domingo, 13 de septiembre de 2009

ORIENTACION DE LAS MEZQUITAS


Siempre se nos ha dicho que, desde los orígenes del Islam, las mezquitas se orientan hacia La Meca. De hecho, el Corán (2,145) dice: “De donde quiera que salgas, vuelve tu rostro en dirección de la Mezquita Sagrada. Donde quiera que estéis, volved vuestros rostros en su dirección”. Sin embargo, analizando las orientaciones de diversas mezquitas, José Miguel Pinilla y yo descubrimos variaciones considerables que nos dejaron bastante perplejos, pues, si algo no cabe al respecto, es una explicación tan simple como que esa gente no sepan orientarse con suficiente precisión, dados los altos conocimientos de astronomía que siempre han dominado.

En el ánimo de esclarecer tal circunstancia, me ha servido de gran ayuda la aportación de mi amigo gaditano Mario García Laguna, arquitecto técnico y licenciado en Geografía e Historia, quien tuvo a bien hacerme llegar un documento de la profesora Mónica Rius sobre la Orientación de las Mezquitas de Toledo, el cual, aunque se limita a esa ciudad, establece unos criterios suficientemente válidos para encontrar explicación a las incógnitas planteadas.

Al parecer, esa idea de rezar mirando exactamente hacia La Meca no es del todo precisa. En el caso de al-Andalus, podía considerarse correcto rezar hacia cualquier punto del cuadrante SE, no en base a una supuesta incapacidad para encontrar la orientación exacta sino más bien atendiendo a otros criterios.

Antes de continuar, debo apuntar que la dirección a La Meca supone un ángulo de 19º al Sur de la dirección Este en la zona donde vivimos (Tauste o Zaragoza). Este ángulo pasa a ser de 14º si nos situamos en Toledo, 11º en Córdoba, 10º en Sevilla o poco más de 1º si estuviéramos en Marrakech (Marruecos). Sin embargo, observamos una fuerte tendencia a desviar la dirección de las qiblas hacia el Sur. El origen de esto pudo estar (como apunta la profesora Rius) en el ánimo de diferenciarse de los cristianos, que orientaban sus iglesias hacia el Este. Así pues, esta desviación de la orientación quedaba justificada por este motivo, apoyada además en el criterio de orientar las mezquitas no “hacia” la Ka’ba, sino “como” la Ka’ba”, que es la Mezquita Sagrada de La Meca y que tiene una orientación Sur-Sureste (60º al sur de la dirección Este, determinado por el orto de la estrella Canopo).

Seguramente, cuando en la fundación de una mezquita intervenían los alfaquíes, éstos tratarían de imponer la solución más conservadora, por ser la que más hacía distinguirse de los “infieles” cristianos, dando una orientación de 45º en adelante (siempre medidos a partir de la dirección Este), llegando en algunos casos hasta los 90º, es decir, dirección Sur. De hecho, si se reutilizaba un templo cristiano para mezquita (que lógicamente tendría su ábside orientado hacia el Este), se ponía el mihrab en el muro sur (aunque la orientación Este se aproximara más a la dirección de La Meca), para no rezar en la misma dirección en que lo habían hecho hasta entonces los cristianos.

Sin embargo, cuando se trataba de un oratorio privado para un soberano, era habitual que éste hiciera intervenir a los astrónomos, no dependiendo tanto de los alfaquíes. El resultado era una orientación más “Este”, aunque manteniendo cierto compromiso con la ortodoxia religiosa. Ejemplo de ello es el oratorio de la Aljafería, el cual sigue una orientación aproximada de 35º.

Especialmente curioso es el caso de la Kutubiyya de Marrakech. En las guías turísticas (incluso los guías locales de aquella ciudad, de religión musulmana, por supuesto) se explica que aquel edificio fue erigido, en principio, en 1.147, (con una orientación de 64º) y que, tan sólo quince años más tarde, fue derrumbado para corregir el ángulo y ajustarlo mejor en dirección a La Meca. Lo cierto es que la mezquita de 1.147 ya tenía una orientación de 64º, cuando realmente la dirección exacta hacia La Meca hubiera sido tan sólo 1º 30’, y la derribaron para girarla todavía más hacia el Sur (ahora tiene 69º). Está claro que el criterio que les guió no fue el de dirigir la qibla hacia la Ka’ba, sino orientarla como la Ka’ba, siguiendo el orto de Canopo, que en Marrakech es, efectivamente, 69º.

Volviendo a al-Andalus, podríamos dividir las mezquitas en dos grupos en función de su orientación, aunque no haya una frontera angular claramente marcada. Uno sería el de aquellas mezquitas cuya fundación ha dependido fundamentalmente de los dirigentes religiosos, y el otro el de aquéllas en cuya fundación han intervenido criterios más liberales y científicos, es decir, de tipo astronómico.


La barrera entre unas y otras se podría establecer en un ángulo aproximado de 40º, pudiendo citar como ejemplos del primer grupo las siguientes mezquitas:
- Mezquita-aljama de Zaragoza (actual catedral de la Seo): 52º.
- Alagón: 48º.
- Longares: 58º.
- Mezquita-aljama de Toledo: 90º (totalmente sur).
- Mezquita de Bab al-Mardum (Toledo): 63º.
- Córdoba: 62º.
- Sevilla (actual catedral): 86º (casi sur).
- Mezquita de Hassan (Rabat): 65º.
- Kutubiyya de Marrakech: 69º.

En el segundo grupo podríamos citar, entre otras, las mezquitas de Tauste, Aljafería y las que hubo en los emplazamientos actuales de las iglesias de San Gil y la Magdalena, en Zaragoza, todas ellas con una orientación aproximada de 35º.

La coincidencia de orientación entre la mezquita-aljama que hubo en Tauste y la del Palacio de la Aljafería nos pone una vez más sobre la pista de la fuerte relación política y administrativa que tuvo que haber entre nuestro pueblo y la flamante capital del reino zagrí, pista que viene a abrirnos alguna luz sobre la incógnita del gran tamaño de nuestra torre. “Una mezquita no necesita un alminar tan grande”, decía Mari Sancho Menjón con buen criterio, pero, claro, una iglesia tampoco necesita un campanario tan grande. Está claro que tales proporciones sólo pudieron venir determinadas por necesidades no religiosas, como la utilidad de vigilancia de rutas comerciales y posible observatorio astronómico, ciencia a la que tan aficionadas eran aquellas gentes.

Por cierto, de todas las mezquitas de las cuales he podido encontrar datos de orientación, llama especialmente la atención la de Santo Tomé (Toledo), con 25º, siendo ésta la que más se aproxima a la verdadera dirección. ¿Tendrá algo que ver en ello el hecho de que en el siglo XI hubiera en aquella ciudad uno de los centros astronómicos de mayor prestigio del mundo occidental?.

Otro dato llamativo es el de San Pablo de Zaragoza, que tiene una orientación de tan sólo 9º. Resulta demasiado “cristiana” para haber sido una mezquita. Claro, que la torre es octogonal y se puede pensar que era la cara adyacente la que seguía la orientación de la qibla, lo cual hubiera arrojado un ángulo de 54º, similar al de la mezquita-aljama de la ciudad. Sin embargo, se trata de una hipótesis poco probable, a la vista del trazado urbano actual, que, necesariamente viene heredado del de aquella época o condicionado por el mismo. De hecho, la iglesia de San Pablo está perfectamente alineada con su entorno urbano.

Personalmente, me plantea la duda de la supuesta “hermandad” de esta torre con las de Santa María de Tauste y San Pedro de Alagón (claros alminares, estas últimas). Siempre se ha dado por admitido que las tres torres son contemporáneas y posiblemente hechas por el mismo equipo de alarifes. Las dimensiones de la de Tauste y la de San Pablo son prácticamente las mismas, tanto en planta como en altura, si omitimos la ampliación de esta última en el siglo XVI (cuerpo superior). Sin embargo, contemplando las texturas y labores de ambas, puede apreciarse que la mano ejecutora no es la misma. Desprenden sensaciones muy diferentes. ¿Será la de San Pablo una torre mudéjar del siglo XIII, inspirada en el formidable alminar tahustí del sigo XI?. Lo siento por mi amigo y maestro Javier Peña. Le estoy depreciando su torre más querida. Así no me volverá a tratar de “moro adulador”. Compárenlas.




Torre de Tauste -------- Torre de San Pablo


lunes, 31 de agosto de 2009

ORIGEN DE LAS TORRES OCTOGONALES EN AL-ANDALUS





Hoy quiero llamar especialmente la atención acerca de un delicioso artículo escrito por Javier Peña en su blog sobre el Aragón Andalusí, titulado “La Alcazaba de Calatayud. Cronología” y dedicado a Agustín Sanmiguel, recientemente fallecido, gran investigador sobre estos temas.

Digo “delicioso”, porque nos abre una puerta muy sugerente en el camino de encontrar los verdaderos orígenes de nuestra arquitectura zagrí, ésa que algunos historiadores siempre se han empeñado en negar, dentro de todo el patrimonio mudéjar, negando lo innegable y alterando el orden lógico de las cosas.

Se trata de un hallazgo de ésos que al principio puede parecer insignificante, pero que indica un rastro que, bien seguido, indudablemente conducirá a conclusiones ricas y esclarecedoras.

Esta vez se trata de Calatayud. Por cierto, ¿sabíais que fue esa ciudad la primera que fundaron los musulmanes en la Península Ibérica y que la mezquita de Zaragoza también fue la primera?. Mira por donde, las dos en Aragón (Zagr-al-Andalus), y nosotros siempre pensando que eso de lo moro era algo que nos vino después de haberse desarrollado en Andalucía.

Pues resulta que nuestro amigo arquitecto Javier, trabajando en un proyecto de restauración de la alcazaba de Calatayud, ha descubierto (algún historiador ya había detectado algo, pero, por no saber darle explicación arquitectónica, lo había dejado de lado) los restos de una torre más antigua que el resto, dentro del conjunto fortificado.

Siempre se había dicho que todo ese conjunto databa del siglo IX. Ahora, Javier Peña demuestra que verdaderamente de esa época sólo es esa “torre camuflada”, apoyado en otras evidencias del casco urbano de Calatayud (relación con el castillo de Doña Martina) y razonando que no tenía sentido hacer semejante fortificación en una ciudad no fronteriza. Lógicamente, es después, en el siglo XI, cuando Zagr-al-Andalus, con Mundir I al frente y capital en Saraqusta, proclama su independencia (año 1.018) respecto al poder de Córdoba, y Calatayud, ciudad arropada hasta entonces por kilómetros y kilómetros a la redonda de dominio musulmán, queda en la frontera con el reino de Toledo (también musulmán, por supuesto, pero ya es otro estado).

De esta forma tan lógica, Javier nos explica que es en esta época cuando se construye el conjunto fortificado de Calatayud. Esta vez, no podrán acusarle los historiadores de adelantar la cronología, porque la retrasa nada menos que siglo y medio. Resulta ser aquí donde por primera vez se construyen unas torres octogonales, aunque no en ladrillo, sino en tapial de yeso. Con mucha probabilidad, Javier Peña ha encontrado en Calatayud el verdadero origen del alminar octogonal, mientras todos nos habíamos creído que esa tipología de torre venía del gótico levantino. Probablemente, ahora habrá que llegar a la conclusión de que no, que, en todo caso, será el gótico levantino el que provenga de lo nuestro.

La coincidencia en el tiempo y en un mismo reino de estas nuevas formas (las octogonales de Calatayud) con la tecnología irania venida desde Persia (estructuras de ladrillo y yeso), da como resultado esta tipología tan soberbia de alminares octogonales, de la cual tenemos en Tauste uno de los exponentes más destacados.

Nos queda mucho por investigar, acerca de cómo y por qué pudo llegar a construirse aquí semejante obra, en un pueblo situado en la margen izquierda del Ebro, junto al río Arba, apartado de todo el esplendor moruno de los valles de los ríos Queiles, Huecha, Jalón, Jiloca y Huerva (ciudades como Tarazona, Borja o Calatayud). Sólo cabe encontrar la explicación a través de Zaragoza y las rutas comerciales que se establecieran con los reinos del norte. ¿Qué relación administrativa tan fuerte hubo de tener nuestro pueblo con la capital del gran reino zagrí?.

También Javier Peña ha venido a desmantelar con su brillante sagacidad la teoría de distinción entre torres de estructura islámica (torre y contra-torre, con la escalera circulando entre ambas) y torres de estructura cristiana (huecas, divididas, en todo caso, por estancias superpuestas). Resulta que estas torres octogonales de Calatayud son huecas y están cubiertas con bóveda de cañón, lo que demuestra que este sistema ya era utilizado en la arquitectura andalusí (concretamente “zagrí”, en este caso), en el siglo XI. Este hallazgo resulta ser igualmente de suma importancia, pues abre la posibilidad de incluir en la arquitectura zagrí torres de estructura hueca (por ejemplo, la de Longares) cuando antes estaba totalmente vedado por ese argumento que ahora resulta ser inconsistente.

Pero no os voy a cansar más. Os recomiendo una visita por el blog de Aragón Andalusí y veréis su explicación de primera mano, relacionando además, con sumo conocimiento, datos históricos de Oriente con los de nuestra tierra. De paso, leéis un artículo sobre “La etimología de Azagra”, que es cortico y no tiene desperdicio.

martes, 18 de agosto de 2009

REACCIONES ENCONTRADAS



Quede claro que lo que menos pretendía yo con mi último artículo sobre el estado de la torre de Tauste y la peña desprendida era provocar un debate político. Nada más lejos del objetivo de este blog.

He de decir que todo ha sido una provocación de Julio (ejeano y buen amigo, con el que tengo en mi haber muchas horas de discusión) y, claro, ha habido personas que han entrado al trapo, lo cual, por otra parte, me parece muy bien. Para eso tengo configurado el blog de manera que cualquiera pueda entrar, sin restricciones, incluso anónimamente, y escribir lo que le venga en gana. Libertad de expresión ante todo. Sin embargo, me gustaría puntualizar que los comentarios anónimos, por muy bien fundamentados que estén, gozarían de mayor consideración si llevaran nombre y apellidos. Ahí, a pecho descubierto.

Quisiera dar por zanjado este debate político que nunca quise empezar (tampoco me arrepiento de nada, que quede claro), con mi humilde aportación al respecto.

Cierto es que Ejea viene disfrutando desde hace años de una cantera de políticos bien situados a nivel autonómico que han sabido barrer para casa, lo cual es condenable cuando parte de lo que se llevan no les corresponde y es a costa de privar a otros de lo que les hubiera pertenecido. En cuanto a las posturas victimistas de los políticos taustanos, no soy conocedor de tal circunstancia. En todo caso, si las ha habido, habrán sido consecuencia de esa sensación de rabia e impotencia que produce el hecho de que cuando pides algo que te pertenece y se te niega, para dárselo a otro que posee una situación de mayor influencia, sólo te queda el derecho al pataleo, y eso fastidia mucho.

Encuentro fundamento en eso que dicen de que “hay que saber pedir con gracia” y sin miedo a que te lo concedan, aunque ello suponga tener que ponerse a trabajar para llevar a cabo los proyectos. Si están, es para eso, para trabajar por su pueblo, que bastante mérito tienen por estar ahí, donde hagas lo que hagas, siempre serás criticado, donde casi nadie queremos estar, en un sistema de partidos políticos gobernados por camarillas de poder, donde el que es eficiente no puede medrar porque se encuentra con el que está por encima, que tiene mejores influencias y le dice “dónde vas, chaval, que estaba yo antes”. Sería fácil establecer un sistema de elecciones de listas abiertas, donde al pueblo se le diera la oportunidad de elegir a las personas por las que verdaderamente quisiera verse representado (por lo menos, en las municipales, y de ahí que emanaran todas las demás), pero eso supondría un acto de generosidad por parte de los que ostentan esos poderes fácticos que no están dispuestos a permitir, sencillamente porque se les acabaría el chollo. Es curioso: tras la muerte de Franco, España era un hervidero social y los herederos del franquismo, poseedores del poder absoluto, tuvieron el “acto de generosidad” de votar “sí” a la Ley de Reforma Política, a sabiendas de que al día siguiente se iban todos a casita, dejando el poder en manos de unos partidos políticos que se erigían en representantes del pueblo, con un montón de dificultades por delante que supuso crear un sistema democrático defectuoso, pero que, al fin y al cabo, era un gran paso adelante. Ahora, treinta años más tarde, seguimos anclados en esta fraudulenta democracia, donde el poder es manipulado por unos pocos de los que cabría esperar un comportamiento más democrático que de aquéllos de hace treinta y pico años, pero todo lo contrario, pues se aferran a ese poder como a un clavo ardiendo, en lugar de facilitar que sea verdaderamente el pueblo, mediante un sistema electoral digno, quien ponga a cada uno en su sitio; donde unos tienen más derechos o menos en función de la tierra donde viven y donde, curiosamente, los más desfavorecidos seguimos siendo los más incondicionales al sistema, mientras los otros ejercen su más insaciable egoísmo. Pero, al contrario de lo que ocurrió en aquellos finales de los 70, ahora nadie dice nada al respecto, nadie cuestiona el sistema, porque si alguien se mueve, ya no sale en la foto. Y digo yo: “¿no es más fácil reivindicar ahora que en aquellos tiempos, sin miedo a que te fusilen?”. Pues, no. Estamos apalancados en una inconmovible y aletargada resignación.

País… (que decía Forges).

Pues eso ocurre a nivel nacional, autonómico y ¿comarcal?. Personalmente, no sé qué pinta Tauste en la Comarca de Cinco Villas, con Ejea como un mal hermano mayor. Mejor nos hubiéramos quedado en la Ribera Alta, que son los pueblos con los que realmente siempre hemos tenido una buena e intensa relación. Por eso, hay que reconocer su valor a nuestros políticos locales, porque, la verdad, hay que tenerlo para estar ahí. Curiosamente, si con alguien he pretendido ser duro en mi artículo, más que con ellos, es con el pueblo en general (donde me incluyo yo el primero), pero nadie se ha quejado. Léase el último párrafo donde denuncio la apatía general del pueblo, como causa de la dejadez en que nos encontramos. Criticamos muy a nuestras anchas en nuestras tertulias privadas las cosas que no funcionan en Tauste, pero no tenemos la entereza de manifestarnos donde legítimamente esta pseudo-democracia nos facilita el foro adecuado, que son los Plenos Municipales. “Sí, aura voy a ir yo allí, a haceme a malquerer; paiso están ellos, y si no, que no estén”. Mientras tanto, a los plenos, tan sólo van Noeli Barceló y el siño Angel el Chugo. Lo sé porque me lo han contado, porque yo tampoco voy (ved que me pongo el primero).

¿No podríamos ir a los plenos, participar de las cosas públicas que directamente nos afectan, sin acritud, exponer las cuestiones correctamente, hacer que nuestros ediles se sientan arropados, que no tengan esa sensación de no saber para quién trabajan, que se sientan motivados (y controlados, por supuesto, que tampoco es malo), que vean al pueblo, que sepan sus necesidades, etc.?.

Allí es donde de verdad deberíamos expresarnos, insisto, tranquila y correctamente, que la exigencia no debe estar reñida con la armonía.

Pero no. Y ya que nadie se ha picado por la acusación de apatía que hice, dejadme que vaya un punto más allá en la provocación: ¿qué calificativo merece un pueblo que no es capaz de defender, ya no sólo lo suyo, sino también el legado que va a dejar a sus hijos?. Porque a todos nos gustaría dejar a nuestros hijos el mejor pueblo donde desarrollar su vida. ¿O no?.

lunes, 10 de agosto de 2009

Y AHORA, ¿QUÉ PASA CON LA TORRE?





Parece ser que, tras las últimas declaraciones provenientes del Ayuntamiento acerca del estado de la peña próxima a la base de la torre de Santa María y el artículo aparecido en el Heraldo de Aragón del domingo 9 de agosto, planea de nuevo la sombra del abandono.

No tengo la menor duda de que los argumentos esgrimidos están basados en un reciente informe geotécnico. Al parecer, los geólogos han vuelto a informar que nuestra torre no corre peligro. Así será, que para eso son especialistas en terrenos, pero tampoco tengo ninguna duda de que esas informaciones se están utilizando de manera inapropiada, tratando de justificar una posible vuelta a la pasividad ante este importante problema.

Una cosa es que los expertos aseguren que, del estudio del estado actual, se deduzca que la peña es estable, que sus fracturas no alcanzan todavía la zona de seguridad de la base de la torre y que, por tanto, ésta no corre ningún peligro, y otra bien diferente es interpretar que aquí sigue sin pasar nada. De todos es sabido que nuestro terreno se compone de yesos y arcillas, materiales altamente alterables por el agua y la intemperie. Por tanto, no cabe concebirse que ese talud pueda permanecer en ese estado de forma indefinida, ya que el deterioro paulatino del frente abierto será algo inexorable.

De todas formas, además de lo evidente de esta afirmación, tampoco es de recibo tener esa afrenta en el centro de nuestro pueblo, aunque sólo sea por dignidad.

De ninguna manera cabe admitir que lo único urgente que necesita la peña es un saneamiento en su frente y una consolidación en la cueva, concluyendo que no precisa un muro de contención (tan sólo admite, en el citado artículo, una edificación para un uso sin determinar, pero no como algo necesario), ya que tal afirmación viene a dar a entender por “sanemiento” el concepto de limpieza y poco más, con lo que el deterioro progresivo sería imparable, con el grave riesgo que poco a poco iría implicando para la estabilidad de la torre. “Saneamiento”, en este caso, ha de entenderse (ateniéndonos al Diccionario de la R.A.E.) por “reparar, remediar, afianzar, dar condiciones de salubridad, preservar de la humedad”. Esto sólo se consigue mediante la construcción de un muro de contención que proteja al frente de la peña de la intemperie, previa consolidación de la cueva. Otra cosa es que ese muro de contención necesite unas dimensiones y una cimentación desorbitadas para garantizar las mínimas condiciones de estabilidad -dado el gran desnivel que tiene que salvar- y que sea una solución más inteligente amparar dicho muro mediante una construcción (aunque sólo sea en estructura), ya que en ese caso el dimensionamiento del muro sería algo mucho más sencillo y, por tanto, mucho más económico. Ello supondría invertir en una estructura de coste superior al planteamiento de “sólo muro de contención”, pero, al menos, ahí quedaría un volumen de edificación aprovechable con vistas a futuro, mientras que lo gastado en un muro de esas magnitudes no tendría más aprovechamiento que el de contener y proteger la peña.

Ya sé que por parte del Ayuntamiento de ninguna manera se ha dicho que sólo se vaya a hacer una limpieza del frente de la peña y a rellenar la cueva, pero después de atravesar por un periodo tan largo de pasividad en este asunto, al recibir estas noticias, se le ponen a uno los pelos de punta. No olvidemos que bastante tiempo después del derrumbamiento (no recuerdo exactamente cuánto), dos profesores de la UNESCO visitaron nuestro pueblo para comprobar el estado de ese lugar y dieron una charla en la Casa de Cultura. Expusieron su punto de vista con total corrección, totalmente respetuosos y sin inmiscuirse en asuntos técnicos que pudieran quedar fuera de su especialidad. Tan sólo, en este sentido, dijeron que no era concebible que aquello estuviera así después del tiempo transcurrido, sin que el Ayuntamiento hubiera emprendido ya las acciones necesarias para proteger la torre, explicando la alta responsabilidad que resulta de la declaración de “Patrimonio de la Humanidad”. Desde el público, alguien, en representación del Ayuntamiento, les tachó de “imprudentes” (o algo similar, y algo más), por poner en entredicho la irreprochable actitud de la corporación municipal, ya que el equipo de geólogos había informado que no había ningún peligro. Ninguno de los allí presentes tuvimos el valor ni la decencia de salvar la cara de aquellas personas que se habían dignado a visitar Tauste para examinar un problema nuestro.

Continuó la dejadez durante bastante tiempo más, hasta que, por una de las casualidades de la vida, tuve acceso, hace ya dos años, al contenido de ese informe geotécnico que siempre se había interpretado como que allí no pasaba nada ni pasaría jamás. Las conclusiones del informe no iban precisamente por esos derroteros. Pero, además, pude detectar errores significativos en aspectos meramente constructivos, como es en lo referente a la carga transmitida por la torre al terreno (materias cuya competencia pertenece más bien a la arquitectura técnica que a la geología), así como contradicciones respecto a la existencia o no de corrientes de agua subterránea, según se analizaba el documento en unas páginas o en otras, lo cual añadía una mayor preocupación, si cabe, al asunto, por tratarse de un terreno cuya naturaleza es tan altamente sensible a estas circunstancias.

El nuevo análisis de ese informe geotécnico evidenciaba la necesidad urgente de retomar el asunto (nunca, intuitivamente, había dejado de serlo) y lo puse en conocimiento del Ayuntamiento a través de un detallado informe. La respuesta no defraudó y se comenzó por acometer la relación justificada de acciones necesarias por la primera de ellas, que era el derribo de la casa afectada de la C/ Rey de Artieda, ya que era la única manera de conseguir un frente de acción para llevar a cabo los trabajos necesarios.

Ahora salen estas últimas informaciones. Después de todo lo que llevamos y visto lo que puede deducirse de las mismas, compréndase el fundado temor de que todo esto no sea sino otro pretexto más para que el asunto vuelva a estancarse, mientras el deterioro infalible siga su curso.
No pretendo hacer una crítica sobre la dejación o no dejación por parte de las autoridades en asuntos como éste, toda vez que, como representantes del pueblo que son, no pueden por menos que reflejar la apatía reinante en el mismo.

Esperemos que no sea así. Nos jugamos mucho y no podemos permitírnoslo.

sábado, 8 de agosto de 2009

VISITA A TAHUST EN EL SIGLO XI


Me está ocurriendo últimamente que cuando me encuentro con buenos amigos, seguidores habituales de este blog, me reclaman que “a ver cuándo vas a poner más cosas, que llevo días entrando en tu blog y siempre aparece lo mismo”. A lo cual yo contesto que “tranquilidad, que uno escribe cuando puede (las aficiones hay que compatibilizarlas con el trabajo), además de que éste es un tema que no da para un artículo semanal, ni mucho menos”. Bastante tengo si consigo componer uno al mes, más o menos.

De todas formas, ya veis, aunque espaciados en el tiempo, son bastante larguicos. Recomiendo tomarlos con tranquilidad y no pretender absorberlos en cinco minutos. No os peguéis la paliza, tratad de asimilarlos con calma y disfrutad de ellos, si verdaderamente os motiva el tema, que merece la pena. Sobre todo, el PDF que contiene el trabajo completo, con los textos e imágenes de “Tauste en los siglos XI al XIII”, colgado el 30 de mayo de 2009 (donde pone “pinchar aquí”). Os aseguro que en él encontraréis datos sorprendentes. Podéis hacer uso de las herramientas que aparecen en el lado izquierdo (marcadores e índices de contenidos) para que se os pueda hacer más asequible y selectivo.

Como ejemplo de ello, esta vez os sugiero que leáis el contenido que abarca desde la página 16 hasta la 22, donde describo cómo pudo ser el Tauste del siglo XI (en torno a los años 1050). Recrearos en observar el plano de la página 19 y tratad de transportaros a aquella época.
Imaginad Tahust viniendo desde San José. En frente, el pueblo, presidido por su gran alminar. Todo un erial se extiende desde nuestros pies hasta llegar a lo que ahora es la calle Alfonso I el Batallador, desde la plaza Felipe V hasta Cuesta de Lanzán, pasando por plaza de la Reconquista. A esa altura comenzamos a ver las primeras construcciones, pequeñas, modestas y diseminadas, envueltas por una débil muralla de tapial que sigue la línea aproximada del tramo de Alfonso I antes descrito. Al fondo, envuelta por la blanca muralla de piedra de yeso, se divisa la medina, con su casco urbano abigarrado. De la muralla de tapial descrita hacia nosotros, como decimos, todo erial, ninguna construcción. Lo primero que divisamos a medida que nos acercamos es el cementerio. Una amplia explanada, prácticamente pegada a esa muralla, llena de losas y piedras colocadas de punta, cada una de ellas señalando un enterramiento, tumbas sencillas, perfectamente ordenadas, con los cuerpos orientados de forma que los pies apuntan hacia el nordeste y las cabezas hacia el suroeste. Los han colocado de esta forma, dentro de su fosa, envueltos en un sudario y apoyados sobre el costado derecho (postura natural de descanso). Así, la cara del difunto mira hacia el sureste, es decir, hacia la Meca.

Dejaremos el cementerio a nuestra derecha y entraremos en los arrabales de la ciudad por alguna puerta, a la altura de la actual plaza de Felipe V. Seguiremos por C/ Santa Ana, C/ Fray Angel Martínez y C/ Zaragoza, hasta llegar a la esquina Berroy, donde nos encontraremos con la Puerta de Saraqusta. Si decidimos no atravesarla y giramos nuestro camino hacia la izquierda, bajaremos, bordeando la muralla –que quedará siempre a nuestra derecha- al barrio mozárabe, donde viven los cristianos en torno a su ermita de San Miguel. Si la franqueamos, atravesamos la muralla de piedra blanca y nos adentramos en la medina, centro de la vida social y comercial del pueblo, donde se encuentra la gran mezquita con su imponente alminar.

Puede ser mediodía, en cuyo caso nuestro paseo se verá amenizado por la voz del muecín que, desde el alminar, está llamando en árabe (su lengua sagrada) a los fieles a oración.

Espero que disfrutéis del paseo.

sábado, 27 de junio de 2009

LA TORRE DE LONGARES











De un tiempo a esta parte, por motivos de trabajo, me toca recorrer algunas veces el tramo de la nueva Autovía Mudéjar comprendido entre Zaragoza y Cariñena. A unos 33 Km de Zaragoza, se pasa al lado de Longares y siempre me siento atraído por la visión de su torre. Cualquiera que no la conozca y se la presenten en fotografía, con el paisaje de fondo, puede pensar que se trata de un alminar de algún país del Magreb.

Nunca había estado en Longares. Hace unos días, no pude resistir la tentación y me metí al pueblo. Me llamó mucho la atención su trazado urbanístico: un casco urbano bastante laberíntico (lo cual delata su origen musulmán), rodeado de una muralla con varias puertas que conservan sus nombres originales, dependiendo éstos de la orientación, como, por ejemplo, la Puerta de Valencia.

La iglesia es impresionante; sorprende encontrar un templo tan rico en una localidad tan pequeña. Se trata de una gran construcción renacentista de tres naves en “planta de salón” que recuerda a la Lonja de Zaragoza. Francamente riquísima, tanto por el continente como por el contenido.


Pero vamos con la torre. Vista con más calma, desde su base, se aprecia más todavía su gran singularidad. Extremadamente sencilla: construida en ladrillo, de planta cuadrada, dividida en tres cuerpos sobre un zócalo en talud, rematada con almenas y un torreoncillo octogonal, lo cual recuerda a la de Tauste.

Tiene un “algo especial”, y no es precisamente por su decoración, ya que, en lo que a esto respecta, resulta bastante sobria, sobre todo si la comparamos con la generalidad de las torres mudéjares aragonesas. Es más, podríamos decir que resulta particularmente bella porque consigue serlo sin apenas decoración: tan sólo un recuadro situado en cada una de las cuatro caras, en el cuerpo tercero, compuesto por una cadena de lazos, flanqueada por dos finas cintas de cerámica azul y blanca, con dibujo de puntas de flecha, así como unos platos de color verde en el interior de esos lazos. Estos recuadros enmarcan, cada uno de ellos, dos pequeñas ventanas apuntadas.




¿Qué tiene de embrujo esta construcción tan aparentemente sencilla para llamar la atención de esa manera?. Sus proporciones, sin duda alguna. Su silueta resulta encantadora, incluso para los más profanos en la materia. Recomiendo una visita a este lugar.

De regreso a casa, voy pensando en que, aun siendo muy diferente a la de Tauste, le ocurre lo mismo: a lo que menos se parece es a un campanario y, además, también se encuentra “mal situada” respecto del eje de la iglesia.

Consulto la información disponible al respecto, a fin de conocer su cronología. Los datos más explícitos que encuentro son los que figuran en el libro “Arte Mudéjar Aragonés”, del profesor Borrás. Mis intrigas, lejos de ser mitigadas mediante una esperada explicación razonada y convincente, no pueden por menos que aumentar. Reconoce en el libro, con toda lógica, que la torre es anterior a la iglesia y expone la dificultad para ponerle una fecha rigurosa. Pero, impropiamente, desanima al lector en este intento, argumentando que dado el escaso interés de los datos documentales disponibles, difícilmente se podrá salir en el futuro de la incertidumbre cronológica, preparando, así, el camino para dar cuerpo de dogma incontestable a todo lo que argumenta a continuación.

¿Qué argumenta a continuación?. Sencillamente, datos interesantes, pero tratados con llamativa arbitrariedad. Comenta una noticia encontrada por D. Francisco Iñiguez Almech, procedente del Archivo de la Comisión de Monumentos de Zaragoza, donde decía que “en el año 1424 la torre ya existía de viejo”. También aporta el dato de Mario de la Sala Valdés que recogía la noticia de que entre 1330 y 1470 dejaban los fieles limosnas para la conclusión de la obra de la iglesia, en alusión, seguramente, a gastos de conservación y reparación, así como un testamento de Esteban Gil, de 9 de febrero de 1425, por el que legaba dos florines para la obra de la torre, en el mismo sentido de lo ya comentado sobre posibles obras de reparación. Se trata de tres noticias bastante coherentes entre sí y que parecen llevar a unas conclusiones bastante fundadas.

Sin embargo, de repente da un giro inesperado a todo el razonamiento. Deja de lado todo lo expuesto hasta ese momento y argumenta que no queda otra alternativa que recurrir al análisis de las características artísticas y formales del monumento. Uno, a partir de ahí, espera unas sólidas explicaciones sobre la arquitectura de la torre que permitan establecer su relación con otras construcciones de cronología conocida. Pero no, nada de eso se encuentra. Tan sólo que en los finales del siglo XIV era rector de la iglesia Francisco de Aguilón y el dato de que en dicha iglesia se guarda un cáliz gótico con las armas de ese rector y del arzobispo D. Lope Fernández de Luna. Aduciendo el profesor Borrás que “personalmente siempre había abrigado la hipótesis de que este personaje (Francisco de Aguilón) pudo haber impulsado las obras de la torre de Longares”, pasa directamente a datarla en 1390, así, sin más, añadiendo que sus características corresponden a esa época, sin explicar en qué consisten esas características y por qué. Verdaderamente, si en ellas hay que basarse, resulta una torre bastante única. Debería establecer una relación con otras para dar fundamento a su rotunda afirmación.

Más bien, parece el cumplimiento de un capricho, de una ilusión que, al parecer, se había forjado sobre la relación formal entre este personaje y el nacimiento de esa torre, porque ha aparcado impunemente las otras noticias, cuya procedencia, sin embargo, parecía bastante solvente. De una torre construida en 1390 no puede afirmarse en 1424 que “ya existía de viejo”, ni se puede pensar en obras importantes de mantenimiento y conservación. Además, si se aborda el asunto con seriedad suficiente, sin descartar datos de suficiente peso, la fecha de 1330 tampoco puede pasarse por alto.

Lejos de compatibilizar los datos encontrados, parece forzar las conclusiones a favor de no se sabe muy bien qué intereses. Tampoco apoya mediante explicación alguna la afirmación tan rotunda que hace acerca de que “es menester desechar de entrada que la torre de Longares haya sido ningún alminar musulmán”. Sólo argumenta que su estructura es diferente a la de los alminares porque se trata de una torre hueca, pero es que alminares con este tipo de estructura también hay muchos.

Lo que más sorprende es cuando llegas a leer que sobre los dos vanos apuntados y enmarcados del tercer cuerpo, se encuentran los verdaderos vanos de campanas. ¿Cómo?. ¿Qué vanos?. Miras la fotografía del libro y ves que, efectivamente, en la misma (seguramente tomada a principios de los años 80) aparecen unos huecos que rompían estrepitosamente ese fino recuadro, además de forma totalmente chapucera, pues ni siquiera se habían molestado en dejar unas esquinas decentes, sino que metieron la picoleta y dejaron los ladrillos rotos, tal cual. ¿Cómo se puede decir que ésos eran los vanos verdaderos?.



Estado antes de la restauración



Afortunadamente, cuando llevaron a cabo la última restauración, subsanaron esas roturas y devolvieron a la torre su aspecto original, que es el que ahora podemos contemplar.


Detalle antes de la restauración

En Arquitectura e Ingeniería nos vemos obligados a manejar con cierta frecuencia la topografía y los criterios de orientación. Quizá por esta “deformación profesional” una de las cosas que no pude evitar hacer para tratar de resolver los enigmas que se me planteaban, fue consultar el plano de situación del conjunto de torre e iglesia, para comprobar su orientación. El resultado fue de lo más significativo, pues, cuando lo normal es que en los templos cristianos orientaran sus ábsides hacia el este, en este caso la orientación es nordeste. ¡Qué casualidad!, me dije, otra iglesia mal orientada, como la de Tauste, aunque ésta mira hacia el sureste. En el caso de Longares, nos encontramos inevitablemente ante otro caso de “mala orientación cristiana”, condicionada por la existencia de otra edificación anterior, cuya orientación seguía el criterio de “mirar hacia La Meca”. La torre de Longares, de planta cuadrada, tiene la cara que da sobre el tejado de la iglesia orientada hacia el nordeste, pero la adyacente por la derecha, lógicamente, mira al sureste, orientación que indudablemente tenía la supuesta mezquita que tuvo que haber en época islámica, porque, evidentemente, en aquella época, Longares ya existía como población.

Parece una fijación obsesiva la de negar que en esta nuestra tierra pudiera haber en el siglo XI una sociedad próspera y que dejara unas construcciones tan bien hechas que merecieran ser respetadas y aprovechadas en los siglos venideros. Más bien, al contrario, se manifiesta ese empeño en defender que aquellas gentes no dejaron apenas nada, salvo la Aljafería y cuatro castillos en ruinas perdidos por ahí. Que la arquitectura mudéjar surge de la nada (increíble), como por arte de magia, a principios del siglo XIV, en unas tierras que eran cristianas desde hacía ya dos siglos, pero que imitan a la que desarrollan en las tierras musulmanas del sur, cuya frontera se encuentra a nada menos que 500 Km de aquí, en lugar de imitar las corrientes cristianas que vienen del norte, como hubiera sido lo lógico, de no haber tenido aquí unos ricos precedentes arquitectónicos que vienen siendo negados sistemáticamente.

Por supuesto que no vamos a caer en la tontería de querer ver un alminar musulmán en cada torre de las catalogadas como mudéjares. El arte mudéjar es algo muy rico y exclusivo nuestro, único en el mundo, del que tenemos que sentirnos muy orgullosos, que nace a finales del siglo XIII, pero no de la nada, sino a partir de esos precedentes no reconocidos por la “oficialidad”, sin los cuales no hubieran tenido sentido esas prácticas constructivas. Más orgullosos todavía tenemos que sentirnos los que tenemos el privilegio de tener en nuestro pueblo uno de esos escasos precedentes que quedan en Aragón, como pueden ser las torres de Tauste y de Longares, entre otras.

Habrá que reivindicar su presencia y decirle al mundo que existen, como cuando D. Francisco Iñiguez le descubrió al general Franco que la Aljafería de Zaragoza era algo más que un vetusto y destartalado cuartel militar, nada menos que el palacio taifal más rico que se había construido en el siglo XI en todo al-Andalus. Que se trata de un arte que lo tenemos aquí, que si el mudéjar es algo único, esto lo es más, pero además, por escaso, mucho más valioso de lo que ya le suponíamos. Tenemos que cuidarlo y conservarlo con sumo esmero, obligación que ya tenemos de forma destacada desde que la UNESCO nos lo declarara Patrimonio de la Humanidad. Ahora tendremos que potenciarlo y decirle a la UNESCO que lo que tenemos es todavía “mucho más” de lo que se pensó. Que dentro de aquel conjunto que se catalogó como "arte mudéjar", existe un subconjunto especial, "la crème de la crème", el "padre" de todo lo demás.

Para empezar, habrá que poner nombre a este conjunto de escasas construcciones antiquísimas, diseminadas por la geografía aragonesa, porque hasta ahora, como ha sido negado, no ha tenido ni eso. Javier Peña, arquitecto y gran investigador de todo este asunto, lo ha bautizado como “arte zagrí”, en memoria a las personas que las construyeron, los zagríes, que es como ellos mismos se autodenominaban. Los moros aragoneses, cuando tuvieron que emigrar al Magreb, gustaban distinguirse del resto de los moros españoles utilizando esta denominación.

De esa forma, distinguiremos entre “arte zagrí”, como el desarrollado aquí por los habitantes de estas tierras en época de gobierno musulmán (principalmente siglo XI), y “arte mudéjar”, como el desarrollado por alarifes mudéjares, es decir, musulmanes que se quedaron a vivir en estas tierras después de la conquista cristiana y que desarrollaron una arquitectura al servicio del poder cristiano.

sábado, 30 de mayo de 2009


TEXTO E IMAGENES DEL TRABAJO "TAUSTE EN LOS SIGLOS XI AL XIII"





Quiero agradecer a todos las muestras de interés y apoyo que he recibido por la creación de este blog, en el que puse de manifiesto las circunstancias que me motivaron para realizar mi trabajo “TAUSTE EN LOS SIGLOS XI AL XIII”.

Ello me ha incitado a repasarlo, ordenarlo y darle forma adecuada para colgarlo en la red en formato PDF y, de esa manera, todos los que tengáis interés en conocerlo, con todo su desarrollo y justificación, podáis acceder al mismo.

Especialmente, quiero dar las gracias a mi buen amigo Jesús Alegre “Malocha” por su inestimable apoyo técnico y humano. Es algo único.

Para ver el trabajo, sólo tenéis que pinchar aquí.