viernes, 11 de noviembre de 2011

LOS BANU QASI (2)

El otro día le comentaba a Manolo Leciñena que jamás se me hubiera ocurrido hurgar en la historia de los Banu Qasi de no haber aparecido en el cementerio islámico de Tauste gentes que vivieron en aquella época, bajo el dominio de aquel linaje oriundo de Tudela, a cuyo distrito parece ser que perteneció Tauste en aquellos primeros tiempos del dominio islámico.


Pues bien, vamos a seguir contando algunas cosas de aquellos descendientes del conde Casio. Decíamos que Musa ibn Musa (también conocido como Muza II) había nacido hacia el año 800 del matrimonio entre Musa ibn Fortún y Onneca, la cual, a su vez, era madre de Iñigo Arista, primer monarca del reino cristiano de Pamplona. Por si este lazo no fuera suficiente entre las dos familias (la musulmana de Tudela y la cristiana de Pamplona), nuestro Musa se casó con su sobrina Assona, hija de su hermano de mitad Iñigo Arista, para que veáis que esto de la consanguinidad en las familias reales viene de lejos.


Me parece interesante resaltar lo que cuenta José Luis Corral, en “Historia de Aragón”, editado por Heraldo de Aragón en 1991, acerca de Musa ibn Musa:


“Pronto adquirió una gran relevancia y fue nombrado gobernador de Tudela, una de las ciudades más importantes de la Marca Superior. Su carácter indomable y rebelde provocó en algunas ocasiones la ruptura con el poder de los emires cordobeses, lo que no impidió que fuera confirmado en su cargo varias veces.
Fue un gran caudillo militar y alcanzó un poder y una fama enormes. Llegó a convertirse en una verdadera leyenda para los musulmanes españoles, hasta tal punto que fue llamado “el tercer rey de España”.
Muerto en una campaña en Guadalajara en el año 862, su fama creció aún más fomentada por el prestigio de sus hijos, que extendieron el poder de los Banu Qasi hasta dominar buena parte de la Marca Superior y crearon en sus dominios un verdadero estado autónomo.”


Bueno, pues estas gentes eran las que paseaban por estas tierras en aquellos años, hace "sólo" doce siglos. Pero, es curioso: Tudela existía, Borja existía, Ejea existía... y Tauste no existía. O, al menos, esa es la conclusión que siempre han sacado los historiadores del hecho de que de esas poblaciones hay noticias escritas en aquella época y, sin embargo de Tauste, no. ¿Y por qué aquí ya había un cementerio en el año 700?.


Por el mismo razonamiento, dentro de varios siglos pensarán que la torre de Tauste no existía en 2001 porque en unas rutas del arte mudéjar publicadas por Heraldo de Aragón en aquel año omitían nuestra torre. Tampoco existía en 2008, porque no había ninguna mención a ella en el pabellón de la DPZ, donde había fotografías de torres de muchos pueblos de la provincia, pero la de Tauste no estaba. "No es posible que existiera semejante torre en 2008 y pasara desapercibida ", dirán en el siglo XXV, cuando vean documentos y vídeos de la Expo 2008. Por supuesto, también tendrán que pensar que el Canal de Tauste, en 2008, no existía todavía.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

VAMOS AVANZANDO

No se me había ocurrido que fuera motivo para publicar un artículo en este blog y, por eso, no lo hice, pero lo ha hecho Zagrí y me apetece enlazarlo para darlo a conocer.


Resulta que D. Basilio Pavón Maldonado , conocido profesor e investigador de arte hispanomusulmán, en un trabajo reciente titulado "Poder y seducción de alminares y torres mudéjares en el Islam Occidental. El referente de Aragón (segunda parte)", ha tenido a bien contar en su bibliografía con mi trabajo "Tauste en los siglos XI al XIII", y cual es mi sorpresa cuando vi que lo calificaba de "trabajo excelente desde el punto de vista técnico". Aprovechando el propósito que tenemos de realizar un amplio trabajo en el que se localice el patrimonio zagrí de Aragón y documentarlo adecuadamente desde el punto de vista técnico, ante el silencio injustificable de la Universidad de Zaragoza, no pude resistir la tentación de enviar una carta a este personaje. Si los "ínclitos" de nuestra tierra prefieren seguir ajenos a esta realidad, bien tendremos que buscar apoyo en otros lugares donde exista una mayor apertura de miras y menos orgullo para reconsiderar ciertas cosas.

Pues bien: aquí tenéis el enlace donde Zagrí ha colgado mi carta, aun sin saber siquiera que D. Basilio Pavón fuera a responder, y, encima, tan pronto, de esta manera:

Estimado don Jaime. Recibo su atenta y larga carta, todo un reto arquitectónico, artístico y arqueológico dentro de la historia hispanomusulmana, que he leido atentamente y que cuando sea oportuno contestaré con amplitud, pues plantea un problema muy generalizado en alminares de mezquitas y torres de iglesia mudéjares de ámbito occidental y peninsular. Un saludo afectuoso.


Me parece muy significativo que, por fin, una verdadera autoridad dentro del mundo de la historia del arte hispanomusulmán contemple la posibilidad de que lo que estamos defendiendo no es ninguna tontería.


No quisiera pecar de inmodestia, pero me apetecía compartirlo y aquí está.





sábado, 29 de octubre de 2011

LOS BANU QASI (1)


Nos habíamos quedado en que, con la llegada del ejército musulmán al Valle del Ebro en 714, el conde visigodo Casius, señor de estas tierras, pactó con el caudillo Tariq ibn Ziyad para mantener sus dominios a cambio de convertirse al Islam y hacerse vasallo del califa omeya, que residía en Damasco. La consecuencia de todo ello fue la conversión de casi toda la población y el cambio paulatino que supuso pasar de una sociedad hispanorromana dominada por la minoría visigoda, a otro modelo influenciado por las nuevas corrientes islámicas. Estamos hablando de la época que le tocó vivir a nuestro personaje de la tumba nº 2.


Decíamos también que este hecho fue el origen de un importantísimo linaje, los Banu Qasi (“hijos de Casio”, con nombre ya arabizado). Como cuenta Marisancho Menjón, esta familia mantuvo un estatus especial de amplia autonomía dentro de la Marca Superior, es decir, esa especie de “protectorado” que comentábamos en el artículo anterior, con un gran poder sobre esta zona del Valle del Ebro. Recuerdo, especialmente, una frase de Marisancho, el día que expuso su trabajo sobre el Castillo de Sora en Castejón de Valdejasa: decía “eran muy suyos”, en relación a los habitantes de este lugar y a su constante afán de independencia. No olvidemos que estamos hablando de un territorio fronterizo entre los mundos islámico y cristiano, algo que, indudablemente, debe imprimir carácter en sus gentes.


Se ve que los Banu Qasi sabían jugar muy bien a todas las bazas y utilizaron su habilidad y su coraje para engrandecer su poderío. Musa ibn Fortún, nieto de aquel conde visigodo, se casó en 784 con Onneca. ¿Qué tenía de particular esta mujer?. Pues que anteriormente había estado casada con el vascón Íñigo Jiménez, de quien tenía un hijo, Íñigo Íñiguez, que más tarde sería el primer rey de Pamplona, más conocido como Iñigo Arista. Es decir, que nuestro Musa Ibn Fortún fue nada menos que padrastro del famoso Íñigo Arista. El hijo nacido de Musa y Onneca se llamó Musa ibn Musa, hermano de madre, por tanto, del rey de Pamplona Iñigo Arista. El asunto no es nada baladí, pues ambas dinastías (la una cristiana y la otra musulmana) se sirvieron de apoyo durante mucho tiempo para mantener sus respectivas independencias: por una parte, Pamplona del poder franco y de sus intentos expansionistas y, por otra, los Banu Qasi respecto del poder de Córdoba. De todo esto podemos deducir que, durante mucho tiempo, en estas tierras no lucharon "moros y cristianos", sino ambos, unidos, contra lo que consideraban injerencias extrañas en lo que era suyo.

También, en el ámbito de las luchas internas entre árabes y bereberes, Musa ibn Fortún, se ganó la consideración del emir de Córdoba Hisham I, proporcionándole su apoyo contra el levantamiento de Said ibn al-Husayn, en la zona de Tortosa, al que combatió y mató. Después se apoderó de Saraqusta, pero la cosa no terminó demasiado bien para este nieto de Casio, pues acabó muerto por un liberto de Al-Husayn.


Su hijo, Musa ibn Musa, fue todo un personaje. Llegó a llamarse “el tercer rey de España”. De eso hablaremos en la próxima ocasión.

sábado, 15 de octubre de 2011

TERRITORIO INDEPENDIENTE

La historia de Tauste se perdía en la noche de los tiempos antes de la conquista cristiana. Era como si nuestro pueblo no hubiera existido. A pesar de las evidencias de que la torre de Santa María no pudo ser construida junto con la iglesia sino que ya existía de antiguo, como alminar de la mezquita, se negaba tal circunstancia con el argumento principal de que, si hubiera existido Tauste como núcleo importante de población, debería haber constado en más documentos escritos de la época y, sin embargo, no era así.


Con la demostración de que la torre tenía al menos dos siglos más de antigüedad que la supuesta hasta entonces, conseguimos echar un poco de luz y correr esas tinieblas hacia tiempos atrás, de momento, hacia el siglo XI, época de la Taifa de Saraqusta. La gran sorpresa vino cuando encontramos el cementerio musulmán, datable desde, al menos, principios del siglo VIII. Ahora nos queda la labor de ponerles historia y vida a estos personajes que vivieron aquí antes que nosotros, que, sin duda, la tuvieron.


Viajando desde nuestros días hacia el pasado, es relativamente fácil imaginar cómo pudo ser la vida de las gentes de nuestro pueblo, a través de toda la historia escrita y llegar hasta el momento de la conquista cristiana a principios del siglo XII. Lo es menos imaginarla en la época anterior, remontándonos desde 1121 hasta 1018, marcada por el esplendor del reino de Saraqusta (donde situamos la construcción de la torre), mucho menos en todo ese periodo convulso de pertenencia al reino de Alandalús (en que nos iríamos remontando hasta 714, datación de nuestro personaje más antiguo desenterrado) y ya, hoy por hoy, lo que se nos pierde en la noche de los tiempos es todo lo anterior a esta fecha. Pero, bueno, algo es algo: hemos corrido las tinieblas de la historia de Tauste nada menos que cuatrocientos años hacia atrás.


Mucha más luz se merece todo esto y sigue siendo un enigma el hecho de Tauste no aparezca en los tratados de los geógrafos andalusíes, siendo que ya existía como población estable.


Marisancho Menjón, en su libro sobre el Castillo de Sora, nos aporta un argumento que puede ser la clave para poder explicar este “vacío exasperante”. Comentábamos en otro artículo que, cuando llegaron los musulmanes al valle del Ebro, estas tierras pertenecían al conde Casius, y éste pactó con ellos para seguir conservando sus dominios, a cambio de convertirse al Islam y hacerse vasallo suyo. Hace referencia a un singular documento, la llamada “Noble carta de al-Gassani”, donde dice que Musa ibn Nusayr (compañero del caudillo árabe Tariq) dejó a los cristianos que vivían en lugares inaccesibles del Norte sus bienes y el uso de su religión a cambio del pago de tributos, y el resto del territorio de la Penísula lo repartió entre sus militares (comarcas conquistadas por la fuerza), a excepción de tres distritos: Santarén y Coimbra en el Occidente, y Ejea en el Oriente de España.


Puede esto significar –y así lo explica Marisancho- que, desde el principio de la dominación musulmana, este territorio quedara como un “protectorado”, con un estatus extraordinario de independencia, y no como una tierra conquistada de pleno derecho, por lo que las fuentes árabes nunca lo citarían dentro de las demarcaciones administrativas de Alandalús. Así pues, pasarían de describir nuestro pueblo y de contar cosas como que, ya en el siglo XI, “desde la ribera del Ebro se divisa hacia el Norte un monumental alminar que más se parece a los persas que a los cordobeses”. Si así hubiera sido, ya nadie hoy cuestionaría el verdadero valor de nuestra torre ni se plantearía todavía la duda de si es mudéjar o zagrí.


Iremos contando más cosas sobre ello.

sábado, 8 de octubre de 2011

JESÚS ALEGRE GIMENO


Ayer, por fin, pudimos ver la proyección del vídeo elaborado con motivo de la representación del Voto de San Miguel, que tuvo lugar el pasado día 7 de mayo.


No era nada público, pues la única pretensión era que lo pudieran ver todas aquellas personas que habían participado, de una manera u otra (“venerables et senyores muy magnificos de la villa de Tahust”). Vamos, casi lo que podríamos llamar "un acto entre amigos", pero, como éramos tantos los participantes, casi se llenó el salón de actos de la Casa de Cultura.


El acto comenzó con unas palabras de agradecimiento por parte de Jesús Alegre a todos los participantes y colaboradores, tomando la palabra, a continuación, la presidenta del Patiaz, Mª Teresa Ansó, recalcando que, de igual forma que este logro ha sido el producto de una iniciativa nacida desde el Patiaz con la implicación de todo un pueblo, no debemos cejar en conseguir cosas para Tauste, vengan de quien vengan, que hay mucho por hacer, mostrando al Patiaz abierto a colaborar con todo el mundo que quiera ofrecer o exponer sus ideas, porque nuestro principal objetivo es el engrandecimiento cultural de nuestro pueblo.


La grabación quedó impresionante. Me emocionó especialmente la forma en que dice Cristina (la narradora), casi al final del acto, “por los que vendrán”, después de haber oído la explicación de Mª Jesús Torreblanca (la doctora en Historia que hizo el trabajo sobre el Voto) sobre la exclusividad, a nivel nacional, de un hecho acaecido hace seis siglos, del cual exista un documento notarial que describa de forma tan detallada los hechos, así como el compromiso de todo un pueblo y que, hoy en día, casi seiscientos años después, se siga respetando. Se dice pronto, seis siglos, generación tras generación. “Hoy me parece un lujo poder estar aquí”, decía Mª Jesús el día de San Miguel.


El vídeo refleja el gran trabajo llevado a cabo por muchas personas, pero quiero destacar aquí, desde estas líneas, a una de ellas, sin la cual esta magnífica labor no se hubiera llevado a cabo. Se trata de Jesús Alegre Gimeno (“Malocha”, como gusta llamarse él mismo, porque es su mote familiar). Fue él quien detectó que el encomiable trabajo de Mª Jesús Torreblanca sobre el Voto de San Miguel en Tauste, instituido en 1421 ("feyto en la villa de Tahust, ocho dias del mes de mayo anno a Nativitate Domini millesimo quatorcentesimo vicésimo primo"), podía ser perfectamente, debidamente adaptado, el guión de una representación en la que se escenificara lo que verdaderamente sucedió aquel día, “por dentro de la yglesia de senyora Sancta Maria”.


Los que estuvimos cerca de él (y, a veces, no lo suficientemente cerca, todo hay que decirlo) sabemos lo que esta persona ha trabajado para llevar a cabo semejante evento. Hasta que no se ven las tripas de un proceso de este tipo, no puede uno imaginar las innumerables dificultades que es preciso salvar y las veces que se estuvo a punto de tirar la toalla. Cualquiera la hubiera tirado (“oye, que le den, que, al fin y al cabo, yo no gano nada con esto”, hubiera dicho cualquiera) y, tengo que decir que no fueron pocas las veces que vimos a Jesús desalentado, poniendo mucho esfuerzo y muchas horas de su tiempo sin que se viera el fruto que hubiera sido esperable, pero, al final, lo consiguió.


Sí, como él dice, fue una labor de equipo, de mucha gente, que pudo salir adelante gracias a la colaboración del párroco (José Ignacio Longás), del Ayuntamiento, de entidades colaboradoras (Cooperativas de San Miguel y de San Simón y San Judas)…, de acuerdo, pero tengo que decir que si, en cualquiera de aquellos momentos de flaqueza ante las dificultades, Jesús hubiera tirado la toalla, todo se hubiera quedado en agua de borrajas. Y lo hace así, de esa manera tan suya, sin que se note que está.


Felicidades, Jesús. Enhorabuena. Uno puede sentirse orgulloso de ser taustano por muchas cosas, pero, sobre todo, porque en Tauste hay gente como tú.

miércoles, 5 de octubre de 2011

¿INVASIÓN MUSULMANA?


Lo que quiero contar en este artículo no es algo que no haya explicado en otros anteriores, pero, a la vista de algunos comentarios oídos en fechas recientes, me apetece incidir de nuevo sobre ello.


Tal y como nos contaron la historia en la escuela, parece ser que, a principios del siglo VIII, ésta era una tierra habitada por gentes cristianas que fue invadida por un ejército musulmán, despiadado y feroz, que acabó con la paz de este lugar, aniquilando a aquellas pobres gentes, esclavizándolas o expulsándolas, hasta que, cuatrocientos años más tarde, los descendientes de aquellos desgraciados, gracias al caudillaje de Alfonso I el Batallador, consiguieron, por fin, recuperar sus tierras y reincorporarlas al reino de Aragón, tierras de las que tan injustamente se habían estado aprovechando aquellos malvados sarracenos durante cuatro siglos.


No voy a entrar aquí en disquisiciones sobre quiénes fueron los buenos ni quiénes fueron los malos, pero realmente los hechos que sucedieron distan mucho de esa versión (podéis leerlo en el libro sobre “El Castillo de Sora”, de Marisancho Menjón). Resulta que todo este amplio territorio situado en el valle medio del Ebro era propiedad de un noble visigodo o hispanorromano llamado Casio, quien, al enterarse de la llegada del ejército musulmán, con Tariq al frente, salió a pactar con él, llegando a un acuerdo según el cual Casio se hacía vasallo suyo a cambio de que se le permitiera conservar todos sus dominios. Para ratificar el pacto, parece ser que el tal Casio tuvo que hacer un viaje hasta Damasco para rendir vasallaje al califa omeya, que era la máxima autoridad de todo el gran imperio islámico. A partir de ahí, sus descendientes pasaron a llamarse los Banu Qasi (hijos de Casio). Naturalmente, como el "señorito" se había convertido a la nueva religión, las gentes que vivían en sus dominios también lo hicieron, algo totalmente lógico, pues, aunque se les permitía conservar su religión cristiana, convertirse al Islam tenía sus ventajas, sobre todo de tipo económico (impuestos), máxime si nos situamos en una época en la que la supervivencia era la máxima preocupación que pudiera tener cualquier ser humano (la suya propia y la de su familia).


Por tanto, cuando decimos “árabes”, en alusión a los habitantes de estas tierras entre el siglo VIII y principios del XII, debemos ser conscientes de que la denominación no es correcta. Realmente, se trataba de gentes oriundas de este mismo lugar desde tiempos inmemoriables, lo cual no excluye que vinieran, además, gentes del resto del mundo islámico, pero siempre serían una minoría.


El valle del Ebro quedó constituido como Marca o zona fronteriza, denominada Marca Superior de Alandalús o Zagr-Alandalús. En 1018 se independizó del resto del mundo islámico y se constituyó como reino, con capital en Saraqusta, siendo Mundir I su primer monarca y llegando a ser uno de los más ricos y prósperos de toda la Península. Mientras tanto, Aragón se limitaba a un pequeño condado pirenaico dependiente del reino de Pamplona hasta que también se constituyó como reino independiente en 1035, siendo su primer rey Ramiro I, hijo del rey pamplonés Sancho III el Mayor.


Significa esto que, cuando Alfonso I el Batallador, rey de Aragón, conquista estas tierras (Zaragoza en 1118 y Tauste en 1121), éstas quedan incorporadas a su reino por primera vez, ya que nunca antes habían pertenecido al mismo. Es por ello que debemos hablar de “conquista” y no de “Reconquista”.


Según las fuentes, entonces sí que se produjo un fuerte desplazamiento de la población nativa, pues es sabido que estas tierras tuvieron que ser colonizadas por gentes del sur de Francia y de los Pirineos, de los que, probablemente, descendamos la mayoría de nosotros. La colonización debió de ser lenta y dificultosa. Prueba de ello es el otorgamiento de la Carta de Población en 1138 que Ramiro II el Monje y su yerno, Ramón Berenguer IV, otorgó a la villa de Tauste, con grandes privilegios, para incentivar el establecimiento de gentes foráneas en este término.





viernes, 23 de septiembre de 2011

LA MURALLA ANDALUSÍ DE TAUSTE (2)


El pasado 16 de abril colgué en este mismo blog un artículo sobre la muralla andalusí de Tauste, en el que detallaba los vestigios que nos quedan de la misma. Decía que el más significativo de todos es el de la C/ Rey de Artieda, en su esquina con la Plaza de la Picarra, dado que presenta un cubo cilíndrico que debió servir como lugar de defensa y puerta de la muralla en ese punto, pudiendo estar en este lugar la “Puerta del Arba” o Bab 'Arbaº (en árabe).







Sobre este lienzo, la Asociación Cultural “El Patiaz” había presentado unos meses antes ante el Ayuntamiento una propuesta para el adecentamiento del mismo, ya que es una de las paradas habituales en las visitas turísticas guiadas a nuestro pueblo. La propuesta, que se hacía en el momento más oportuno, aprovechando la inmediata acometida de las obras de urbanización de esa calle, resultaba muy económica y consistía en dar un tratamiento distinto al pavimento, eliminar los cables aéreos que atraviesan todo el frente, repasar la superficie con pasta de yeso tradicional, colocar un cartel explicativo en castellano y en inglés y vallar el pequeño recinto para protegerlo de vandalismos.

Por otra parte, el dato de actualidad, en el momento de aquel artículo, era la aparición de restos de muralla bajo la calle, en la bajada de la Iglesia hacia la Picarra, planteando las incógnitas que aquellos restos suscitaban y la oportunidad de rescatar parte del trazado de la misma, aprovechando que el lugar por donde parecía continuar se encontraba de tierra y no suponía ningún impedimento para la circulación rodada ni para el desarrollo del resto de las obras. También se trasladó esta sugerencia al Ayuntamiento, siempre desde la hipótesis más probable de que se tratara de la muralla andalusí, porque pensábamos que nuestro pueblo había sido fundado en la época de dominio musulmán. Sólo requería cierta labor de coordinación, para lo cual ofrecíamos nuestra disponibilidad desinteresada, tanto personal como profesional.






El resultado de las pruebas de Carbono-14 aplicadas a los restos de la necrópolis islámica de Tauste abren nuevos horizontes sobre el origen de nuestro pueblo, sabiendo ahora con bastante certeza que su fundación no es islámica, como siempre se había pensado, sino anterior. Comentábamos en el artículo anterior una mayor probabilidad de que fuera fundado en época prerromana que en las posteriores (romana o visigoda). Hay que destacar que el lienzo del inicio de la C/ Rey de Artieda (cubo cilíndrico) tiene el sistema constructivo característico de otras fortalezas islámicas, como la de Calatayud u otras del valle del Ebro, que consiste en adosar las piedras de yeso al propio talud, sirviéndole de refuerzo y contención, pero los restos aparecidos bajo la calle con motivo de las obras pueden ser de otra época.


Puede haber quien opine que no tienen ninguna importancia, dada la pobreza de esas construcciones, pero hay que pensar que no podemos relegarlas al olvido y la destrucción, viendo como en otros lugares hallazgos similares son rescatados y apreciados tanto por los propios del lugar como por los visitantes, constituyendo un valor añadido a su patrimonio, incentivo para el turismo y fuente de riqueza, mientras tanto, en nuestro pueblo, tan amantes como somos de nuestras tradiciones, somos capaces de ver cómo desaparece nuestra historia y nuestro patrimonio sin apenas pestañear.

Se ha desperdiciado una ocasión de oro para soterrar los cables que tanto afearán a nuestra muralla (si es que conseguimos que se restaure). No conformes con eso, nos han “adornado” el rincón con la colocación de un "bonito" armario de instalaciones y nos han pavimentado todo para que no podamos descubrir nada. Y ahora, ¿qué?.






En un pueblo donde no se puede cambiar el día de la fiesta de la Coronación de la Virgen porque es el 21 de septiembre y no otro día, pero sí se puede ver desaparecer -por ejemplo- una ermita vinculada a seis siglos de historia, tradición y vivencias de nuestros antepasados (me refiero a San José) sin que nadie se despeine, o los restos de una muralla de doce siglos de antigüedad, algo pasa.





Ermita de San José