jueves, 13 de diciembre de 2012

LOS DANZANTES DE YAZD


Yazd es una ciudad situada en un oasis, en el centro de Irán (antigua Persia), de algo más de 400.000 habitantes y con una antigüedad de unos 3.000 años. Para aquél que quiera saber algo más sobre esta ciudad puede visitar http://es.wikipedia.org/wiki/Yazd

Javier Peña estuvo allí hace unos años y me contaba un día les obsequiaron con una actuación de un grupo de danzantes que bailaban unos paloteados que le recordaban a los dances de por aquí. Hizo esta foto:


Por muy exótico que pueda parecer, cada vez tenemos más claro que la arquitectura que se empezó a desarrollar en el valle del Ebro en el siglo XI (con la torre de Tauste como uno de los mejores exponentes) vino de aquellas tierras. Las similitudes entre las técnicas constructivas, el uso del ladrillo con yeso como material de agarre, los motivos decorativos, etc., no dejan lugar a dudas.

También el profesor D. Joaquín Lomba exponía en su libro sobre Avempace que en Zaragoza se había desarrollado una importante escuela filosófica con orígenes en el mundo oriental, siendo Ibn Bayyah (Avempace) el primer filósofo propiamente dicho de Alandalús y el y el primero que desarrolló el pensamiento de Aristóteles en todo Occidente.

Pues bien, sobre el origen de nuestro dance, poco sabemos. Sobre el de Yazd, nada, pero es curioso… Escuchen estas músicas:


Salvo los números 1, 2 y 5, las demás recuerdan mucho a las del Dance de Tauste. Nos ha llegado por gentileza de Felicity, pero no de nuestra Felicity Ros (que también podría haber sido), sino de Felicity Philpott, de Cork (Irlanda), a quien agradecemos desde aquí su interesante aportación.

Compárenlas con cualquiera de las piezas del Dance de Tauste. Están en la web del Patiaz: las encontrarán en el margen izquierdo de la página de portada, en un recuadro con el título de “Música del Dance de Tauste”, y también en la videoteca de la misma web.

Yo sé de alguien que se va a poner muy contento al conocer esto, pero… ¡detente, Abraham!, que no podemos hacer afirmaciones rotundas de que uno venga del otro. En arquitectura y filosofía, sí, porque disponemos de datos cronológicos esenciales para tal afirmación, pero en esto, hoy por hoy, no.

¿Quién sabe? Cuando menos, resulta curioso y enigmático. Quizá alguien podría seguir con esa investigación…

sábado, 1 de diciembre de 2012

UN FOSO EN LA CALLE DE LA PLAZA



Parece ser que vamos avanzando a pasos agigantados en el conocimiento de nuestro pueblo hacia el pasado más remoto, o, al menos, hacia el hecho de tomar conciencia de que ya estábamos aquí desde hace muchos más siglos de lo que se suponía.

Voy a adelantar una primicia, con todo el cuidado para no restarle el interés que el asunto merece. Se trata de un artículo que muy pronto verá la luz, redactado por el arqueólogo Francisco Javier Gutiérrez y dos compañeros suyos, acerca de unos hallazgos en el entorno de la Iglesia de Santa María que pueden indicar que en este lugar ya había un poblado, ciudad o como haya que llamarlo, al menos hacia el año 1000 a.C. Pensábamos que cuando lo que conocemos como Valdetaus estaba poblado, aquí no había nada, pero es posible que aquella ciudad y esta fueran contemporáneas. Los arqueólogos tienen la palabra.

En el caso de Tauste, el hecho de que haya existido una continuidad de población a través de los siglos y de las diferentes culturas que por aquí han pasado, hace que con unos se vayan borrando las huellas de los anteriores y se pierdan los vestigios más evidentes.

Pero, ¿cómo eran las ciudades fundadas por los pueblos prerromanos? Aparte de la cuestión de si aquí serían celtíberos o vascones, en los yacimientos arqueológicos donde se ha podido estudiar la fisonomía y el urbanismo de aquellas ciudades, coincide un criterio común en cuanto a la defensa de la ciudad. Se elegía un lugar sobre un escarpe que sirviera de protección natural y, por el lado donde fuera accesible, se excavaba un foso artificial, el cual era más estrecho y profundo o más ancho y superficial en función del tipo de ataque esperable por parte del enemigo (si era por asalto o si empleaban flechas, catapultas, etc.).

Nunca habría imaginado que Tauste hubiera podido responder a ese prototipo de ciudad, hasta que un día, hablando con Carlos Sancho, me hizo una observación interesantísima. Me decía “¿no te das cuenta de que la Plaza España y la C/ Germán parecen un foso artificial?”. Se trata de esos detalles que, como has nacido aquí y siempre lo has visto así, nunca le habías echado cuenta, pero es verdad.

Para que podamos entenderlo, acompaño un plano donde he marcado el trazado de la antigua muralla en color negro y en rojo los arrabales que después irían surgiendo hasta llegar a su máxima extensión, probablemente ya en el siglo XI, coincidiendo aproximadamente con la que tendría de nuevo Tauste en el siglo XIX (el mismo caso que Zaragoza). En la parte sur, rayado en verde, se señala el área catalogada como cementerio islámico y, en rosa, el camino principal, dirección Zaragoza.


Pero vamos a remontarnos al momento más primitivo, cuando sólo existía el núcleo originario y lo demás era monte estepario. Todo el recinto estaba protegido por el escarpe natural, salvo en el lado sureste (marcado en amarillo, lo que ahora es la Plaza y calle Germán). Geológicamente, resulta muy extraño que uno venga por la C/ San Jorge y, para ir a Barrio Nuevo, tenga que bajar un desnivel de casi cuatro metros hasta la Plaza para volverlos a subir por lo que siempre conocimos como “Pasaje San Pedro”. De igual forma, sabemos que las casas de ambos lados de la calle Germán, tienen la cota de la planta baja a nivel de esa calle, pero sólo en la zona inmediata a la fachada, porque luego salvan internamente el desnivel, subiendo unas hacia el convento de las monjas y otras hacia la C/ San Martín. Acompaño foto del interior del solar donde estuvo “La Topera” (marcado en el plano anterior con un punto rojo), donde aún quedan restos del muro de mampostería de alabastro que salva ese desnivel y que responde al trazado de aquella muralla.


Así es que, cuando paseen por el trayecto comprendido entre Casa Pepe y esquina Berroy, piensen que seguramente lo están haciendo por el interior de un foso de unos 35 metros de ancho que excavaron nuestros antepasados para protegerse del enemigo, quizá la primera obra de ingeniería militar llevada a cabo en este lugar donde hoy vivimos.



jueves, 8 de noviembre de 2012

LA HISTORIOGRAFÍA OFICIAL Y EL ARTE ZAGRÍ


No es fácil comprender la actitud de la historiografía oficial en relación con ciertos argumentos que presentan una lógica digna de tener en cuenta y que, además, resuelven lagunas que quedaban en medio de contradicciones evidentes.

Me refiero a la falta de reconocimiento del legado andalusí, el cual, se ha limitado exclusivamente a aquellos casos tan visibles que su negación resultaba totalmente imposible. Estos casos evidentes son, en cuanto a arquitectura se refiere, la Mezquita de Córdoba, la Alhambra de Granada, la Giralda de Sevilla, la Aljafería de Zaragoza, algo de Toledo y poco más. Eso sí, lo admitimos, lo hacemos tan nuestro y nos sentimos tan orgullosos de ello como también lo hacemos con la Basílica del Pilar o las catedrales de Burgos, Santiago de Compostela o Sevilla -por poner varios ejemplos-, afortunadamente, claro que sí. Sin embargo, en lo demás, ¿por qué ese afán de echar tierra encima de todo lo que pueda oler a “moro”?

Este empeño por borrar todo lo hispano-musulmán de estas tierras debió de comenzar cuando el Cardenal Cisneros ordenó en Granada la quema de libros escritos en árabe. Como dijo el poeta alemán Heinrich Heine, "allí donde queman libros, acaban quemando hombres’’.

Se implantó una política de uniformidad (confundiendo "unidad" con “uniformidad”), por la cual, se habría de imponer la religión católica sobre las demás, expulsando a los judíos y obligando a los musulmanes españoles a bautizarse, pasando éstos a denominarse “cristianos nuevos” o “moriscos”. Su definitiva expulsión (en Aragón supuso la pérdida de la quinta parte de la población, en 1610) constituyó uno de los hechos más oscuros y crueles de la historia de España, ejecutado, incluso, contra la voluntad de la nobleza y del resto del pueblo. A partir de ahí, se estableció en la sociedad española una noción de “tema tabú”al respecto, como algo sucio que olvidar. De esa manera, quedaron condenados al olvido, no sólo un gran elenco de españoles ilustres, que no tenían otro delito que llamarse Ibn Hayyan, Abul Qasim, Al-Yazzar, etc., en lugar de Pedro, Lorenzo o Francisco -verbigracia-, que, aunque ahora nos cueste creerlo, en esta piel de toro hubo gente que se llamó de esa manera sin ser menos españoles que los otros.

Se “reconquistó” la tierra, pero no la cultura. Algo lamentable, aunque ahora a mucha gente le cueste verlo así porque lo ven desde la perspectiva actual y no son conscientes del progreso que aquella cultura supuso, no sólo para España, sino para toda Europa. El caso es que quedó instaurada una actitud visceral contra lo árabe y ni siquiera se dio la posibilidad de adquirir unos mínimos conocimientos de esa lengua a cualquier universitario de letras que sintiera curiosidad por acercarse a esa cultura que había sido tan española. Obras de algunos de esos genios universales (españoles, insisto) hay que leerlas en inglés o en francés, porque no se han traducido todavía al español.

Las formas en que hoy conocemos nuestra historia vienen desde el siglo XIX, las cuales fueron estructuradas desde el punto de vista religioso que imperaba en la sociedad de aquella época, ya desde siglos atrás. Con los años, la orientación de la cultura se ha ido haciendo más laica y científica, pero persisten ciertos enfoques que siguen, en el fondo, impregnados de aquella religiosidad excluyente. Por poner un ejemplo: hoy en día, ya no se rechaza por motivos religiosos la teoría de que la torre de Tauste fuera construida como alminar, pero sí se rechaza porque contradice la historiografía de siempre –ésa que viene del siglo XIX-, en la que siempre se ha considerado un campanario. Es decir, persiste la doctrina que de aquello derivó, rondando a veces lo irracional y tan anclada en el pensamiento colectivo que, a menudo, ni siquiera a los intelectuales más laicos les chirría, prefiriendo quedarse con los postulados de siempre, por comodidad, inercia, etc. Este fenómeno tan "español” destaca especialmente al compartir las nuevas teorías con especialistas extranjeros, por la gran diferencia de actitud. Se muestran mucho más receptivos, debido, claro está, a que sus mentes no están contaminadas por todo ese poso que subyace subliminalmente en nuestra sociedad. Incluso, han tenido la posibilidad de estudiar a esos sabios nuestros en su lengua (inglés o francés), mientras que los de aquí no.

En alguna ocasión se nos ha dicho que no nos podemos quejar de la actitud desdeñosa de los ámbitos universitarios, si nosotros no nos hemos preocupado de darles a conocer nuestros progresos. No vale esa excusa.

Ya en 1937, el profesor Íñiguez Almech publicó un artículo sobre “Torres mudéjares aragonesas”, donde hablaba de un pergamino de 1243 por el que el Monasterio de San Juan de la Peña, cedía a la villa de Tauste los diezmos y primicias que de ella cobraba para que atendiera “a la terminación de las obras de la torre e iglesia, campanas y vestiduras”. También hablaba de la existencia de la torre vieja de la Seo “incluida dentro de la actual”, así como de la certeza de que tanto ésta como la de Tauste hubieran sido alminares. Lamentablemente, ese pergamino fue destruido durante los hechos revolucionarios acaecidos en Tauste en 1934, pero Borrás Gualís, Catedrático de Historia del Arte Moderno y Contemporáneo de la Universidad de Zaragoza, despachó de un plumazo tal afirmación porque no convenía a su datación de finales del siglo XIII, la cual se basaba en unas comparaciones que establecía con la iglesia de San Pablo, de Zaragoza, por cierto, bastante forzadas. Al profesor Íñiguez se le tachó poco menos que de fantasioso y se ponía en duda su capacidad para interpretar esos documentos, tratándose de un personaje que precisamente destacaba por su exquisita prudencia y rigurosidad de planteamientos. En cuanto a la existencia del alminar octogonal dentro de la torre barroca de la Seo, también se despacharon diciendo que sólo se limitaba a un cuerpo en la parte baja y que no era sino un capricho del arquitecto italiano que había diseñado esa torre. Sólo hay que subir por esa torre hasta el campanario para comprobar que dentro de la torre cuadrada hay una octogonal, como las de Tauste o San Pablo, pero todavía de mayores dimensiones que éstas. No creo que nadie medianamente entendido tuviera el valor de negar que aquello es indudablemente medieval y que, de barroco, sólo tiene la envolvente exterior y la parte de arriba. El problema es que no está abierta al público, pero ahí está.

Agustín Sanmiguel Mateo es otro de los ninguneados por los mismos estamentos. Desde los años 80, son numerosos sus trabajos y publicaciones donde detecta detalles de mucho bulto, a través de los cuales demuestra la invalidez de las dataciones oficiales dadas para muchas torres, principalmente situadas en las comarcas de Calatayud y de Daroca, que son las que más estudió, siempre con argumentos claros y evidentes. Su obra estrella, a este respecto, es el libro titulado “Torres de ascendencia islámica en las comarcas de Calatayud y de Daroca”, editado por el Centro de Estudios Bilbilitanos (Institución “Fernando el Católico”), Calatayud, 1998.

Paralelamente, el arquitecto Javier Peña Gonzalvo, al recibir encargos de restauración de torres e iglesias mudéjares, levanta planos de las mismas, lo que le permite un profundo conocimiento de sus estructuras y relaciones formales. Encuentra importantes contradicciones entre la realidad y lo escrito por los historiadores del arte y se ve abocado a buscar una coherencia que, a menudo, pasa por el reconocimiento de aquellas partes que se evidencian como más antiguas (generalmente, las torres) en otro contexto anterior, que no puede ser otro que la época taifal. De esta forma, da sentido lógico al nacimiento del arte mudéjar, como un estilo autóctono que representa la continuidad de una arquitectura preexistente en estas tierras, en lugar de aquella explicación tan forzada que consistía en afirmar que venían de inspiración almohade. También son numerosas las publicaciones de este arquitecto en este sentido, siendo de destacar el libro “La Cultura Islámica en Aragón” (Diputación Provincial de Zaragoza, 1986), coordinado por José Luis Corral y por él mismo, donde, junto con José Miguel Pinilla Gonzalvo (también arquitecto), daría a conocer estas realidades.

Muchas de las investigaciones de Javier Peña se han publicado en los Encuentros de Estudios Bilbilitanos, pero también en la revista Turiaso VII, donde, en 1987, publicó un articulo titulado “La Seo del Salvador de Zaragoza. Análisis e hipótesis de su evolución constructiva desde su origen como mezquita-aljama hasta el siglo XVI”. Aquí describe extensamente las razones de su orientación al SE, alterando la trama viaria romana, los ábsides al Norte, la Parroquieta, el alminar oculto en la torre de Contini, etc. Las excavaciones arqueológicas posteriores no desmintieron sus hipótesis, aunque las conclusiones de los arqueólogos (que, por cierto, no entraron a valorar algo tan importante como es el interior de la torre, vayan a saber por qué) fueran diferentes.

En 1992, comienza su colaboración con la asociación “Torre Nueva”, de Zaragoza, con motivo del centenario de su derribo. En sus investigaciones advierte que el repertorio arquitectónico es medieval y no del siglo XVI (datación oficial de la construcción de esa torre). En ese siglo ya se detecta una inclinación de más de dos metros, “pocos años después de haber empezado a construirla”. Como arquitecto razona que, para cualquier profesional de la construcción que le ocurra esto, lo más lógico es ordenar su demolición… a no ser que la torre existiera ya desde antiguo. Repara en otro detalle sobre esta misma torre: ¿cómo puede ser que construyeran una “Torre del Reloj” sin sitio para el reloj? (estaba chapuceramente superpuesto sobre la misma).

También en 1992 se está restaurando la Parroquieta de la Seo. El arquitecto restaurador de la misma, advertido por Javier Peña de su posible origen islámico, le invita a verla de cerca y afirma que el ábside románico inmediato se apoya sobre la Parroquieta (para entendernos, una obra del siglo XII que se apoya sobre otra “datada en el XIV”, extraño, ¿no?). La demostración de su origen anterior era ya muy evidente, dada la ruptura estrepitosa que suponen las ventanas ojivales (del siglo XIV, claramente) sobre un lienzo decorado con una geometría tan perfecta (además de otros indicios). Es en esa visita cuando Peña, desde los andamios, descubre una inscripción incisa en el yeso con la autoría de esa fachada escrita en árabe (aún se ve desde la calle), lo que corrobora la datación en el siglo XI y no en el XIV, pues, en esta época, los alarifes firmaban siempre en latín. La noticia fue publicada en Heraldo de Aragón a toda página, pero siempre hubo silencio total por parte del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza.

Jamás este Departamento se ha manifestado en estos aspectos. No podemos esperar que, de la noche a la mañana, pasen a admitir, sin más, las nuevas conclusiones, pero sí pensamos que no es de recibo que ni siquiera se admitan a discusión. Borrás Gualís, en sus libros sobre el Arte Mudéjar Aragonés, evita cualquier mención al respecto. Después de muchos años de omisión total, en su ediciónde 2008, da el paso de dignarse a hacer alguna escueta alusión. Así, en el apartado correspondiente a la torre de Alagón (tomo I), sobre la datación islámica dada por Javier Peña para esta torre, argumenta, sin más, que “desde luego, las características formales no resisten la clasificación ni la cronología relativa para la torre-campanario”. El rodillo es simple: no se admite nada islámico en Aragón fuera de la Aljafería y, así, nunca existirá cronología relativa que usar. De esa forma, siempre tendrá razón.

Otro caso llamativo es el de Wikipedia, ejemplo claro de que tratan de silenciar estas investigaciones. En el capítulo de la historia de Zaragoza correspondiente al periodo islámico publican el dato ya “ancestral” de que la población de Saraqusta pudo alcanzar los 17.000 habitantes (25.000 según J.L. Corral). Sus fuentes (obligatorias) son historiadores serios como M.J. Viguera. Peña corrige el artículo y dice que pudo llegar a 50.000 habitantes, pero el censor de la enciclopedia, un tal Escarlati, lo borra. Se protesta y se argumenta que este dato proviene de la fuente original, Torres Balbás, quien en los años 50 propuso un censo para las principales ciudades andalusíes basado en su extensión con una misma densidad. Entonces se creía que Saraqusta sólo llegaba hasta el Coso, 47 Ha, 17.000 habitantes. Estaba en un error porque Saraqusta llegaba hasta el Portillo, Puerta del Carmen, Santa Engracia y Puerta Quemada, 140 Ha, 50.000 habitantes. Las excavaciones arqueológicas desde los años 80 han corroborado esta extensión y, por tanto, el error de Torres Balbás. Escarlati insiste y veta, argumentando que “tiene que estar publicado” y no valen esas cuentas. Peña le responde que está publicado desde el s. XII, porque Ibn Kardabus da el dato concreto de que “abandonaron la ciudad 50.000 saraqustíes”. Finalmente, Escarlati, viene a contestar que Ibn Kardabus era un fantasioso y, además, moro. No vale. Veto definitivo.

En mayo de 2010, salió publicado un artículo de mi autoría en la revista “Aragón, turístico y monumental”(SIPA), titulado “Datación de la torre de Tauste”, donde expongo un resumen de mis investigaciones sobre la misma y demuestro el error de la datación oficial, que la sitúa en el siglo XIII, cuando realmente es un alminar del XI, con un llamamiento expreso a la reconsideración de todas estas cuestiones, dada su importancia desde muchos puntos de vista. Si todavía, en aquel momento, les quedaba el argumento de que no pudo construirse semejante alminar en esa época porque no había datos que demostraran siquiera la existencia de una población estable y asentada, en octubre del mismo año se descubre una importante necrópolis, en la que se calculan del orden de 4.500 enterramientos, entre los siglos VIII y XI.

¿Algún motivo más para silenciar todo esto?

Nunca hemos deseado protagonismo ni beneficio personal alguno. Como decía antes, tampoco pretendemos que los historiadores pasen automáticamente a admitir las nuevas consideraciones sin antes mirarlas con lupa, pero no nos parece de recibo esa actitud continuada de desprecio, sin estar abiertos siquiera a una mínima discusión, tratándose, por un lado, del patrimonio arquitectónico más singular que tenemos en Aragón y, por otro, de la institución que debería ostentar la mayor labor investigadora. Cada uno es especialista en aquello que se ha formado, conoce y desarrolla; por eso, nosotros no pretendemos dar a lecciones de historia del arte a nadie, pero los expertos en letras tampoco pueden negar nuestra solvencia para reconocer los edificios desde el punto de vista técnico, y creemos que tienen la obligación de compatibilizar todos los datos para aportar las soluciones adecuadas, en lugar de quedarse tan sólo con las suyas propias. Todavía siguen diciendo que el estudio documental, ése para los que ellos son los más capacitados, es el único que conduce a resultados fiables, insinuando que lo demás son aventuras peregrinas. Supongo que no se referirán a documentos escritos en árabe, ni siquiera a los traducidos de esta lengua al inglés o al francés, porque, aun siendo originarios de nuestro país, no han sido traducidos al castellano. Tampoco a los del siglo XIV, de los que se nos dijo que la mayoría se encuentran sin estudiar. Quizá deberían empezar a explicarnos de qué documentos, pues, han sacado eso de que Tauste, en época islámica, no habría pasado de ser un hisn (lugar fortificado sin identidad de ciudad) o que la torre se construyó como campanario de la iglesia mudéjar. Los historiadores pueden equivocarse como todo el mundo sin dejar por ello de ser personas respetables –y hasta admirables-, pero cuando, ante hallazgos tan innegables como éstos, prefieren ignorarlos y seguir encerrados en su mundo, manteniendo a capa y espada lo insostenible, esperando a que un día los demás nos quedemos callados para que vuelvan a quedar incólumes sus postulados, al menos, ya dejan de ser admirables. No están cumpliendo con lo que la sociedad espera de ellos.

Todo ello, claro está, sin ánimo de generalizar, porque también hemos tenido la suerte de conocer a personas extraordinarias dentro de ese ámbito universitario, que siguen aportándonos esos conocimientos tan necesarios con admirable entusiasmo.

Gracias a todos ellos.



viernes, 2 de noviembre de 2012

CARTA DE UN AZUARINO


No sé qué tiene este hombre, pero no es la primera vez que me toca la fibra sensible en una de sus cartas. Hubo una ocasión en la que no me pude resistir y la publiqué en este mismo blog, porque me pareció sublime. Si queréis recordarla, pulsar aquí:

Esta vez, también quiero compartirla a través de este medio. Una forma de conocer cómo nos ven desde fuera. Él y sus compañeros de la Asociación Cultural "Zauril", de Azuara. Un grupo de espartanos que luchan por defender su patrimonio en medio del desierto y del olvido más procaz. Motivos para luchar tienen, porque no les falta de nada: prerromano, romano, zagrí, románico, mudéjar... Todo ello, en un pueblo de apenas 700 habitantes.
Para que os hagáis idea de dónde viene esto, visitar  http://reflejosdeazuara.blogspot.com.es/

La carta dice así:

Hola Jaime. ¿Qué tal, cómo marcha todo?
Primeramente mis felicitaciones a vuestra Asociación Cultural "El Patiaz". Hay que tenerlos bien puestos para emprender una aventura de tan gran envergadura y emocionante como esta. La verdad es que, cuando he terminado de leer el texto y después de haber visto el video y las fotos, me he quedado impresionado, estupefacto ante semejante descubrimiento.
No puedo imaginar las sensaciones que habéis tenido que vivir en todo este proceso. Gracias a vosotros se va a volver a reescribir la historia de Tauste, y lo que está claro, que tu estudio sobre la Torre de la Iglesia de Sta. María toma más fuerza con el descubrimiento de esta necrópolis musulmana.
Siento mucha admiración por todas aquellas personas que luchan por sus pueblos. Tauste tiene una gran suerte al contar con una Asociación Cultural tan competente; que siente y hace sentir, que sueña y hace soñar.
Es una suerte contar con el apoyo del Ayuntamiento, me alegra, es importantísimo tener un respaldo institucional.
Tengo pendiente hacer una visita a Tauste. A ver si un fin de semana tengo un huequecico y me escapo con mi cámara para conocer el lugar y hacer unas fotos.
Por aquí, por Azuara, todo sigue igual, parece como si el tiempo estuviese envasado al vacío, como si estuviera parado y, tan solo, la propia naturaleza fuera capaz de moverse dentro de su habitual rutina cíclica.
Beligiom, la ciudad celtibérica arrasada por las tropas Sertorianas, sigue durmiendo bajo el yermo, arropada de cenizas y constantemente saqueada por pequeños buscatesoros. La Malena, un vestigio romano de un valor artístico-histórico incalculable cuyo presente es desinterés y olvido, y de futuro..... muy incierto, asume cómo la humedad y las malas hierbas le van restando belleza.
Bueno Jaime, muchas gracias por compartir vuestra historia. Me alegra mucho saber todas esas cosicas que hacéis por TAUSTE.
Un abrazo.
Jose Angel Crespo

sábado, 27 de octubre de 2012

¿MODELOS DE LA ARQUITECTURA ZAGRÍ?

Por lo que me han contado algunos historiadores del arte, la forma de datar los edificios en los que no hay documentación que asegure inequívocamente la fecha de su construcción es mediante la comparación estilística con otros de datación segura.
Por eso, cuando afirmo que la torre de Tauste no es mudéjar del siglo XIII sino zagrí del XI y me preguntan que cuáles son las características formales de ese arte que me permiten establecer el vínculo con nuestra torre, me encuentro con un gran problema, y es que, tanto la pregunta como la respuesta, tienen mucha miga.
Respeto mucho los conocimientos de las materias que no domino (lo mío es la Arquitectura y no la Historia), pero me voy a atrever a cuestionar la datación que han hecho los eruditos acerca de tres torres datadas en la misma época que sus correspondientes iglesias:

TORRE DE UTEBO:



TORRE DE LA MAGDALENA (ZARAGOZA):


TORRE DE ALBALATE DEL ARZOBISPO:


No hay documentos que indiquen de manera inequívoca la fecha de construcción de estas torres; en todo caso, referencias a obras realizadas en las mismas, que han podido ser restauraciones o reformas. De las tres afirman que son mudéjares y que pertenecen a la misma época que sus iglesias respectivas, también mudéjares. Ahora díganme, así, sin entender mucho, en qué se parecen estilística y decorativamente esas torres a esas iglesias y si han podido ser concebidas por los mismos alarifes o por otros coetáneos.
Las tres obras son dignas de arquitectos excepcionales, pero ¿por qué la ubicación de las torres encaja tan mal en relación con la iglesia a la que pertenecen? Cuando una torre está construida a la vez o a continuación de su iglesia, el encaje es perfecto: comparten muro, alineación y uniformidad en el estilo arquitectónico. Como ejemplo de ello, podemos poner la de Paniza:



o la de Torralba de Ribota:


Sin embargo, en los tres primeros ejemplos, aparte de que la labor del ladrillo es claramente diferente entre torre e iglesia, sucede que, en la de Utebo, la torre está separada de la iglesia; la de la Magdalena (vean el enlace) está notabemente desviada respecto a la alineación del templo y en Albalate se encuentra descaradamente torcida. ¿Caprichos de aquellos arquitectos que, por otra parte, mostraban un manejo riguroso de la geometría?
En el caso de Tauste, también se ve claramente la separación entre la iglesia y la torre, donde se aprecia la mayor antigüedad de ésta porque el paramento de la iglesia tiene rebabas de mortero: no les cabía la paleta y no pudieron rejuntar el muro de la iglesia que estaban construyendo pegado a la torre, pero ésta sí que está bien rejuntada en todas sus caras; fue concebida para estar exenta.
El problema tiene su origen en un planteamiento erróneo que viene desde el siglo XIX, cuando se empieza a tener en cuenta la arquitectura mudéjar. Se dio por hecho –así, sin más- que en Aragón no quedaba ninguna construcción de la época andalusí, quizá porque se había instaurado la idea de echar tierra sobre todo lo que pudiera oler a “moro”, ya desde siglos atrás. Los historiadores del arte han ido ampliando sus investigaciones, pero nunca cuestionando este dogma, por lo que, oficialmente, este arte no existe, salvo en el Palacio de la Aljafería, de donde se dice que sirve de modelo para el desarrollo de toda la arquitectura mudéjar aragonesa, argumento que tampoco se sostiene por dos motivos: uno, que la Aljafería es una construcción civil y militar, cuyas estructuras no tienen nada que ver con la arquitectura religiosa del mudéjar, y la otra, que los motivos decorativos de la Aljafería para nada pudieron servir de precedente al rico repertorio que luego se desarrolló en el mudéjar aragonés, como es evidente. De modo que, “oficialmente”, no hay modelos del arte zagrí que puedan ser referentes para otros edificios sin datación documental segura. Todo se ha metido en el mismo saco: arquitectura mudéjar, a partir del siglo XIII.
Dicen que esta arquitectura nació inspirada en la que hacían los almohades en la misma época. ¿Es coherente pensar que en las tierras de Aragón, tras dos siglos de cristiandad, se estuviera copiando para sus iglesias el modo de construir de un imperio musulmán, cuya frontera se encontraba a unos 500 Km, al Sur?
Admiten, como es lógico, que, cuando los cristianos van conquistando el territorio, encuentran mezquitas en los pueblos que son consagradas para el culto cristiano, las cuales tendrían sus correspondientes alminares. Pasado un tiempo, derriban esas mezquitas para construir las iglesias que hoy conocemos. Pero en lo que no repara la historiografía oficial es en que, en muchos casos, los alminares no son derribados, sino reutilizados como campanarios. Ése es el verdadero origen del mudéjar aragonés y no la arquitectura almohade, la cual, a propósito, debe mucho a la zagrí, pues, las gentes que emigraron de estas tierras tras la conquista cristiana, se llevaron sus conocimientos hacia el Sur y se observa una clara evolución en las estructuras de las torres, desde las más antiguas de aquí (por ejemplo, la de San Pablo) hasta las almohades, como la Giralda.
Otro ejemplo curioso lo tenemos en el muro de la Parroquieta de la Seo. Aparte de los ventanales del siglo XIV que rompen estrepitosamente una labor geométrica exquisita (está claro que éstos no son originales del muro, sino abiertos muy a posteriori) y otras explicaciones sobre las que no voy a extenderme (vean el enlace anterior), aparece la firma de un alarife escrita en árabe, lo cual indica que esa firma es de época taifal, pues los alarifes mudéjares ya no firmaban en árabe, sino latín. Esta inscripción, detectada por Javier Peña en 1992, fue objeto de publicación en la prensa, pero, luego, sistemáticamente "silenciada" en las publicaciones académicas. Claro, es difícil explicar cómo se puede hacer una firma en el siglo XI sobre una pared del XIV. También es especialmente llamativo el caso de la torre de la Seo (pinchen y verán, que éste es tremendo).
Podemos citar más de una treintena de torres con la misma casuística, pero, de momento, valgan los ejemplos:
- Zona de Zaragoza: la Seo (oculta dentro de la torre barroca), la Magdalena, San Gil, San Pablo, Utebo, Alagón, Tauste, San Mateo de Gállego, Leciñena, Belchite.
- Zona de Calatayud: San Andrés y San Pedro de los Francos (Calatayud), Ateca, Belmonte de Gracián, Terrer, Villalba de Perejil, Aniñón, La Vilueña, Huérmeda, La Almunia de Dª Godina, Ricla.
- Zona de Daroca: Santa María (Daroca), Romanos, Longares, Villanueva de Huerva.
- Zona de Tarazona: Magdalena (Tarazona), Santa María (Borja).
Además de otras edificaciones, con el Palacio de la Aljafería al frente (único reconocido oficialmente), como la Parroquieta de la Seo (¿antiguo mausoleo?), Monasterio de la Resurrección de Zaragoza (¿antigua zuda?), iglesia de San Andrés y claustro de Santa María de Calatayud (antiguas mezquitas), así como restos de fortificaciones y otras construcciones diseminadas por nuestra geografía aragonesa. Todo ello, detectado por los arquitectos Javier Peña Gonzalvo y José Miguel Pinilla Gonzalvo, ambos de Zaragoza, quienes llevan treinta años viendo las tripas a estos edificios en sus obras de restauración.
No podía ser que en una época tan brillante de nuestra historia (podemos llamar al siglo XI como el Siglo de Oro de Tzagr-Alandalús) se construyera tan mal y que nada de lo que dejaron aquellas gentes mereciera ser aprovechado por los que vinieron después, como siempre ha ocurrido en todas las partes del mundo y se admite con toda naturalidad, salvo en Aragón, no se sabe muy bien por qué.
Aunque lentamente, algunos historiadores ya van abriendo los ojos a esta realidad innegable, pero sería necesario que los medios informativos y los departamentos de turismo de la Administración Pública se hicieran eco de ello, porque es muy importante para el Patrimonio de Aragón. Erróneamente catalogado dentro del mudéjar, tenemos en nuestra tierra un rico patrimonio de época taifal que debe ser dado a conocer como tal, con el incremento de valor que ello supone, en un medio geográfico situado tan al norte de la Península, lo que aún lo hace más interesante.

Se trata de una realidad digna de ser estudiada y documentada con el rigor que merece, y dar cuenta de ello a la UNESCO, porque este conjunto a catalogar (a recatalogar, en ente caso) supone el verdadero origen de la arquitectura mudéjar de Aragón, considerada como Patrimonio de la Humanidad.



miércoles, 24 de octubre de 2012

PROMOCIÓN TURÍSTICA DE LA NECRÓPOLIS ISLÁMICA DE TAUSTE

Como socio de la Asociación Cultural “El Patiaz” y colaborador en el grupo de trabajo de la misma, pienso que su misión respecto a la necrópolis musulmana de Tauste está prácticamente culminada, salvo en todo el apoyo que esta Asociación pueda prestar en el terreno cultural, exclusivamente.

Han pasado más de dos años cuando, tras muchas dudas y reflexiones al respecto, El Patiaz tomó la iniciativa al producirse un hecho que marcó un punto de inflexión en lo referente a este tema: la llegada al Ayuntamiento de una carta de Patrimonio dando instrucciones sobre la necrópolis, sin saber siquiera de qué época se trataba. Ante la situación más que probable de que fuera la propia administración autonómica la que aquí interviniera, con la consiguiente paralización en todos los aspectos que ello suponía y pérdida del control tanto para el desarrollo cultural como para el urbanístico en esta zona, El Patiaz decidió actuar conjuntamente con el Ayuntamiento y promover la primera cata, de la que se obtuvieron espectaculares resultados.

Al año siguiente, con el fin de avanzar en la materia, la Asociación promovió una segunda cata, con resultados similares, y, en este 2012, la tercera actuación, esta vez en un domicilio particular. Cierto es que esta última tenía una motivación diferente, que era la posibilidad de hallar restos de época visigótica, dado que el cementerio (y por lo tanto, Tauste, con el nombre que tuviera entonces, pero que nuestros historiadores todavía no han descubierto) ya existía desde antes de la llegada del Islam al Valle del Ebro. Todo apuntaba a que, de poder encontrar restos de aquella temprana época, tenía que ser por este emplazamiento concreto (no voy a extenderme aquí en las pistas que nos llevaban a ello), pero no fue así. Sin embargo, la actuación no resultó infructuosa de ninguna manera; más bien al contrario. El hallazgo de doce esqueletos en tan poco espacio (ocho adultos y cuatro niños) y, sobre todo, la disposición en distintos niveles, evidencia que el cementerio no sólo era extenso en superficie, sino también en periodo de ocupación. Apareció un resto de cerámica vidriada, datable en los siglos X-XI, lo que confirma lo que ya sabíamos y hace innecesario gastar en nuevas pruebas de Carbono 14.

Desde la primera cata y a la vista de las nuevas obligaciones para los propietarios de los terrenos afectados (la ley es injusta y carga sobre ellos la obligación de realizar exploraciones arqueológicas previamente a cualquier actuación edificatoria), El Patiaz se interesó por defender los intereses de los mismos y realizó gestiones ante el Ayuntamiento para que, vía bonificación en la tasa de licencia o de la forma que administrativamente sea más viable, se les compense de los gastos que ello suponga. La respuesta fue afirmativa por parte de la Corporación anterior, y ratificada verbalmente por la actual.

Como decía al principio, pienso que la Asociación no debe seguir actuando como promotora de más actuaciones arqueológicas, pero tampoco abandonar, sino traspasar la responsabilidad a quien corresponde, sin dejar de prestar su apoyo como asociación cultural. La relevancia de la necrópolis (posiblemente, el cementerio islámico más importante de todos los hallados en Aragón) debe obligar al Ayuntamiento a coger el testigo y gestionarlo de la manera más eficaz.

Pondría varios ejemplos que hablarían de la falta de constancia de nuestra idiosincrasia y de lo fácilmente que nos desinflamos, contra todo ese tópico de la cabezonería aragonesa, pero no merece la pena. Sin embargo, valga la siguiente observación: una profesional de turismo de la Comunidad de Madrid, Carolina Izquierdo, presentó un trabajo sobre la Promoción Turística de Tauste que convenció hasta el punto de ser merecedora de la Beca de Investigación del año pasado y de exponer sus conclusiones en una charla de las jornadas sobre la Historia de Tauste. Al público de Tauste le sorprende agradablemente que alguien de fuera venga a contarle expectativas insospechadas sobre cosas que siempre ha tenido por vulgares y que, en realidad, le está argumentando que no lo son, sino que tienen un atractivo considerable al que se le puede sacar rendimiento. Como otras veces, toda la ilusión acaba a los pocos minutos de terminar la conferencia, con comentarios del tipo “qué bien ha hablado esta chica”, “vaya, pues no hubiera pensado yo…”, etc., para pasar esas ideas al día siguiente al sueño de los justos y sin mayor provecho.

Recuerdo las estrategias de marketing y difusión que Carolina expuso (están escritas en su trabajo), como herramientas para poner en valor nuestro patrimonio y atraer al máximo número de visitantes. Requiere de una infraestructura que, en otros lugares se ha puesto en marcha con mucho éxito, pero aquí -no nos engañemos- no se va a producir ese fenómeno. Es como si estuviéramos condenados a no progresar, porque ni siquiera somos capaces de creer en lo nuestro propio. Cuánta más pasividad, mayor inmovilismo, y cuánto más inmovilismo, mayor pasividad.

A no ser que se produzca algo excepcional. Pero ese “algo excepcional” hay que provocarlo y cultivarlo. Propongo que, por una vez, tratemos de experimentar, que, cuando nos lo proponemos, también somos capaces de los logros más excepcionales. Vean la foto que sigue:



No me digan que no es espectacular. Imagínenlo en un terreno diez veces mayor, decenas de tumbas milenarias, todas orientadas de la misma manera, con los cuerpos de costado y mirando hacia La Meca. Esqueletos de verdad, de todos los tamaños, de personas que eran de aquí y que vivieron hace más de mil años. Un campo de trabajo organizado para ser visitado en paseos guiados, con las explicaciones oportunas por parte del personal encargado. Con una publicidad bien planteada a través de todos los medios de difusión posibles, incluidas las oficinas de turismo del entorno (sobre todo las de Zaragoza), podría resultar un destino atractivo para gentes de todas las edades y aprovechar para dar a conocer nuestro patrimonio, además de lo que ya se viene haciendo en las temporadas en que permanece abierta la Oficina de Turismo. Darlo a conocer en las universidades, para que los estudiantes de arqueología tengan la oportunidad de venir a trabajar en este yacimiento. Aprovechar la ocasión para tratar de poner a Tauste en el mapa, por una vez en la vida, y, si se consigue, a ver si se logra que ya no se borre.

No están los tiempos para dejar pasar ideas ni oportunidades. El turismo es un complemento sostenible cada vez más importante en la economía allí donde se promociona. Es muy importante el qué, pero también el cómo. Cómo atraer al máximo número de visitantes posible, cómo gestionar la fuente de ingresos que de ello se pueda obtener, cómo ofrecer los servicios necesarios para que ello sea posible… Todo eso está inventado en otros sitios, aunque aquí siempre hayamos vivido sin fijarnos en ello.

¿Por qué no plantearse este reto para el próximo verano?. Sorprendamos al mundo enseñando lo que no pueden ver en ningún otro sitio. Ojalá los primeros sorprendidos gratamente seamos nosotros, al contemplar los resultados.

viernes, 5 de octubre de 2012

VISITA DEL PROFESOR LALIENA A LA NECRÓPOLIS ISLÁMICA DE TAUSTE


El pasado día 1 de octubre comenzaron los trabajos de una nueva exploración arqueológica en el cementerio musulmán de Tauste, esta vez dentro de una finca particular, cuyo dueño ha tenido la amabilidad de poner a disposición de la Asociación Cultural “El Patiaz”, para seguir investigando en un hallazgo tan importante como es éste para la historia de nuestro pueblo.

Recordemos que la primera cata se realizó hace dos años, bajo la calzada de la Avenida Obispo José Mª Conget, en la que se hallaron enterramientos musulmanes. Analizados por métodos radiocarbónicos en el Centro Superior de Investigaciones Científicas –Madrid-, se determinaron las fechas de los mismos, resultando en uno de ellos la fecha absoluta más antigua para un individuo enterrado mediante rito islámico en todo Aragón, según el dato que proporcionó en su día el arqueólogo de la Diputación General de Aragón D. José Ignacio Royo.

En esta actuación arqueológica, también se han encontrado tumbas claramente islámicas, las cuales se distinguen por hallarse los cuerpos depositados sobre el costado derecho y con la cara mirando hacia La Meca.


Hoy, día 5 de octubre, es de destacar la visita del catedrático de Historia Medieval, D. Carlos Laliena Corbera, quien se ha acercado hasta Tauste acompañado por tres de sus alumnos, para conocer “in situ” las peculiaridades del yacimiento. El profesor Laliena es autor de numerosos trabajos sobre la historia medieval y fue ponente de uno de ellos, titulado “La conquista feudal a escala local: el ejemplo de Tauste en el valle medio del Ebro (S. XII)” en el marco de las V Jornadas sobre la Historia de Tauste, que se desarrollaron en diciembre de 2003. Aquella conferencia resultó especialmente interesante por la novedad que supuso el cuestionamiento de la fecha de la incorporación de Tauste al reino de Aragón, que siempre se había supuesto en 1105 y Laliena retrasaba hasta 1121, casi tres años después que Zaragoza, en otro contexto histórico totalmente diferente, lo cual hace ese episodio de la historia de nuestro pueblo todavía más interesante.

Durante la visita al yacimiento, el arqueólogo que dirige las excavaciones, D. Francisco Javier Gutiérrez González, ha explicado las características generales de las necrópolis islámicas, para pasar a detallar aquéllas que singularizan ésta de Tauste, destacando, sobre todo, la considerable distancia que existe entre el casco antiguo de la población y este cementerio, de lo que cabría deducir que, en aquella época, el casco urbano de Tauste ya se extendía hasta este lugar, dada la costumbre de adosar los cementerios al perímetro exterior de las ciudades. Se ha puesto de manifiesto la importancia que esto tiene para estimar que Tauste, en aquel entonces, ya podía tener un tamaño de población considerable y la relación de estas conclusiones con la teoría de que la torre de Santa María había sido construida como alminar-atalaya en el siglo XI y no como campanario mudéjar en el XIII.

La estancia del profesor Laliena en Tauste ha finalizado con la visita a los restos de la muralla andalusí existentes en la calle Rey de Artieda, así como al entorno de la Iglesia de Santa María, acompañado de la presidenta de “El Patiaz”, Dª Mª Teresa Ansó Larragay, y el responsable de la oficina de turismo, D. Francisco Castillo Sola.