sábado, 14 de julio de 2012

COMENTARIOS SOBRE LA ENTREVISTA



Quiero agradecer a todos las efusivas felicitaciones por la entrevista en el Heraldo de Aragón publicada el pasado día 6 de julio y, especialmente, a Noeli Barceló.

Las reacciones positivas se van sucediendo, hasta el punto de que, una teoría que, en un principio, parecía casi marciana, cada vez va tomando más aceptación.

Quedan los escépticos, totalmente comprensibles. Cómo no. No se puede contar a un pueblo que esa torre que siempre se ha tenido como mudéjar del siglo XIII se les diga que ahora no, que es un alminar del XI y, automáticamente, pasen a creerlo, por muy sólidos que sean los argumentos aportados, máxime cuando se trata de un asunto del que no cabe esperar que casi nadie lo viva con la intensidad que lo vivimos cuatro ilusionados y el de la guitarra.

Me siento muy satisfecho porque, por parte de esta gran masa de gente –que es la mayoría, incluso por un sector cada vez más creciente de la rama de historia- ya se adopta una postura de normalidad ante estas nuevas teorías, lo que significa que, poco a poco, va calando.

Escribo este artículo porque hasta ahora, sí, nos hemos deshecho (me refiero a Javier Peña, José Miguel Pinilla y yo) en explicar estas evidencias desde el punto de vista técnico, pero hay otra explicación sencillísima muy fácil de asimilar y que aporta mucha base.

Digamos que mucha gente, desde el día de mi charla en la Casa de Cultura (10 de febrero de 2009) y la posterior publicación de mi trabajo “Tauste en los siglos XI al XIII” en el libro de Actas de las X Jornadas sobre la Historia de Tauste” editado por la Asociación Cultural “El Patiaz”, empezaron a admitir aquello de que “pues no digo yo que tanto como ha dicho éste de que la torre sea un alminar del siglo XI pueda ser cierto, pero que sea anterior a la iglesia, eso parece claro”. Normal, siempre se ha tenido a la torre por “mudéjar” y un “iluminado” no le cambia la consideración de la noche a la mañana.

Pero pensemos una cosa. Vamos a imaginar que, efectivamente, la torre es un campanario mudéjar construido antes que la iglesia de Santa María, aun a pesar de que no tiene configuración de campanario (recordemos que tuvieron que romper los huecos para alojar las campanas) y de todos los argumentos que no voy a repetir aquí. En ningún lugar se construye un campanario antes que una iglesia, sino al revés. Las obras siempre se comienzan por lo más importante funcionalmente, que, en este caso, es la iglesia. Se empieza por el ábside y se va ampliando por tramos, a medida que la feligresía y las posibilidades van creciendo. Si hace falta llamar a los fieles a oración, se levanta una espadaña para poner una campanica (como lo que hay sobre el tejado del ábside) y ya cumple la función. Levantar semejante campanario supone un potente acto de afirmación y de grandeza acerca del templo al que acompaña y, recordemos que, con todo lo grande que es la iglesia de Santa María, aún así, el tamaño de la torre se queda desproporcionado. A todo esto, no creo que a nadie se le ocurra sostener la idea de que quizá empezaran a hacer el ábside y los dos primeros tramos para pasar a levantar la torre y finalizar la obra con el último tramo. Sí, esto explicaría lo que ya es evidente, que cuando se construye este tramo la torre ya existe (por lo de las hiladas perfectamente rejuntadas), pero es una idea tan sumamente peregrina que no puede caber en ninguna lógica por los motivos antes expuestos y otros.

La iglesia de Santa María de Tauste es uno de los ejemplares mudéjares más antiguos de Aragón (digo la iglesia, no la torre). La arquitectura mudéjar comienza pasado más de un siglo desde la conquista cristiana. En el periodo comprendido entre principios del siglo XII (conquista cristiana) y principios o mediados del XIII (aparición del mudéjar en Aragón y construcción de la iglesia de Santa María), no cabe pensar en la construcción de una edificación mudéjar tan magnífica como la torre de Tauste. Demasiada actividad constructora para este pueblo que las está pasando canutas para levantar la iglesia de San Miguel (San Antón), una fábrica muy diferente, por otra parte, para ser de la misma época. Absurdo total.

Pero, aun pensando que así fuera (y ya me parece que estoy rozando el colmo del surrealismo por sostener lo que siempre se ha dicho), no podemos suponer que hicieran la torre sola, sin templo adjunto. ¿Para qué?. ¿Para vigilancia?. Está claro que se trata de una arquitectura religiosa, pues las construcciones militares se hacían con tapial de yeso y no de ladrillo. Menos aún con esas decoraciones tan ricas. Tendríamos que pensar, pues, que esa torre “mudéjar” habría sido construida junto con otra iglesia mudéjar anterior a la que conocemos, pero posterior a ¿1200? (como mucho), porque, lógicamente, si la torre está hecha con una tecnología de ladrillo y yeso, el templo al que acompañaba, sería del mismo estilo. Pero, mira por dónde, pasados tan sólo 40 o 50 años, deciden derribar aquella iglesia mudéjar para construir otra mudéjar, que -ésta sí- llegue hasta los pies de la torre. ¿Por qué deciden derribarla, si una torre tan magnífica acompañaría a un templo igualmente magnífico y tan bien construido como la torre?.

Otra teoría que se contempla en muchos casos es que la antigua iglesia podría ser románica (como San Antón) y se derribó para construir la iglesia mudéjar que hoy conocemos. ¿Sabían ustedes que, según la historiografía oficial, Aragón tiene el guinnes de los récords de iglesias románicas derribadas pocos años después de haber sido construidas para ser sustituidas por las iglesias mudéjares hoy existentes, pero de las que jamás han aparecido ningún resto arqueológico?.

Sólo por no admitir algo tan natural como que cuando los cristianos toman Tauste en 1121, se encuentran con una mezquita y un alminar en el centro del pueblo, ambos construidos en ladrillo y yeso, la mezquita la consagran para el culto cristiano y el alminar lo reutilizan como campanario. La primera obra importante que realizan los cristianos en Tauste es la iglesia de San Miguel, la cual coexiste durante algún tiempo con la antigua mezquita, hasta que deciden derribar ésta y construir la iglesia siguiendo las modas de entonces, pero no son tan tontos como para derribar el magnífico alminar del siglo XI.

martes, 10 de julio de 2012

OFICINA DE TURISMO DE TAUSTE

Parece ser que ya funciona, de nuevo, la Oficina de Turismo de Tauste, una constante reivindicación de la Asociación Cultural "El Patiaz".
Como todos sabéis, se encuentra en el Edificio de la Cámara (Cuesta de la Cámara, s/n, bajos). Su dirección de correo electrónico es turismotauste@gmail.com y, de momento, va a estar disponible al público del 1 de julio al 28 de octubre: viernes, fines de semana y festivos de 9:00 a 14:00 y de 16:00 a 19:00.
¡A promocionar nuestro pueblo!.

jueves, 28 de junio de 2012

CARLOS AURENSANZ Y LOS BANU QASI

Conocí su primer libro por casualidad. Había publicado por aquellos días en este blog unos artículos sobre los Banu Qasi y mi buen amigo Manolo se presentó un día en casa con ese libro en la mano. “Toma y léelo, a ver qué te parece –me dijo-, que lo vi el otro día en El Corte Inglés, me acordé de tu blog y lo compré”.

Esa misma noche empecé a devorarlo y me encantó. Una historia fascinante situada en esta misma tierra que nosotros ahora habitamos, y, además, muy bien contada. Hay qué ver lo bien que controla este hombre los tiempos, esa armonía que tiene que haber entre el tiempo que uno invierte en leer un pasaje y la duración real del mismo, descripciones que te recrean en el ambiente, pero sin abusar, para pasar inmediatamente a la narrativa, cómo te mantiene en vilo desde el principio hasta el final. Después, me meto a leer la crítica y veo que una de las cosas que más le alaban es la rigurosidad histórica, ésa que muchos sacrifican o dejan al margen para hacer más entretenida la novela y abusan de catalogarla como “histórica”. Pero a Carlos no le hace falta recurrir a imprecisiones para escribir una gran obra sin salirse del rigor propio de un hombre de ciencias, como es él. De profesión, veterinario, y hasta de eso se sirve magistralmente para introducir alguna curiosidad sobre el conocimiento de los animales, tan habituales entonces en la vida de las personas, y de los que ahora tantas cosas desconocemos.

Pero, claro, tan preciso él que, en toda una historia de idas y venidas entre ciudades como Zaragoza, Tudela, Ejea, Borja, Tarazona, Caparroso, Alfaro, Arnedo, Pamplona, Toledo, Córdoba, etc., todo ello en el siglo IX, no sale Tauste para nada. ¿Cómo iba a salir, si oficialmente nunca había existido?. Sentí la necesidad de contactar con él para contarle lo de nuestro cementerio andalusí, que demuestra que Tauste, en aquella época, era ya una población asentada y de cierta envergadura, existente desde antes de la llegada del Islam a estas tierras del Conde Casio. Le localicé en facebook y le pedí amistad con poca esperanza de que me respondiera. “Sí, a ti te va a responder –me dije yo-, como si no tuviera otras cosas que atender el mozo”, pues estaba en plena recta ascendente del éxito de su primer libro “Banu Qasi. Los Hijos de Casio”, y recién sacado el segundo, “Banu Qasi. La Guerra de al-Ándalus”, con gran aceptación ya desde el principio. Pues miren ustedes que al ratico va y me admite como amigo del face, lo cual aprovecho para mandarle un mensaje privado contándole lo que yo quería, y cual es mi sorpresa cuando recibo un mensaje suyo, esta vez ya a mi propio correo, agradeciéndome la información y prometiéndome que en el tercer libro (es una trilogía) hará lo posible por tenerlo en cuenta.

Ni qué decir tiene que me alegré muchísimo. Le propuse conocernos personalmente, a lo que él aceptó enseguida. La cita fue en su ciudad, Tudela. Acudí con mi amigo José Miguel Pinilla y no podéis imaginaros lo que puede dar de sí una charla de dos horas con este hombre en la terraza de la cafetería Diamante, en la Plaza de los Fueros. Podré parecer adulador y chaquetero si me esfuerzo en decir que es un tío encantador, llano, ameno, asequible, etc., pero prometo que todas estas cualidades las lleva cumplidamente y con toda naturalidad. Comenzamos la charla, cómo no, hablando de sus libros y contándole cómo ahora vas a Tudela y ves la ciudad con otros ojos, pues localizas enseguida muchos escenarios de su historia de doce siglos atrás. Como detalle de su sencillez, aportaré un dato: a los veinte minutos de conversación nos propuso aparcar el tema de su trabajo, que lo que él quería era que le contáramos cosas. Se mostró muy interesado por nuestra visión de la arquitectura islámica en Aragón, corroborando muchos detalles con los conocimientos históricos que él había adquirido en el largo proceso de investigación que le había llevado a lanzarse a la aventura literaria.

En el tono de confianza y desenfado que alcanzó la conversación, llegué a sugerirle el planteamiento de un best seller, tipo “La Catedral del Mar” o “Los Pilares de la Tierra” (“Los Pilares de la Tierra Tahustí”, como dice mi amigo extremeño José Manuel Alonso), con la construcción de nuestro alminar como argumento de fondo, después de concluida la trilogía. “¿Quién sabe?”, pensé. A este hombre no le falta madera, y, desde luego, tiene mucha más que el tal Ildefonso Falcones (aunque las comparaciones sean odiosas, pero lean los Banu Qasi y verán, además de apasionante, todo absolutamente creíble, no como en otros que, como ya están consagrados, parece que no se les cuestiona nada). A lo mejor hasta nos pone a Tauste ya definitivamente en el mapa. Piensen en el montón de visitas turísticas que ahora tiene la Iglesia de Santa María del Mar de Barcelona a cuenta de la novelica de marras, o, más chocante todavía, la catedral de Vitoria, que, aun sin nombrarla Ken Follett en “Un mundo sin fin”, dijo que se refería a ésa y para qué quieren más los vitorianos.

Dentro del tono de broma, Carlos me respondió algo así como que “pues no digo que no”. Puede ser una fantasía, una realidad o ni lo uno ni lo otro, pero lo que sí le auguramos a nuestro Carlos Aurensanz es un seguro y merecido éxito con sus novelas, que ya lo está teniendo.

De momento sabemos que ya ha empezado a escribir el tercer libro, que se va a titular “Banu Qasi. La Hora del Califa”, del que ya hay una gran expectación y que verá la luz en un año, aproximadamente.

El día menos pensado le tendremos en Tauste para enseñarle las tripas de nuestro alminar y el Tahust del siglo XI, tal y como nos tiene prometido.



domingo, 10 de junio de 2012

EL ALMINAR DE TAHUST EN GOOGLE EARTH

Hace meses que tenía que haber publicado este post, pero, entre unas cosas y otras, lo fui dejando y cayó en el olvido. Mea culpa.

Todos sabéis que Google Earth es una herramienta muy entretenida, que le permite a uno desplazarse de forma virtual y sencilla por todo el planeta y ver, a vista de pájaro, en 3D los edificios más importantes del mundo.
Tecleando Tauste, se desciende hasta ver nuestro pueblo, junto al oasis lineal que forman los ríos Arba y Ebro, en medio del desierto. Acercándose más, ya se divisa el trazado urbano, aunque de forma borrosa.

Pues bien, como decía, desde hace ya unos meses, nuestra torre zagrí figura entre todos esos edificios del mundo modelados en 3D para poder ser visitados con esta divertida herramienta y darse una vuelta alrededor del mismo como si fuera un pájaro o pilotara un helicóptero.

La gentileza se la debemos a un valenciano que se llama José Beltrán Carbonell. No somos familia, a pesar del apellido (el mío es con una sola “ele” al final), y creo que no tiene ninguna vinculación con Tauste, por lo que el detalle es aún más de agradecer. Me mandó en su día un correo manifestándome que era seguidor de este blog y que ello le había motivado a llevar a cabo la modelación del “fantástico alminar” (lo entrecomillo porque así es lo calificaba él en su escrito).

Le respondí privadamente ya en su día para agradecerle semejante detalle para con nuestro pueblo, pero merecía aquí una mención especial y aquí va, que, aunque por mi parte no deje de ser una excusa por la tardanza, como suele decirse: “nunca es tarde si la dicha es buena”.

Muchas gracias, José. Espero que te veamos algún día por aquí y poder mostrarte también el interior del alminar. Seguro que te fascinará más todavía y, para nosotros, será un placer.

viernes, 4 de mayo de 2012

LOS HUESOS ERAN DE PLÁSTICO

El otro día, en un acto público (se trataba de la presentación de un libro), oí decir a un historiador algo así como que ellos –los historiadores- hacen Historia a partir del estudio de documentos, mientras que otros la hacen a partir de “otras cosas”. Dicho así, el comentario puede parecer inocuo, pero si uno lo escucha de la forma en que lo dijo, recalcando al final que “nosotros los historiadores, no, sino que siempre nos basamos en documentos”, ya no lo es tanto. Aparte de que el comentario viniera o no al caso (algo forzado estuvo y, por tanto, alguna intención llevaba), está claro que el mensaje hay que interpretarlo en la línea de que “sólo deberían considerarse válidas las interpretaciones de hechos pasados elaboradas por los historiadores”, precisamente por eso, porque se basan en algo tan sólido como la interpretación de los documentos históricos, labor, por supuesto, nada fácil y que requiere una alta cualificación. A mí, que pertenezco a otro colectivo, me parece totalmente legítima la defensa contra cualquier intrusismo, pero, en este caso, lamentablemente, hay otros matices.
Los historiadores han escrito cosas como que Tauste, hasta la llegada de Alfonso I el Batallador, no habría pasado de ser un “lugar fortificado musulmán sin identidad de ciudad”, vamos, algo así como una pequeña fortaleza y cuatro casuchas mal puestas en Barrio Nuevo. Ahora sabemos que ya en el siglo VIII había un cementerio suficientemente consolidado y que, a lo largo de los siglos, alcanzó una gran extensión… ¿en un lugar sin identidad de ciudad?. También se han escrito delicias como que la torre de Santa María fue construida junto con la iglesia. Ahora sabemos que es anterior. ¿A quién se le ocurre hacer primero el campanario y después la iglesia?. Bueno, pues estas cosas las sabemos por evidencias reales y palpables, no por documentos.
No es cierto que los historiadores sólo saquen conclusiones a partir de lo que pone en los documentos. Si no, que nos expliquen ahora de qué documentos han sacado esas teorías que ahora se desmoronan. Quizá habría quedado más sincero decir que “los historiadores somos los únicos legitimados para inventarnos la historia como más nos guste”.
Pero no saquemos las cosas de quicio. No sería justo menospreciar a nadie por haberse equivocado, sean historiadores, arquitectos o lo que sean, que todos somos humanos. Incluso podemos comprender y admirar a esos historiadores que, en un momento dado, se han arriesgado a dar unas conclusiones en base al mejor razonamiento que en cada momento les ha podido asistir, que para todo hay que tener valor, y, más todavía, si se hace con la mejor intención. Pero, si luego se descubre que había error en esos resultados, cuánto mejor harían en reconocerlo sin tapujos, y ya no digamos si, incluso, llegaran a interesarse por ello y a poner su saber y su entusiasmo a disposición de la nueva causa, en lugar de despreciar la labor de otros y enquistarse en el inmovilismo de sus teorías, que más bien parecen querer imponerlas como dogmas. Y eso ya, señores, no es por ahí. Eso ya se llama prepotencia.
No pretendemos usurpar el trabajo de nadie, pero tampoco estamos por admitir que gentes de filosofía y letras nieguen la capacidad de los profesionales de la arquitectura a la hora de “leer” los edificios: la relación entre los mismos (en este caso, torre e iglesia), interpretación de las grietas, materiales, relación de precedencia entre unos elementos constructivos y otros, composición volumétrica, equilibrios de fuerzas, orientaciones, técnicas edificatorias, coherencias e incoherencias constructivas, etc. De igual manera que, si se ha hallado un importante cementerio islámico en Tauste, es porque hubo una población en consonancia y no porque tuvieran el capricho  los musulmanitos de Zaragoza o de Ejea –verbigracia- de traer a enterrar a sus muertecitos a este lugar, en medio de la nada. Por favor.
Por otra parte, hace unas semanas pudimos escuchar una conferencia en la que se hablaba de nuestro pueblo como espacio fronterizo. Es muy respetable que al ponente no le interese para nada el pasado andalusí de Tauste y que el motivo de su charla estuviera centrado en la circunstancia fronteriza entre los reinos de Aragón y Navarra. Pero, si así era, ¿qué interés había en comenzar la exposición con el pasado islámico de la Península, sin nombrar siquiera a Tauste, como si no hubiera existido, conocedor como era de los últimos hallazgos?. ¿Por qué dijo que el primer documento donde aparece Tauste es de 1105, cuando sabe que hay otros anteriores, como el de 1086, en el que se habla de esta “población musulmana”?. Si en algún momento de la Historia ha sido especialmente relevante la condición fronteriza del valle medio del Ebro fue durante aquellos cuatro siglos, entre los mundos musulmán y cristiano, entre Oriente y Occidente, que, indudablemente, labró un carácter, una idiosincrasia y una cultura que luego trajo mucha cola.
Ciertamente, son actitudes que decepcionan, porque, omitir cosas así, cuando se es consciente del gran reto al que se enfrenta “El Patiaz” y las grandes dificultades que le esperan, no es algo inocente. No aprovechar la gran audiencia que allí había (autoridades políticas y personas relevantes del mundo de la cultura y de los medios informativos), para siquiera nombrarlo, es la manera más eficaz de echar tierra encima, porque la masa está acostumbrada a oír lo de siempre, cuesta mucho conseguir que calen las novedades y basta con echar el mismo discurso de siempre para que todo vuelva a quedar como estaba. Más bien pareció aprovechar el hecho de que allí había una nutrida audiencia (incluidas personas relevantes, como digo) para darle un corte de mangas a nuestro pasado andalusí, omitiéndolo en el contexto donde le correspondía de manera tan significativa y que bien podía haberse ahorrado.
Se trata del mismo rodillo aplastante que vienen empleando las autoridades de Historia de la Universidad de Zaragoza a lo largo de las últimas décadas: dar la callada por respuesta, que no hay mayor desprecio que no hacer aprecio.
Pero, en fin, más de lo mismo de lo que exponía en el artículo anterior (pulsar en “Los otros españoles”). Al final, poco a poco, con tesón, con perseverancia, a pesar de todo, porque no nos motiva otra cosa que el reconocimiento del verdadero valor de nuestro patrimonio, las cosas van saliendo.
Sinceramente, para terminar, fue más de agradecer el caso de otra persona que recientemente fue entrevistada en la radio. Yo no la oí, pero me dijeron que había hablado sobre la torre de Santa María de Tauste, explicando que había sido construida por los mudéjares ya como campanario, al servicio de los cristianos, pero que había unos arquitectos que sostenían que pudo ser un alminar, para terminar concluyendo que él, personalmente, prefería pensar que hubiera sido construida por los cristianos. Muy respetable, claro que sí, y, como decía, por lo menos es de agradecer su mención a las nuevas consideraciones, sobre todo, teniendo en cuenta el sentimiento sincero que manifestó acerca del tema. Mi sentimiento, en cambio, es que, a mí, lo que me ilusiona es pensar que, religiones aparte, fueron taustanos de dos siglos antes los que la levantaron, y no precisamente imitando lo que hacían los musulmanes de Andalucía, sino creando una arquitectura propia que luego serviría de modelo para buena parte del mundo occidental. Y a los que tuvieron la desfachatez de excluirla en la Expo de Zaragoza, que les den.
Como suele ocurrir en nuestro querido Aragón, los mejores amigos siempre los tenemos en casa. A veces me dan ganas de decir que no, que los huesos que encontramos en la avenida Obispo Conget eran de plástico, pero que los científicos del CSIC de Madrid que los analizaron por el método del Carbono 14 no se debieron de dar cuenta y pensaron que eran milenarios. Después, también tendré que invertarme cómo se hace una torre campanario con las hiladas rejuntadas ya desde su base para después ocultarlas con la pared de la iglesia, y unas ventanas tan estrechicas que luego hay que romperlas para poner las campanas.

viernes, 20 de abril de 2012

LOS OTROS ESPAÑOLES

Varios autores cuentan en “Los otros españoles 19 Pliegos de Encuentro Islamo-Cristiano” que, en la fachada de la Biblioteca Nacional de Madrid (paseo Recoletos), se encuentran representados unos cuantos personajes seleccionados como la flor y nata de la cultura española. Así, tenemos las estatuas de san Isidoro de Sevilla, Alfonso X el Sabio, Nebrija, Luis Vives, Lope de Vega y Cervantes, y, representados en medallones sobre la propia fachada, las imágenes de Calderón de la Barca, fray Luis de León, Juan de Mariana, Quevedo, Garcilaso de la Vega, Diego Hurtado de Mendoza, Ana Montes, santa Teresa de Jesús, Antonio Agustín, Tirso de Molina y Nicolás Antonio. No podemos entrar a criticar si sobran o faltan personajes pues es imposible establecer un criterio irrevocable para seleccionar tan pocas personalidades de entre las muchas ilustres que han habido en España, aunque, de momento, huele bastante a castellanismo, como toda la historia que se nos ha contado en la escuela (preferencia de lo castellano sobre los otros reinos o estados que hubo en esta península). Pero hay algo muy evidente en el criterio de selección de esos personajes. Resulta que el más antiguo de ellos es Isidoro de Sevilla, que murió en 636 y, el que le sigue en fecha es Alfonso X el Sabio, que murió en 1284. Los demás son ya posteriores. Entre esos dos personajes existe un paréntesis de seis siglos y medio. ¿Qué pasa, que en ese gran periodo de tiempo esta piel de toro no dio ninguna cabecica digna de destacar?

Hablamos de una época en la que España fue el centro cultural más importante de Occidente. Que desde Córdoba, Toledo y Zaragoza se irradió la cultura clásica hacia el resto de Europa siglos antes de producirse el Renacimiento. Se niega la identidad española a muchos hijos ilustres de esta tierra, en todos los campos del saber, como si se tuviera miedo de lo que hubo en Alandalús o se sintiera horror por nuestra historia. Esta tierra produjo una legión de sabios y científicos, españoles todos ellos, como Ben Quzmán (literato cordobés), Averroes (pensador cordobés), Ibn Hayyan (también cordobés, el más grande historiador de toda la Edad Media Hispánica, tanto árabe como cristiana, hasta llegar a Ibn Jaldun y Alfonso X el Sabio), Ibn Al-Arabí (filósofo murciano), Ibn Masarra (filósofo cordobés), Ibn Abbad (místico rondeño), Ibn Sa’id Al-Andalusí (filósofo almeriense que convierte a Toledo en uno de los primeros núcleos intelectuales del mundo, en el siglo XI), Ibn Tufayl (pensador granadino), Ibn Al-Baytar (botánico malagueño), Muhammad Al-Gafiqí (oftalmólogo cordobés), Abul Qasim Al-Zahrauí (cirujano cordobés del siglo XI, quien practicaba la traqueotomía, cauterizaba el cáncer, operaba de bocio, etc., del que se imprimieron sus obras durante el Renacimiento europeo y fue objeto de culto, menos en España), Azarquiel (astrónomo toledano), Maslama Al-Mayrití (filósofo y astrónomo madrileño del siglo X, el “Euclides” de España, de quien, mientras en Europa se admiraba su obra, en España la Inquisición del siglo XV la anatemizaba), Yahya Al-Gazal (poeta jienense), Hasday Ben Shaprut (médico judío cordobés), Yequtiel ben Isaac (poeta judío zaragozano del siglo XI), Abd Allah ibn Ahmad as-Saraqustí y Ali ibn Ahmad ibn Daud (matemáticos y astrónomos zaragozanos del siglo XI), Ibrahim ibn Idris Al-Tuyibí (matemático y astrónomo calatayubí), Yusef ibn Hasday (intelectual judío zaragozano), Ibn as-Saffar as-Saraqustí y Abú abd as-Samad as-Saraqustí (poetas zaragozanos), Alí al-Kirmaní (matemático, filósofo y médico cordobés, que desarrolló gran parte de su obra en Zaragoza), Avempace (gran filósofo zaragozano que desarrolló el pensamiento de Aristóteles), Ibn Paquda (escritor, poeta y filósofo judío zaragozano), Al-Yazzar Al-Saraqusti (poeta zaragozano del siglo XI), Ibn Buqlaris (médico zaragozano judío, autor de un importante tratado de farmacología), Levi ben Yacub ben at-Tabban (poeta y filólogo judío zaragozano)... y un largo etcétera.

La exclusión de todo este elenco de personajes ilustres españoles, que debería llenarnos de orgullo como los que se encuentran en la fachada de la Biblioteca Nacional, tiene sus raíces en la intransigencia cerril y la enfermiza unidad excluyente iniciada por el cardenal Cisneros con la quema masiva de libros escritos en lengua árabe, en la plaza de Bib-Rambla de Granada. Como diría el poeta alemán Heinrich Heine, allí donde queman libros, acaban quemando hombres, y así fue. Se confundió “unidad” con “uniformidad” y se llevó a cabo esa pretendida “unidad” (cuyos verdaderos motivos habría que buscarlos más en el afán de apropiarse de lo ajeno que en una auténtica vocación de crear un gran país) mediante la anulación del otro, aun por los métodos más crueles.

No se trata de pintar como un mundo idílico aquel de la convivencia entre las tres culturas hasta que llegaron los Reyes Católicos y el cardenal Cisneros, pero sí que debemos aprender a distinguir entre andalusíes (musulmanes españoles) y musulmanes extranjeros que, en diferentes momentos de la historia, invadieron esta tierra con sus ejércitos, tratando de imponer su fanatismo e intolerancia religiosa. Se les mete en el mismo saco para confundirles en lo maligno, intencionadamente, quizá para echar tierra sobre muchas barbaridades cometidas con aquellos, con los españoles -con los nuestros-, de las cuales hace ya cuatro siglos. Esto se comprende fácilmente si pensamos que hubo una larga época en la que ser musulmán en España era algo tan natural por haber nacido en este país como lo es ahora ser cristiano por la misma razón. Eso no significa que aquéllos fueran menos españoles que nosotros, cuando tenían generaciones y generaciones de antepasados, todas ellas nativas de la misma tierra.

El caso es que, desde entonces, se impuso una implacable campaña educativa por la cual se excluía de la condición de español todo lo que no fuera cristiano, consiguiendo de esa forma que llegáramos a considerarlo como extranjero sin cuestionarlo siquiera, cuando, realmente, era tan español como todo lo demás. Desde luego, ni era marroquí, ni argelino, ni tunecino, ni nada por el estilo. Así les fue a los pobres moriscos expulsados en 1610 tras más de un siglo de conversión forzosa al cristianismo (en Aragón más del 20% de la población, muchos de ellos ya cristianos convencidos), que, cuando llegaron a las costas del Magreb, fueron cruelmente recibidos por los habitantes de allí, para los cuales, los recién llegados, no eran “hermanos musulmanes” sino “cristianos españoles”, de tez tan blanca como la nuestra.

El resultado fue que se pusieron todos esos siglos entre paréntesis y se borraron todos esos nombres del álbum familiar. Una auténtica traición a la Historia. Se “reconquistó” la tierra, sí, pero no la cultura, y han tenido que ser plumas extranjeras las que nos escribieran la Historia de Alandalús, entre otras cosas, porque nuestros historiadores, además de poseer una actitud visceral contra lo árabe (mentalidad adquirida por esa educación impuesta a partir de entonces), carecían, en general, de unos mínimos conocimientos de la lengua y de la cultura árabes, necesarios para poder acercarse a ellos, carencia que, al parecer, persiste en la actualidad. Obras de algunos de estos genios universales hay que leerlas en inglés o en francés, porque no se han traducido todavía al español.

No podemos valorar lo andalusí porque apenas lo conocemos, y no lo podemos conocer porque nos lo niegan deliberadamente, como vienen haciendo con la arquitectura zagrí, ésta que se desarrolló en Aragón en el siglo XI, que es nuestra y sólo nuestra.

viernes, 6 de abril de 2012

CHARLA EN AZUARA




Ayer, día de Jueves Santo, fuimos a Azuara Javier Peña, José Miguel Pinilla y yo, invitados por la Asociación Cultural “Zauril”, para dar una charla sobre el origen de la arquitectura mudéjar en Aragón y las particularidades del patrimonio mudéjar y zagrí de esa localidad, de la que ya escribí un artículo con motivo de una visita que hicimos en enero de este año.

Todo lo que pudiera expresar sería poco sobre las buenas atenciones de que fuimos objeto por parte de los azuarinos y, muy especialmente, por los miembros “zauriles”. En cuanto al éxito o fracaso de esa charla no las teníamos todas: Jueves Santo, 4 de la tarde y, además, partido de fútbol, que siempre es un serio e implacable competidor para este tipo de eventos. Lugar: Salón de Plenos del Ayuntamiento.


A las cuatro menos diez, con el salón todavía casi vacío de personas, considerábamos como éxito rotundo una afluencia de treinta personas, dadas las circunstancias expuestas, para un pueblo de unos 700 habitantes. Pues bien, esa cifra se duplicó, para asombro y satisfacción nuestra y de los organizadores. Incluso vimos a algún taustano que se había desplazado expresamente hasta allí para escucharnos, detalle entrañable y muy de agradecer.


Empezamos a las cuatro y cuarto. Ya saben, problemas técnicos de última hora con el proyector, el ordenador portátil, el cable de conexión, la pantalla, etc., aparte de esos diez minutos de cortesía que se suelen dar para los que llegan con la hora más ajustada. Nos habíamos planteado no durar más de una hora con nuestra exposición, para no cansar demasiado al público, pero se nos fue la mano y nos fuimos a media hora más. Yo me encontraba encantado y gratamente sorprendido viendo que casi nadie abandonaba el salón, no sólo hasta el final de la exposición, sino que, al finalizar la misma y comenzar el apartado de preguntas, la intervención por parte del público asistente resultó muy nutrida e interesante, poniendo de manifiesto el alto nivel y el gran interés demostrado. Todo ello, a pesar de que ya se acercaba la hora de los actos propios del Jueves Santo.


Terminada la charla, nos llevaron a ver un certamen de fotografía sobre el arte mudéjar, donde tuve también la grata sorpresa de ver, entre todas las fotografías allí expuestas, tres de la torre e iglesia de Santa María de Tauste, cuya autora era Carla Carcas, a quien también hay que agradecer la aportación que ello supone para dar a conocer de nuestro patrimonio en otras localidades.

Desde aquí, mis palabras de agradecimiento al pueblo de Azuara y, muy especialmente, a los miembros de la Asocación Cultural “Zauril”.