Lo que hoy conocemos es esto:


Visto el conjunto desde el lateral, en la actualidad se ve así:


Dibujo de Javier Peña

Pero en el siglo XI era, más o menos, de esta manera :

Dibujo de Javier Peña

La vista frontal, es decir, el conjunto de la mezquita con su alminar, si la pudiéramos ver desde la actual plaza de la Seo, la representó Íñiguez según el dibujo que vemos a continuación (tiene mucho mérito porque se trata de un dibujo a mano alzada):



Dibujo de Francisco Íñiguez

Miren qué aspecto más “taustano” tiene. ¿Se imaginan poder despojar ahora la torre de su envoltorio cuadrado y que apareciera ante sus ojos una torre tan parecida a la de Tauste?

Este alminar octogonal vino a sustituir a otro más pequeño, de planta cuadrada, cuya impronta apareció en un muro adosado. A partir de dicha impronta pudo reproducirse el viejo alminar, que era así:


Seguiremos por la torre de San Pablo, alminar situado extramuros de lo que fue la medina musulmana, entre la Puerta del Castillo (báb al-Qala’ath) y la Aljafería. En época islámica, según se deduce de los hallazgos arqueológicos, se ubicaban en esta zona el cementerio occidental de la ciudad y el barrio de los alfareros.


Como decíamos antes, a una jornada de camino aguas arriba del Ebro, se encuentra Alagón con su alminar:


Y, en otra jornada más, llegamos a Tauste:



Cronológicamente, el orden de construcción de estos alminares tan singulares tuvo que ser el siguiente:

Está claro que el de San Pablo fue el primero en levantarse, pues presenta una construcción más arcaica, mucho más maciza interiormente. Le sigue a continuación el de Tauste, con una elaboración más perfeccionada en todos los aspectos. Poco después –o casi a la vez- construirían el de Alagón, más modesto que los anteriores, y, finalmente, el gran alminar de la Mezquita del Viernes, donde ya se aprecia una construcción más evolucionada, mucho más próxima a lo que después derivaría en “estructura de alminar almohade”, es decir, dos torres concéntricas por entre las cuales circula la escalera, a diferencia de los anteriores, en los que la escalera es un hueco helicoidal, con el suelo y el techo escalonados, dentro de un muro macizo de gran espesor.



sábado, 23 de febrero de 2013

LA "INVASIÓN ÁRABE"

Hace unos meses, gracias a nuestro amigo arqueólogo Francisco Javier Gutiérrez, descubrí un artículo muy interesante, publicado en El País el 17 de noviembre de 2006. Resumía las nuevas interpretaciones históricas llevadas a cabo por el arabista Emilio González Ferrín y, evidentemente, compartidas por otros estudios del tema, con un titular tan sugerente como: “GONZÁLEZ FERRÍN NIEGA LA INVASIÓN ISLÁMICA DEL AÑO 711”.

La historiografía tradicional nos decía que los musulmanes habían entrado en la Península Ibérica desde el norte de África en 711 con un ejército poderoso y que, en tan sólo tres años, habían conquistado casi todo el territorio peninsular. Pues bien, este especialista, en su libro “Historia General de Al-Ándalus”, niega la invasión islámica del año 711. Como gran conocedor del tema, afirma que en esa época todavía no estaban codificados ni el Corán ni ninguna tradición islámica. "A la lengua árabe le faltaban 100 años para ser una lengua internacional. Quienquiera que entrase en la Península Ibérica ni era musulmán ni hablaba árabe", resumía el autor. Así de fuerte suena.

González Ferrín declara que es una cuestión de justicia: "¡hay tanta morralla sobre la interpretación de lo árabe!”, decía.

En su explicación, relataba que desde 711 hasta 756 son años de guerra civil. Hubo una cantonalización de la Península. El norte va por un lado; Levante, por otro; Portugal, por otro. España sufre una hambruna y una guerra civil generalizada a la que se incorporan tropas del norte de África que no son árabes ni bereberes, sino púnicos, visigodos, vándalos y bizantinos", relata el autor. Muchas veces son gentes que, incluso, “vuelven a casa”. "En esta guerra civil, grosso modo, los contendientes son los partidarios de los reyes visigodos Witiza y Rodrigo. Los hijos de Witiza mantienen el control en las ciudades".

También niega la Reconquista: "ya decía Ortega y Gasset que una Reconquista que dura 800 años es demasiado larga para llamarla Reconquista. La historia no avanza a telonazos. Si no hubo una conquista, ¿dónde queda Al-Ándalus? Al-Ándalus es un primer renacimiento europeo, es un producto genuinamente europeo. En el siglo XIII, Averroes es prohibido en la Sorbona, en París, no en El Cairo, donde no se le leía. Todos los que llamamos judíos andalusíes escribían en árabe", afirma también resaltando la fuerte impronta judaica.

"Al-Ándalus se filtra y esa filtración produce elementos esenciales para el Renacimiento español. El erasmismo español es una filtración de Al-Ándalus. El erasmismo aboga por una menor formalidad litúrgica y más contenidos", comenta.

"Hay una lectura contemporánea. Es que tenemos un complejo de ser españoles. La negación de Al-Ándalus es un componente más de nuestro complejo de ser españoles", señala el arabista. "A partir del año 1000, con el Libro del Apocalipsis del Beato de Liébana y el descubrimiento de los supuestos restos de Santiago, se empieza a generar una ideologización de la religión”. La Península se escinde en dos tendencias: hacia Oriente, la peregrinación a La Meca; y hacia Occidente, la peregrinación a Santiago. “Se convierte la religión en ideología", dice González Ferrín.

El libro sigue a Américo Castro en el sentido de que “tenemos que habitar nuestra historia. No se entiende Al-Ándalus sin Valencia, Zaragoza y Toledo. Al-Ándalus es un primer renacimiento europeo, pero como está escrito en árabe, los europeos no lo reconocen como tal", añade.

Realmente, donde mayor empeño se ha dado siempre en no reconocerlo es en la propia España, hasta del punto de que pueden consultarse obras de personajes ilustres andalusíes (españoles) en inglés o francés, porque alguien se preocupó de traducirlas a esos idiomas, mientras en éste, su país, eran deliberadamente condenadas al olvido.

González Ferrín elogia la fertilidad del debate entre los historiadores Sánchez Albornoz y Américo Castro. "Juan Goytisolo dijo que los españoles somos europeos en más por el hecho de llevar a Al-Ándalus en nuestras venas. La matización que hago a Américo Castro es que no hubo una España de tres culturas, sino que hubo una España de una sola cultura con tres religiones. Y esa cultura andalusí fue la cima de Europa", dice el autor.

"Al-Ándalus viene del griego Atlantis. Platón situó aquí la Atlántida. Lo mismo que Sefarad viene del Jardín de las Hespérides. Al-Ándalus y Sefarad son los paraísos perdidos de la cultura grecolatina, no de mitos beduinos o árabes. El islam en el Medievo hereda a Roma. No la sustituye, sino que la hereda", concluye González Ferrín.



Pues, ¿qué quieren que les diga? Desde mi modesta opinión, me parecen mucho más lógicas y naturales este tipo de interpretaciones de nuestra historia que todo ese entramado de enfrentaciones entre religiones, entre buenos y malos, que siempre nos han contado. Que los hechos suelen transcurrir con mucha más normalidad y que la explicación tan lúcida que da este hombre encaja mucho mejor.

Pero me surge una gran duda: si, como dice él, quienquiera que entrase en la Península en 711 no era musulmán ni hablaba árabe, si en esa época todavía no estaban codificados ni el Corán ni ninguna tradición islámica, ¿qué pinta en Tauste un cementerio islámico tan importante como el que hemos descubierto, con restos que aquella temprana época? No olvidemos que en ésta necrópolis, junto con la de Pamplona, se han datado las tumbas islámicas más antiguas de la Península, de todas las ensayadas hasta la fecha por el método del Carbono-14.

Enterrar uno a sus seres queridos mediante un rito tan especial como depositar el cadáver en la fosa sobre el costado derecho, envuelto en un sudario, con la cara mirando hacia La Meca y cubierto con tierra "limpia" (traida de otro lugar, sin contaminar por la acción del hombre o de los animales),  no me digan que no responde a un sentimiento profundamente religioso, en este caso islámico.

Cuando los documentos ya no dan más de sí, sobre todo en un país donde tradicionalmente se ha despreciado “lo moro” (hasta se usa la propia palabra en tono despectivo) y en cuyos ámbitos universitarios ni siquiera se facilita el aprendizaje de la lengua árabe como medio esencial para que cualquier investigador pueda profundizar en esos legados, pienso que la única forma de seguir avanzando en el camino correcto es la arqueología.

Es la hora de los arqueólogos.

jueves, 13 de diciembre de 2012

LOS DANZANTES DE YAZD


Yazd es una ciudad situada en un oasis, en el centro de Irán (antigua Persia), de algo más de 400.000 habitantes y con una antigüedad de unos 3.000 años. Para aquél que quiera saber algo más sobre esta ciudad puede visitar http://es.wikipedia.org/wiki/Yazd

Javier Peña estuvo allí hace unos años y me contaba un día les obsequiaron con una actuación de un grupo de danzantes que bailaban unos paloteados que le recordaban a los dances de por aquí. Hizo esta foto:


Por muy exótico que pueda parecer, cada vez tenemos más claro que la arquitectura que se empezó a desarrollar en el valle del Ebro en el siglo XI (con la torre de Tauste como uno de los mejores exponentes) vino de aquellas tierras. Las similitudes entre las técnicas constructivas, el uso del ladrillo con yeso como material de agarre, los motivos decorativos, etc., no dejan lugar a dudas.

También el profesor D. Joaquín Lomba exponía en su libro sobre Avempace que en Zaragoza se había desarrollado una importante escuela filosófica con orígenes en el mundo oriental, siendo Ibn Bayyah (Avempace) el primer filósofo propiamente dicho de Alandalús y el y el primero que desarrolló el pensamiento de Aristóteles en todo Occidente.

Pues bien, sobre el origen de nuestro dance, poco sabemos. Sobre el de Yazd, nada, pero es curioso… Escuchen estas músicas:


Salvo los números 1, 2 y 5, las demás recuerdan mucho a las del Dance de Tauste. Nos ha llegado por gentileza de Felicity, pero no de nuestra Felicity Ros (que también podría haber sido), sino de Felicity Philpott, de Cork (Irlanda), a quien agradecemos desde aquí su interesante aportación.

Compárenlas con cualquiera de las piezas del Dance de Tauste. Están en la web del Patiaz: las encontrarán en el margen izquierdo de la página de portada, en un recuadro con el título de “Música del Dance de Tauste”, y también en la videoteca de la misma web.

Yo sé de alguien que se va a poner muy contento al conocer esto, pero… ¡detente, Abraham!, que no podemos hacer afirmaciones rotundas de que uno venga del otro. En arquitectura y filosofía, sí, porque disponemos de datos cronológicos esenciales para tal afirmación, pero en esto, hoy por hoy, no.

¿Quién sabe? Cuando menos, resulta curioso y enigmático. Quizá alguien podría seguir con esa investigación…

sábado, 1 de diciembre de 2012

UN FOSO EN LA CALLE DE LA PLAZA



Parece ser que vamos avanzando a pasos agigantados en el conocimiento de nuestro pueblo hacia el pasado más remoto, o, al menos, hacia el hecho de tomar conciencia de que ya estábamos aquí desde hace muchos más siglos de lo que se suponía.

Voy a adelantar una primicia, con todo el cuidado para no restarle el interés que el asunto merece. Se trata de un artículo que muy pronto verá la luz, redactado por el arqueólogo Francisco Javier Gutiérrez y dos compañeros suyos, acerca de unos hallazgos en el entorno de la Iglesia de Santa María que pueden indicar que en este lugar ya había un poblado, ciudad o como haya que llamarlo, al menos hacia el año 1000 a.C. Pensábamos que cuando lo que conocemos como Valdetaus estaba poblado, aquí no había nada, pero es posible que aquella ciudad y esta fueran contemporáneas. Los arqueólogos tienen la palabra.

En el caso de Tauste, el hecho de que haya existido una continuidad de población a través de los siglos y de las diferentes culturas que por aquí han pasado, hace que con unos se vayan borrando las huellas de los anteriores y se pierdan los vestigios más evidentes.

Pero, ¿cómo eran las ciudades fundadas por los pueblos prerromanos? Aparte de la cuestión de si aquí serían celtíberos o vascones, en los yacimientos arqueológicos donde se ha podido estudiar la fisonomía y el urbanismo de aquellas ciudades, coincide un criterio común en cuanto a la defensa de la ciudad. Se elegía un lugar sobre un escarpe que sirviera de protección natural y, por el lado donde fuera accesible, se excavaba un foso artificial, el cual era más estrecho y profundo o más ancho y superficial en función del tipo de ataque esperable por parte del enemigo (si era por asalto o si empleaban flechas, catapultas, etc.).

Nunca habría imaginado que Tauste hubiera podido responder a ese prototipo de ciudad, hasta que un día, hablando con Carlos Sancho, me hizo una observación interesantísima. Me decía “¿no te das cuenta de que la Plaza España y la C/ Germán parecen un foso artificial?”. Se trata de esos detalles que, como has nacido aquí y siempre lo has visto así, nunca le habías echado cuenta, pero es verdad.

Para que podamos entenderlo, acompaño un plano donde he marcado el trazado de la antigua muralla en color negro y en rojo los arrabales que después irían surgiendo hasta llegar a su máxima extensión, probablemente ya en el siglo XI, coincidiendo aproximadamente con la que tendría de nuevo Tauste en el siglo XIX (el mismo caso que Zaragoza). En la parte sur, rayado en verde, se señala el área catalogada como cementerio islámico y, en rosa, el camino principal, dirección Zaragoza.


Pero vamos a remontarnos al momento más primitivo, cuando sólo existía el núcleo originario y lo demás era monte estepario. Todo el recinto estaba protegido por el escarpe natural, salvo en el lado sureste (marcado en amarillo, lo que ahora es la Plaza y calle Germán). Geológicamente, resulta muy extraño que uno venga por la C/ San Jorge y, para ir a Barrio Nuevo, tenga que bajar un desnivel de casi cuatro metros hasta la Plaza para volverlos a subir por lo que siempre conocimos como “Pasaje San Pedro”. De igual forma, sabemos que las casas de ambos lados de la calle Germán, tienen la cota de la planta baja a nivel de esa calle, pero sólo en la zona inmediata a la fachada, porque luego salvan internamente el desnivel, subiendo unas hacia el convento de las monjas y otras hacia la C/ San Martín. Acompaño foto del interior del solar donde estuvo “La Topera” (marcado en el plano anterior con un punto rojo), donde aún quedan restos del muro de mampostería de alabastro que salva ese desnivel y que responde al trazado de aquella muralla.


Así es que, cuando paseen por el trayecto comprendido entre Casa Pepe y esquina Berroy, piensen que seguramente lo están haciendo por el interior de un foso de unos 35 metros de ancho que excavaron nuestros antepasados para protegerse del enemigo, quizá la primera obra de ingeniería militar llevada a cabo en este lugar donde hoy vivimos.



jueves, 8 de noviembre de 2012

LA HISTORIOGRAFÍA OFICIAL Y EL ARTE ZAGRÍ


No es fácil comprender la actitud de la historiografía oficial en relación con ciertos argumentos que presentan una lógica digna de tener en cuenta y que, además, resuelven lagunas que quedaban en medio de contradicciones evidentes.

Me refiero a la falta de reconocimiento del legado andalusí, el cual, se ha limitado exclusivamente a aquellos casos tan visibles que su negación resultaba totalmente imposible. Estos casos evidentes son, en cuanto a arquitectura se refiere, la Mezquita de Córdoba, la Alhambra de Granada, la Giralda de Sevilla, la Aljafería de Zaragoza, algo de Toledo y poco más. Eso sí, lo admitimos, lo hacemos tan nuestro y nos sentimos tan orgullosos de ello como también lo hacemos con la Basílica del Pilar o las catedrales de Burgos, Santiago de Compostela o Sevilla -por poner varios ejemplos-, afortunadamente, claro que sí. Sin embargo, en lo demás, ¿por qué ese afán de echar tierra encima de todo lo que pueda oler a “moro”?

Este empeño por borrar todo lo hispano-musulmán de estas tierras debió de comenzar cuando el Cardenal Cisneros ordenó en Granada la quema de libros escritos en árabe. Como dijo el poeta alemán Heinrich Heine, "allí donde queman libros, acaban quemando hombres’’.

Se implantó una política de uniformidad (confundiendo "unidad" con “uniformidad”), por la cual, se habría de imponer la religión católica sobre las demás, expulsando a los judíos y obligando a los musulmanes españoles a bautizarse, pasando éstos a denominarse “cristianos nuevos” o “moriscos”. Su definitiva expulsión (en Aragón supuso la pérdida de la quinta parte de la población, en 1610) constituyó uno de los hechos más oscuros y crueles de la historia de España, ejecutado, incluso, contra la voluntad de la nobleza y del resto del pueblo. A partir de ahí, se estableció en la sociedad española una noción de “tema tabú”al respecto, como algo sucio que olvidar. De esa manera, quedaron condenados al olvido, no sólo un gran elenco de españoles ilustres, que no tenían otro delito que llamarse Ibn Hayyan, Abul Qasim, Al-Yazzar, etc., en lugar de Pedro, Lorenzo o Francisco -verbigracia-, que, aunque ahora nos cueste creerlo, en esta piel de toro hubo gente que se llamó de esa manera sin ser menos españoles que los otros.

Se “reconquistó” la tierra, pero no la cultura. Algo lamentable, aunque ahora a mucha gente le cueste verlo así porque lo ven desde la perspectiva actual y no son conscientes del progreso que aquella cultura supuso, no sólo para España, sino para toda Europa. El caso es que quedó instaurada una actitud visceral contra lo árabe y ni siquiera se dio la posibilidad de adquirir unos mínimos conocimientos de esa lengua a cualquier universitario de letras que sintiera curiosidad por acercarse a esa cultura que había sido tan española. Obras de algunos de esos genios universales (españoles, insisto) hay que leerlas en inglés o en francés, porque no se han traducido todavía al español.

Las formas en que hoy conocemos nuestra historia vienen desde el siglo XIX, las cuales fueron estructuradas desde el punto de vista religioso que imperaba en la sociedad de aquella época, ya desde siglos atrás. Con los años, la orientación de la cultura se ha ido haciendo más laica y científica, pero persisten ciertos enfoques que siguen, en el fondo, impregnados de aquella religiosidad excluyente. Por poner un ejemplo: hoy en día, ya no se rechaza por motivos religiosos la teoría de que la torre de Tauste fuera construida como alminar, pero sí se rechaza porque contradice la historiografía de siempre –ésa que viene del siglo XIX-, en la que siempre se ha considerado un campanario. Es decir, persiste la doctrina que de aquello derivó, rondando a veces lo irracional y tan anclada en el pensamiento colectivo que, a menudo, ni siquiera a los intelectuales más laicos les chirría, prefiriendo quedarse con los postulados de siempre, por comodidad, inercia, etc. Este fenómeno tan "español” destaca especialmente al compartir las nuevas teorías con especialistas extranjeros, por la gran diferencia de actitud. Se muestran mucho más receptivos, debido, claro está, a que sus mentes no están contaminadas por todo ese poso que subyace subliminalmente en nuestra sociedad. Incluso, han tenido la posibilidad de estudiar a esos sabios nuestros en su lengua (inglés o francés), mientras que los de aquí no.

En alguna ocasión se nos ha dicho que no nos podemos quejar de la actitud desdeñosa de los ámbitos universitarios, si nosotros no nos hemos preocupado de darles a conocer nuestros progresos. No vale esa excusa.

Ya en 1937, el profesor Íñiguez Almech publicó un artículo sobre “Torres mudéjares aragonesas”, donde hablaba de un pergamino de 1243 por el que el Monasterio de San Juan de la Peña, cedía a la villa de Tauste los diezmos y primicias que de ella cobraba para que atendiera “a la terminación de las obras de la torre e iglesia, campanas y vestiduras”. También hablaba de la existencia de la torre vieja de la Seo “incluida dentro de la actual”, así como de la certeza de que tanto ésta como la de Tauste hubieran sido alminares. Lamentablemente, ese pergamino fue destruido durante los hechos revolucionarios acaecidos en Tauste en 1934, pero Borrás Gualís, Catedrático de Historia del Arte Moderno y Contemporáneo de la Universidad de Zaragoza, despachó de un plumazo tal afirmación porque no convenía a su datación de finales del siglo XIII, la cual se basaba en unas comparaciones que establecía con la iglesia de San Pablo, de Zaragoza, por cierto, bastante forzadas. Al profesor Íñiguez se le tachó poco menos que de fantasioso y se ponía en duda su capacidad para interpretar esos documentos, tratándose de un personaje que precisamente destacaba por su exquisita prudencia y rigurosidad de planteamientos. En cuanto a la existencia del alminar octogonal dentro de la torre barroca de la Seo, también se despacharon diciendo que sólo se limitaba a un cuerpo en la parte baja y que no era sino un capricho del arquitecto italiano que había diseñado esa torre. Sólo hay que subir por esa torre hasta el campanario para comprobar que dentro de la torre cuadrada hay una octogonal, como las de Tauste o San Pablo, pero todavía de mayores dimensiones que éstas. No creo que nadie medianamente entendido tuviera el valor de negar que aquello es indudablemente medieval y que, de barroco, sólo tiene la envolvente exterior y la parte de arriba. El problema es que no está abierta al público, pero ahí está.

Agustín Sanmiguel Mateo es otro de los ninguneados por los mismos estamentos. Desde los años 80, son numerosos sus trabajos y publicaciones donde detecta detalles de mucho bulto, a través de los cuales demuestra la invalidez de las dataciones oficiales dadas para muchas torres, principalmente situadas en las comarcas de Calatayud y de Daroca, que son las que más estudió, siempre con argumentos claros y evidentes. Su obra estrella, a este respecto, es el libro titulado “Torres de ascendencia islámica en las comarcas de Calatayud y de Daroca”, editado por el Centro de Estudios Bilbilitanos (Institución “Fernando el Católico”), Calatayud, 1998.

Paralelamente, el arquitecto Javier Peña Gonzalvo, al recibir encargos de restauración de torres e iglesias mudéjares, levanta planos de las mismas, lo que le permite un profundo conocimiento de sus estructuras y relaciones formales. Encuentra importantes contradicciones entre la realidad y lo escrito por los historiadores del arte y se ve abocado a buscar una coherencia que, a menudo, pasa por el reconocimiento de aquellas partes que se evidencian como más antiguas (generalmente, las torres) en otro contexto anterior, que no puede ser otro que la época taifal. De esta forma, da sentido lógico al nacimiento del arte mudéjar, como un estilo autóctono que representa la continuidad de una arquitectura preexistente en estas tierras, en lugar de aquella explicación tan forzada que consistía en afirmar que venían de inspiración almohade. También son numerosas las publicaciones de este arquitecto en este sentido, siendo de destacar el libro “La Cultura Islámica en Aragón” (Diputación Provincial de Zaragoza, 1986), coordinado por José Luis Corral y por él mismo, donde, junto con José Miguel Pinilla Gonzalvo (también arquitecto), daría a conocer estas realidades.

Muchas de las investigaciones de Javier Peña se han publicado en los Encuentros de Estudios Bilbilitanos, pero también en la revista Turiaso VII, donde, en 1987, publicó un articulo titulado “La Seo del Salvador de Zaragoza. Análisis e hipótesis de su evolución constructiva desde su origen como mezquita-aljama hasta el siglo XVI”. Aquí describe extensamente las razones de su orientación al SE, alterando la trama viaria romana, los ábsides al Norte, la Parroquieta, el alminar oculto en la torre de Contini, etc. Las excavaciones arqueológicas posteriores no desmintieron sus hipótesis, aunque las conclusiones de los arqueólogos (que, por cierto, no entraron a valorar algo tan importante como es el interior de la torre, vayan a saber por qué) fueran diferentes.

En 1992, comienza su colaboración con la asociación “Torre Nueva”, de Zaragoza, con motivo del centenario de su derribo. En sus investigaciones advierte que el repertorio arquitectónico es medieval y no del siglo XVI (datación oficial de la construcción de esa torre). En ese siglo ya se detecta una inclinación de más de dos metros, “pocos años después de haber empezado a construirla”. Como arquitecto razona que, para cualquier profesional de la construcción que le ocurra esto, lo más lógico es ordenar su demolición… a no ser que la torre existiera ya desde antiguo. Repara en otro detalle sobre esta misma torre: ¿cómo puede ser que construyeran una “Torre del Reloj” sin sitio para el reloj? (estaba chapuceramente superpuesto sobre la misma).

También en 1992 se está restaurando la Parroquieta de la Seo. El arquitecto restaurador de la misma, advertido por Javier Peña de su posible origen islámico, le invita a verla de cerca y afirma que el ábside románico inmediato se apoya sobre la Parroquieta (para entendernos, una obra del siglo XII que se apoya sobre otra “datada en el XIV”, extraño, ¿no?). La demostración de su origen anterior era ya muy evidente, dada la ruptura estrepitosa que suponen las ventanas ojivales (del siglo XIV, claramente) sobre un lienzo decorado con una geometría tan perfecta (además de otros indicios). Es en esa visita cuando Peña, desde los andamios, descubre una inscripción incisa en el yeso con la autoría de esa fachada escrita en árabe (aún se ve desde la calle), lo que corrobora la datación en el siglo XI y no en el XIV, pues, en esta época, los alarifes firmaban siempre en latín. La noticia fue publicada en Heraldo de Aragón a toda página, pero siempre hubo silencio total por parte del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza.

Jamás este Departamento se ha manifestado en estos aspectos. No podemos esperar que, de la noche a la mañana, pasen a admitir, sin más, las nuevas conclusiones, pero sí pensamos que no es de recibo que ni siquiera se admitan a discusión. Borrás Gualís, en sus libros sobre el Arte Mudéjar Aragonés, evita cualquier mención al respecto. Después de muchos años de omisión total, en su ediciónde 2008, da el paso de dignarse a hacer alguna escueta alusión. Así, en el apartado correspondiente a la torre de Alagón (tomo I), sobre la datación islámica dada por Javier Peña para esta torre, argumenta, sin más, que “desde luego, las características formales no resisten la clasificación ni la cronología relativa para la torre-campanario”. El rodillo es simple: no se admite nada islámico en Aragón fuera de la Aljafería y, así, nunca existirá cronología relativa que usar. De esa forma, siempre tendrá razón.

Otro caso llamativo es el de Wikipedia, ejemplo claro de que tratan de silenciar estas investigaciones. En el capítulo de la historia de Zaragoza correspondiente al periodo islámico publican el dato ya “ancestral” de que la población de Saraqusta pudo alcanzar los 17.000 habitantes (25.000 según J.L. Corral). Sus fuentes (obligatorias) son historiadores serios como M.J. Viguera. Peña corrige el artículo y dice que pudo llegar a 50.000 habitantes, pero el censor de la enciclopedia, un tal Escarlati, lo borra. Se protesta y se argumenta que este dato proviene de la fuente original, Torres Balbás, quien en los años 50 propuso un censo para las principales ciudades andalusíes basado en su extensión con una misma densidad. Entonces se creía que Saraqusta sólo llegaba hasta el Coso, 47 Ha, 17.000 habitantes. Estaba en un error porque Saraqusta llegaba hasta el Portillo, Puerta del Carmen, Santa Engracia y Puerta Quemada, 140 Ha, 50.000 habitantes. Las excavaciones arqueológicas desde los años 80 han corroborado esta extensión y, por tanto, el error de Torres Balbás. Escarlati insiste y veta, argumentando que “tiene que estar publicado” y no valen esas cuentas. Peña le responde que está publicado desde el s. XII, porque Ibn Kardabus da el dato concreto de que “abandonaron la ciudad 50.000 saraqustíes”. Finalmente, Escarlati, viene a contestar que Ibn Kardabus era un fantasioso y, además, moro. No vale. Veto definitivo.

En mayo de 2010, salió publicado un artículo de mi autoría en la revista “Aragón, turístico y monumental”(SIPA), titulado “Datación de la torre de Tauste”, donde expongo un resumen de mis investigaciones sobre la misma y demuestro el error de la datación oficial, que la sitúa en el siglo XIII, cuando realmente es un alminar del XI, con un llamamiento expreso a la reconsideración de todas estas cuestiones, dada su importancia desde muchos puntos de vista. Si todavía, en aquel momento, les quedaba el argumento de que no pudo construirse semejante alminar en esa época porque no había datos que demostraran siquiera la existencia de una población estable y asentada, en octubre del mismo año se descubre una importante necrópolis, en la que se calculan del orden de 4.500 enterramientos, entre los siglos VIII y XI.

¿Algún motivo más para silenciar todo esto?

Nunca hemos deseado protagonismo ni beneficio personal alguno. Como decía antes, tampoco pretendemos que los historiadores pasen automáticamente a admitir las nuevas consideraciones sin antes mirarlas con lupa, pero no nos parece de recibo esa actitud continuada de desprecio, sin estar abiertos siquiera a una mínima discusión, tratándose, por un lado, del patrimonio arquitectónico más singular que tenemos en Aragón y, por otro, de la institución que debería ostentar la mayor labor investigadora. Cada uno es especialista en aquello que se ha formado, conoce y desarrolla; por eso, nosotros no pretendemos dar a lecciones de historia del arte a nadie, pero los expertos en letras tampoco pueden negar nuestra solvencia para reconocer los edificios desde el punto de vista técnico, y creemos que tienen la obligación de compatibilizar todos los datos para aportar las soluciones adecuadas, en lugar de quedarse tan sólo con las suyas propias. Todavía siguen diciendo que el estudio documental, ése para los que ellos son los más capacitados, es el único que conduce a resultados fiables, insinuando que lo demás son aventuras peregrinas. Supongo que no se referirán a documentos escritos en árabe, ni siquiera a los traducidos de esta lengua al inglés o al francés, porque, aun siendo originarios de nuestro país, no han sido traducidos al castellano. Tampoco a los del siglo XIV, de los que se nos dijo que la mayoría se encuentran sin estudiar. Quizá deberían empezar a explicarnos de qué documentos, pues, han sacado eso de que Tauste, en época islámica, no habría pasado de ser un hisn (lugar fortificado sin identidad de ciudad) o que la torre se construyó como campanario de la iglesia mudéjar. Los historiadores pueden equivocarse como todo el mundo sin dejar por ello de ser personas respetables –y hasta admirables-, pero cuando, ante hallazgos tan innegables como éstos, prefieren ignorarlos y seguir encerrados en su mundo, manteniendo a capa y espada lo insostenible, esperando a que un día los demás nos quedemos callados para que vuelvan a quedar incólumes sus postulados, al menos, ya dejan de ser admirables. No están cumpliendo con lo que la sociedad espera de ellos.

Todo ello, claro está, sin ánimo de generalizar, porque también hemos tenido la suerte de conocer a personas extraordinarias dentro de ese ámbito universitario, que siguen aportándonos esos conocimientos tan necesarios con admirable entusiasmo.

Gracias a todos ellos.